Nélida Juana Nóbile (“Lela”)

Por Silvia Razzetto de Broggi

Su nombre está profundamente ligado a la instalación del Jardín de Infantes de la Escuela Normal Olegario V. Andrade. Institución que abreva raíces en la Escuela Normal de Paraná, testimonia la influencia de las maestras norteamericanas y se sustenta en la trayectoria de sus discípulas argentinas: Rosario Vera Peñaloza y Rita Latallada de Victoria.

Nélida nace en Gualeguaychú, el 8 de febrero de 1912. Sus padres, José Francisco Nóbile y María Petrona Albónico, poseen casa comercial en Montevideo y Urquiza, esquina suroeste. De pequeña asiste a la escuela particular de Isabel Motta Fernández, situada a la vuelta, en Urquiza y Humberto I –actual Italia–. Cursa estudios primarios y secundarios en la Escuela Normal Olegario V. Andrade. En 1930, egresa con el título de maestra normal nacional. Ejerce la docencia primaria en establecimientos provinciales.

Como maestra de ENOVA, participa en el proyecto institucional de extender el horizonte educativo. Para ello, en junio de 1939, junto con María Esther Raffo, asiste a un curso de Educación Preescolar en Concepción del Uruguay, brindado por la directora de la Escuela Normal, señorita Marieta Leo, y un equipo destacado de jardineras de esa localidad.

El 3 de agosto de 1939, previas gestiones del diputado nacional Juan Francisco Morrogh Bernard, se inaugura el primer Jardín de Infantes público de la ciudad. Consta de dos salitas: Jardín rosado, de los niños de cuatro años, que tiene como maestra a Nélida Nóbile –la señorita Lela– y el Jardín celeste, de los chicos de cinco años, con María Esther Raffo –la señorita Chinita–.

Al finalizar el ciclo lectivo, Nélida, acompañada por María Cornelia Peyret –Mariñe–, María Teresa y Matilde Machao Garciarena, viaja a Buenos Aires.

En el Instituto Bernasconi realizan cursos de especialización didáctica con Rosario Vera Peñaloza.

La señorita Lela tiene veintisiete años y enfrenta desafíos con optimismo y seguridad guiada por la experta y reconocida maestra riojana de sesenta y seis años. En numerosas oportunidades, evoca aquel caluroso encuentro de jóvenes docentes que llegan desde lugares diversos del país, ávidas por contactarse con la traductora argentina de los principios pedagógicos de Froebel. La describe como una mujer de aspecto formal, austera, enérgica, de mirada luminosa y serena. Recuerda sus consejos: “Tengan siempre presente, chicas, la música como telón de fondo en la actividad del Jardín. Los sonidos del piano, las melodías, tranquilizan a los inquietos y los preparan

para disfrutar de narraciones, de juegos”.

Mayo de 1942 marca un hito estimulante en el magisterio de la ciudad y en la sensibilidad docente de Nélida Nóbile: Rosario Vera Peñaloza visita Gualeguaychú. La Asociación de Ex Alumnos Maestros de la Escuela Normal y de la Prodifusión del Kindergarten, presidida por la señora Ramona Rossi de Palacios, ha preparado su arribo.

“Rosarito llegó y se marchó en tren, se alojó en el Hotel Comercio, recuerdo que entonces aún vestía de negro”. La maestra de la patria visita el Instituto Magnasco; ofrece disertaciones sobre temas de su especialidad en la Biblioteca Sarmiento y en la Escuela Normal. Ambas a salón lleno. Constata personalmente el desarrollo de los Jardines. “Cuando entró en el Jardín rosado, yo narraba a los chicos El patito feo. Al fnalizar, me felicitó” (53).

Si la trayectoria educativa de Rosario Vera Peñaloza y la de Rita Latallada de Victoria, afectuosas discípulas de Sarah Eccleston, están vinculadas por difundir e inaugurar jardines y preparar maestras jardineras en diversas geografías argentinas, la trayectoria de Nélida Nóbile enhebra el legado pedagógico de Froebel, Montessori, Decroly, con la mágica actividad del Jardín de la Normal, donde centenares de rostros infantiles la inquietan vitalmente hasta su jubilación, en 1965.

Uno de sus alumnos, Enrique Fischer, la describe como una “fina mujer entregada a la pasión de enseñar, que había sido educada con esmero en una época ya pasada en que las personas se adornaban con lo que aprendían y cultivaban vastas posesiones espirituales que supieron distribuir entre los que tuvieron la dicha de conocerlas” (54).

En 1996, Fischer presenta Palabras para una maestra jardinera, en el salón de la Biblioteca Sarmiento, acompañado por Alicia Steimberg, directora nacional del Libro, y Oscar José Lapalma, presidente de esa institución. Rodeada de sobrinos, amigos y ex alumnos, Nélida Nóbile recibe conmovida el libro que le dedica su autor.

Los tiempos de jardinería de la señorita Lela están atravesados por debates que giran alrededor de la edad adecuada para incorporar a los niños a la educación formal, la acentuación de la segmentación de la población infantil en circuitos institucionales diferentes y la interpelación al Estado para la atención de la problemática de la niñez.

Sugiere las preciosas colecciones Segnior con cuentos y poesías simples, delicadamente ilustradas por Rodolfo Dan. Los niños se extasían ante escenas que se arman en distintos planos como por encanto con solo volver las páginas del libro. O las láminas con movimientos, o muñecos que cambian de vestidos.

Si María Esther Raffo participa solamente en el ciclo 1939, la señorita Lela memora agradecida a las maestras que se incorporan al nivel en esos años y con quienes disfruta tantas actividades: Raquel Galli, Marcia Piaggio, Sara Amelia Oliva, Alicia Suárez, María Teresa Pérez Echebarne, Nelly Bettolaza, Olga Angelini, Aída Moreno y Dora Gastrell

(55).

Nélida fallece en Gualeguaychú, en su casa, situada en Montevideo 129, el 16 de julio de 2001. Descansa en el Cementerio del Norte en panteón familiar.

53 Nélida Nóbile. Entrevista. Testimonio oral (1993 y 1999).

54 Pipo Pescador, “Lela Nóbile, maestra jardinera”, en diario El Argentino, Gualeguaychú, 16 de julio de 2001.

55 Nélida Nóbile. Entrevista. Testimonio oral (1993 y 1999).