• Excursión 1356. 9 Diciembre de 2021. Jueves.
Dorsal.
Municipio: La Orotava. Santa Úrsula. Arafo. Güímar. El Rosario.
ENP: Paisaje Protegido Las Lagunetas. Paisaje Protegido La Resbala. Parque Natural Corona Forestal. Parque Nacional del Teide
De 11.15 a 18.22h. De 2190 a 2240 a 1970 a 2020 a 1940 a 2050 a 1680 a 1720 a 950m.
Distancia: 27,2km. Duración: 7h 7m
Larguísima excursión alrededor de la carretera dorsal (La Laguna al Teide). Por pistas forestales o por la carretera. En un día lluvioso en el que voy bajo la lluvia la mitad del recorrido. Se convierte en una experiencia única debido a la lluvia que saca olores profundos del bosque y brillos y sonidos en la carretera
Con unas previsiones de tiempo muy malas en toda la isla en el último momento me decido a hacer la dorsal. Planeada hace años, en el intento anterior (excursión 941) no logré hacerla completa. Hoy con unas perspectivas atmosféricas horribles me voy a atrever. Se trata de ir desde las Piedras de Mal Abrigo (cerca de Izaña) hasta La Esperanza usando pistas y senderos cercanos a la carretera dorsal.
Bien pertrechado contra el agua: paraguas, pantalones impermeables y chaquetón me monto en el taxi de Tom en La Esperanza. Al principio le confundo con su hermano, se levanta la mascarilla y me dice: soy yo, yo soy Tom. Estupendo. Tranquilos y atravesando todo tipo de brumas hasta más allá de La Crucita, a partir de donde luce el sol, me lleva a buen ritmo hasta las Piedras de Mal Abrigo (32€).
Hace un frío seco e intenso cuando salgo del taxi. No aguanto mucho sin ponerme el chaquetón. Con poco viento del noreste y con las manos en los bolsillos del chaquetón subo lentamente la suave colina de la montaña de la Yegua Blanca (2250m). Qué diferente al calor del verano. Es otro mundo. He entrado ya en calor después de bajar y cruzar la carretera y seguir por la pista un buen rato hasta que en las inmediaciones de la montaña de La Negrita empieza el sendero y me vuelvo a entonar en la corta subida hasta lo alto (2245m) de La Negrita. Con el suelo compactado por las lluvias me resbalo menos que con tiempo seco. Las retamas me mojan las perneras del pantalón en la bajada, larga bajada. Las brumas empiezan a envolverlo todo y dejo de tener vistas, no se ve nada hacia ningún lado. Me llega el ruido de los motores de los coches que me sirven para calibrar lo que me falta hasta el mirador de La Crucita, no quiero mirar el altímetro. Cuando empiezo a ver pinos pequeños ya estoy muy cerca del mirador de La Crucita (12.25h, 2000m).
Paso al lado de un coche con las puertas abiertas y enseguida tomo el sendero en ligera subida que va en paralelo a la carretera, recorre la la ladera de una montaña alargada de cima llana (Montaña de Las Cuevas). Ya tengo muy claro este sendero y aunque con muchas subidas y bajadas y aparentes acercamientos a la carretera se hace bien. A veces me caen gotas de los pinos que se han acumulado en las acículas y la van descargando lentamente. Me quito el chaquetón. La temperatura ha mejorado. Me siento protegido por este sendero y por supuesto no tengo ninguna vista hacia el Norte ni hacia el Sur, todo está cubierto. Aunque pronto se despeja por encima y puedo disfrutar del sol. Paso el refugio de Ayosa (12.54h) y me acuerdo de mi hija al descender los escalones al lado del vivac, aquí comimos en verano. Sin ganas de subir a la carretera sigo por el sendero y cuando llego al roque Asebe me doy cuenta de que el sendero que lleva a la montaña de Ayosa va por encima. No me importa. Subo campo a través por la arista rocosa por encima del roque y unos 30 metros más arriba encuentro el sendero. Fantástico. Tengo sangre fría. El sendero es cómodo y bastante llano hasta cerca de la montaña de Ayosa en el que se hace confuso, unas retamas ocultan totalmente un tramo del sendero. Con paciencia y tratando de recordar la bajada que hice con mi hija en verano logro llegar a lo alto de la montaña (13.27h. 2076m), las rocas de su cumbre solo se ven cuando estoy ya muy cerca. Toda la gran hoya de Pedro Gil está cubierta de nubes, sólo sobresale un poco el pico de Cho Marcial. Entre los gruesos pinos y la gran densidad de vegetación empiezo el descenso por estos suelos mojados compactados, voy más o menos en paralelo a la carretera aunque a gran distancia. En la pequeña degollada con salida a la carretera pierdo el sendero y me cuesta dos intentos volverlo a encontrar. Tampoco encuentro la continuación hacia la carretera y me desvío hacia el roque de Ayese. Esta vez sólo me cuesta un intento. El cielo sigue despejado. Voy bien.
