Lidia del Carmen Leissa (“Chicha”)

Por Nélida Veronesi

Nació en Gualeguaychú, el 16 de julio de 1921, día de la Virgen del Carmen.

Incansable mujer de fe, participó junto a las mujeres de Catedral en la evangelización del barrio “Tiro Federal”, que crecía rápidamente.

Impulsó la construcción de la Capilla de San Francisco y trabajó activamente en la comisión creada para ese fin.

El 2 de diciembre de 1956, junto a otras personas, fue madrina en el acto de la colocación de la piedra fundamental del actual templo.

En 1957, luego de recorrer y catequizar al barrio, vio coronados sus esfuerzos cuando el primer grupo de niños toma su Primera Comunión de manos del Padre Jeannot, en el templo aún sin techo (el Padre recordaba siempre la primera Navidad celebrada a la luz de las estrellas).

En la actual esquina de P. Daneri y Rioja, en una habitación funcionaba la Escuela Particular Laprida, que alfabetizaba a algunos niños. Al jubilarse la maestra, dicha escuela cerró sus puertas, lo que motivó al Padre Jeannot y a Chicha a crear una escuela para el barrio. Chicha fue miembro y alma de esa comisión.

El 14 de mayo de 1964, se autoriza la creación bajo el nombre de Escuela Nº 107 San Francisco de Asís, en una sola aula. Posteriormente, Chicha y la gente del barrio logran construir más aulas.

A partir de 1967, se disuelve la comisión y todas las acciones pasan a depender del Padre Jeannot y de Chicha.

Sigue la incansable labor en la Iglesia, el barrio y la escuela. También, impulsan la construcción del Salón Comunitario Esperanza y gestionan la apertura del comedor escolar junto a la escuela, que se abre en 1991.

Chicha se caracterizaba por su alegría y su afabilidad en el trato. Aun las actividades más arduas o los problemas más difíciles los resolvía con una cuota de humor. Durante toda su vida manifestó el amor y el servicio humilde y silencioso, a los suyos en primer lugar y a todos los que necesitaron de sus manos, de su alegría y de su esperanza en una vida cada día mejor.

No la detenía el frío ni la lluvia, el calor ni las calles polvorientas. Siempre llegaba con su andar tranquilo y sereno para calmar el hambre y la sed de los necesitados, propio de una mujer con el corazón lleno de Jesús, que quería dar y darse.

En estos menesteres la encontró la llamada del Señor a la eternidad: estaba junto al padre Luis, pensando en un colegio secundario para los jóvenes del barrio. Otros siguieron adelante con su proyecto que mereció llevar su nombre, que compromete, obliga e impulsa a aprender su lección y a dar lo mejor para formar adolescentes y jóvenes con una inteligencia clara que siempre busque la verdad; una voluntad firme que los lleve a alcanzar el bien; y una fe profunda que los haga descubrir el verdadero sentido del hombre, peregrino en la tierra destinado a la comunión con Dios en la eternidad.

Chicha fue ejemplo de mujer por los valores que encarnó, por su intuición, por estar atenta a las pequeñas cosas y por engendrar hijos espirituales que son todos aquellos que sintieron alivio con su sonrisa, su mirada y su ayuda: mujer educadora para la paz.

Murió el 22 de octubre de 1992 y sus restos fueron velados en el templo parroquial con la presencia de todo un pueblo, pero sobre todo de una escuela y un barrio formados por sus hijos espirituales.

Vivió silenciosa y humildemente y así fue despedida. A la comunidad educativa “Lidia Carmen Leissa” le gusta recordarla con una frase de Trossero, en su libro No te mueras con tus muertos:

Más que con la frialdad

De los mármoles,

Más que con suntuosos monumentos

Y grandilocuentes discursos,

Queremos honrarte

Con una vida digna.