La Colonizadora Entrerriana (frecuentemente escrita en los documentos de la época como "La Colonizadora Entre Riana") fue una sociedad anónima de gran importancia para el desarrollo agropecuario de la provincia. A continuación, se detallan sus aspectos clave:
Creación Se organizó e instituyó formalmente en agosto de 1887 en la ciudad de Gualeguaychú. Se constituyó con un capital autorizado de 500.000 pesos moneda nacional de curso legal, el cual se dividió en dos series (A y B) de 250.000 pesos cada una. Cada serie estaba conformada por 2.500 acciones al portador con un valor de 100 pesos cada una.
Directivos La dirección y organización inicial de la empresa estuvo a cargo de figuras destacadas de Gualeguaychú:
Presidente y Fundador: Don Antonio Daneri, un reconocido vecino, comerciante y ex Intendente de Gualeguaychú.
Iniciador principal: El joven Juan José Franco, destacado por la prensa como un vecino progresista e inteligente.
Directores Provisorios: Durante su etapa de formación en agosto de 1887, el directorio provisorio estuvo conformado por Enrique Wesley, Juan J. Franco, Pastor Britos, Juan C. Etchebarne, el Dr. Víctor Vilar, Domingo Garbino, Miguel Cánepa y Daniel Médus.
Socios y Accionistas La sociedad fue impulsada por el esfuerzo del "vecindario pudiente y progresista" de Gualeguaychú. El entusiasmo local fue tal que en pocos días ya se habían suscrito unas 900 acciones sin salir de la localidad. Entre sus socios y personas interesadas en adquirir acciones se destacaron importantes figuras políticas de la época:
El Gobernador de la Provincia, Clemente Basavilbaso, quien envió un telegrama felicitando la iniciativa y pidiendo ser contado en el número de accionistas.
El Senador provincial Méndez, quien solicitó que se le suscribieran 50 acciones inmediatamente. La iniciativa también repercutió fuera del país, recibiendo telegramas de personas caracterizadas de Uruguay interesadas en participar, y la prensa señaló que el negocio interesaría particularmente a la colonia francesa.
Fines El propósito fundamental de la sociedad era aumentar la producción nacional, desarrollar la industria agrícola y resolver el problema de la colonización en la región.
Su gran innovación radicó en el método solidario y práctico ideado para asentar a los agricultores. Mientras otras iniciativas entregaban tierras incultas y ataban al trabajador a créditos caros con plazos irrevocables que lo llevaban a la ruina ante una mala cosecha, La Colonizadora Entrerriana se comprometió a proporcionarle al colono la tierra, los animales y todos los instrumentos de cultivo necesarios. A cambio, el colono simplemente pagaba estos adelantos entregando a la sociedad la tercera parte de su cosecha anual. Este sistema evitaba que el agricultor estuviera bajo la vigilancia de un "codicioso patrón", permitiéndole trabajar libre de deudas asfixiantes y, poco a poco, convertirse en el dueño legítimo de las tierras que trabajaba.
La colonización agrícola en Entre Ríos fue el motor fundamental que posibilitó la expansión de la agricultura en la provincia durante el último tercio del siglo XIX, transformando una economía que hasta entonces dependía casi exclusivamente de la ganadería extensiva.
Despegue tardío y obstáculos iniciales Hasta el año 1871, el desarrollo agrícola era casi nulo, existiendo en la provincia solamente dos colonias: Villa Urquiza y San José. El proceso comenzó más tarde que en provincias vecinas (como Santa Fe) debido a varios factores estructurales: la falta de infraestructura y transporte, la situación irregular de los títulos de propiedad (que impedía un mercado de tierras dinámico y generaba conflictos sociales), el alto costo de los campos, y la ausencia de una frontera agrícola por conquistar, ya que gran parte del territorio virgen (como la Selva de Montiel o las zonas anegadizas) era mucho más apto para el ganado que para los cultivos.
El "Boom" colonizador (1880 - 1895) A partir de fines de la década de 1870, el proceso colonizador cobró un impulso extraordinario. Las colonias comenzaron a establecerse cada vez más lejos de los ejidos municipales, ubicándose estratégicamente cerca de los nuevos trazados ferroviarios. En este período convivieron diferentes tipos de emprendimientos:
Colonias públicas: Fundadas por el Estado provincial, nacional o los municipios.
Colonias privadas y mixtas: Impulsadas por empresas colonizadoras (como la Jewish Colonization Association, Compañía Colonizadora Entrerriana y La Colonizadora Entre Riana) o por particulares.
Bajo el fuerte apoyo de los gobernadores Clemente Basavilbaso (1887-1891) y Saba Hernández (1891-1895), las hectáreas cultivadas se multiplicaron velozmente. Gracias a este empuje, hacia 1890 la provincia logró dejar de importar trigo de Santa Fe y comenzó a exportar sus propios excedentes de trigo y harina.
Características del "Modelo Entrerriano" La colonización en Entre Ríos adoptó una fisonomía muy particular que la diferenció de la región pampeana:
Minifundios (Alta fragmentación): Las colonias entrerrianas eran más pequeñas y estaban menos capitalizadas que las santafesinas. La unidad de producción característica fue la pequeña propiedad: para 1904, casi el 90% de las explotaciones tenían menos de 100 hectáreas, y el parcelamiento continuó hasta el punto en que, para 1925, casi el 80% de las explotaciones tenían menos de 50 hectáreas.
Alta proporción de propietarios: A diferencia de Buenos Aires o Santa Fe (donde predominaba el arrendamiento), en Entre Ríos la gran mayoría de los colonos eran dueños efectivos de sus tierras. En 1895, casi el 69% de las explotaciones estaban a cargo de sus propietarios.
Transición al lino: Aunque inicialmente el cultivo se centró en el trigo y el maíz para consumo y mercado interno, a partir de 1910 el lino se convirtió en el cultivo dominante y de mayor valor agregado en la provincia, transformando la matriz hacia una agricultura netamente comercial.
Límites y crisis del sistema El ciclo de creación de nuevas colonias se frenó abruptamente hacia 1895. Esta paralización se debió al aumento desmedido del valor de la tierra (que desalentó a los empresarios a seguir fraccionando), una caída en los precios internacionales de los cereales, y una serie de calamidades naturales como sequías y graves plagas de langostas.
El mayor problema estructural que enfrentó la colonización entrerriana fue que el tamaño tan reducido de sus parcelas, sumado a una endémica falta de crédito agrario, le impidió a los colonos acumular el capital suficiente para incorporar maquinaria moderna o ampliar su escala de producción.
Reconversión productiva Para las décadas de 1910 y 1920, la imposibilidad de expandirse comenzó a generar un incipiente éxodo rural. Como respuesta, los gobiernos provinciales promovieron que estas colonias altamente fragmentadas se reorientaran hacia la explotación granjera, el policultivo y el tambo, buscando que los pequeños productores pudieran subsistir mediante la diversificación en un mismo y reducido espacio.
En síntesis, si bien las colonias fueron el motor inicial que llevó la agricultura a la provincia, la estructura de pequeñas propiedades que generaron terminó imponiendo un límite severo a la reinversión y a la innovación tecnológica a largo plazo.