Seis años después de funcionar la Junta de Fomento, se establecen en la Provincia las Municipalidades, por Ley del 13 de Mayo de 1872, la que entre otras cosas decía:
Art. 1º. Establécense Municipalidades en las ciudades y villas de la Provincia, con sujeción a lo que se dispone en la presente ley.
Art. 2º. Las Municipalidades de las ciudades se compondrán de once miembros titulares, y las de las villas de solo siete. Se elegirá en cada municipio igual número de suplentes para llenar las vacantes de los titulares, por cualquier causa que sea; debiendo designarse por la suerte cada año en la primera o segunda sesión, el suplente que ha de sustituir a cada titular.
Art. 3º. Las Municipalidades se instalarán el 1º de enero y funcionarán hasta el 31 de diciembre, debiendo renovarse por mitad cada dos años. Se designará por la suerte los municipales titulares y suplentes que deberán salir el primer bienio.
El Art. 61 establecía: «Cada Municipalidad nombrará en su primera sesión, un presidente y un vice presidente, que durarán un año en el cargo, pudiendo ser reelectos por un período más.
El Art. 86° establecía: «El 1º de enero de 1873 empezarán a funcionar las municipalidades creadas por esta ley, a cuyo efecto el Poder Ejecutivo ordenará oportunamente la apertura de los registros de inscripción de vecinos y la elección de los municipales en todas las ciudades y villas de la Provincia».
La elección de los miembros que compondrían este primer gobierno municipal se realizó como la ley lo establecía, el 1º de diciembre de 1872, y en lo que a nuestra ciudad respecta, las convulsiones políticas de la época y la enconada lucha entre «blancos» y «colorados», contribuyeron a crear un clima de honda expectativa y enardecimiento cívico en torno a la lucha electoral.
Se presentaron varias listas de candidatos reuniendo ellas a los vecinos más caracterizados de la ciudad. Triunfó la que puede decirse encabezaba el Dr. Cándido Irazusta y que estaba integrada en la siguiente forma: Cándido Irazusta, Juan B. Suburu, Sixto D. Neyra, Elías Arambarry, Honoré Roustán, Luis Butta, Emilio Gabito, Manuel Magnasco, Francisco Buada, Miguel Cánepa y Agustín D. Piaggio para titulares. Para suplentes: Agustín Vasallo, Justino J. Calveyra, Antonio Daneri, José María Méndez, Manuel Cabrera, Clemente Basavilbaso, Ignacio Prat, Juan Tuduri, Enrique Bhurillón, Anselmo Jurado y Juan M. Cabrera.
La instalación de la primer Municipalidad fue un destacado acontecimiento para Gualeguaychú, como entre otros, lo demuestra el siguiente comentario del periódico «El Orden», correspondiente al día 5 de enero de 1873 y que se encuentra en el Archivo del Instituto Magnasco: «Mañana es el día designado para la solemne instalación de la Municipalidad, y es de esperar que toda la población se muestre regocijada por tan plausible acontecimiento, aunque mas no sea embanderando los frentes de las casas».
Al referirse a la designación de la persona que ocupará la presidencia, decía: «También mañana es el día en que debe hacerse la elección de la persona que ha de presidır la Municipalidad. El voto de la población es que recaiga ese importante cargo en la persona del Dr. Cándido Irazusta, quien reúne todas las condiciones que debe exıgırse para desempeñar con acierto la difícil y delicada tarea.
El Dr. Irazusta es inteligente, enérgico, independiente, por carácter y posición; no es hombre que le guste adular a nadie, ni le hacen mella las adulaciones.
No hay duda que habrá algunos a quienes no les guste, porque uno no es peseta para ser del agrado de todos, pero estamos seguros que los que no simpaticen con el Dr. Irazusta para la presidencia, han de ser los que desean que la Municipalidad sea un remedio de la Junta de Fomento,>> etc.
Todo lo dicho por este periódico se cumplió. El día 6 de enero se reunieron todos los electos, así titulares como suplentes, en el salón del juzgado de Primera Instancia, bajo la presidencia del de mayor edad, como lo disponía la Ley. Se designó al Sr. Juan B. Suburu, presidente provisorio, prestando juramento los miembros titulares y quedó así constituido el cuerpo en su primera sesión preparatoria.
Este acto revistió contornos emotivos y desde días antes, fue el comentario obligado y centro de una actividad social que comprendía a toda la población. Se embanderaron los frentes de los edificios; para la noche se organizó una manifestación popular que recorrió las principales calles, encabezada por la Banda del Pueblo.
Y aquí sucedió un episodio que dio lugar a más de un comentario. El acontecimiento se festejó también con bombas y cohetes sucediendo que uno de estos fue a caer sobre el «techo pajizo» de la casa del señor Domingo Archel, incendiándoselo. Fueron los apures, las corridas con baldes de agua y toda clase de elementos para extinguir el incendio, incluso colaboraron en la tarea los flamantes ediles. Uno de los periódicos de la época, haciendo crónica de los actos y refiriéndose al accidente, decía que la Municipalidad se había iniciado con un incendio...
