Luisa Margarita Riffel (“La Tante Luise”)

Por Lucrecia Amanda Michel

Nació en Colonia La Esperanza, Lucas González, Entre Ríos, el 22 de marzo de 1927. Sus padres fueron el pastor Jakob Riffel y Lydia Heine. Era la única hija mujer de un matrimonio de cinco hijos.

Los primeros estudios los realizó en la Escuela Particular Bernardino Rivadavia de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata, Colonia La Esperanza, y luego, en el Instituto Crespo, de la ciudad de Crespo, Entre Ríos.

En 1944, su familia se trasladó a Gualeguaychú, donde instalaron la Imprenta Gutenberg; el nombre impuesto al comercio sin duda se identificó mucho con el apellido Riffel. La imprenta permaneció por muchos años en calle Santa Fe 280. Luisa estaba al frente del comercio. Después de un largo tiempo de trabajo en el rubro, todo el mobiliario y las máquinas fueron vendidos a sus empleados, que aún siguen con este emprendimiento en la ciudad.

Luisa continuó sus estudios en esta ciudad en la Escuela Normal Olegario Víctor Andrade. En 1948 recibió el título de maestra normal nacional.

Aprendió el idioma alemán en el Instituto Goethe, en Capital Federal. En 1976, fue propulsora de la creación de la Asociación de Descendientes de Alemanes del Volga en Gualeguaychú, en la que se desempeñó como secretaria de actas de la primera Comisión Directiva; también integró el Consejo Directivo Nacional de esta Asociación, donde cumplió funciones de secretaria de investigaciones históricas.

En ambas entidades actuó con esmerada dedicación y compromiso; se conservan en la institución archivos de diarios, fotos y registros de actas que prueban la prolijidad con que asentó todo lo sucedido en las distintas reuniones y las actividades que se desarrollaron durante su gestión.

Colaboró con la escritora Olga Weyne en el libro El último puerto, editado en 1978, el cual relata la historia de los alemanes del Volga.

Dio clases en la Escuela Dominical de la Iglesia Evangélica del Río de La Plata, en la que preparó a los niños para la comunión. En la víspera de Navidad se encargaba de escribir alguna obra representativa de esa fiesta y preparaba a los chicos para la actuación; muchas veces ella misma se ocupó de conseguir el vestuario.

Participó con los jóvenes en la preparación de obras de teatro –comedias en alemán y en castellano– y en las visitas al Asilo de Ancianos; también en la Feria de las Colectividades, que se realizaba en los Galpones del Puerto, donde se presentaban bailes típicos, trajes y comidas tradicionales.

Dictó clases de alemán en el Instituto Magnasco, en su casa particular y en la sede de la Asociación de Descendientes de Alemanes del Volga. Actualmente, una de las dependencias de esta última institución lleva su nombre –en memoria de su destacada labor–; es donde se dictan las clases de alemán. Este homenaje fue realizado al año de su fallecimiento, con la aprobación unánime de todos los socios de la entidad y de los familiares de Luisa.

No tuvo hijos, pero dedicó su vida a los sobrinos y a los chicos de la colectividad alemana, organizando todo tipo de juegos, actividades y sorpresas, especialmente para Pascuas y para Navidad.

Participó en el libro Recetas con historia, de la Facultad de Bromatología del Programa de Educación en Cultura Alimentaria - La Construcción del Cosmopolitismo Alimentario Argentino.

Colaboró con todos los profesionales y personas de Argentina y del exterior interesadas en la historia, las costumbres y la música de los alemanes del Volga, con todos compartió generosamente su información y la biblioteca de su padre.

Dedicó parte de su tiempo a la biblioteca de la Escuela de su barrio Nº 71 Alfredo Villalba, hoy Rodolfo García. Hizo traducciones para quien las necesitara.

No conoció el ocio, siempre estuvo dispuesta a ayudar y dedicó gran parte de su vida a su pasión: la Iglesia y los alemanes del Volga.

Cuando su salud se fue deteriorando y no pudo trasladarse a las distintas instituciones donde trabajaba, se dedicó a traducir del alemán gótico al español el libro de su padre, ochenta años después de su publicación (1928). Se trata de Der Russlanddeutsche (Los alemanes de Rusia), escrito en ocasión del cincuentenario de la inmigración, una obra de la colectividad altamente conceptuada. Felizmente, Luisa conservó muy bien todo el patrimonio documental paterno. El pastor Lic. René Krüger realizó otra revisión de la traducción, unificó criterios editoriales, agregó notas académicas y editó el texto para su publicación en 2008.

Cuando alguien le preguntaba: “¿Cómo anda, Luisa?”; ella contestaba muy serena: “Hay que decir bien”. Aunque esto no fuera así, siempre seguía adelante. Creo que es un buen ejemplo para nuestros días.

Su vida se apagó el 23 de septiembre de 2005; sus restos descansan hoy en el Cementerio de Lucas González, junto a sus padres, como era su deseo.

Algunas de sus pertenencias y objetos familiares se destinaron al Instituto Magnasco y a la Iglesia Evangélica del Río de la Plata. A la Asociación Descendientes de Alemanes del Volga fueron entregados libros para la biblioteca y el pizarrón con el que ella dictaba sus clases de alemán.