La Calle

La calle principal de la ciudad, en un principio lo fue la Urquiza, allí se establecieron los principales comercios y levantaron sus casas, caracterizados vecinos, aún hoy pueden verse algunas, muy pocas ya, de lo que fueron en su tiempo, tanto comercios como viviendas.

Aún permanecen la casa del Dr. Marchesini, no así la de los Elía, si la de Galia, la mansión de los Rossi, pero otras, solo para el recuerdo, como la casa de los Lamas, el antiguo almacén de Piaggio, llamado "El Pobre Diablo" (ahora el Automóvil Club) o el almacén de Nóbile, también se fue el viejo café Apolo haciendo cruz a la plaza "grande", y de los grandes almacenes Caviglioni Hermanos solo resta el hermoso edificio que fue.

Y así otros tantos, al este y oeste de Urquiza centro, que alguna vez cuando era empedrada supo estar arbolada con acacias de oriente.

Sin embargo, siendo la principal y divisoria de nomenclaturas, no logró mantener su cetro.

Pavimentada primero con piedra bruta, luego adoquinada, la Urquiza era la calle de entrada desde el oeste y la "25" era obligado acceso desde el puerto, de cualquier forma que haya sido, la calle "25", tenía algo especial, carisma, diríamos.

Imperceptiblemente fue desalojando a la Urquiza y cuando se pensó en dotarla de un nuevo pavimento se buscó un material que la destacara de todas las demás.

Las calles paquetas de la capital estaban construidas con madera lo que les daba un lucimiento especial y entonces se adoptó ese pavimento, que en realidad no tuvo larga vida por defectos de construcción primero, y por muy malas reparaciones después.

Por otro lado cuando se tendieron los rieles del tranvía de caballos que iba desde el puerto por calle Alem, venia justo a tomar la calle "25" y continuaba luego por Rocamora hasta la estación del Ferrocarril.

El tendido de la línea del "Tramway" le confirió el espaldarazo definitivo y el tramo de Mitre a Rocamora pasó a ser eje y centro de la ciudad, y, por supuesto, el cambio del empedrado bruto por el adoquinado de madera, terminaron por dar adecuado marco a la "25" que ya estaba brillando por mérito propio.

Contaba ya, con hermosos edificios, como el palacio Clavarino con su típico mirador, o mejor dicho torreón, primer edificio que por aquella época contaba con ascensor, el cual por cuestiones de voltaje, era de accionamiento manual, fue sin lugar a dudas un verdadero "recuerdo del futuro" dado que los ascensores llegarían a nuestra ciudad a más de un lustro después.

Haciendo cruz, a la casa de Casaretto, el palacio Clavarino, el hotel "del Vapor", luego hotel "Comercio" que nace primitivamente en calle 3 de Febrero, y luego con línea europea se extiende por calle 25 de Mayo.

Enfrente del mismo, la panadería y almacén de Cerdá Hermanos, el importante edificio del Club Recreo Argentino, cuyos comienzos se dieron en nuestra ciudad, bajo el nombre de Casino Del Plata.

La gran placa de mármol con este nombre quedo perdida durante muchos años hasta que un buen día un socio la rescato de un bar y confitería local, donde puesta al revés, y por su gran formato, la tenían de tabla de amasar. Acondicionada que fue, esta hoy colocada en una de las paredes de la mencionada Institución.

La cuadra del "Club" aún alberga en pie, las casas de los Cantini, la de don David Della Chiesa, pionero del camino a la capital y pionero del otro tiempo famoso, y orgullo de la ciudad, el Frigorífico Gualeguaychú.

Don David, aparte de ganadero de la zona, fue visionario y luchador infatigable.

En la esquina de Chile (hoy Chalup) y 25 estaba la hermosa mansión de los Morrogh Bernard, y digo estaba por que ya no lo está. Ahora en pleno centro, hay un deplorable baldío y un incongruente decreto, transformó el proyecto de un gran hotel, en un lamentable baldío.

Muchas grandes obras que hubieron de hacerse en la ciudad, se quedaron en los papeles, a merced de las maquinas burocráticas "de impedir".

La cuadra del "Recreo", albergó otros establecimientos. como la peluquería de Villar, luego llamada "La Buenos Aires", un excelente salón de peluquería; Lo de Manuel Pesado, agencia de Lotería; La librería de Caramelli, y en frente la botica Del Indio, propiedad de don Horacio Rébori, El Lírico en la esquina opuesta, y siguiendo la librería, imprenta, juguetería y artículos varios de don Ramón Elizalde, y en la esquina de Suipacha (hoy Perón), el café de Benito Marpez justo frente al Banco de Italia y Río de La Plata, y en la esquina del norte el rancho de Zuñiga donde después supo estar la famosa parrilla de Di Sorbo. La tienda "El chic Parisién", una de las grandes tiendas de la ciudad, siguiendo nuestro paseo hacia el oeste, la mansión de Deken, que tiene una curiosa historia; El matrimonio De Deken - Irazusta paseando por París, ven una hermosa casa y quedan fascinados por ella y deciden hablar con los dueños para que les permitieran visitarla, lo que así hicieron y sin pensarlo mucho llamaron a la puerta y fueron deferentemente atendidos. Enterados los dueños de lo deseos de nuestros copoblanos, no solo les hicieron conocer la casa, sinó que les dieron la dirección del arquitecto que la había proyectado, el cual por supuesto, les facilitó copias del proyecto, con todos sus detalles.

