Hortensia Margarita Raffo

Por Nati Sarrot García

Llevó mucho tiempo la búsqueda de datos para presentar una biografía, aunque  somera,  de  la  poetisa  gualeguaychuense Hortensia Margarita Raffo. 

Tuvimos al alcance sus libros –cuya aparición se extiende entre 1930 y 1940–, gracias a las Bibliotecas Sarmiento y Olegario V. Andrade del Instituto Magnasco, que atesoran su obra, y a la generosa disposición de Elvira Cepeda de Bugnone quien, además de prestarnos La planta en su terrón  (prosa), conoció y trató a la poetisa. Ella nos regaló aspectos de su personalidad y detalles de su físico atrayente y delicado, tanto como para poder entregar al lector algo más concreto y próximo. 

Entre sus libros figuran El vaso de Murano (1932), considerado su mejor poemario; Oro y sangre (1933), poema que narra el martirologio de Atahualpa; Romances fueguinos (1934); Canciones de sal y cuestas (1935); El pájaro y la gruta (1936); La planta en su terrón (1938); Poemario de Juan de Dios (1940) y los cuentos para niños Talatín y Martinga (1932) y Magnolia, este último, teatro en verso, sin editar, enviado como amistoso saludo a don Luis Doello Jurado.

Hortensia Margarita Raffo pronunció conferencias en todo el país. Ellas versaban sobre temas de literatura; además, participó con notas en periódicos y  revistas  importantes y de gran difusión. Mantuvo  frecuente correspondencia con  los amigos de su ciudad natal, a quienes también visitaba. En aquellas ocasiones, le era insoslayable el paso por el Instituto Magnasco y la Biblioteca Popular Sarmiento. 

Citamos especialmente el libro que dedicara a Elvira C. de Bugnone, porque encontramos en él su marcado apego a Gualeguaychú; lugar donde naciera y viviera la infancia. 

Sus padres, el doctor Juan P. Raffo y Hortensia Cinto, también  lugareños y de familias de viejo arraigo en  la zona de  la ciudad y  del  campo,  contrajeron matrimonio  en abril de 1905.  Según  cuenta  El Noticiero, a este acontecimiento asiste el doctor Osvaldo Magnasco con su familia. Ha llegado desde Buenos Aires y se aloja en el Hotel Comercio.

En La planta en su terrón, Hortensia Margarita Raffo nos describe un tiempo del Gualeguaychú de casas grandes y abiertas como la de los abuelos; las temporadas pasadas en la estancia ubicada en Pehuajó Norte y disfrutadas hasta la radicación de su familia en la Capital Federal, aquella estancia rodeada de arboleda, con un parque cuidado por un viejo jardinero francés, quien enseñara a Marga los nombres de cada planta y de cada árbol (“… donde el rumor del arroyo que caía como un hilo entre las piedras le enseñó el canto (…) y también a ver a Dios (…). Era junio y esa inquietud dejó de ser tortura para hacerse delicia…”).

Este  libro también nos describe el viaje de vuelta a Buenos Aires en tren, con el respectivo cruce del Paraná en Ferry Boat; o el viaje desde la ciudad a la estancia en un coche que cruzaba el Gualeyán sobre una balsa tirada por caballos –precaria aunque segura, en tiempos de la Entre Ríos ínsula–. 

Escrito en prosa poética, La planta en su terrón nos habla de la poetisa y de su espacio vital; quedan ahí, como esfumados por una bruma que ella misma extendiera para vivir, quizás, en estado pleno, el encuentro con el aire necesario a su sensibilidad. Bruma que nos vela la posibilidad de una biografía más completa. 


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