Excepto estos pequeños contratiempos voy bien. Salgo a la carretera (13.51h) y me meto por la pista que va por detrás de la montaña del Joco. El gran tramo llano al principio de la pista que en verano es puro polvo ahora es un gran charco con profundos surcos de ruedas de coche. En el sitio que han construido un semillero para la fuente me detengo a comer (14.05-14.30h). Unos metros más allá las nubes aparecen y amenazan con taparme, pero se mantienen a distancia y logro comer con calma y con sol. Con un tiempo fresco como este la diferencia entre sol y no sol es brutal. Ansioso por seguir me alivia terminar de comer y poder continuar.
Al terminar la pista veo que han hecho una clarera en la montaña que lleva al mirador de Chipeque. Lo cruzo, lo sigo, pero no me llega al mirador, solo a un claro donde han construido una especie de cabaña primitiva con ramas y troncos finos apoyados contra un árbol. Regreso a la pista y por el otro medio sendero que sale de un cuadrado antes de llegar a la carretera continuo hasta la carretera que lleva al mirador de Chipeque (un tramo grande tengo que hacerlo campo a través).
Nadie hay hoy en el mirador. Sigo a la derecha al alcanzar la carretera. Y cuando esta hace una curva fuerte a la derecha sigo recto campo a través. Pero tengo que consultar el mapa para ver por dónde va el sendero que ataja hacia la carretera. El sendero no va recto sino (contra intuitivamente) hacia la izquierda. Lo encuentro. Bien. Lo sigo. Poco a poco se va girando hacia la derecha hasta un llano y después sigue pegado a una pared rocosa muy característica y baja por una arista. Algo inquieto me tengo que concentrar y reforzar para hacer este tramo y sólo me tranquilizo cuando llego a la pista que va en paralelo a la carretera y por ahí sigo unos 300 metros hasta cortar la carretera y seguir al otro lado pasando cerca de la cima de la montaña de Chipeque por una pista. Más adelante tomo a la derecha en una bifurcación para evitar tener que subir a lo alto de la Morra Itote.
Vuelvo a salir a la carretera y unos 300 metros después paso (15.34h) la carretera a Arafo. Sigo por la carretera y en un minuto o así no entro por una pista que sale a la izquierda sino que avanzo otro minuto más por la carretera y me salgo por la izquierda por una pista estrecha que se va elevando sobre la carretera, es lo que tienen los desvíos que siempre te obligan a subir o bajar más que yendo por la carretera. No importa. Y aquí es donde empieza a llover. Abro el paraguas y, al poco, cuando ya me veo los pantalones muy mojados me tengo que parar para ponerme los pantalones impermeables. Lo cual me cuesta un huevo. Con el paraguas en la mano para no mojarme y apoyado en un pino y sin mucha destreza en las manos por el frío me lleva un buen rato ponérmelos. Vale. Ahora sí. Ahora que llueva lo que quiera, estoy en una situación sostenible. Bajo los pinos y por un terreno blando voy más relajado ahora. Sé que es importante que me lo tome con calma, que disfrute del momento, y así en mi caparazón impermeable me rehago y sigo preparado para tener lluvia hasta el final. Oigo el shissss que hacen los coches al pasar en la carretera cercana. Este desvío son unos 500 metros y vuelvo a salir a la carretera, cruzarla e ir por otra pista que sale casi enfrente. En cinco minutos, de nuevo, salgo a la carretera pero me puedo volver a salir de ella después de la entrada al Gaitero, es un camino que sale a la derecha un poco después de la pista al Gaitero. Me encanta esta manera de ir evitando la carretera con el consiguiente peligro de los coches y el sentirme un paria (solo lo siento cuando me pasan los coches al lado, no cuando los veo desde un camino).
