Historia de la Iluminación de Gualeguaychú - Tercera Parte

Chimenea de la Usina del Gas

Llegó la luz eléctrica

Y con ella, lentamente, las casas, las calles y las plazas fueron adquiriendo otra fisonomía.

Las mejoras en la iluminación produjeron un fenómeno destacado: la vida nocturna. Proliferaron bares, confiterías y bailes frecuentes hasta la madrugada; vidrieras luminosas y desfiles estelares.

Se mejoró el empedrado y la construcción adquirió relieve, con artesanos albañiles que fueron plasmando las ideas de inmigrantes conocedores de ornamentación y estilos.

Las casas fueron amplias, con grandes balcones y patios interiores al que daban numerosas habitaciones con grandes puertas y ventanales, para aprovechar al máximo la luz natural.

A diferencia de otras ciudades entrerrianas, en Gualeguaychú fue la calle 25 de Mayo y no Urquiza, la que fue cobrando cada vez más importancia, hasta convertirse en la Petit Florida.

Como dato curioso, en diciembre de 1906, el “Corso de flores” organizado por la Auxiliar de Beneficencia, se realizó en la “…aristocrática Avenida 25 de Mayo…” desde Suipacha (Perón) hasta México (Alberdi), profusamente iluminada con focos de alcohol que le dio mayor vida con su potente luz.

Por Leticia Mascheroni Especial para Semanario

En el carnaval de 1907, medio centenar de carruajes adornados desfilaron en el trayecto asignado para el corso. El que más llamó la atención, fue el del señor Esteban Garbino ocupado por las señoritas Delia y Elvira Garbino, María Luisa Fontana y Elvira Daneri, que lucían trajes de “Mariposas” y “La Locura”. La última noche, este carruaje presentó una novedad que causó mucho asombro: desfiló con infinidad de focos eléctricos, artísticamente distribuidos.

Durante la intendencia del doctor Santiago Díaz (1907-1908) se dieron todos los pasos necesarios para que la ciudad pudiera contar con su propia usina de electricidad. La brevedad de su mandato, no fue obstáculo para que se pudiera concretar. Como siempre, el problema estaba en el abordaje financiero de la obra y la municipalidad decidió enfrentarlo.

Surgió así la “Empresa de Luz Eléctrica de Gualeguaychú” y se destinó el terreno de calles Bolívar y Suipacha (Perón) para instalar la usina. Se inició con dos máquinas de vapor de dos cilindros cada una, que accionaban dos enormes dínamos que producían electricidad a 220 voltios de corriente continua, con una capacidad para toda la planta urbana.

El 29 de julio de 1907 se terminó de construir la chimenea de 25 metros de alto y continuaban las tareas para las instalaciones necesarias.

Al mismo tiempo, llegaron las hermosas columnas de hierro que serían colocadas en la avenida Rocamora. Costaron $100 cada una.

Mientras tanto, la compañía había empezado una campaña de promoción y concientización entre las familias que en principio podrían acceder al nuevo beneficio. De acuerdo con el orden de inscripción, se les otorgaría el servicio; para la categoría A tarifa fija, ofrecía una lámpara incandescente de 16 bujías a $3,20 mensuales; la de 32 bujías a $6 y así sucesivamente.

Un Arco Monarch de 3 amp. por 110 volt. costaba $16 y el de 5 amp., $25. Servicio a medidor, por cada 100 watts consumidos.

Aclaraba que la reposición de las lámparas quemadas, era de cuenta del consumidor, aunque la empresa le ofrecería un precio reducido.

Como se observa, la empresa se reservaba la venta y distribución del material y la energía; el público que no tenía experiencia y no sabía nada de electricidad, quedaba a merced de la buena voluntad de ésta.

Las noticias que provenían de las ciudades de Victoria y Concordia acerca de la luz eléctrica, no eran muy buenas. Graves inconvenientes hacían que esas ciudades permanecieran a oscuras por muchas horas. Las casas de comercio debían recurrir a los candeleros y velas y las personas debían refugiarse en bares, pues las calles eran “una boca de lobo”. Atribuían las fallas a que las lamparitas incandescentes no se cambiaban o que no había suficiente agua para alimentar las máquinas pues el pozo existente estaba agotado, motivo por el cual, había que suspender su funcionamiento para evitar una explosión.

Otros, culpaban a las desavenencias entre la municipalidad y la empresa de luz eléctrica.

Los que leían estas noticias, recelaban del sistema. Por eso, la puesta en marcha de la empresa era una gran preocupación del intendente. Antes de inaugurar oficialmente el sistema, se hizo una prueba piloto en una sección de la ciudad.

