Muerto

A la memoria del querido compañero 
José M.Tavella (1937)

¡Misterios del vivir! Ayer las flores
y hoy sólo el árbol seco.
No aprendo a contemplar tu vida nueva;
yo no puedo decir: “Tavella ha muerto”.
Si flota evocadora en mis entrañas
tu figura de asceta, compañero,
si escucho todavía tus sonrisas, 
si aún me inflama con tu mismo aliento
como en aquellas noches (¿no recuerdas?)
cuando juntos mirábamos el cielo,
sin sospechar, quizás, que las estrellas
te estaban preparando un alto asiento.

Yo sé que tú me escuchas
desde la enorme noche de lo eterno.
¿No turbo tu oración, amigo mío?
Entonces conversemos. 

Esa mañana cruel no presentías
el despertar tremendo
a la Vida de Luz que tanto ansiabas
y que te hacía marchitar el cuerpo,
cual pájaro enjaulado
que ha visto su horizonte y sufre el vuelo.

Y se rompió tu jaula de repente, 
y batiste las alas sobre el Tiempo:
¿Qué viste más allá, Tavella, amigo?
¿Qué es el vivir desnudo ya del cuerpo?

¿No me respondes? ¡Ay!, mi voz de carne
no se puede mezclar con voz de Cielo...


Llegaste junto al Dios que tú engendrabas.
¡Oh, misterio infinito de ese encuentro!
¿Qué te dijo Jesús? “Yo te conozco;
estuve reposando entre tus dedos
y en tu pecho de apóstol generoso.
Tú me diste a comer a los hambrientos.
Comienza tu vivir esta mañana,
que el que come mi carne no está muerto”.


Adiós, amigo, nos veremos pronto.
Cuando vivías me pediste un verso, 
y hoy te alargo mi voz, que sabe a réquiem
y al Gloria que ya entonas en el Cielo.


Pbro. Luis Jeannot Sueyro
"Los versos del Cura Gaucho"
El Cura Gaucho

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