Ya de vuelta en el país y encontrándose nuevamente en la ciudad, encargan la construcción de un edificio similar al que tan buena impresión les causara en su viaje por París.

En la vereda de enfrente se levantaba una hermosa casa de dos plantas, la baja, ocupada por el Jockey Club, y contiguo, la librería y agencia de lotería de Blas González, en cuya vidriera tenía un tren eléctrico, hasta con luz.

Una mañana temprano, los chicos que iban para la escuela encontraron lo de Blas González en ruinas , solo en el medio del salón con la hoja abierta estaba la caja de hierro que aún humeaba en su interior; la noche anterior se había quemado y en la ciudad no habían bomberos, ellos llegarían medio siglo más tarde.

Enfrente a la librería de Elizalde, se encontraba el desvío del Tramway, como la vía era única, el coche que venía desde el puerto, debía detenerse a esperar el que venia desde la estación, y como el del puerto ya estaba en el desvío el coche de la estación pasaba sin detenerse.

Hablando de tranvías, es bueno recordar el tema. Había dos clases de coches, los abiertos más propios para el clima estival y los cerrados, muy similares a los que circularon en la capital y usados preferentemente en invierno o en los días lluviosos.

Los tranvías en Gualeguaychú nacieron antes de tiempo, como esos grandes barcos, que cuando los botaron, se encontraron sin puerto que los cobijara.

Los talleres de la empresa estaban en calle Tala y fin de la Avenida Rocamora, a la sazón, aún sin pavimento; lo único que tenía era el empedrado en medio de los rieles.

Cuando los coches terminaban su recorrido en cada cabecera del trayecto se desataban los equinos y se pasaban a la otra punta del coche.

El tranvía más que utilitario, fue un motivo de paseo de los días feriados, y la empresa, tal vez, de quijotes.

Los empresarios algo de quijotes tuvieron. Quizás visionarios de un futuro que se daría más adelante pero que la velocidad de los tiempos superaría para Gualeguaychú.

No duraría mucho tiempo el intento. Una noche se desató un furioso temporal de lluvia y fortísimos vientos que arrancaron los techos de las caballerizas y depósitos de los Tramway, matando las caballadas y destruyendo gran parte de los coches.

Uno de los socios, por falta de recursos, debió retirarse y el socio que pudo sobrevivir a la catástrofe consiguió otros aportes de capital, continuando un tiempo más hasta que un buen o mal día, el tranvía de Gualeguaychú, cerró un capítulo más de la ciudad.

Como mudos testigos, de lo que no pudo ser, quedaron por mucho tiempo, tendidas las vías esperando los coches que nunca más volverían a pasar.

La esquina de 25 y Suipacha (hoy Perón), fue por aquel entonces una esquina tradicional, y esa tradición arranca con la apertura del que fuera famosísimo café España de don Mariano Trasols, ubicado en la media cuadra de Suipacha.

Esa tradición empieza a perfilarse en los años treinta, cuando los muchachos del "Nacional" se reunían allí, o se citaban en ese lugar para jugar al truco, el mus, o simplemente al billar, el España fué parte del antiguo edificio del " Chic Parisién " y consecuencia del fraccionamiento que comenzaba a darse en la zona del centro.

Posteriormente la mano de Paúl Tack, cambiaría el frente del España adentrándolo en el tiempo "moderno" que sobrevendría.

Pero volvamos a un tiempo que ya se nos escapa.

Montevideo y 25.

La esquina de lo de Landó, por mejor decir "La botica de Landó".

La farmacia de don Fernando, fue también lugar de reunión, pero de personas mayores, de la amistad del farmacéutico.

Era una amplia casa de dos plantas, en cuya planta baja estaban, farmacia, laboratorios y deposito, y por sobre 25 había otro local contiguo, cuyo primer destino fuera una importante biblioteca, que posteriormente fue ocupado por la agencia de Radio Prieto, y luego por una casa de artículos para Hombres, "Casa Fontana".

Supo haber una pequeña casa de fotografía, en el lugar que poco después vendría a ocupar la firma martillera de Landó, Bonzón y Elgue, ya desaparecida.

La Fotografía del Puentecito, como diría yo.

Entre los muchos elementos para fotografiar a los niños, tenia un hermoso puente a esos efectos. Un puentecito con reminiscencias bucólicas.