Las críticas fueron lapidarias. Decían que no satisfacía, que las cuadras de 80 varas necesitaban focos en la mitad y no solo en las esquinas, pues la oscuridad seguía siendo tal “…al extremo de no distinguirse al transeúnte”. “La luz no sirve”, decían y el impuesto era muy caro comparado con otras localidades. Eso es impericia o rapidez en el contrato celebrado.

El cinco de octubre de 1907 se inauguró oficialmente el servicio de luz eléctrica. Decía El Noticiero: “Pasó el progreso!

Adelante las patrióticas inspiraciones generadoras del engrandecimiento de los pueblos!

Es notable la transformación operada en la ciudad con el cambio de alumbrado. Pareciera que el pueblo que antes buscaba en la soledad del hogar la luz que le negaban sus calles solitarias, se lanza hoy a ellas, como en las horas de febril trabajo, para contemplar con visible satisfacción el efecto pintoresco y doblemente simpático que presta a la ciudad la intensidad de irradiaciones del nuevo alumbrado eléctrico.”

El gerente de la empresa Buxton, Cassini y Cía. (con la que se hizo el contrato), señor Mateo Razzetto, fue el encargado de recibir a las autoridades y a un número apreciable de vecinos que se dieron cita en el emplazamiento de la nueva usina. Recorrieron las instalaciones, montadas con modernas maquinarias. El Presidente Municipal doctor Santiago Díaz, pronunció una breve alocución en donde destacó el poco tiempo empleado en la concreción de la obra.

El ingeniero Guillermo A. Puente, de la casa Danvers Fisher y Puente de Buenos Aires, fue el inspector de obra designado por la municipalidad, quién destacó que la instalación era perfecta y con capacidad suficiente para cubrir el doble de la demanda. Si hubiere alguna falla, decía, se deberá a defectos de las lámparas, fácilmente corregibles.

No tardaron en llegar las quejas de vecinos preocupados porque a su barrio no les llegaba ningún tipo de iluminación eléctrica, a pesar de que pagaban el impuesto. Era una queja razonable, pues en el trayecto comprendido entre el muelle nacional y la agencia del señor Carmelo Gavazzo, no había ni un foco. Al parecer, los habían colocado en el muelle y tratándose de una calle importante, de acceso al puerto y paseo obligado en las noches de verano, era urgente adoptar alguna medida. La Plaza Colón no podía tener bancos por lo elevado del terreno, pero al menos, podía tener aunque sea dos focos, reclamaban los vecinos.

Llevó muchos años regularizar el sistema para proveer de iluminación a toda la ciudad. La zona del centro siempre se vio beneficiada con la implementación ya fuere del gas o de la electricidad, mientras que, a medida que se alejaba de él, convivían los faroles de alcohol o de gas con algún foco perdido.

Los comercios y las instituciones del radio céntrico se preocupaban mucho por mejorar las condiciones de los mismos. Reclamaban con urgencia el tratamiento del agua corriente y las obras sanitarias.

Los rápidos avances en la construcción, acentuaban la demanda que quitaba el sueño a más de un intendente.

El 28 de diciembre, la Sociedad Recreo Argentino recibió el mobiliario que había adquirido en Buenos Aires. Al quedar terminada la instalación de luz eléctrica, el salón lucía un aspecto soberbio y elegante.

El cinco de enero de 1908 se hizo la inauguración del nuevo edificio, que lució magnífico con todo el frente iluminado. La calle 25 lucía un hermoso pavimento de madera.

La Empresa de Electricidad hizo una donación de $318 a la Sociedad de Beneficencia que administraba el Hospital de Caridad (actual E.E.T.Nº2) y la promesa de hacer lo posible por dotar de electricidad al nosocomio.

También llegaba el cinematógrafo, otra novedad que atraería mucho público a los teatros y cines. Uno de los primeros lo adquirió la Sociedad Unione e Benevolenza, que disponía de salón, pantalla y proyector, pero faltaba un motor.

El 7 de diciembre de 1907 con el título de “Una verdadera revolución”, avisaba El Censor: la Empresa de Alumbrado a Gas de Gualeguaychú, ofrecía las maravillosas lámparas EROS, buenas y baratas. Ahorraban el gasto de mechas, tubos y mecheros y eran recomendadas por lo barato de su instalación, por el poco consumo de gas, por la intensidad de su luz, por la economía de mechas y de tubos y por su duración y elegancia. Y remataba: “Pronto se recibirán nuevos modelos.”

Estas lámparas fueron utilizadas en la ampliación iluminada de calle 25 de Mayo hacia el este.

