Anita Denis (Mariana Ortiz)

Por Nati Sarrot García 

¿Qué te pasa, che? ¿Qué te anda pasando, che? Con una u otra pregunta, la curandera daba paso a una explicación con la que respondía al paciente o al portador de datos de un familiar o prójimo, sobre los males, el lugar del cuerpo donde se manifestaban, la hora en que recrudecían, la duración de las dolencias y su posible variación con el tiempo frío, cálido o húmedo…

En la mente de la sanadora se iba pintando un paisaje que la orientaba hacia el mal que aquejaba al enfermo, motivo de la consulta. De ahí en más, venía el tratamiento o el pedido de que en un frasco “limpito” le llevaran las “aguas” (orina) para llegar a un diagnóstico más cierto.

Anita Denis, como la llamaban, había nacido el 26 de julio de 1886, al sur de Gualeguaychú, en Distrito Sarandí.

Era hija natural de Carmen Ortiz, uruguaya, que después se unió a su paisano de apellido Denis –unión que aumentó su prole con varios “gurises”–. 

Se radicaron en el campo, donde se formó una familia grande y sólida a la que se integró Mariana Ortiz, la niña mayor. 

En ese grupo familiar creció Mariana, a la que llamaron, tal vez por cariñoso apócope de su nombre, Anita; luego, el uso le adosó el apellido Denis, el mismo de sus hermanos por parte de madre. Así la nombraron en su vida y así la recordamos ahora: Anita Denis.

Casada con D. Eufemio Páez, le nacieron: Juan Julio (en 1908), Carmen, Ramona, María  Isabel, Eufemio, Evaristo, Demetrio y Alfredo. Ellos  le  regalaron muchos nietos  en  los que  volcaba  su  ternura  y  algún  regalito que sacaba del profundo bolsillo de su infaltable delantal. 

Anita vivió y murió en  la esquina sureste de bulevar Daneri y Alférez Sobral, en la casona que aún levanta frente al cementerio sus sólidas paredes rosadas con altas ventanas con rejas. En esa misma esquina, después de su muerte, ocurrida el 4 de marzo de 1968, se sacaron a remate cosas de su pertenencia. Aún me parece ver su antigua máquina de coser, entre otros enseres que nos decían a las claras de una vida austera, sin riqueza ni ostentación.

Joven y madura, tenía una presencia que imponía y un rostro amplio donde dominaba su mirada serena y profunda y una frente despejada, enmarcada por su prolijo cabello oscuro, recogido atrás en un rodete bajo.

Ya mayor, se ataba un pañuelo a la cabeza, el que anudaba en la barbilla. 

Y, sentada en su sillita de madera y junco, rodeada de imágenes de santos, con el cigarro de hoja entre los dedos, pasaba horas atendiendo a la gente que requería sus servicios: “quebrar” el empacho; curar “la pata de cabra” –que, de no atajarla, terminaría “entecando” al enfermito–,  los parásitos de chicos y grandes o  los muchos males que parecía detectar a través de “las aguas” del enfermo, las que debían alcanzarle en un frasco o botella bien limpitos, para someterlas al análisis en que apoyaba su diagnóstico.

Anota Fabián Magnotta, en Cuadernos de Gualeguaychú:

Anita Denis no solo atendía a sus pacientes y criaba los hijos, alimentaba sus gansas, patos, pavos  y gallinas,  sino que  también  se dedicaba a  la política. Concretamente, reconocía como sus líderes al Dr. Lucio Martínez Garbino y al Dr. Enrique Gutiérrez. Radical incondicional, hallaría en ellos respaldo para zafar  las medidas de prohibición del ejercicio  ilegal de  la medicina.

Se cuenta que tenía en su casa padrones y boletas y que, cuando la ocasión se presentaba propicia, aconsejaba por quien votar.

Lo recalcamos porque, yendo atrás en el tiempo, en el primer cuarto del siglo XX, Anita Denis o Mariana Ortiz, conocida en la zona y en no pocos lugares distantes como curandera milagrosa, se adelantó al mismo tiempo en la militancia política de la mujer en forma manifiesta, en aquellos días de un Gualeguaychú pueblerino ajustado por muchos y potentes prejuicios.


Fuentes
Magnotta, Fabián, “Anita Denis. Hasta su nombre fue secreto”, en diario El Argentino, Suplemento Cuadernos de Gualeguaychú, Nº 41, Gualeguaychú, 5 de junio de 1994. 

Comments