El Puerto de Gualeguaychú: su pasado, el barrio y su gente.

Puerto de Gualeguaychú

su pasado, el barrio y su gente.

(Charla de Gustavo Rivas en el Instituto Magnasco el 23 de Mayo de 2014 al inaugurar la muestra retrospectiva sobre el puerto)

Desgrabación: Eduardo Díaz (h)

Fotografía año 1925
Antiguo Muelle del Puerto de Gualeguaychú

Ante todo, quiero felicitar a la gente del Instituto Magnasco por la elección para este año de un tema tan hermoso. Supongo que, aunque no lo haya dicho Carmen (Galissier) al esbozar mi “frondoso currículum”, habrán tenido en cuenta otro título, el de Patrón de Yate; que también me habilita para esto. Porque lo que vamos a hacer ahora, es un viaje imaginario; para los más viejos va a ser un viaje de nostalgia, de recuerdo y para los jóvenes, puede ser interesante en cuanto ellos querrán saber sobre el antiguo puerto de Gualeguaychú.

Entonces, lo primero es resaltar que el puerto está muy identificado, y lo estuvo siempre, con el resto de la ciudad. Es más: el puerto durante más de un siglo fue el corazón de la vida comunitaria, o la yugular si quieren otro parangón anatómico, por donde entraba y por donde salían todos los pasajeros, la mercadería, el comercio. Y por eso fue en un tiempo el centro comercial de Gualeguaychú. Pero eso fue el barrio del puerto, el primero que tuvo su calle empedrada: la calle Alem, o “del Puerto”, como se llamaba en aquel momento, allá por 1867. También el primero que tuvo un farol de alumbrado público a querosen; después vino el gas en la década del 1890. Además: tren y tranvía; todo lo tenía el puerto. Entonces los invito a los mayores digamos a que evoquen todo aquello y los jóvenes, a que aprendan a comprender y entender por qué ese sabor especial por todo lo portuario y lo mucho que estos recuerdos tiene que ver con el alma Gualeguaychú. Los poetas se han encargado de demostrar esta comunidad entre pueblo, puerto y río, en una identificación que los hace inescindibles.

Fíjense por ejemplo, en Andrade que vivía a dos cuadras del río por ahí en aquel poema cuando dice “todo está como era entonces la casa, la calle, el río”. A Manuel Portela lo recordamos todos como el poeta del río. Pebete Daneri (Pablo J.) le escribió al río; él era de origen también portuario por línea materna, porque era hijo de Maruca Baganciaga hija de uno de los viejos agencieros de hace más de un siglo: don Juan Baganciaga. Pebete dedicó varios sonetos al río. Pero alguien que lo hizo magníficamente, yo diría el mejor de todos, fue Juan Antonio Machado; no el poeta español, sino el Machado nuestro cuando al inaugurar el rincón de los poetas en la Plaza San Martín el 20 de octubre de 1965 leyó el poema con el que había ganado un importante concurso floral y poético. Se titulaba Romance de Cal y Luna y lo leyó él personalmente. Recuerdo su la última estrofa en el momento que la dijo me quedó grabada para siempre y el resto me lo aprendí este año, un poco obligado por mis amigos de la peña de músicos “Los amigos”. Y con tanta bellaza describe esa unión Juan Antonio Machado, que en el poema, dedicado al Gualeguaychú, nocturno, al Gualeguaychú dormido, lo imagina como un niño. Un niño de cal, de paredes veredas y calles en la noche. Comienza así:

“¡hay luna no alumbres tanto! que va a despertar el niño,

el niño de cal que duerme en el regazo del río”.

