Las autoridades españolas del Río de la Plata se preocuparon poco por el adelanto de estas tierras encerradas en los dos grandes ríos Paraná y Uruguay. Eso favoreció, junto a otros factores, la incursión de elementos peligrosos para la tranquilidad y la vida de los escasos pobladores, y de allí también habría de nacer una de las más ásperas leyendas de su selva madre.
No voy a detenerme en detalles ni extenderme demasiado hacia el pasado en los recuerdos de Entre Ríos para llegar a lo que me propongo, pero deseo hacer ciertas referencias generales para desentrañar desde sus comienzos, la vida de esta Provincia de caracteres tan particulares e historia tan hermosa.
Mientras Córdoba y otras provincias del centro recibían el impulso de las corrientes civilizadoras de Chuquisaca; o Santa Fe, del tráfico entre Buenos Aires y Asunción; o Mendoza, entre Argentina y Chile y sus comunicaciones marítimas hacia el norte, etc., Entre Ríos recibía la influencia civilizadora de los jesuitas, Ignoro si en otros departamentos habrá ocurrido lo mismo, pero aquí en los nombres de los primeros pobladores de Gualeguaychú, figuran muchos que consigna Ricardo Rojas en el "Santo de la Espadas". Vecinos llegados de las antiguas misiones" como dicen crónicas del pasado, y que en verdad habían llegado procedentes de esas regiones, muchos impulsados hacia nuevos destinos después de la injusta expulsión consumada en 1767.
Algunos investigadores dicen aunque no lo han probado con documentos que hagan plena fe que los jesuitas extendieron su influencia hasta esta parte de la Provincia.
La vida de los municipios o sean estos como primera palpitación de interés por asegurar la tranquilidad, el orden y seguridad al vecindario, nace de los cabildos constituidos por Don Tomás de Rocamora.
Los pueblos ya existían cuando el Ayudante Mayor de Dragones vino a Entre Ríos, él les dio forma, les dio un ordenamiento permanente al proceder primero a su "plantificación" y luego darle sus autoridades. Es en la organización de estas últimas, por la forma de su elección y por la misión encomendada, donde debemos buscar la célula constitutiva del municipio; aunque el concepto aplicado al caso no es el mismo desde luego y no podemos confundirlo con lo que por municipio entendemos actualmente.
El Pueblo, llamémosle así, con mayúscula, existía. Caseríos que fueron formándose en el, caso de Gualeguaychú, alrededor de su capilla que fue el punto inicial como si una inspiración divina los hubiese reunido; por eso dije en alguna oportunidad que Gualeguaychú tiene un nombre indígena y una tradición cristiana.
Cuando Rocamora llegó a Entre Ríos como es sabido existían ya las poblaciones del Paraná, Gualeguay, Nogoyá, Gualeguaychú y Arroyo de la China, y veamos lo que dice en el parte remitido al Virrey Vértiz, después de cumplir su cometido en Gualeguaychú: "Excmo Señor. Pongo en manos de V.E. la elección de Alcaldes y Regidores que acaba de hacerse en este partido, para su nueva Villa que, con quince días de desmonte, se ha situado, siguiendo el plan establecido, en la caída muy suave de una cuchilla graciosa, que termina a ochenta varas del río Gualeguaychú. Lo largo de esta cuchilla, y ocupado, corre del Lev-Nord-Este cinco Norte, al Oeste Sud-Oeste cinco Oeste; su ancho del Nord-Nord-Oeste, cinco Norte, al Sud-Sud-Oeste, cinco Sud. Por el L.N.E. tiene el río y tres alturitas que median entre él y la población se han destinado para iguales taonas."
"Por su opuesto puede extenderse en infinitos, y por los lados, aún pueden tomar otra calle. El terreno, distante de la antigua capilla poco más de legua, es muy agradable y descubre el río; y una isla que forma a la derecha de la Villa le hace más graciosa la vista; por esta parte hay playa, y por la izquierda se arrima la canal a tierra, de suerte, que desde las carretas se puede cargar y descargar en las lanchas. Establecido por aquí el paso de este río, tiene una bella salida y excusa dos leguas de mal bañado, que era preciso caminar del otro margen para el antiguo paso."
"Los sitios repartidos son ochenta y cinco."
"La patrona de esta villa es la Virgen del Rosario; San José el copatrón. La Virgen misma, es patrona también del Paraná, para con-de podrá reservarse y quedar San José de Gualeguaychú para dar nombre y tutela a la reciente Villa."
