• Excursión 841. 19 Septiembre de 2018. Miércoles.
Tajao. Las Arenas. La Caleta. Las Maretas.
Municipio: Arico.
De 15.30 a 18.25h. De 10 a 60 a 10m.
Distancia: 7,1km. Duración: 2h 55m
Recorrido por varios pequeños pueblitos marineros entre Tajao y Las Maretas por una costa variada de playas de cayados y piroclastos beis hasta la desembocadura de un barranco de cumbre: El Río. También visita a un barranco costero de piroclastos
En menos de una hora llego desde mi casa hasta San Miguel de Tajao (14.34-15.23h). Calima en las montañas y aquí despejado con algo de viento. Mi objetivo hoy es recorrer los pueblos costeros hasta Las Maretas/El Río (el límite con el municipio de Granadilla) y algunos barrancos interiores con abundantes piroclastos. Tras recorrer en coche unos 600 metros desde la salida de la TF1 me encuentro con una bifurcación (a la izquierda bajada a Tajao), yo sigo a la derecha y dejo el coche en la urbanización de pequeñas calles sin acceso directo al pueblo.
Ya a pie sigo por la carretera y enseguida me desvío hacia el mar por un terreno de piroclastos muy rugosos y poco a poco voy encontrando cómo bajar, pero tengo que hacerlo con mucho cuidado, las rocas beis son muy cortantes y tienen muchos picos, logro acceder a una pista. Cuando me acerco al mar lo que me recibe no es el olor al mar sino a fritanga, a pescado frito, qué prosaico. Identifico una planta que se da por la zona: el tebete, traigo una relación de plantas del libro de los Ashmole. Antes de enlazar con el siguiente pueblecito (Las Arenas) me desvío hacia arriba, hacia un barranco (Charcos de S. Fernando/Guasiegre) donde espero encontrar buenas formaciones de piroclastos. El día está fuerte de calor y de sol. Me resulta sencillo el tránsito por el barranco porque hay un sendero marcado entre la vegetación baja. No es un barranco profundo, las laderas de suave descenso. En el cauce hay mucho rabo de gato, que se alterna con los fondos arenosos, charcos secos, y rocas grises de bordes suavizados. Sigo por el barranco que se torna más angosto pero que puedo transitar. Con cuidado de no meter el pie en un agujero voy tentando el suelo, que apenas veo, y que está cubierto de rabo de gato. En el barranco voy pasando pequeños saltos con agujeros arenosos en su parte inferior y marcas horizontales de las sucesivas consumaciones del agua. Hay rocas basálticas grises muy redondeadas, es un lugar de paso de agua. Abundan los balos y los inciensos. Hacia arriba ya diviso la autopista, así que bajo por el barranco y en vez de volver hacia Las Arenas lo que hago es trepar por la ladera rocosa, que tiene pocas plantas y que se puede trepar porque es muy rugosa. La ladera en sí misma es muy interesante por las formas y los colores. Llego a un llano y cruzo una carretera, por la que pasa algún coche. Es un llano vacío, sin apenas plantas, parece un lugar que ha sido recientemente removido.
Al otro lado de la carretera sigo una pista de tierra muy ancha que baja hacia la costa, hacia Las Maretas. Y aquí empiezo a ver un fantástico barranco (Cueva Honda/Hoyo del Caletón) con formaciones piroclásticas muy enrevesadas y un frente en forma de barrilete (grandes fajas horizontales) y ornamentos como espuma en las partes superiores. El sol le da de lado, y resalta sus formas, es todo de color beis claro y la erosión tiene que ser del viento, porque aquí llueve muy poco. Me va a quedar como lo más hermoso e impresionante de toda la excursión. Voy por su borde y cambiando un poco las perspectivas y las vistas sobre la hoya. Me alejo y sigo por la pista hasta llegar muy cerca de Las Maretas/El Río, pero al sitio que llego tiene tanto desnivel que tengo que rodear hacia arriba para poder encontrar un lugar por dónde acceder al pueblo. Entro por la calle San Francisco al lado de un gran laurel y un fuerte olor a humedad que sale de una casa. Me resulta chocante este olor en este secarral, pero las corrientes de agua subterráneas deben ir por debajo del terreno y penetrar por los cimientos de las casas. El pueblo está situado a la izquierda de la desembocadura del majestuoso barranco de El Río, que tiene curso de agua permanente en varios tramos. De casas en buen estado, es una mezcla entre pueblo dormitorio y pueblo residencial de vacaciones. Me siento a gusto caminando por las calles hacia el mar. Sigo por la avenida La Caleta, paso el bar Marcos y descubro una hermosa y pequeña playa de arena negra (16.40h, Playa de Las Maretas) donde unas pocas personas leen y toman el sol. Unos hombres juegan a las cartas dando fuertes golpes en la mesa, están muy concentrados, me llega un cierto aire de tensión entre los jugadores. Sigo por la avenida Santiago tratando de salir del pueblo. Y ya pronto llego al borde del pueblo, a las últimas casas.