Fíjense que definición: en el regazo del río. Ahí establece la comunicación, la comunidad entre uno y otro. Por eso entonces decía, el acierto de la elección de este tema. La investigación me ha resultado particularmente subyugante; conversar con viejos vecinos del puerto y comprobar muchas cosas. Como los lazos que había, no solamente de amistad y de familiaridad sino los lazos de pertenencia a la gran familia portuaria. Y un detalle singular: algún vecino del puerto del extremo norte, digamos, el límite del puerto zona de los obeliscos, 25 de Mayo, me hablaba por ejemplo, de otro que vivía en calle Concordia y Caseros y viceversa. Y nombraba los hijos, los hermanos, los sobrenombres, todos los detalles. Es decir, se conocían todos como si fueran una gran familia. Y por supuesto también estaba el ingrediente del chimento que hace más sabrosa la vida pueblerina, y ya después les voy a contar; no los chimentos en sí, pero algunas connotaciones graciosas de esas relaciones. Los lazos de solidaridad que tenían; ayudarse unos a otros. Ni qué decir con motivo de las grandes desgracias como las crecientes, la amistad, sin diferenciación social: los portuarios eran todos iguales en el trato, en el cariño, y aún con las personas que en otro orden podrían haber sido discriminadas, tampoco, ya lo van a ver. Todos eran del puerto. Ahora los invito entonces aprovechando esta habilitación que tengo como patrón de yate. Como el yate que tengo actualmente es chiquito, y en el “Laurencena” no cabrían todos porque tampoco era muy grande, vamos a hacer en otro buque, este viaje imaginario. Ahora se van a bajar las luces para que ustedes cierren los ojos, entren en este sueño que va a durar una hora en que vamos a viajar nada menos que en el más emblemático y el último vapor de pasajeros de los que surcaron las aguas de Gualeguaychú: El glorioso “Luna”. Entonces en este vapor vamos a hacer un viaje de una hora y acá tenemos anotado para no pasarnos, todos los puntos de referencia que van indicando los temas que tocamos en cada punto. Arrancamos del puerto para recorrer el A° Munilla, el Frigorífico, el Arroyo del Cura, Cancha Larga, El Corte, Paso de la Guardia, etc. vamos a llegar hasta la boya 90 que era es hasta donde llegaba el vapor Luna. Así que bueno, vamos a iniciar este viaje y espero que les guste. Ya les dijeron que apagaran los celulares. Por favor colóquense los salvavidas ¿Todos tienen salvavidas? A ver allá, hay una señora dice que no le entra el salvavidas; por favor alcanzale un king size a la señora, así todos tiene su salvavidas y ya arrancamos.

Adelante contramaestre…..

(Se escuchan las pitadas de un vapor)

Muy bien, zarpamos. Acá en el Magnasco somos tan prevenidos que, por si fallaba el mecanismo este del vapor me había traído un sucedáneo que es este: (Suena la corneta de aerosol).Si alguno que esta corneta es muy chillona, la respuesta es muy sencilla: cada corneta de acuerdo a la voz del capitán (risas). Salimos entonces: vamos pasando ahora por el arroyo Munilla y empezamos primero con un enfoque cronológico de la historia de nuestro puerto que no arranca con el nacimiento como aldea allá por 1783 sino que como puerto empieza a funcionar después. Los primeros antecedentes que tenemos es cuando en 1808 se lo conocía como “puerto de Petisco”. Seguramente por alguna relación con aquel primer alcalde que tuvo el cabildo de Gualeguaychú, García de Petisco. En esa época 1808- 1810 la única instalación que había en el puerto que se llamaba “el embarcadero” porque en realidad era muy precario no había casi nada; seguramente alguna pequeña instalación de madera como era un pequeño depósito hecho por el señor Manuel Ventura de Haedo. Casualmente, de la misma familia que edificara la más antigua de las construcciones que conocemos: la casa de Haedo enfrente a la Plaza San Martín. Bueno, para los más jóvenes, no está demás recordar que el puerto era la única vía de comunicación que teníamos con el resto del mundo porque por el sur, hasta que “un loco” como Don David de la Chiesa un día se le ocurre avanzar por tierra para ese rumbo donde teníamos un bosque, casi una selva impenetrable. Por eso Fray Mocho hablaba de “el país de los matreros”. Es decir, no se podía avanzar por ese lado. Por el norte, directamente no había caminos, salvo algunas rutas muy provisorias de las diligencias y de los pioneros del transporte automotor como el de Herman Fandrich. Pero no había rutas como las que tenemos ahora. Entonces todo el grueso de la mercadería y de los pasajeros a partir de esa época empieza a canalizarse en el puerto de Gualeguaychú. Y por supuesto, aquella pequeña aldea del principio se va desarrollando y así empieza a generarse un comercio que crece y se va diversificando. Digo esto, porque los primeros artículos que entraban y salían, sobre todo los que entraban, eran fundamentalmente grasa, cebos, etc. Entonces todo esto todavía no era ciudad, recién lo fue en 1851. Pero la aldea va creciendo y recibiendo el aporte inmigratorio; esto lo cuenta muy bien la Beba Bachini en una disertación que dio en Central Entrerriano en 1967 y que está en su libro “Conferencias”. Esos inmigrantes empieza a introducir otro tipo de apetencias, de necesidades. Entonces se empieza a diversificar la mercadería que entraba en el puerto de Gualeguaychú: pieles, perfumes, platería, en fin, consumos hasta el momento ese eran un lujo, se convierten en mercadería de ingreso habitual a la ciudad.

