14) Cuando éramos La República de Entre Ríos

En 1815 se produce en Buenos Aires la sublevación de Fontezuelas que trajo como consecuencia la caída del Director Supremo, Carlos María de Alvear. Es tiempo de unitarios y federales, de luchas por la centralización en Buenos Aires o por la defensa de los pueblos libres. Esta última idea tenía como abanderado a Artigas, que dominaba todo Entre Ríos.

La provincia ofrecía un clima especial donde los habitantes de sus villas carecían de estrechos vínculos sociales, la falta de comunicación y la acción de los montoneros en guerra que saqueaban e incendiaban todo a su paso[1].

El 4 de enero de 1818 las fuerzas de Ramírez, aliado en ese entonces de Artigas, derrotan a las porteñas al mando de Montes de Oca, en al estancia Santa Bárbara, a 25 kilómetros de Gualeguaychú. Esto motivó el alejamiento de la parroquia del Padre Gordillo aunque no sabemos exactamente la postura política del sacerdote. Ciertamente que los disturbios políticos en el pueblo y en la provincia afectaron el estado de ánimo de quien hacía treinta y cinco años pastoreaba la parroquia San José. Su alejamiento se dio el 4 de diciembre de 1818, aunque continuaría siendo su titular y regresaría para permanecer unos años más.

 Normalizada un tanto la situación con la República de Entre Ríos de Francisco Ramírez, éste dispuso en su reglamento de 1820, que los comandantes obligasen a los curas a que “exhorten a los feligreses todos los domingos sobre los intereses de la Patria y principios de su pública beneficencia”.

El estado bélico que se había vivido entre 1810 y 1821 (desde la Revolución de Mayo hasta la muerte de Ramírez) motivó una verdadera inestabilidad en la población, con sensibles repercusiones en el orden religioso. Sin embargo serán los sacerdotes los que contribuyeron, producto de su formación intelectual a que atendieran a la población  logrando cierto crecimiento, a pesar de que no se creó ninguna parroquia en este tiempo[2].

Para 1821 residía en el pueblo Fray Francisco de Paula Rivera, que fuera electo diputado para el congreso que debía nombrar Supremo Entrerriano a la muerte de Ramírez. Lo eligió una junta reunida en Concepción del Uruguay, a la que había concurrido como elector por Gualeguaychú. Sabemos que este sacerdote había nacido en 1777 en Buenos Aires, siendo sus padres Pedro Rivera y Evarista Esquivel y Aldao. En 1808 era teniente cura en la Doctrina de Santiago, en Paraguay. El 19 de enero de 1809 lo nombraban cura en San Pedro y Baradero y en 1814 era capellán del Cuerpo de Guardias de Caballería del gobierno[3].

En 1822 también actuó el mercedario de Buenos Aires, José Joaquín Palacios, sabemos poco de este religioso que luego se secularizaría.

Secularizarse no era abandonar el ministerio sacerdotal, sino pasar al clero diocesano, y del obispo del lugar. Pero era común que los gobiernos patrios, algunos sólo con injerencia local, intentaran que sea un “clero patrio”, es decir que dependieran de los intereses y las decisiones civiles. Veremos que muchos religiosos emigrarían a Europa por no aceptar estas condiciones, siendo expulsados del territorio y expropiándose incluso sus casas y demás propiedades.

En nota del 25 de febrero de 1822, Don Valentín Gómez escribe que se habían tomado algunas providencias para beneficio de las parroquias.

Había nombrado para Cura de Gualeguaychú al Padre Feliciano Martínez, sujeto de recomendable circunstancias, pero desgraciadamente ha desistido por temor que dice tener de “las aguas delgadas” de esos lugares y por las ideas desfavorables que le han hecho formar del estado de esa parroquia y su feligresía. Y continúa, no habiendo árbitro para forzarlo, extendí mis miras a otros sujetos. No se si podrá posibilitarse una conveniente entre los individuos del clero secular. Si así no fuere echaré mano de alguno regular, el que presente mejores circunstancias[4].

También aparece el agustino Fray Miguel González, que ya colaboraba por 1805 con el Padre Gordillo, pero ahora recomendado por Estanislao López quien le pide al Gobernador Mansilla que lo tenga en cuenta para la Iglesia de Gualeguaychú. En la nota fechada el 5 de marzo de 1822, este pedido no tendría lugar ya que el 27 del mismo mes, Gordillo anunciaba a Mansilla que volvía al curato. Consta en los libros parroquiales que el cura asentó los bautismos realizados por los sacerdotes que habían atendido la parroquia en su ausencia[5].

Sin embargo el cura Gordillo no parece haberse aclimatado a la nueva situación pues en 1823, después de 41 años, presentó su renuncia a la parroquia. El 25 de febrero el Provisor Zabaleta comunicó a Mansilla la admisión de esa renuncia y al haber provisto interinamente en la persona del Padre Mariano Callao. Pero el 31 remitió título interino a favor el Padre Ignacio Luis Moreyra, recomendado del Gobernador. Ninguno de los dos asumió la parroquia, por lo que Gordillo continuó firmando los documentos hasta el 28 de abril.

 

Durante esta inestabilidad política y social, encontramos una nota dirigida al Padre Funes:

El cura interino de esta Villa ha recibido un oficio de Us con fecha 4 de mayo, al mes 14 días sin fecha. Se le ordena salga el cura  a hacer un padrón en toda la jurisdicción de los individuos que haya en ella como así mismo del ganado lanar, vacunos y caballos y por consiguiente del territorio que le corresponde al curato. Este cura se halla absolutamente solo y si este sale se queda este vecindario sin cura. Soy de sentir que Ud ordena al Sr. alcalde pa que este comisione s los otros sujetos pa que con bondad estimase y esto sea contestado a la mayor brevedad en razón de hallarse este cura apurado y yo he disentido hasta la resolución de V. S.. Saludo a usted con todo mi afecto Marcelino Peláez.

 

Este Marcelino Peláez fue presidente del Congreso Constituyente, y el Padre Funes fue diputado por este departamento, cuyo sueldo donaba al estado. En el estatuto provincial de 1822 lleva su firma, siendo gobernador el General. Mansilla[6].

El Padre Funes realizaría este censo el 2 de agosto de 1825 y declaraba que la villa de Gualeguaychú contaba con 1353 habitantes.

Recién en 1830 se reestablecen las relaciones con la Santa Sede. Durante este tiempo la Iglesia de Entre Ríos se encontró carente de clero y con una feligresía diseminada. La falta de clero nativo y diocesano continúa siendo una nota característica de toda la iglesia entrerriana, por lo que continuó la práctica de recurrir a la ayuda de sacerdotes religiosos para la tarea pastoral. Se los exclaustraba de sus conventos para estar en las parroquias.


[1] Cf. Sameghini, A. El primer cura párroco de Gualeguaychú, en El Argentino, 7/03/1982.

[2] La única parroquia creada en este período será Nuestra Señora de Aránzazu de Victoria, en mayo de 1810.

[3] Cf. Avellá, F. Diccionario Biográfico del clero secular de Buenos Aires, Tomo I, pág. 300.

[4]  Cf. Borques, J. C., Eclesiásticas , I, 24, 1814, en Archivo Instituto Magnasco.

[5] Cf. Idem, VII, 24, 1806.

[6] Cf. Efemérides, 20 de junio de 1883. Archivo Instituto Magnasco.






Pastores según el corazón de Dios
El ministerio sacerdotal en la Parroquia San José de Gualeguaychú (1766 - 1905)
Pbro. Mauricio Landra

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