NUESTRA BANDERA ENTRE LOS HIELOS
Nati Sarrot
La expedición a la Antártica dirigida por el noruego Nordenskjold se había despedido de Bs. As., al comenzar el verano (1901-1902). Cuando el Antartic dejó en Show Hill a seis de sus tripulantes para continuar el viaje de reconocimiento, no se pensó seguramente, en el largo período que permanecerían separados, sin comunicación entre los grupos y entre ellos y el mundo.
El período de invernada que planearan en la isla, se prolongó por espacio de casi dos años. Nordenskjold, Bodman, Ekelof, Jonassen, Aderlund y Sobral. Cinco hombres con experiencia en viajes, con la facilidad de entenderse, y un argentino que debía con voluntad, superar diferencia de idioma, de cultura, de preparación física, de hábitos.
Los dos largos inviernos vividos en 20 meses pudieron llevar al límite el equilibrio nervioso del grupo encerrado prácticamente en su pequeña cabaña. Hubo discusiones que la disciplina apaciguó. Si la desesperanza ganó el ánimo de nuestro marino alguna vez, no se trasluce en las líneas de su diario. El gobierno Argentino, preocupado por la falta de noticias, prepara la operación de auxilio o rescate.
Se destina a la Corbeta Uruguay de la Armada Argentina, con una tripulación de ocho oficiales y diecinueve hombres subalternos, para realizar el viaje hacia el sur en busca del Antartic; de los expedicionarios del Antartic.
El 8 de octubre de 1903 sale de la Dársena Norte del puerto de Bs. As., despedida por el presidente Julio A. Roca, la pequeña nave al mando del Teniente de navío Julián Irizar. El segundo comandante era el Teniente de Fragata Ricardo J. Hermelo, al igual que Sobral, hijo de Gualeguaychú.
La maestría demostrada para llegar hasta la isla Seymur (al N.E. de Show Hill) hace decir que, a veces, los hielos quedaron rojos con la pintura del casco de la Uruguay. Fleiss, Gorrochategui y un marinero llegaron a tierra firme y en una playa hallaron un bichero clavado en una piedra con la inscripción: Janson 1899, Sobral, Anderson, octubre 1903.
Vueltos a su nave, las mentes elaboraron toda clase de conjeturas…Vivían la noche del 7 de noviembre. A la madrugada del día 8, cuando se cumplía un mes de su partida de Bs. Aires, la Uruguay continúa su marcha. Nadie duerme; se piensa se trabaja.
El alférez Jalour colabora con Irizar para "ver mejor" y sortear los hielos flotantes. A la madrugada se percibe a lo lejos, una carpa que la refracción hacía de mayor tamaño. Los gritos que animan a los hombres que se preparan con rapidez. Irizar y Jalour se acercan a aquel punto en una ballenera, para seguir luego a pie. Al llegar a la choza llaman a Sobral. Dice Lauro Distéfani que asomó una cabeza y luego el torso del doctor Bodman que, entre alegre y desconcertado, buscaba una bota para terminar de calzarse y la tenía en la mano. Este último les refirió que la carpa era un depósito de víveres al que llegaban para buscar aprovisionamiento.
8 DE NOVIEMBRE DÍA DE LOS ENCUENTROS
Irizar y Jalour retornaron a la Uruguay para acercarla más al lugar. Hermelo combina con Nordenskjold el rescate del Antártic y sus hombres. Se prepara agitadamente el retiro y abandono de la casilla de Show Hill, llevándose lo más importante. Sobral está afuera, tomando datos meteorológicos.
A las 22 del mismo día 8, Bodman, que ha quedado fuera de la choza, ve aproximarse un grupo. En él reconoce a Larsen y cinco compañeros que milagrosamente llegaban al lugar el 8 de noviembre, después de un largo tiempo de separación. Falta aún un grupo que está aislado en la isla Paulet. Su rescate, otra aventura, y luego hacía Bs. As. todos juntos. La Uruguay enderezaba al norte con 27 pasajeros.
Cuando se terminó de preparar lo que se traería de vuelta y despedir recuerdo de esos veinte meses entre los hielos…los rescatados caminaron hacia la corbeta. Ella los recibe calurosamente. Al subir a la nave Nordenskjold, el comandante Irizar ordena izar en el palo mayor la bandera sueca. Es un homenaje a la hazaña, una forma de decir a los extranjeros -¡están en vuestra casa!
Desde ese momento gozaron de lo mejor que se tenía a bordo. Y cuando en el trayecto el viento arreció y la nave fue quedando sin arboladura, todos abandonaron sus comodidades para organizarse: Irizar ordenó "parar máquinas y quedar al garete", Larsen y los extranjeros a cargo del palo mayor; los argentinos, del trinquete y maniobrar la nave. Hermelo dirigía este último grupo Los palos se habían quebrado. Se tenía que evitar el naufragio.
Como un ave sin alas, la corbeta Uruguay arribó a Río Gallegos, desde allí se comunicó al mundo, el 22 de noviembre a las 9 de la noche, que estaba cumplida la operación de rescate de la tripulación expedicionaria de Nordenskjold: Todos estaban salvados. Sólo quedaron allá en la Antártida: una cruz que señalaba la tumba de Wennesgaard y el Antártic que, aprisionado por los hielos, se hundió el 12 de febrero de 1903 entre crujientes lamentos de su casco que se fue quebrando en una larga agonía.