Mientras tanto, la municipalidad seguía llamando a licitación pública para instalar un servicio de alumbrado a kerosene fuera del radio céntrico. A puro riesgo, ya que pululaban las bandadas de muchachos que destrozaban esos faroles. Cabal demostración de que la ciudad no contaba con un sistema uniforme de provisión de energía.

Qué novedad! Los ventiladores de corriente continua que vendía la Compañía de Electricidad a precios módicos. Se exhibían en su sede de 9 a 10 p.m. y se pondrían en funcionamiento cuando hubiere veinte ventiladores colocados.

En pleno verano y si al calor agobiaba, la oferta no era nada despreciable, sobre todo por lo oportuno. El mismo día, el Café Sportman anunciaba que había instalado ventiladores eléctricos para favorecer a su numerosa concurrencia.

El 15 de enero de 1908, la empresa daba aviso de que daría corriente desde las 9 y 30 a.m. hasta la madrugada del otro día, para que el público pudiera disfrutar del bienestar que reportaban los ventiladores eléctricos. Los alquilaba a $5 por mes y por igual cantidad, el suministro de energía. “Desde ahora sufrirá del calor el que quiera hacerlo. Estos ventiladores se llevan con toda facilidad del estudio al comedor o al cuarto de costura, y de éstos al dormitorio, así que si pueden aprovechar en cualquier momento.” Advertía a constructores y pintores acerca de abstenerse de tocar ninguno de los conductores del alumbrado eléctrico. Las instalaciones eran aéreas, a la vista y el desconocimiento acerca de sus peligros, una amenaza.

En algunos hogares más humildes, se conservaba una antigua costumbre: “La velada del angelito”. Reuniones en donde se preparaba el baile con esmero, para que la pobre criatura llegara al cielo con alegría. Se acondicionaban los faroles y, como novedad, apareció el sol de noche, aparato de iluminación portátil alimentado con kerosén. Fue toda una novedad con mucha demanda en los barrios con escasa iluminación, en las zonas rurales y como “salvavidas” ante los cortes de luz.

En 1910 la Empresa Telefónica de Benjamín Lambert, instalaba pararrayos y timbres eléctricos en casas particulares y de comercio de la acreditada casa Ericcson de Suecia. Un nuevo sonido se incorporaba al interior de las viviendas, aunque no desplazó las antiguas y bellas aldabas que decoraban los suntuosos zaguanes. La línea de teléfonos se extendía por calle Urquiza, pues el adoquinado de madera de la calle 25 de Mayo exigía su levantamiento. Las familias que instalaban teléfono, aparecían en letras de molde en los diarios; por ejemplo, El Noticiero publicaba el 24 de febrero que la señora Ramona Olaechea de Cinto había instalado uno en su domicilio.

Tanto para el tendido de la línea telefónica como para la de luz eléctrica, fue necesario colocar postes con riendas de alambre torcido en las veredas.

Esto provocaba la indignación de los viandantes porque chocaban con las riendas y además estaban reñidas con la estética.

El 11 de junio de 1914 se inauguró el Teatro Gualeguaychú con escasa iluminación. Cuando se cumplió el Centenario, brilló con todas las luces.

Con la inmigración, también entraron capitales para invertir. Muchos fueron puestos en servicios eléctricos, pues compraban a empresarios locales usinas ya instaladas y en buen funcionamiento. Así ocurrió en la ciudad de Concordia, donde la Compañía Anglo Argentina de Electricidad, de capitales ingleses, compró en 1907 la usina de propiedad particular. En 1912, fue adquirida por el Grupo Herliztka y para 1927 había acaparado treinta concesiones eléctricas.

Todas fueron absorbidas por el grupo EBASCO de Estados Unidos.


25 de Mayo y España

En 1929 ante escribano público, se constituyeron cinco sociedades anónimas, entre ellas la CEEA-Compañía de Electricidad del Este Argentino- Así, la Compañía Anglo Argentina de Concordia, transfirió la concesión del servicio público de electricidad ala CEEA.

Idéntica situación ocurrió con la Empresa de Electricidad de Gualeguaychú. El seis de setiembre de 1910 se iniciaba la importante operación de venderla a la Compañía Anglo Argentina.

Según un aviso de El Censor del 31 de mayo de 1927, esta empresa ofrecía en venta: estufas, cocinas, radiadores, calentadores, cafeteras, tostadoras, aspiradoras, caloragua para el baño. Reducía la tarifa por calefacción a 0,25 cts el KW.

En junio de 1932 se presentó el contrato de concesión entre la municipalidad y la Empresa de Electricidad del Este Argentino (CEEA). Se cerraba así un ciclo de traspasos que culminaría muchos años después en igual acción, esta vez, entre la municipalidad de Gualeguaychú y la Cooperativa de Electricidad de Gualeguaychú.