Puerto de Gualeguaychú

El antecedente más antiguo de la organización administrativa y del control del puerto, es de 1821. Las funciones que hoy en día están bien diversificadas entre Aduana, Prefectura y Gendarmería. Por aquel entonces se reunían en un solo funcionario, quien cumplía todas las funciones a la vez. Y ahí aparece, por ejemplo, el Cabo de Rentas ¿Por qué? Porque lo que más le importaba a las autoridades era el cobro de los aranceles de la mercadería que ingresaba o que salía. La función primordial era percibir esos derechos y por eso el nombre del funcionario: “Cabo de Rentas”, que parece indicar una doble función: administrativa y de seguridad. El primer encargado que tuvo el puerto de Gualeguaychú era José María Lacunza, quien a la vez fue Alcalde en aquellas épocas de Gualeguaychú. En 1833 aparece la figura del “Guardacosta” que es el origen de lo que después se convierte en Prefectura. Uno de los Cabos de Rentas, allá por 1836, fue Manuel Palavecino, a quien en 1841 se le da el título de Sargento Mayor. Fíjense como a la función administrativa se va complementando con la de seguridad. Es el mismo Palavecino que después llegó a ser uno de los generales de Urquiza. Como también cuando al órgano de control pasó a llamarse “Capitanía del Puerto” ocupó ese cargo Olegario Víctor Andrade que después desempeñó las misma funciones como funcionario de Aduana en Concordia. El pequeño edificio octogonal que conocemos como “Casilla del Resguardo” es el único edificio de ese tiempo que se conserva; es el que conocemos con el viejo nombre la Capitanía o Resguardo y data de 1850 siendo hoy la edificación más antigua del puerto de Gualeguaychú. Ustedes van a ver en esta exposición, algunas ilustraciones de ese pequeño edificio octogonal tal como fue su origen. Era muy bello y su techo tenía formas que le daban un aire de pagoda oriental. Y entonces quien ve las transformaciones que ha tenido en el tiempo, se admira esta singular obra de “arquitectura al revés”. ¿Por qué “arquitectura al revés”? Por “la proeza” de haber convertido aquello tan hermoso en algo tan horrible, como lo es actualmente. Ahora que el puerto se ha convertido en lugar turístico, sería deseable que algún día, con el modelo, planos y fotos, se reconstruya y quede como en su origen, ese hermoso edificio de la capitanía del puerto.