Más allá se extiende una zona muy llana, extensa, con charcos y plantas cubriéndolo todo. Hacia el mar hay rocas y tarajales. Hay un gran charco, pero por la forma de la llanura parece que puede haber muchos más y este ser más grande. Las plantas ocupan grandes superficies, son plantas tipo alfombra, rastreras, muy bajas que no se mezclan, distingo el cosco, de hojas gruesas rojizas, y también la barilla, con hojas que parecen de cristal por sus incrustaciones de sal; también el tebete se da, pero no tan extenso. Y me impresionan las hojas gruesas como dedos de la uva de mar común. No tengo suerte con las flores, no es la época, y he visto en el libro de los Ashmole que son muy llamativas.
Entre tarajales veo un pequeño refugio, una caseta de madera, y me acerco a la playa de cayados donde hace algo de viento y también me subo a un roque pulido que hay en el borde del mar. Más allá atisbo el puerto de Granadilla. Regreso hacia Las Maretas y esta vez voy por delante de las casas, lo más cerca que puedo del mar, algunas casas tienen terrazas, otras sólo cayados, son más humildes que las que hay en el interior del pueblo. En la playa de Las Maretas, donde los jugadores siguen a lo suyo, cruzo la pequeña playa y subo por la esquina contraria por formaciones de piroclastos rojizos, después los veo beis y más tarde grises. Me gustan todos. En esta zona de piroclastos no hay playa, ni bajada al mar, que queda unos tres o cuatro metros por debajo, y donde algunos pescadores en pequeñas terrazas están de pie y se mueven de un lado a otro. Todas las formaciones rocosas me gustan, las hay también con incrustaciones rocosas más oscuras. Pronto terminan y llego al pueblo recogido de La Caleta y entro por la calle San Felipe que remonta un poco (17.28h), aquí el ambiente es comatoso, no se mueve nada, y sigo por la calle Maravillas del Mar (qué nombre tan poético), lo cruzo enseguida y veo grandes bloques de piroclastos desgajados en el mar. Antes de seguir hacia Tajao, subo por una carretera simplemente por ver un punto geodésico (“Cueva Honda”). En la subida he visto que a la izquierda sale un sendero que se adentra en el barranco Cueva Honda, pero no lo sigo, sólo me alongo sobre el borde para ver otras formaciones rocosas. Regreso a La Caleta y sigo un pequeño tramo por la carretera hasta desviarme por una pista que va hacia una pequeña caleta donde algunas familias se entretienen. Después viene la playa de cayados finos de Las Arenas, me gusta caminar por estos cayados tan pequeños, que parecen que los han traído por cómo se amontonan. Paso el pueblecito y poco después ya estoy en Tajao, a donde paso dos pequeñas caletas con algo de arena negra. Paso al lado de una zona de restaurantes con un ambiente estupendo de lugar de vacaciones donde algunas parejas están comiendo pescado con botellas de vino blanco. Los observo con empatía por lo bien que parecen estar: charlando, comiendo y bebiendo. Como último desafío quiero subir por la pared de piroclastos hasta la urbanización donde dejé el coche. La primera vez que vine a Tajao (excursión 759) no pude bajar hasta aquí desde arriba y ahora sí lo logro, es mucho más fácil de lo que parecía desde arriba. Y me siguen gustando mucho las formas retorcidas de las rocas del barranquillo. Gran emoción al llegar arriba, ileso. El coche no se ha recalentado mucho gracias a que le puse un parasol. Mismo ambiente de puertas abiertas en los adosados de la urbanización, parece que están todas las casas ocupadas.
Montado en el coche le pongo una pequeña cortinilla pegada en la ventanilla izquierda para no atorrarme con el sol horizontal de la tarde. A casa llego a las 19h.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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Tajao a Las Maretas