La Confitería Apolo fue mucho más que un comercio; se erigió como un emblema social, gastronómico y cultural en la historia de Gualeguaychú, destacándose por su magnitud, la calidad de sus productos y su rol como punto de encuentro comunitario a mediados del siglo XX.
Aquí le presento una descripción detallada de este establecimiento:
Ubicación y Estructura
La Apolo estaba situada en una posición estratégica y céntrica: en la esquina suroeste de las calles Urquiza y San José (actualmente Chalup), justo frente a la Plaza San Martín.
El local se distinguía por sus amplias dimensiones, abarcando casi media cuadra sobre cada una de las calles que ocupaba. Su distribución física estaba claramente sectorizada:
Sobre calle Urquiza: Se encontraba la gran fábrica de masas, la repostería y un horno de gran capacidad donde se asaban lechones, corderos y otros productos de rotisería.
Sobre calle Chile (San José/Chalup): Funcionaban el sector de helados, las mesas de billar y la residencia familiar de los propietarios.
Naturaleza y Oferta Gastronómica
El establecimiento operaba bajo un formato polifuncional: era confitería, rotisería, bar y café al mismo tiempo. Su fundador fue Carlos Lambruschini, una figura respetada vinculada incluso a la historia del vals "A Gualeguaychú".
La Apolo era famosa por una vasta variedad de productos de elaboración propia:
Repostería y Panadería: Ofrecían sándwiches, pan casero, medialunas, rosquitas, bollos, pan dulce, arrollados, pan madrileño y postres elaborados como el "imperial ruso". Un producto estrella eran los cañoncitos de dulce de leche.
Heladería: Se fabricaban helados artesanales; el mismo Lambruschini mezclaba la leche con la crema para su preparación.
Servicio de Catering: La confitería tenía un alcance regional, atendiendo fiestas y casamientos no solo en la ciudad, sino en localidades vecinas como Larroque, Urdinarrain y Basavilbaso.
Vida Social y Ambiente
La Apolo funcionaba como una verdadera "escuela de cordialidad y jerarquía". En su época de mayor esplendor, llegó a contar con veinte empleados.
El servicio: Los mozos (entre los que se destacaban Piquet, Arceguet y Martínez) atendían con esmero, e incluso sacaban mesas a la calle para los clientes. Carlos Esteban Roldán, quien comenzó allí a los 13 años como repartidor, describe el lugar como un sitio donde había trabajo y dinero, reflejo de una época próspera de la ciudad,.
Punto de Encuentro: Los fines de semana la actividad era intensa. Los domingos por la noche, grupos de personas se reunían en el local para ver televisión (un lujo escaso en la época), disfrutando de programas como "Los 5 Grandes del Buen Humor" o "Titanes en el Ring".
Vínculo Religioso: La confitería participaba de las tradiciones religiosas locales. Durante las festividades del Niño Dios en agosto, tras la misa del domingo, se servía a los niños un chocolate con bollos de la confitería Apolo en la casa parroquial.
El Incendio Histórico
La historia de la Apolo está marcada por un siniestro devastador, aunque las fuentes difieren en la fecha exacta, situándolo en 1957 o en 1965.
El fuego, ocurrido cerca del mediodía, destruyó las instalaciones en poco más de una hora.
La magnitud del desastre puso en evidencia la falta de infraestructura de la ciudad, que en aquel entonces no contaba con cuerpo de bomberos propio; se dependía de un tanque móvil del frigorífico o de la ayuda de bomberos de Concepción del Uruguay, que solían llegar tarde debido a las distancias y el estado de las rutas.
No obstante, el local logró rehacerse y volvió a funcionar por unos años más tras el siniestro, llegando a contar posteriormente con cartelería de luz de neón.
Anécdotas y Personajes
El lugar estaba habitado por personajes y momentos memorables:
Vivían allí las docentes Nelly y Hebe Lambruschini, rodeadas de perros de raza pomerania y canarios.
Existe una anécdota humorística sobre Pepe Ernalz, el encargado de los pedidos, quien recibió una broma telefónica en la que un supuesto cliente le preguntó si "tenía cañones" (refiriéndose a la factura de dulce de leche) y, al responder afirmativamente, le ordenaron "¡Fuego!",.
Para consolidar esta imagen, podríamos pensar en la Confitería Apolo como el "sistema circulatorio" de la vida social de Gualeguaychú de aquella época: no solo bombeaba el sustento diario (el pan y los alimentos) a través de sus repartidores hacia los hogares, sino que también oxigenaba la vida comunitaria, ofreciendo un espacio vital donde fluían las noticias, el entretenimiento y la celebración colectiva.