Camila Enriqueta Nievas de Capdevila

Por María Josefina Vasallo

Muchas son las mujeres que se recuerdan por su talento y sus virtudes, pero pocas muestran una trayectoria tan conspicua como la de Camila Enriqueta Nievas de Capdevila, que ocupa en este momento la memoria y la admiración de su pueblo. 

Siempre admirada y admirable, fue un tronco invencible lleno de propuestas que como maestra y civilizadora pisó bien fuerte y voló muy alto. Dueña de una entrañable fuerza espiritual, dedicó su vida a la concreción de sus afanes inspirados en la formación cultural y en la educación.

Camila era gallarda, discreta, de modales finos y severos al mismo tiempo. 

Era  fuerte, emprendedora,  constante; así  lo evidencia  con palabras afectuosas su compañera y sucesora María Felisa Obispo Murature, la que en un álbum que guarda el Instituto Magnasco incluyó a Camila entre las “Figuras entrerrianas”. Además, podemos agregar la palabra autorizada de Rita Latallada de Victoria, de Alberto Casal Castels y de Antonio Sagarna, que tuvieron conceptos más que admirables para esta ilustre dama.

Camila Nievas nació en Gualeguaychú, el 15 de julio de 1878. Vivió su niñez y parte de su adolescencia en el campo, donde su padre era mayordomo.

Brillante fue su actuación en la escuela primaria y una vez finalizada esta, se radicó en Paraná para estudiar magisterio, carrera que se vio obligada a abandonar en tercer año por motivos familiares. 

De regreso a Gualeguaychú, abrió una escuela junto con su amiga Luisa Bugnone, a la que denominaron José María Torres. Luego, Camila fue designada directora de la Escuela Matheu, la que gracias a su tesón y capacidad de trabajo, su talento y entusiasmo, llegó a ocupar un lugar prominente en la comunidad. Allí fundó, en 1898, junto con Luisa Bugnone y otras damas de la ciudad, la Sociedad por la Patria y por el Hogar, generadora de la actual Biblioteca Olegario Víctor Andrade y del Instituto Magnasco. 

Camila se preocupó por dotar a la escuela de elementos primordiales para llevar a cabo la tarea educativa; hasta llegó a instalar una salita con pantalla luminosa a fin de poder ilustrar el desenvolvimiento de sus clases. La pantalla pudo adquirirla con  los sueldos de sus docentes, que accedieron gustosos a colaborar con esta adquisición.

Las  dificultades  que  debió  atravesar  para  concretar  ciertas  iniciativas,  la incomprensión de  la gente y  la actitud negativa de  las autoridades para aceptar algunos emprendimientos la llevaron a renunciar a tan admirable tarea y a abrirse otro camino. 

Es así  como  se  incorpora al  cuerpo docente del Colegio Nacional, donde se desempeña como profesora de Castellano. Sus clases perseguían un objetivo fundamental: que el alumno escribiera y se expresara con absoluta corrección. 

La acción de Camila afianzó el despertar de la mujer de Gualeguaychú en sus inquietudes personales.

Figura de  rica personalidad, en ella conviven  la maestra,  la periodista,  la escritora de fuste, la intelectual de amplios horizontes e iniciativas de avanzada;  todo  ello redundó en el engrandecimiento  del Magnasco,  orgullo para Entre Ríos, modelo de impecable quehacer, al que dedicó 42 años de su vida. Fue Camila una vencedora, una triunfadora en el cabal sentido del término, pues alcanzó todas las metas que se había propuesto. 

La biblioteca por ella fundada cuenta con más de sesenta mil volúmenes, muchos de ellos autografiados por los autores, y es admirable comprobar el aporte y la colaboración de numerosas señoras de la ciudad que dedicaron gran parte de su tiempo para colaborar con Camila. 

Estudiosa permanente,  fue becada en  1928 como  representante de Entre Ríos, para estudiar la organización de las bibliotecas europeas, en un viaje que realizó con su esposo, el pianista Leo Capdevila. En 1938 publicó el libro Escritos y discursos.

Falleció en Gualeguaychú, en 1941. Trabajadora  incansable, por sus condiciones morales e  intelectuales, donde actuó  fue dejando  la huella de  su inteligencia y de su tenacidad que se tradujeron en obra y acción. 


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