El puerto empieza a cobrar importancia y gradualmente pasa a ser el centro neurálgico de la actividad de Gualeguaychú a partir de algunos decretos que enseguida vamos a recordar. Como el de 1835 de Rosas -que era oriundo y representante de la Provincia de Buenos Aires con sus intereses. Cualquiera que ha leído historia argentina sabe que en gran parte nuestra historia transitó al ritmo de la pelea por la aduana del puerto de Buenos Aires. Por ello Rosas en 1835 dicta una Ley de Aduana que favoreció a las pequeñas industrias artesanales del el interior del país (por entonces de las Provincias Unidas) porque fijaba elevados aranceles para la importación de las mercaderías. Pero por otro lado, tenía una norma que afectaba a Gualeguaychú como puerto y a todos los puertos de los ríos interiores. En ella establecía como único paso obligatorio de ingreso al país de mercaderías, la Aduana de la ciudad de Buenos Aires. Es decir, ningún barco podía ingresar mercadería si no era por la aduana de la ciudad de Buenos Aires. Ese era uno de los objetivos de Urquiza cuando emitió el Pronunciamiento, el 1º de Mayo de 1851. Y precisamente en ese año 1851 se celebra un tratado que se va a cumplir después de la batalla de Caseros. Luego, en 1852, en cumplimiento de ese compromiso, una de las primeras medidas de Urquiza como Director Provisorio de la Confederación, fue decretar la libre navegación de los ríos. Como consecuencia del mismo, de golpe todos los puertos interiores, pero fundamentalmente el puerto de Gualeguaychú, crecieron en actividad en forma considerable. Fue con el solo dictado de ese decreto de 1852. ¡Cuánto más sería cinco años después!, cuando en 1857 ya como Presidente de la Confederación, Urquiza dicta otra ley. No nos olvidemos que en ese momento la Provincia de Buenos Aires estaba separada de la confederación y recién se reunifica en 1860 después de la batalla de Pavón. Y entonces Urquiza como Presidente eleva el proyecto y el Congreso Nacional que también funcionaba en Paraná dicta la ley de Derechos Diferenciales. ¿Qué era esta ley de Derechos Diferenciales? No bastaba con la libre navegación de los ríos teniendo en cuente que esa la libre navegación de los ríos no le impedía a los barcos recalar antes en Buenos Aires, aunque después prosiguieran su rumbo hacia el interior. Esa ley decía daba un paso más y decía: “que los buques que transporten mercadería de importación tendrán en el interior un recargo si hubiera tocado primero Puerto en Buenos Aires”. Procuraba facilitar la entrada directa a los puertos del interior, como el de Rosario, el de Gualeguaychú, que por aquel entonces, en la categorización de los puertos era más importante que el de Diamante. Y a partir de 1857 vuelve a darse otro estallido en la actividad del puerto de Gualeguaychú. A punto tal, que Beba Bachini (Elsa Beatriz) en esa conferencia recuerda la siguiente noticia de uno de los diarios locales de 1858. En un día de ese año, estaban surtos ¡15 barcos extranjeros juntos! en el puerto de Gualeguaychú. Cuando todavía no se había hecho ni el muelle; y cita el caso particular en ese mismo año, del buque Courriere que venía de Hamburgo. También llegaban barcos de Cuba de