Después de los de Galia, ya hablamos de esa firma, la Talabartería de Huarte.

Otra gran tienda en Humberto Primo y 25, la de Pérez Azcoitía, la casa de la familia de Ernesto Rossi, y pasando la calle, la confitería de Senserriche, que después fue la gran tienda " El Barato Argentino ", la familia Duarte, Buschiazzo, los Britos, Casa Silva y joyería Anastasi, y cruzando Churruarín, la sastrería de Miguel Pérez y el antiguo café Tut Ank Amon; Los Campi, la casa de la familia del doctor Goñi, y pasando la Alberdi, la casa Taglioretti, famosa sombrerería para damas y caballeros, y en la esquina de en frente, otro importante negocio para hombres, la casa Calvoso, seguían Angel Santa María, dedicado a la venta de cafés, te y maníes tostados, y en un pequeño local iniciaba su actividad José Luis Ferrando con librería, juguetería y revistas.

Seguía la casa del general Urquiza para cuando venia a Gualeguaychú, la tienda de Chichizola y en la vereda del norte, la botica de don Félix Fontana, El Consulado de la República Oriental del Uruguay, donde don Antonio Daneri tenia las oficinas, y en el mismo predio estaba su casa habitación y además la acreditada Platería Daneri y sus talleres, esta casa había sido fundada en el año 1860 y cerró sus puertas en 1949.

Pasado calle España nos encontramos con las grandes tiendas Galli, fundada en 1913, ya desaparecida, al igual que la de Fernandez Grova y Cia, Blanco y Negro en la siguiente esquina de la misma cuadra. Este negocio fue destruido por un incendio.

Por la otra acera encontramos la vivienda y consultorio del doctor E. Rossi, la mansión de los Clavarino y contiguo el popular café Tokio, calle por medio, la casa de remates feria y agencia de los automóviles Buick, de don Angel C. Ferrari que en esa misma cuadra tenia su casa de familia; Don Alejandro Sureau, un dentista francés que puso una fabrica de vidrio que no prosperó; continuaba ya en la esquina la confitería de Dobón y enfrente la farmacia de Blasi.

Atravesando nuevamente la calle, esta vez Maipú, encontramos la Ferretería de Fullgraff, la joyería de Bustelo, la antigua farmacia Caferatta y traspuesta Ayacucho los grandes almacenes de ramos generales de los hermanos Frávega, y finalmente en la esquina de Rocamora, el café Argentino, y así hemos completado un viaje ideal desde Mitre hasta Rocamora.

No hemos dicho todos los nombres ni lugares, sinó, solo algunos que hemos querido rescatar en el tiempo.

Lo cierto, es, de que nos encontramos en la esquina donde en otro tiempo supo doblar hacia el sur, rumbo a la estación, el tranway de Gualeguaychú; Y aquí si tenemos que recordar a los pioneros: Daneri y Rossi, el dueño del saladero, otra importante industria de la ciudad de entonces, los fundadores de la línea.

Dos soñadores.

Abundaban los baldíos en las calles principales, pero poco a poco y a partir del día en que el tranvía tomo por ultima vez el camino de la estación, los años comienzan a correr para la ciudad y esos tapiales empezaron a ser historia.

El hermoso adoquinado de madera que fuera orgullo de la ciudad y envidia de las otras, ha comenzado a desaparecer, por defectos de construcción, por causa de las lluvias, la madera se hincha y se hacen grandes globos que al descomprimirse estallan y desparraman adoquines por doquier.

Se intenta reparar los daños, pero la impericia hace de las reparaciones un mal remedio, entonces los baches se rellenan con hormigón y la calle remendada va perdiendo su figura. Entonces se toma la decisión de colocar un nuevo pavimento.

Claro esta, de que venia el carnaval, y este seria inaugurado para esa fecha.

La nueva calle seria de hormigón armado y esta era la primera vez que se intentaba en la ciudad.

Así fue que se retiraron los adoquines de madera y bajo estos apareció la carpeta de hormigón pobre que sustentaron los maderos.

Esto facilitaba los trabajos de hormigonado y la obra comenzó a ritmo rápido y estuvo sobre la fecha pero sin darle tiempo a un fraguado correcto.

Duró poco como era de esperarse y las reparaciones fueron frecuentes y cada vez mayores, y entonces hubo que hacer otro similar, que se va manteniendo gracias a continuos bacheos.

Y esta es, sucintamente contada, la historia de una calle, la cual, no siendo en su origen la principal, termino siendo la primera.

Los paseos en tranvía, la "promenades" en las victorias, los paseos en los primeros ómnibus Ford "T", uno abierto con los asientos atravesados, el otro cerrado con los vidrios recubiertos con papel vitreaux y asientos laterales, parecía que ya habíamos llegado y en realidad solo estábamos marchando.

CRÓNICAS INFORMALES

Carlos Lisandro Daneri

Gualeguaychú – Año 1998