23) Un cura acusado de blanco y de colorado

El ministerio sacerdotal del Padre Martínez también pasó por tiempos amargos, no siempre causados por temas eclesiales, sino sociales y políticos.

Una circunstancia imprevista, lo obligará a abandonar la parroquia y la ciudad. Llegó el año de 1870 y será el más amargo de su existencia. Es sabido que el 11 de abril de ese año  fue asesinado el General Urquiza en su Palacio de San José y acto continuo se encendió en Entre Ríos, una guerra civil, larga y sangrienta, que todo lo trastornó y arruinó. En aquellos días de lucha encarnizada y tenaz, en que todos los ánimos las pasiones estaban desencajados, se les daba una importancia y gravedad que hacía que cualquiera que tuviese parientes o amigos en alguno de los bandos en lucha y mostrase para con ellos la menor deferencia, era considerado por los del bando opuesto como mortal enemigo.

El párroco de Gualeguaychú, si bien se mantuvo equidistante en la primera guerra que sucedió a la muerte de Urquiza, la amistad que lo unía con algunos jordanistas bastó para que se lo acusara de tal y se lo obligar a alejarse de la parroquia en julio de 1870.

Al respecto el Padre Borques investigó sobre estos hechos violentos en Gualeguaychú[1]: El martes 19 de julio de 1870, a eso de las ocho de la mañana, un soldado a caballo se acerca a la Plaza Mayor y frente a la Comandancia insulta a dos oficiales arrojándole la lanza, a lo cual estos le disparan y matan. Enseguida los tambores del batallón 15 de abril de la Guardia Nacional rompen el silencio avisando que se vienen los enemigos. Estos eran unos quinientos hombres armados del ejército del General López Jordán que entraban por los arrabales del oeste y en dos columnas por Rivadavia y Urquiza llegaban a la plaza. Les salió al cruce el mayor Francisco Deyría junto con una guerrilla y disparando hacia la esquina de Urquiza y San José. Faltó poco para que hirieran al Padre Martínez, ya que una bala pasó a centímetros de su cabeza cuando el cura estaba hablando con el Coronel José Fernández de las tropas jordanistas. La pequeña batalla continuó en el puerto con heridos y un muerto, pero con una imagen del Padre Martínez que lo hacía sospechoso de jordanista. Por esto al otro día dejaba su parroquia tan querida.

Solo diremos que después de varias alternativas y combates las fuerzas nacionales quedaron en la ciudad y como sucede después de una contienda, tras la victoria viene la represión y aun las venganzas del partido triunfante.

El Cura Martínez fue desde luego objeto de su mala voluntad, lo que le proporcionó más de un disgusto y hasta el peligro de su vida. Acusado de blanco o jordanista, comprendió que había llegado el caso de dejar la parroquia al cargo del teniente cura Juan Anzorena y esa misma noche del 19 de Julio de 1870 se trasladó a San Antonio de Gualeguay, donde creyó pasar tranquilo el tiempo que aun durase la guerra, que él se figuraba fuese muy breve.

El Cura Martínez no cometió acto alguno que pudiese acreditar la fama de jordanista que se le dio, ni se ocupó de la guerra civil, como puede suponerse, dado su carácter sensible y piadoso, mas que para pedir a Dios que terminase cuanto antes y con los menos males posibles para la Provincia; ni pudo tampoco aprobar el asesinato del General Urquiza, por lo que afirmaba: “lamento tanto la muerte de Urquiza, como que Lopez sea su responsable”. Palabras expresivas y muy propias de este sacerdote.

También en Gualeguay sufrió allí nuevas amarguras y disgustos. Sucedió que un batallón perteneciente al ejército de López Jordán, solicitó del Cura Martínez la bendición para una bandera regalada por las damas de Gualeguay. El cura bendijo solemnemente la bandera y pronunció una alocución haciendo votos por la paz y para que aquella bandera fuera siempre insignia de paz y no del monstruo de la guerra civil. Bastó esto para que las fuerzas del Gobierno Nacional lo clasificase de enemigo y lo tomaran preso en la primera oportunidad que se presentó, enviándolo a Buenos Aires.

El mismo Martínez narra este episodio de su vida:

El 14 de Noviembre de 1873 con media hora de tiempo me llevaron preso a Buenos Aires en el vapor Entre Ríos y puesto incomunicado por las primeras 24 horas en el cuartel del “Retiro”. Permanecimos allí presos hasta el 27 del mismo mes, en que se me dio la ciudad por cárcel, sin decirme la causa o razón de esta medida que tanto perjuicio me ha causado. Y el 20 de Enero de 1874 me dieron el pasaporte para volver a Entre Ríos, embarcándome en el vapor Proveedor hasta el Uruguay, a fin de presentarme al Gobierno para contestar a los cargos que se me hicieron y sin embargo de no tener mas que cuentos y chismes, sin nada que probarme, se opuso a mi continuación en mi carácter de Cura de Gualeguay, del que hice renuncia ante mi Prelado por otras razones distintas, la que después de mucho tiempo recién se me admitió, en ausencia siempre de Gualeguay”.

Pocos meses después de estos acontecimientos, Nogoyá fue favorecida con el nombramiento de su nuevo párroco, en la persona del Vicente Martínez.

Allí pasó una corta temporada, prestando los servicios de su ministerio con el mismo celo y abnegación que acostumbraba. También allí inició un movimiento favorable para la construcción de un templo, cuyo éxito, sin duda alguna, hubiese sido completo, si el Obispo no le hubiese propuesto para el curato de la ciudad del Rosario de Santa Fe. Recibió aquel importante nombramiento con grandísima pena y trató de excusarse; pero no fue atendido diciéndole: es necesario que un sacerdote de confianza se sacrifique en estos momentos por el bien de esa parroquia y Usted es el destinado al sacrificio. Aquel corazón desprendido no resistió más al escuchar estas palabras de su obispo.

La despedida del pueblo de Nogoyá fue en extremo conmovedora; un grupo numeroso de familias y amigos le salió a pesar del fin de la mañana, estrechando su mano con veneración, no pudiendo contener las lágrimas al ver partir el coche que le conducía.

El 27 de Julio de 1875, tomó posesión del Curato de Rosario. En esta ciudad mereció el aprecio de todos y la amistad de personas muy distinguidas. Introdujo reformas muy saludables en la parroquia, fundó la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús, extendió con gran celo la Conferencia de San Vicente de Paúl, se dedicó asiduamente por el esplendor del culto y trabajó infatigable en bien de sus feligreses.



[1] Este es una síntesis del relato en Borques, J. C. Un episodio de guerra en las calles de Gualeguaychú.







Pastores según el corazón de Dios
El ministerio sacerdotal en la Parroquia San José de Gualeguaychú (1766 - 1905)
Pbro. Mauricio Landra

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