distintos países de América como Brasil y por supuesto, de Europa. Eso era el puerto de Gualeguaychú para 1858 cuando ni siquiera tenía el primer muelle de piedra. Bueno, como consecuencia de la batalla de Pavón se reunifica la Provincia de Buenos Aires con el resto de la Confederación. Por ello se reforma la Constitución Nacional como condición para reincorporarse Buenos Aires se llama a elecciones y pasa a ser Presidente el general Bartolomé Mitre. Una de las primeras cosas que hace Mitre, es nacionalizar los puertos que hasta ese momento eran provinciales. En consecuencia, sus empleados, que eran provinciales, pasan a depender de la Administración Pública Nacional. El primer funcionario nacional con ese carácter de nuestro puerto, fue el señor Mariano Manzano allá por 1862. Y como consecuencia de la creciente actividad de nuestro puerto y seguramente también por la mayor provisión de recursos por pte del gobierno nacional (que muchas veces son más potentes que las arcas Provinciales), llegaron las mejoras. Así, como una consecuencia natural ello, tuvimos primera obra portuaria importante en esta zona: el viejo muelle de piedra de 1863. Era un muelle que arrancaba en lo que ahora conocemos como la zona de inflamables: Es decir, a partir de la desembocadura del arroyo Munilla, del que ya le vamos a decir de donde viene ese nombre, hasta aproximadamente entre las calles 3 de Caballería y Doello Jurado. Hasta ahí llegaba el muelle de piedra, que lo único que tenía era una escalinata para el ascenso y descenso de pasajeros. Había muchas quejas de ellos por falta de comodidades y los accidentes que ocurrían. La escalinata estaba justo enfrente a lo que ahora conocemos como Castillo del Río aunque a Poli Etchegoyen no le guste que se llame “Castillo del Río” y prefiere que se le siga diciendo “el chalet de María Eloisa”, su tía (De Elía de Sala Hernández). A los que no han recorrido la exposición los invito a ver: ahí hay un cuadro, una foto panorámica que está tomada, aparentemente en 1925 por la dedicatoria que tiene atrás ese cuadro, que la dedica el ingeniero Roberto Duboscq a don Luis María Daneri. Ustedes pensarán enseguida algún antepasado de Ruly Duboscq (Germán R). No era antepasado; era un señor de origen francés concretamente marsellés, que tenía sede en Concepción del Uruguay y se venía acá con una casa flotante a hacer todos estos trabajos en el puerto. Y entonces él regala allá por 1925 a don Luis María Daneri. Por gentileza de Patricio ( Alvarez Daneri) su sobrino bisnieto, lo tenemos acá. Fíjense: ahí van a ver que el muelle de piedra llega hasta un ranchito que está emplazado forma paralela a la costa. Era el ranchito de doña Macedonia Viale (“la del lobanillo”) , enseguida veremos quién era, y a partir de ahí sigua la costa y se ve como era con los pedregales donde lavaban las lavanderas van a ver después los astilleros, etc.. Ese era el panorama del puerto antes de la ciclópea obra de la costanera, a partir de 1935. En 1867 y acá viene el nombre del arroyo Munilla, el señor Federico Fernández Munilla le compra a María Inés Lainez de Moller todo el lote que se conocía como “quinta de Lainez” y que llegaba hasta la calle Alem.

