Camilo Antonio Daneri: Ictiólogo

Dr. Camilo Antonio Daneri

(24 de abril de 1918 ‐15 de agosto de 1998)

Por: Sara María Daneri

Inició sus estudios de medicina y alrededor de los dos años abandonó para comenzar a estudiar Ciencias Naturales en la Universidad Nacional de La Plata, de allí su inclinación por el Club Estudiantes de La Plata.

Una vez finalizados sus estudios universitarios de grado y siendo sus maestros Raúl Ringuelet y Emiliano Mac Donagh, a quienes recuerdo que siempre nombraba pese a mi corta edad, a los que no dimensionaba por su contribución científica a la biología.

Una vez obtenido su título de licenciado en Ciencias Naturales, se orientó hacia la ictiología, siendo su director de tesis el Dr. Emiliano Mac Donagh, a quien me contaba papá que había conocido cuando era muy pequeña.

Sentía una gran admiración por Mac Donagh por su profesionalidad y espíritu científico y creo que no es casual que la nueva especie de corvina de agua dulce que mi padre descubriera lleve el nombre de Plagioscion macdonaghi.

Sé que mi papá trabajó en el Museo de Ciencias Naturales de la Ciudad de La Plata y al casarse en el año 1948 se trasladó a la Ciudad de Buenos Aires donde continuó su carrera en el Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia. Al año siguiente participó en el Primer Congreso Latinoamericano de Biología Marina realizado en la Universidad de Chile en representación del Museo Argentino, conjuntamente con el Dr. Román Antonio Pérez Moreau; el Sr. Sebastián Alberto Guarrera y por entonces el Licenciado Sr. Camilo A. Daneri.

Camilo Antonio Daneri

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También trabajó en el Jardín Zoológico de la Municipalidad de Buenos Aires, en la sección Veterinaria hasta alcanzar el cargo por concurso de Director del Jardín Zoológico, del que se retiró en el año 1968 por discrepancias con las autoridades del municipio.

Además desempeñó la actividad docente en el Seminario Metropolitano de Villa Devoto y tuvo a su cargo la corrección de la Enciclopedia de Editorial El Ateneo en el área de las ciencias naturales.

En todos esos años en Buenos Aires ‐ según creo 20 años‐ cultivó numerosas amistades que conservó a lo largo de toda su vida y aunque en 1968 se radicó definitivamente en su amada ciudad natal Gualeguaychú; los continuó visitando toda vez que viajaba a Buenos Aires.

Así tuve oportunidad y guardo el recuerdo de “Manolo” Cordini, sus hijos y esposa; de Alberto Ugarte –administrador del Jardín Zoológico en su gestión‐; del “Flaco” Rivolta; de Gamper; de Helvio Guido y su esposa y de tantos otros.

Una vez radicado en Gualeguaychú inició una investigación sobre el aprovechamiento del sábalo a través de un contrato del Consejo Federal de Inversiones. En esos tiempos recuerdo la casa con olor a formol, frasquitos con partes de pescados; hilos tipo tanza y algo parecido a unas cápsulas plásticas con un papelito adentro, que ahora creo entender eran las marcas que les colocaba a los sábalos para hacer su seguimiento y estudio. Pero como todo lo que es por contrato no duró tanto tiempo, y a partir de allí papá ya no volvió a reencontrase ni con las ciencias naturales ni con la ictiología.

Cerrada esta etapa de su vida de la que a esta altura de la mía pienso que no fue sin frustración; se dedicó a la actividad privada vinculada a trámites previsionales y en dos oportunidades fue Secretario de Gobierno de la Municipalidad de Gualeguaychú, seguramente fue convocado por los conocimientos que había adquirido en su desempeño en la función pública y finalmente se jubiló.

Sin embargo no se desvinculó de participar y organizar actividades como el 1º Festival Internacional de la pesca del Pejerrey y lanzamiento (FyPIL) a principios de los años ´70 y de homenajes a ciudadanos de Gualeguaychú que habían contribuido al progreso de la ciudad, ni tampoco de las consultas cada vez que se hallaba “una rara especie animal” en la zona. No importaban siesta, ni el horario, allá caían en casa para que papá “las identificara”.

En el año 1973 enviudó siendo quien escribe la única hija de ese matrimonio y en 1976 se casó en 2º nupcias con Graciela, con quien tuvo su segundo hijo, mi hermano Juan Ignacio.

Como persona, siempre estuvo rodeado de amigos, amigo de sus amigos tanto de sus compañeros de colegio secundario, de la universidad y de sus compañeros de trabajo, con quienes sino era posible visitarlos disfrutaba de escribirles regularmente. Tenía un alto valor por la condición de servidor público‐ honesto; amable; responsable, compañero de todos sin distinciones‐ y de la amistad.

De paso corto y ligero, ojos inquietos y observadores, me enseñó el respeto y cuidado por la naturaleza; la importancia de cultivar la amistad; de la lealtad; del esfuerzo para alcanzar la meta; el valor de la honestidad; la humildad y el “orgullo” de ser un trabajador en lo público.

Y sólo para terminar esta mínima semblanza de cada momento compartido con “Cucho” como lo conocían todos: cuando trabajaba en el Jardín Zoológico me había hecho creer que su tarea era “cortarle las uñas a los leones”, lo que repetía por todas partes convencida que ese era su trabajo!!.

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Lo bueno tanto para mi hermano como para mí —con la diferencia de edad entre uno otro y aunque papá ya hacía años que no trabajaba ahí— era que cuando íbamos al Zoológico nos regalaban los rollos de vueltas en calesita sus amigos los “calesiteros”.

Amó el Jardín Zoológico, el que fue visitar por última vez un día lluvioso de abril, un día después de haber cumplido sus 80 años… seguramente andará por allí caminando rápido y con sus manos en los bolsillos del saco tal como era su costumbre.

Autor: Sara María Daneri

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