El Gas en Gualeguaychú

Autor: Enrique Ángel Piaggio
Evocaciones del Ayer


Hace 94 años (1895), aquel insólito Gualeguaychú de fines del siglo pasado, incorporaba a su progreso un servicio que en aquella época y en este lugar podría catalogarse de extraordinario, algo que en materia de confort ponía en nuestra ciudad a la altura de las grandes capitales del mundo y, por supuesto, por encima de las ciudades argentinas de entonces.

Nos referimos a la Planta Productora de Gas para uso público y domiciliario cuya construcción comenzó en 1894 para iniciar su funcionamiento en el año siguiente, en 1895.

En aquella época, en lo que concernía a sus asuntos comerciales e industriales, los hombres de empresa de nuestra ciudad solían entenderse directamente con el Exterior.

Fue así que para la instalación de la "Usina" de gas se contrató a un ingeniero francés, Víctor Russó, quien se encargó de dirigir no sólo la construcción del edificio sino también la instalación y puesta en funcionamiento de las máquinas, la red de distribución, etc. habiendo sido traídos los elementos necesarios en barco directamente desde su país.

Entre estos elementos estaba el "gasómetro", un enorme tanque donde se almacenaba el gas para después ser distribuido por cañería a la planta urbana.

La "usina" fue construida en las afueras, al Noroeste de la ciudad, en un terreno relativamente bajo ya que la tendencia del gas así lo exigía. 


El producto era originado por el calentamiento del "carbón de piedra" o carbón mineral, elemento que también se importaba de Francia.

Esta obra, al igual que la instalación del tranvía parece que se debió a la acción progresista del Banco Territorial, el cual estaba integrado por conspicuos vecinos del medio.

La presentación de este servicio se extendía a toda la zona céntrica, aquella que contaba con calles empedradas, pero las arterias más favorecidas eran la Urquiza y 25 de Mayo, existiendo referencias que para los corsos que se realizaban en esta última arteria, el alumbrado era reforzado con la colocación de faroles adicionales.

Estos, estaban colocados en el extremos de caños que salían de las paredes y que incrustados en las mismas subían desde el suelo debajo de cuya superficie se extendía la red.

Tal saliente estaba sostenida por una escuadra de hierro forjado en forma artística y hasta no hace muchos años aún se podían ver algunas en los frentes de casas antiguas, resabio de este sistema lumínico que dio claridad por las noches a nuestras calles en el pasado.

Hasta aquí hemos hablado del uso del gas para la iluminación, ignoramos si entonces tenía otra aplicación. Y esto viene a cuento porque como medio de iluminación pública que no encendía simultáneamente necesitaba, como el alumbrado público a kerosene que lo había precedido, de un pintoresco personaje: el farolero, el cual provisto de una escalera y seguramente cerillas, al caer la tarde comenzaba a encender los faroles uno por uno.

El tiempo que duró este servicio, por lo corto, no justificó la obra y la inversión que demandó su instalación.

En efecto, su reinado duró sólo veinte años, desde 1895 hasta el 10 de abril de 1915 en que se encendió por última vez. La causa de su cesación, según parece, fue la primera guerra mundial que impidió la normal provisión de la materia prima. Pero de cualquier modo su fin estaba decretado con la aparición de la iluminación eléctrica. Poco después nuestras calles y hogares recibían el beneficio del invento de Edison y el gas pasó a ser un recuerdo como medio de alumbrado.

Sin embargo el edificio sobrevivió a su objetivo primario pasando a servir como corralón municipal, y en varias oportunidades, en épocas de inundación prestó albergue a numerosísimas familias humildes que se vieron afectadas por este fenómeno hídrico.

También su chimenea se mantuvo enhiesta hasta no hace mucho, como un símbolo de aquel Gualeguaychú de antaño que con tanta audacia acometía obras tan notables y de envergadura para la época como la que acabamos de evocar.

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