"Nuestro Señor guarde a V. E. muchos años, Gualeguaychú, 20 de octubre de 1783."
Firmado: Tomás de Rocamora.
Para constituir el primer Cabildo, Rocamora eligió a los vecinos más respetables, seleccionando a los mejores y de donde podría inferirse el calificativo de honorables que tradicionalmente distingue a los concejales actuales.
Ese primer Cabildo quedó constituido en la siguiente forma: Alcalde: Don Juan Esteban Díaz. Regidores: Don Agustín José de León, Don Eusebio Galeano, Don Salvador González y Don Carlos Giménez.
Como dato ilustrativo y relacionado con esta elección, citaré los nombres de los primitivos habitantes de Gualeguaychú, según los datos del informe que el Dr. Eufemio Muñoz presentara a la Comisión encargada de estudiar el emplazamiento de la primitiva capilla; ellos eran entre otros: "Agustín José de León, José Elías Peñalva, Carlos Fernández, Salvador y María Feliciana González, Venerato y Valentín González, Aniceto Lacarra, Francisco de Vievas, Ignacio Navarro, Andrés de Nievas, Juana Josefa de León, José Borrajo, Andrés Evo, José Asencio Aguilar (padre del poeta popular Don Goyo Aguilar), Feliciana González, Salvador González, Fernando Vela, Braulio Galiano, Juan de la Cruz Carmona, Juan Esteban Díaz, Juan Ignacio Fleitas, Santiago Gutiérrez, Ciriaco Lamas, Martín Godoy, José Gutiérrez, Ramón de Landa, Nicolás Gómez, Benito Frutos, José Vázquez, etc. Corresponde agregar a esta lista los nombres de Eusebio Galeano y Carlos Giménez.
Este vecindario parece se extendía hacia el sur de la actual ciudad, y posiblemente los restos de muchos de ellos descansen en el pequeño solar que ocupó la primitiva capilla, cuna de Gualeguaychú, célula madre que dio origen a lo que hoy recordamos.
El término del mandato quedó fijado en dos años. En 1786 los cabildantes de Gualeguaychú dirigieron al Virrey Marqués de Loreto una comunicación diciéndole que Don Tomás de Rocamora los había elegido en 1783, por dos años, pero como dicho plazo había fenecido, pedían ser relevados, entre otras cosas "por resultar el ejercicio y atenciones en su cargo, perjudiciales a sus intereses particulares por tener que atender a sus familiares que se hallan por estas circunstancias, privados del sustento diario".
En el Archivo General de la Nación, de donde tomé algunos datos que aquí se mencionan; encontré entre otras cosas, un interesante trabajo del señor Fernando Raffo, hijo de Gualeguaychú, que desempeñó allí importantes funciones y tuvo así oportunidad de hacer investigaciones de suma utilidad para el caso particular que nos interesa. El señor Raffo publicó parte de esos estudios en el diario "La Reacción", que aparecía entonces en esta ciudad, dirigido por el señor Gerónimo Vela. En el almanaque de "El Censor" -valiosa publicación que apareció en los años 1903 y 1904, y es lástima que sus ediciones se hallan agotadas se publicó también una parte del trabajo a que me refiero, sobre la fundación de Gualeguaychú y actuación de su primer Cabildo.
Dice la publicación: «Don Francisco Ormaechea, cuando sucedió interinamente en el mando militar a Rocamora, hacía notar la falta de edificios apropiados para escuela, cárcel y sala capitular en casi todas las poblaciones fundadas en Entre Ríos y recomendaba a la superioridad la pronta fabricación, como un medio eficaz de acelerar el progreso de las mismas. Sin embargo su pensamiento cayó en el vacío.
Los habitantes subsanaron los muchos inconvenientes a que dio origen la inacción del gobierno, arreglando provisoriamente aquellas, en humildes habitaciones incapaces de satisfacer las necesidades mínimas de sus destinos por lo inadecuado de los lugares en que habían sido acomodadas».
"Debo hacer notar que la mayor parte de las rentas en el territorio del virreinato pasaban a las cajas reales, sin que quedara en los distintos pueblos que las producían, ni la más pequeña porción para cubrir los gastos que requerían las obras que el progreso exigía constantemente a sus habitantes. Si alguna se efectuaba, era pagada por particulares y solo cuando la pobreza del lugar era mucha se recurría al Gobierno en demanda de algún auxilio. Por eso el Cabildo de Gualeguaychú se presenta al Gobierno pidiendo su consentimiento y su ayuda para construir una sala capitular, una cárcel y una escuela de primeras letras."
