Antes de proseguir con esta breve reseña de carácter general y puesto que es Gualeguaychú lo que nos interesa y el motivo de estas anotaciones; veamos lo que pasaba por acá en esos tiempos.
Gualeguaychú fue siempre un estimable centro de la actividad general de la Provincia, ya sea durante las luchas civiles, el comercio, la política, etc.
Desfilan así por esta ciudad en el transcurso de sucesos que afectan a la organización del país, personajes de relieve en la Historia Nacional. Su antiguo puerto de Landa ve llegar a las naves españolas que recorrían el Uruguay y allí se libra un combate que habría de pasar al recuerdo rodeado con tintes de leyenda por la heroicidad y el arrojo de los atacantes encabezados por Gregorio Samaniego. En esta acción, dos modestos soldados hijos de Gualeguaychú, se cubrieron de gloria al tomar al abordaje una de las goletas enemigas, después de lanzarse al agua con los sables entre los dientes y sostener sobre la nave el mas terrible y desigual combate.
Podrían citarse muchas acciones no menos gloriosas y no menos importantes que si fueran recogidas hoy -y algún día lo serán- por el investigador estudioso, llenarían hermosas páginas de recuerdos.
El General Paz conoció la hospitalidad de este pueblo cuando iba ya camino de su ocaso y solo era un halagador recuerdo la acción de Caa Guazú.
También Garibaldi estuvo en el Puerto de Landa y Gualeguaychú debió entonces soportar el más cobarde asalto y pillaje llevado a cabo en forma sorpresiva.
Siendo Gualeguaychú residencia temporaria del General Urquiza, quien solía venir a descansar en su casa de la «Chacra del Cura» y que se conserva hasta el presente; muchos personajes llegaron hasta nuestra ciudad en distintas misiones y en tales oportunidades. Entre ellos y para no extenderme demasiado en estos recuerdos un poco al margen de la cuestión principal, está Sarmiento. La tiranía era ya la preocupación de los argentinos y los movimientos para derrocarla se habían venido sucediendo. Urquiza hacía tiempo se había ya manifestado contrario y planeaba una cruzada entrerriana. En su casa de campo, alejado de otras preocupaciones de gobierno, desde lo alto de esa cuchilla que domina la ciudad, habla soñado con una patria libre.
Allí recibió a muchos de los que confiaban en él. Allí estuvo Sarmiento que también desembarcó en el Puerto de Landa el puerto histórico de Gualeguaychú pero Sarmiento lo hizo después de Caseros y vino en unos barcos brasileños. El gran sanjuanino recuerda emocionado su llegada a la ciudad. «Era dice la época de la floración de los ceibos». Gualeguaychú lo recibe con cariño y los principales salones se abren para homenajearlo. Allí, en 1852 el General Urquiza firmó el decreto declarando ciudad a Gualeguaychú.
Más tarde el general Emilio Mitre, cumpliendo una misión federal en 1870, cuando Entre Ríos sufre el rudo golpe del asesinato del general Urquiza, llega a tempo para prestar protección a un pequeño grupo de valientes refugiados en la isla Libertad.
Sucesos estos que ligeramente hago referencia y que, desde ya y pese a lo muy somero de las anotaciones, presumo que alguien al leerlas se manifestará extrañado como si fuese una incongruencia su recuerdo en un asunto que parece o supondrán tal vez, alejado de los mismos.
Podría yo haberme apartado y no dejarme seducir por la tentación o dominarme el cariño que tengo a los recuerdos de este pueblo; pero creo que, juzgando con menos rigor la razón por la cual los incluyo, se admitirá que son parte inseparable de su vida institucional. La organización comunal llega un poco tarde y cuando llega, el esfuerzo de sus hijos progresistas le había dado esa fisonomía de ciudad que le reconociera el decreto por el cual fue elevada a esa categoría. Mientras llega este momento y mientras se hacen gestiones en tal sentido, la ciudad avanza por la acción de sus vecinos y el apoyo de sus autoridades locales.
La edificación, las calles, el ordenamiento de su incipiente tránsito, su limpieza, son cuidados con atención. La ciudad culta se perfila así en tales preocupaciones y recibe la influencia de las comunicaciones que le proporciona su río, de los hombres descollantes que la visitan, de aquellos sucesos a los cuales me he referido y que habrían de darle un nombre y un prestigio que es hoy, la más cara custodia de sus hijos.