El día del Trabajo Libre

El día del Trabajo Libre

     Ya el día 26 de abril de 1921, una circular de Carlés invitaba a todas las brigadas del país a festejar el 1º de mayo en Gualeguaychú el día del “Trabajador libre”. Este fasto fue ingeniosamente elegido por Carlés. Se conmemoraba el 70 aniversario del Pronunciamiento de Urquiza (1851), que llevaría a instituir en el país (a través de la Constitución de 1853) lo que la en la Liga se llamaba “Trabajo Libre”. Según la invitación, la marcha se realizaría allí con motivo de que fue en Gualeguaychú “donde primero 
se estableció en la provincia el trabajo libre”. 

     La Liga Patriótica ya había organizado allí un importante mitin el día 3 de febrero de ese año, aniversario de la batalla de Caseros. Sin duda, los liguistas pretendían desde Gualeguaychú fortalecer sus posiciones en el resto de la provincia y el país. Se trataba de una apuesta fuerte. Tan amplia convocatoria, en cuanto a presencia de brigadas, se reducía, en los hechos a la provincia de Entre Ríos, no habiendo acudido al acto grupos de otros puntos del país. Sin embargo su significación y difusión sí tuvo dimensión nacional. Las brigadas que se iban a presentar hacían llegar previamente sendos manifiestos. De su textura emerge la previsible tirantez que se generaba en torno a la elección de esa fecha para festejar el “trabajo libre”. Es indudable y notorio el espíritu de confrontación que Carlés le inyectaba a la Liga con el objeto de malversar los genuinos sentimientos patrióticos y organizativos de los nativos, para utilizarlos contra el progreso de las reivindicaciones sindicales. 

     El manifiesto de la brigada de Gualeguaychú ponía el acento en el (ya conocido para nosotros) argumento liguista de decir que los sindicatos se equivocan al hacer la defensa del “…sindicato obrero en la República Argentina pare defenderse de los capitalistas del país”, (ya que) “no habiendo tales capitalistas en el país, falla por su base el argumento de esos sindicatos obreros...”. El manifiesto de dos carillas culmina diciendo que “... todas las lucubraciones de resabios ajenos que pregona la anarquía han de encontrar en los entrerrianos de hoy, hidalgos y valientes como los de ayer y como los de mañana, el brazo y el puño fuerte que reprima sus desmanes”. Firman este 
manifiesto: Sixto Vela (presidente); Julián Irazusta (vicepresidente 1°); Carlos Cinto (vicepresidente 2°); Luis Cinto (secretario); Pedro Jurado (prosecretario); Agustín Cenepa (tesorero); Luis Franchini (protesorero) y los vocales: Luis M. Daneri, Victoriano Rodríguez, Ignacio Olaechea, Salvador Rossi, Pbro. Colombo, Alberto Contreras Ríos, Pedro Olaechea, Carlos Méndez Cesariego y Luis Delfino.

     Los términos “anarquía”, “valientes”, “reprima”, son portadores de ese tono beligerante con el que –en muchos casos sin saberlo- se iba calentando la olla de los crímenes. En cuanto a la argumentación, se ve que cualquier cosa venía bien para oponerse a los sindicatos, a los que se igualaba a “la anarquía”. Particularmente ilustrativo y original resulta el manifiesto de la brigada de Gilbert, que acamparía en el paraje Calá, el mismo donde lo hiciera el Ejército Grande en las jornadas previas a dirigirse a Caseros para derrocar a Juan Manuel de Rosas. Lo firman sus autoridades, los ganaderos Juan Francisco Morrogh Bernard, Pedro Harispe, Martín Erro y Emilio Repetti. “Evoquemos -dice- la sombra de nuestros abuelos y en el mismo sitio donde ellos se reunieron para preparar la caída del tirano, reunámonos nosotros para acordar la lucha contra esta otra tiranía, mas odiosa que aquella, porque esta tiranía brutal es la anarquía”. El resto de los manifiestos consisten en proclamas escuetas de unas pocas líneas, y que reiteran las ideas de los párrafos transcriptos. El argumento de la proclama de la brigada de Gualeguaychú es idéntico al que días después expondría el mismísimo Manuel Carlés en el acto del Hipódromo del 1º de mayo.


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