Antes de proseguir con estas referencias y para ir destacando algunos acontecimientos o progresos de la ciudad, en estos recuerdos un poco deshilvanados pero que en una u otra forma están ligados a la vida de su municipio e incorporados en forma definitiva al acervo tradicional e histórico o simplemente afectivo de los habitantes de este pueblo; lo que a su vez permitirá una apreciación mejor de su evolución y su progreso, recordemos algunos dejando para otra oportunidad los otros.
Hacia 1853 nuestra ciudad -según datos del padre Borques tenia 4.921 habitantes- si bien era lo que podríamos llamar un caserío donde el rancho de adobe o de paja levantaba su fachada en lo que es hoy nuestra aristocrática calle 25 de Mayo; había algunos edificios de material que se destacaban por sus severas líneas características de la arquitectura colonial. El cuadro de su edificación se extendía a ritmo acelerado y la ciudad progresaba. Teníamos entonces el Cementerio frente a la plaza, al lado de la Iglesia, como era tradicional en ese tiempo según las viejas leyes de Indias, etc.
Se pensó retirarlo de allí y fuego de una serie de gestiones buscando un terreno adecuado se fijó uno donde hoy se encuentra el Hospital Centenario.
La solemne ceremonia del traslado de los restos según las memorias del padre Borques se realizó el 5 de junio de ese año. De allí, años mas tarde, serían trasladados a donde actualmente se encuentra la necrópolis. Recordaré de paso a título ilustrativo, que los cementerios dependían administrativamente de las autoridades provinciales aun después de constituidos los organismos municipales, y que el 22 de marzo de 1862 el General Urquiza dictó un decreto en el que decía entre otras cosas: "Los cementerios públicos en todas las ciudades y villas de la Provincia quedan desde la fecha a cargo y bajo la administración de la autoridad policial de cada departamento".
Como ya lo he dicho y es perfectamente sabido l-os Comandantes de los respectivos departamentos-, o en su caso los jefes políticos tuvieron funciones que en cierto modo los colocaban por sobre las demás autoridades en cuanto a jerarquía y atribuciones, como lo deja establecido una aclaración solicitada al Gobierno de Provincia por el entonces Comandante del Departamento Diamante, mayor Marcos Cuesta, a raíz de un entredicho con el Administrador de Rentas del lugar.
El Ministro de Gobierno le contesta el 9 de marzo de 1853 diciéndole entre otras cosas: "Por la organización de la Provincia, los comandantes militares de los departamentos representan en ella a la autoridad del Superior Gobierno, para el mantenimiento del orden y buen servicio público. En esta inteligencia, que no da lugar a interpretaciones, todas las autoridades, municipales y eclesiásticas, deben rendir acatamiento al Comandante Militar de su respectivo Departamento como que es la primera autoridad. El tiene el mando directo de la fuerza de la Guarnición y servicio militar, policial y capitanía del puerto".
Es en tales funciones que algunos de ellos se preocuparon en forma destacada por el mejoramiento de la ciudad, como sucedió con el señor Rafael Furques, en nuestra ciudad. Funcionario progresista y que también ha sido olvidado. Se recuerda que hizo una plantación de naranjos en la plaza Independencia, arbolar varias calles de la ciudad, etc.
Sus preocupaciones llegaron para no extenderme demasiado en estos recuerdos a iniciar la construcción de una pirámide en aquel paseo, para instalar allí un reloj público. La piedra fundamental se colocó en un lucido acto público, según datos del padre Borques, existentes en el Archivo del Instituto Magnasco el día 27 de mayo de 1860. Pronunciaron discursos los señores Eugenio Gómez, Ramón Goyri, el presbítero Vicente Martínez, etc.
Esta pirámide no se pudo terminar y quedó así en principio. En su base y por motivos desconocidos se depositaron medallas conmemorativas, monedas antiguas y documentos oficiales. En este mismo lugar se levantó más tarde la Pirámide de la Independencia, que fue demolida el año 1910 para levantar sobre la misma base el actual monumento al General San Martín inaugurado en aquella fecha. De donde se deduce que, bajo estos cimientos deberán existır aquellos documentos y recuerdos cuyo valor desconocemos.
Retornando a las referencias sobre la primer Junta de Fomento, diré que debió soportar y vencer muchas dificultades, especialmente de orden político que trabaron su acción y fueron causa de críticas periodísticas no siempre justas. Producido el desgraciado suceso del asesinato del general Urquiza, la Provincia se vió convulsionada por la guerra civil por una parte y la intervención nacional enviada por el Presidente Sarmiento, por la otra.
Gualeguaychú, que no pudo contarse entre los pueblos donde el vencedor de Caseros tenía mas popularidad, existiendo por el contrario un fuerte núcleo jordanista, se sublevó contra el crimen. Es así como se formó aquí el primer batallón de voluntarios, llamado "15 de abril", que era la fecha de su constitución a solo tres días del luctuoso suceso. En las calles de la ciudad se luchó heroicamente en contra el jordanismo; y es parte de su historia, el ataque de las fuerzas comandadas por el coronel Palavecino y, especialmente el combate de la isla «Libertad».
Tan grande fue la indignación pública, aun en los mismos jordanistas, que se formó aquí un centro de resistencia, y se imprimieron periódicos para combatır las ideas revolucionarias, y hasta se hacían circular hojas sueltas impresas febrilmente a medida que se recibían las noticias de los departamentos, para tener a la población informada y al corriente de la marcha de los acontecimientos.
En ese ambiente, rodeada de ese fuego cívico, la Junta no pudo dedicar su acción a las preocupaciones edilicias, aparte como he dicho, de otros factores de orden político.
En 1869 desempeñaba la presidencia de la misma, el Dr. Cándido Irazusta. En 1871 la integraban los señores Miguel Zamora, Elías Arambarri, Manuel Magnasco, Juan A. Casacuberta, José Ballestero y Narciso Gómez.
En los archivos municipales no se encuentra nada con respecto a la primera Junta. El ultimo libro de actas se encuentra en el archivo del Instituto Magnasco. El último presidente fue don Pastor Britos, hombre ecuánime, muy querido y respetado y que también ha sido olvidado andando el tiempo, como si el recuerdo de los hombres públicos sea humo que se desvanece, cuando debiera tener la persistencia de la estatua.
Horacio Romero: Del Cabildo a las Municipalidades de Entre Ríos
Del Gualeguaychú antiguo