Estas gestiones que se inician el 27 de abril de 1796, nos permiten conocer los nombres de los vecinos que integraban nuestro Cabildo en esa época, y que eran: Domingo Requeral, Juan Aguilar, Fernando Vela y Alonso Galindo.
Ya en ese tiempo nuestra población pagaba su tributo a las autoridades españolas, por distintos conceptos. El Cabildo pide al Gobierno que le deje una parte de sus rentas, para con ellas hacer frente a los gastos.
El documento a que me estoy refiriendo, continúa: "Existían entonces, seis pulperías en Gualeguaychú que daban a la Real Hacienda, por vía de composición, treinta pesos anuales. El Cabildo solicita que se le concedan las rentas de dos de ellas, para formar un fondo propio con que responder a dichos gastos".
"La Sala Capitular se reunía para sus deliberaciones en casa del señor Alcalde Regueral, por carecer de edificio propio.
En cuanto a la escuela de primeras letras hago notar que en 1793 existía una, la que tuvo que dejar de funcionar porque no se tenía dinero con que sostenerla. En el año de esta solicitud no había ninguna, ni edificio apropiado para establecerla".
Estas gestiones pasaron a las autoridades respectivas donde fueron aceptadas por estar conforme a las leyes y libros de la época. "Por estar decía el informe de acuerdo a lo dispuesto en la Ley 12º, Libro 8º Título 8 de estos dominios". Pero opinaban que esos recursos serían insuficientes y aconsejaban formar con "sujetos fidedignos y personas inteligentes", un presupuesto de lo que costarían esas obras.
Pasado algún tiempo, el vecindario de Gualeguaychú es convocado para un "Cabildo abierto", a fin de considerar este aspecto de la. cuestión.
La reunión se realiza, previa citación o invitación de los vecinos mas capaces, etc. y se plantea el asunto. Parece que en el transcurso de las deliberaciones se presentó una seria dificultad porque ninguno de los presentes podía calcular el número de ladrillos que se necesitaban, para presuponer el costo. Finalmente se pudo orillar ese inconveniente y se remitió el informe pedido. Se resolvió así mismo en ese Cabildo abierto, «solicitar que todos los hacendados pagaran un real por cada cien cabezas de su ganado que marcasen». Asimismo, que los derechos pagados por don Francisco Ormaechea y don Juan Carlos Wright que eran los mas fuertes hacendados y terratenientes de la zona ingresaran en lo sucesivo a las arcas del Cabildo de Gualeguaychú, y que «las ocho pulperías» existentes, pagaran sus impuestos en el mismo; lo que representaba mas o menos unos doscientos cuarenta pesos anuales.
"El censo de ese año arrojaba para la villa y partido de Gualeguaychú, dos mil doscientas almas»,
Este largo «expedienteo» parece que tuvo fin varios años mas tarde siendo cabildantes los señores: Francisco García Petisco, José Elías Peñalva, Jerónimo Carencio, Gabriel Zalazar, Ignacio de Echaurdy, José Nadal, Juan Melgar Pérez. Juan Bautista Firpo y Fermín de Susso.
Traigo ligeramente estos recuerdos para relacionarlos con las actividades y preocupaciones de nuestro Cabildo, que, como ya lo he dicho, estaba allí, «representada la parte más sana de la sociedad como lo dice Estrada- que en el concepto entonces dominante, consideraban con derecho a mandar a los demás». Por otra parte, constituían la única autoridad con base popular.
De la labor de los cabildos se encuentran escasas referencias y en lo que a nosotros respecta, desaparecieron después de 1810. El historiador Don Benigno T. Martínez, refiriéndose a la constitución de la República de Entre Ríos y a la división territorial de la misma, dice: «Por lo demás, habiéndose conservado las antiguas denominaciones de partidos subdivididos en departamentos y distritos de campaña; había también comandantes o jueces comisionados de Partido o Departamento, encargados de la parte administrativa de los mismos, cayendo en desuso los cabildos».
Cuando se formó la Primera Junta de Gobierno, el 25 de Mayo de 1810, se produjo un movimiento de resistencia en algunas partes, encabezado por Cisneros. El Cabildo de Gualeguaychú estaba entonces integrado por los siguientes vecinos: Francisco García de Petisco, Basilio Galeano, Rafael Zorrilla, Pedro Echazarreta, José Borrajo y Juan Firpo, quienes reconocieron al primer Gobierno Patrio y en su homenaje se colocó hace poco, una placa recordatoria a la entrada de la puerta principal de la Casa Municipal.