La pista se nota poco usada, hay muchas piñas que están blandas cuando las piso. Me gustan sus formas y como cubren la tierra. Elevándome sobre la carretera puedo aguantar bastante por la pista que se convierte en un camino ancho en una curva e inevitablemente vuelvo a salir a la carretera más o menos por el km 21 de la carretera. Sigue lloviendo. Los márgenes de la carretera están cubiertos de pinocha, pinocha que cubre completamente la línea blanca. Tengo que ir por encima del borde, por dentro de la carretera bien pegado a las barreras, por fuera es mucho más incómodo. Tengo muy presente todo lo que me falta, sé que La Esperanza está aprox. por el km 10 o así. Son las cuatro y cuarto cuando paso el km 20. Me tranquilizo, me da tiempo a llegar con luz de día. Sigue lloviendo, a veces con más intensidad. Yo voy bien protegido de la lluvia. Bien seco por dentro. En esta zona no hay pistas ni caminos que me sirvan, así que tengo que ir por la propia carretera, pasan pocos coches y se hace manejable. Si al menos no lloviese me atrevería a atajar monte a través, pero lloviendo es ultra resbaladizo todo lo que no sea totalmente liso.
Disfruto mucho de las dos grandes rectas (entre el km 18 y el k16), la vista a los lejos en la bruma, el asfalto tapado de pinocha rizada por el agua, la soledad del paraje, los pinos altos muy rectos, todo esto hace de este pasaje algo maravilloso, a pesar de la lluvia, o, quizás, debido a la lluvia que me obliga a ir dentro de mi capullo sequito. Son casi las cinco cuando paso el km 16 por la zona de Las Lagunetas. Podría tratar de bajar hacia Las Calderetas o desviarme a la derecha hacia Barranco Hondo pero hoy se trata de hacer la dorsal y es lo que voy a hacer. Medio km después de pasar el km 16 me salgo por la izquierda por una pista que enseguida cobra una gran altura y se distancia bastante de la carretera. Sigue lloviendo. Aquí tengo que tener gran fuerza mental para que no me importe desviarme tanto. Me siento pleno de confianza al volver a llegar a la carretera, cruzarla y meterme por otra pista (Las Presas). Pronto empiezo a encontrarme con otro problema, esta vez no me viene de arriba, sino de abajo, la pista está encharcada, enormes piscinas, casi sin tierra firme y tengo que ir por los bordes, por encima de las plantas para evitar resbalar y caerme. Es una pesadilla. Realmente molesto. Y se me hace largo. Recuerdo esta pista de épocas secas y es algo radicalmente distinto. Tengo que ir negociando y teniendo mucha paciencia, y es que sigue lloviendo, fuerte por momentos. Unos veinte minutos y vuelvo a salir al asfalto que ahora me parece acogedor.
Salgo por el Pico Las Flores. Una pista sale a la izquierda pero con la experiencia de la pista encharcada la evito y sigo por la carretera. Ya no la vuelvo a abandonar hasta llegar a Las Rosas. Pasado el km 9 encuentro un pasadizo, a la derecha, entre casas, para bajar a la parada de la guagua de Las Rosas, este pequeño atajo es la única parte nueva de la excursión. El atajo es estrecho, después pasa por delante de varios chalets habitados y abajo tuerzo a la izquierda y llego a la ermita donde ya espera la guagua (16.22h). Me da tiempo a hacer los estiramientos en la parada techada. No ha cesado de llover en todo el largo trayecto desde el km 24. El conductor indiferente y pasado de rosca no me contesta a mis buenas tardes cuando subo. Qué me importa. Ha sido toda una travesía.
Poco a poco me voy quitando capas y capas y chequeando al mismo tiempo lo que voy soltando. Me cambio a ropa seca, incluso calcetines. La ropa ha aguantado perfecta. Estoy bien seco. Si acaso tengo un poco mojado los dedos de los pies. Cuando por fin acabo de esta ceremonia me siento perfecto y con mucha suerte de haberlo logrado. De noche en la guagua no distingo absolutamente nada del entorno y sólo al llegar a La Laguna a los cruces me doy cuenta de por dónde voy. Más de las siete cuando llegamos a la estación.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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