La segunda sesión se realizó el día 7 de ese mes y en esta oportunidad se eligió al presidente definitivo recayendo la designación en el Dr. Cándido Irazusta que fue así el primer presidente de la primera Municipalidad de Gualeguaychú. Vice fue electo el señor Sixto D. Neyra y secretario el señor Gervasio Doello.
A poco de iniciadas sus actividades la Municipalidad, nuevamente Entre Ríos se ve sacudida por la rebelión jordanista, que se había creído definitivamente desaparecida en los esterales de «Ñaembé». La Revolución avanza, se extiende por toda la Provincia, como una airada protesta contra la excomunión del jordanismo en las elecciones gubernativas y la elección discutida constitucionalmente, del Dr. Leónidas Echagüe, sucesor del Dr. Emilio Duportal. Los departamentos caen o se someten a los rebeldes que forman la ola roja que se enrosca y desliza sobre el ensangrentado suelo de Entre Ríos. Gualeguaychú se mantiene altivo y soporta el asedio. Cuatro meses de iniciada la lucha, llegan a esta emisarios de López Jordán. Uno de ellos, el señor Restituto Fernández se presenta al Vice-Presidente interino, señor Ignacio Prat, con un mensaje perentorio que era una orden del Jefe Revolucionario. El ejército revolucionario necesitaba alimentos y ayuda.
El señor Prat convoca a "Ios Señores Municipales" a una sesión extraordinaria, que se realiza el 18 de setiembre de 1873 con la presencia de los «Municipales», señores Clemente Basavilbaso, Ignacio Prat, Elías Arambarri, Antonio Daneri, Miguel Cánepa y Agustín Piaggio; y la presencia del «Comisionado del Señor Jefe de la Revolución, General Ricardo López Jordán».
Abierto el acto rodeado de general expectativa, el Sr. Prat informa el motivo de la reunión y hace leer la nota presentada por el señor Fernández. Luego se le concede la palabra a este para que concrete el pedido de cooperación a que alude la referida nota. El señor Fernández dice que el ejército necesita «artículos de primera necesidad o plata». Hace referencia a que para cubrir este compromiso, se enajenen tierras públicas si ello fuese necesario.
Oída luego la palabra de algunos municipales, el señor Fernández manifiesta que «como Comisionado del señor Jefe de la Revolución, tenía órdenes terminantes de este, que había en campaña un ejército de doce mil hombres que peleaban por la defensa de su Provincia; que esos soldados necesitaban recursos, y que eran estos, los que en representación de su Jefe y en cumplimiento a su orden, estaba en el caso de conseguir por ser de absoluta necesidad». Agregó más adelante «que pedía a la Municipalidad se hiciera cargo de poner en conocimiento del vecindario y hacer efectivo el cumplimiento de las ordenes que era portador, de parte del señor General».
Toma la palabra el señor Prat y dice que "según su parecer y fijándose con detenimiento en el sentido de la creación de la Ley Municipal, opinaba que no era prudente acceder a ninguna clase de compromisos por cuanto la misma ley lo prohibía terminantemente». Termina preguntando al Sr. Fernández si lo que deseaba es saber si había o no artículos de primera necesidad en el Municipio. A lo que responde el Comisionado del Jefe Revolucionario que él no esperaba recibir reproches de ninguna especie, que su comisión se reducía a una cosa muy sencilla, y que consideraba ser favorable tanto para los hijos del país como para los extranjeros; que pedía recursos, ya fuese en dinero como en artículos de primera necesidad; que la Municipalidad sacase del comercio esos recursos y diese los correspondientes recibos. A esto contestó el señor Prat: "Como miembro de la Corporación Municipal, no puedo admitır eso, por creer responsable a la Corporación, de actos no permitidos por la Ley».
El Sr. Fernández dice entonces: "que no podía sino cumplir con las órdenes recibidas de su Jefe; que si no era posible conseguir lo que solicitaba buenamente, se vería en la necesidad de cumplir su cometido por medio de las fuerzas, que no reconocía ninguna ley por las actuales circunstancias».
Se sucede a esto un cambio de opiniones entre los señores municipales presentes y finalmente el señor Vice Presidente dice: "Que Ia Corporación no podía hacer otra cosa que convocar al comercio a una reunión en los salones municipales para expresarles la orden emanada del Jefe de la Revolución a que se refiere el señor Fernández y que en esa ocasión el mismo se entendiera directamente con ellos".
Se llegó a este acuerdo y la sesión fue levantada. La Municipalidad se mantuvo firme y el vecindario no hizo lugar mas tarde a lo solicitado por el Jefe Revolucionario.
La Municipalidad comenzó a funcionar en la calle "24 de Enero", hoy «25 de Mayo», casa del señor Carlos Merlini, donde actualmente se encuentra la mercería del señor Betolaza según datos del señor Manuel Portela.
Horacio Romero: Del Cabildo a las Municipalidades de Entre Ríos
Constitución de la primera Municipalidad