Y a partir de ese momento empezó a llamarse quinta de Munilla o el Munilla.Y el arroyo que antes era Laines, empezó a llamarse arroyo Munilla desde 1867. Y aunque después pasó por distintos dueños como Domingo Garbino, Ghío, etc. mantuvo y quedó para siempre el nombre de arroyo Munilla. Después viene la Avellaneda de Inmigración; él fue presidente entre el 74 y el 80, anduvo por Gualeguaychú por eso es valorable un aporte que hizo recientemente el Dr Hugo Daroca. Porque siempre se tenía como primera visita presidencial la del presidente Justo el 29 de mayo de 1937. Pero no: Avellaneda siendo Presidente había andado por esta zona. Y antes, Urquiza en 1869, aunque para entonces había dejado de ser presidente. En aquel momento la ley Avellaneda empezaba a surtir sus efectos y llegaban ya los inmigrantes por oleadas. Esa era la palabra: oleadas de inmigrantes. Entonces muchos extranjeros llegaban a esta zona y por supuesto no tenía donde residir, no conocían a nadie, no tenían trabajo, no tenían nada entonces la propia comunidad hizo que se construyera en lo que actualmente es la Plazoleta Italia, frente a la Plaza Colón el hotel de Los Inmigrantes. Más adelante estuvo ahí el Café “Caza y Pesca” de don Daniel Risso. Y el llamado “kiosco” don Pablo Bendrich, por la forma particular del edificio, del que enseguida vamos a hablar .Cuando estuvo acá Avellaneda, había prometido una contribución gubernamental de 50 pesos por mes para el Hotel de Inmigrantes, pero después, por la crisis de esa época, no la cumplió. Por ello, la comunidad, a través de los diarios de la época se quejaba de la falta de cumplimiento. Y bueno, uno tiene que comprender la crisis tremenda, la crisis económica tan grande que tuvo Avellaneda, como consecuencia de la revolución de 1874. Fue la que le hizo decir: “honraremos nuestra deuda con el hambre y la sed los argentinos”. La misma que le hizo suspender las becas del Colegio Histórico de Concepción del Uruguay lo que originó la fundación de la Frater en 1877 para ayudar a los ex becarios. Así que por ello lo disculpamos a Avellaneda por no haber mandado los 50 pesos que reclamaba tanto el encargado del Hotel, don Manuel Fontana. Pero la comunidad colaboraba y era la que en realidad lo sostenía, en otra muestra de solidaridad con aquellos inmigrantes que vinieron, con suerte tan distinta. Como que uno de ellos don Domingo Garbino que vino como clarinetista de una banda llegó a hacer una de las fortunas más grandes de la Provincia. En 1882 las funciones en el puerto se iban diferenciando; ya teníamos la de Guarda Costa, Cabos de Rentas, Capitanía del puerto etc., hasta que en 1882 se instituye por primera vez la denominación de Subprefectura para la autoridad marítima de los ríos interiores. y por supuesto, también de los mares. Por primera vez se empieza a utilizar la palabra Prefectura, en una ley de ese año. Años después tenemos la ley 3445 conocida como “Ley Mantilla” por su autor que organiza definitivamente la Prefectura Argentina, sin perjuicio de las demás denominaciones o reestructuraciones que tuvo después. La ubicación de la Prefectura acá en Gualeguaychú todavía no está del todo clara, por eso tampoco vamos a abundar mucho en detalles. Pero podría decirse que una de sus sedes más antiguas estuvo en calle Concordia. Algunos la identifican con la propiedad que en algún momento fue de don José Bonifacino, ya vamos a decir quien era. Después pasa a Alem 458 donde ahora actualmente está la Gendarmería, en una propiedad que compró la Gendarmería a la sucesión de Juan Antonio Rodríguez. Desde 1938 hasta el 1933 estuvo en Doello Jurado (ex Paraná) y Alem casa que ahora ocupa nuestra amiga Tina María Martínez Cabilla de Nissero. En 1953 pasa al edificio actual Alem 504, luego de haber estado en ese edificio también la Gendarmería, que se la cede. Esa casa había sido construida por a familia Gallino allá por 1909. Gallino después vende esa propiedad. Y mucho antes de que se estableciera allí la Prefectura, a fines de la década del 30 y gran parte de la década del 40, funcionó allí el local nocturno Luces del Puerto. Me aclaraba mi primo el Negro (Carlos A. Rivas) que no era propiamente un prostíbulo como todos creemos, sino que no era un “dancing”. La anécdota es que cuando llega como Prefecto aquel gran funcionario que seguramente muchos recordarán Julio Alberto Castiglia, (a quien la comunidad de Gualeguaychú pidió que prolongaran este destino y permaneció acá dos años más) un día le digo ¿vos sabés Julio que acá antes había un “kilómetro”? Digo la palabra así, porque por allá me está mirando Camila y la suavizo un poquito. Y me dice Julio: si no te preocupes: ahora también.( Risas) Bueno, vamos a tratar de acelerar este racconto.

La plaza Colón

En 1890 con motivo del cuarto centenario se hace la Plaza Colón donde había una cantidad de ranchos a este momento junto a la ribera que empiezan a desaparecer después cuando se hace el muelle. Y así se enalta el terreno seguramente para preservarlo de las crecientes. Porque la Plaza Colón antes era mucho más alta, pero cuando se eleva todo el terreno circundante al hacer la costanera, adquiere la altura actual; perdió un metro y medio. Pero antes había que mirarla de abajo para arriba. Se plantaron las casuarinas, no tenía la balaustrada. Ésta recién se hace a partir de 1928; contaba don Lote Heredia (Teodoro) cómo ensamblaban esas piedras. Algún día deténganse a observar que son piedras labradas, están unidas unas con otras con una pequeña línea de cemento portland que se importaba en barricas y trabajadas por pedreros labradores. Parece que costó tanto esa mano de obra, que según mi tía Angelita (Martinolich de Rivas) le decían “la Plaza de Oro”.

Remodelación del puerto En 1894 hay otra gran remodelación del puerto de Gualeguaychú que consistió fundamentalmente en enaltar el viejo muelle de piedra de 1863, y además, adosarle el muelle de madera. Tenía la característica que en la parte de la curva donde se dobla hacia el Munilla, no era en forma de rectas quebradas como ahora, sino una línea perfectamente curva, lo que van apreciar en las fotos de la expo. La empresa que hizo esta obra era del señor Augusto Joray, quien después se quedó a vivir en Gualeguaychú. Tenía una gran experiencia. A punto tal, que antes hizo distintos puentes ferroviarios en la provincia ya que trabajaba para la empresa de ferrocarriles. Como por ejemplo, el puente de Gualeguay, el de Villaguay, etc. muchas obras. Era una empresa importante ¿Y por qué marco lo de Augusto Joray? Primero, porque era el padre de mi querida maestra de primer grado inferior Blanca Joray de Grané. Y segundo porque era el abuelo del Negro Grané que por ahí debe estar, así que Negro ponete contento que nos acordamos del pariente. De 1898 data un proyecto del Dr. Emilio Marchini que fue también Intendente de Gualeguaychú que no se ejecutó en lo inmediato pero cuando se realizó, se hicieron muchas obras. Las que administraba una Comisión de Vecinos que se encargaba de distribuir esos fondos. Ahí andaban, por ejemplo, Manuel Magnasco, Nicolás Mendaro, Francisco Cabilla, en fin, vecinos caracterizados del puerto que administraban esos fondos para poder completar las obras del puerto. En 1904 hay otra importante obra múltiple, no propiamente en el puerto, sino en distintas partes del río: por ejemplo, extraer del cause del río alguno lechos de piedra en su fondo, que lo hacían poco navegables. Para eso utilizaban unas máquinas que se llamaban desrocadoras. Y entonces con esas desrocadoras abrieron los pasos de las canteras de piedra que estaban al frigorífico. Y fundamentalmente el Paso Martín Chico. Y más cerca de la Boca el Paso La Guardia. Todo eso permitió esa canalización, dragado, y la obra fue muy integral y fundamentalmente la parte principal de los trabajos, fue la construcción de las escolleras en la desembocadura del río Gualeguaychú ¿Qué función tienen las escolleras? que una vez que se draga, esa contención impide que el barro o la arena avancen y no tape nuevamente lo que se ha dragado. Es decir, se trata de una escollera de contención. En esta obra trabajó el ingeniero Emilio Massera padre de nuestra querida directora de coro que tantas veces ha ocupado este Salón; Alicia Massera de Bértora. De paso le digo que la familia Bértora es también originaria del puerto. 1904 fue un gran paso porque a partir de ahí aumentó el porte de los barcos que podían entrar a Gualeguaychú al tener canalizada la entrada con la señalización correspondiente, las boyas y el resto del dragado. Según algunas publicaciones de don Cayetano Magallán, entre 1915 y 1920 se hace volar el islote Ubajay que estaba enfrente a la punta de la isla frente al chalet de Rossi. En esa punta de la isla donde termina el puerto por el Norte, había un islote y casi que se podía cruzar el río a pie, es decir que taponaba el cauce del río. Hasta entonces, el caudal principal fluía por lo que ahora conocemos como meandro Tomás de Rocamora, que se inicia en el Club Náutico. Por eso al canalizarse el cauce principal del río, el caudal principal transita fuera del ese meandro que bordea la isla. Y por eso cada año éste va perdiendo profundidad en la parte cercana al Camino de la Costa (Arroyo de la Lechería). Es porque se va taponando. Dacíamos entonces, que se hizo volar el islote Ubajay que permitía el cruce a pie desde la costa a la punta de la isla. A punto tal, que cuando se hacían romerías en la isla, sea por algún particular pero fundamentalmente las que organizaban las sociedades de Beneficencia y de la Caridad, con sólo poner dos o tres botes se armaba un puente y la gente cruzaba a pie a las romerías de la isla. Ese islote Ubajay que también lo van a ver en alguna foto desaparece en esa época seguramente del 12 o el 13 en adelante.

El puente y el parque:

En 1928 se inicia la obra del puente como obra nacional. Integrante. Obra de enlace de la ruta nacional 14. En 1928 arranca cuando todavía era presidente Hipólito Yrigoyen. Y se inaugura en junio de 1931. En 1922 don Saturnino Unzué, en representación de sus hermanas, había donado 115 hectáreas de parque que hoy llevan su nombre el parque Saturnino Unzué pero resulta que de 1922 a 1930 habían pasado 8 años y el parque la donación como tal peligraba porque corría el riesgo de ser revocada por no afectarse al uso para lo cual se había hecho la donación que era para solar y esparcimiento del público de Gualeguaychú. Y recién cuando se hizo el puente intendencia de don Bernardo L. Peyret por una comisión que integraban entre otros, Manuel Pesado, Amilcar Avigliani y entonces recién después de habilitarse e