• Excursión 1110. 9 Julio de 2020. Jueves. (Anaga 181ª).
Igueste - Playa Zapata.
Municipio: Santa Cruz.
ENP: Parque Rural de Anaga
De 10.10 a 18.06h. De 28 a 440 a 0 a 140 a 500 a 28m.
Distancia: 14km. Duración: 7h 54m
Recorrido circular por tres barrancos (Zapata, Antequera e Igueste) con vegetación adaptada a la sequedad. Visita a dos playas de arena negra, una muy recoleta y poco transitada. Con rescate de un grupo de jóvenes con demasiada confianza en el gps. Principio del circuito por un viejo sendero algo peligroso que antiguamente usaban los trabajadores del semáforo
Mi objetivo hoy es ir a la playa Zapata, de resto ya veremos. Para llegar a esta playa hay que ir por la ruta que va a la playa de Antequera un gran trecho. Desviarse en una bifurcación poco visible y recorrer el barranco de Zapata hasta su desembocadura.
Hace calor en Santa Cruz (32º, 9.30h) cuando salgo en la 945 rumbo a Igueste en donde me bajo en la última parada (10.10h, 30º). Cerca empieza el camino señalizado hacia El Semáforo (PR 5.1). Un grupo de cuatro jóvenes (3 chicas y 1 chico) también parece que van a hacer esta ruta, van muy relajados. Enseguida los pierdo de vista cuando yo me desvío de la ruta señalizada hacia el cementerio. Y es que esta manera de subir hacia el semáforo me gusta mucho más (excursión 974), es más solitaria, aventurera y emocionante. Tras el cementerio con los dragos subo por el sendero medio borrado cerca, y a la izquierda del cauce, de un barranquillo (Hondo). Lo cruzo (90m). Después el sendero es visible y se va echando hacia la derecha al mismo tiempo que sube. Describe una gran curva que me lleva a la arista de una loma ancha (170m). Sigo subiendo en zigzag por la loma, no es muy complicado, y llego a una zona muy expuesta en la que el sendero se retuerce para superar un saliente rocoso donde hay un asidero de lo más ominoso: una barra metálica doblada que en algún momento fue una barandilla. Es un paso muy emocionante. Sigo por un andén ancho hacia la derecha y después, simplemente, sigo campo a través, lo más recto que puedo hasta que convergo con camino ancho (310m) (a la derecha lleva al semáforo). Yo lo tomo hacia la izquierda.
Me encuentro en la confluencia con el camino oficial con los cuatro excursionistas, me dicen que van a Antequera, les digo por dónde deben seguir y que merece la pena que bajen a ver el semáforo. Dudan, pero parece que me hacen caso. Yo sigo hacia arriba. Al alcanzar la pequeña caseta (Casa de los Atalayeros, 420m), me desvío a la izquierda del sendero para ver si localizo una sima que hay por aquí (según he leído en un libro de MPC). Subo a una pequeña elevación (443m) y bajo por una cresta, pero no consigo nada. Regreso al sendero. Me echo a la izquierda y empiezo a bajar por terreno muy arenoso y resbaladizo, al principio, que baja suavemente hasta los 350m donde hay una bifurcación. Tomo el ramal derecho (que sale en perpendicular) y empizo a descender con cierto desnivel y un firme muy resbaladizo y complicado cerca del cauce del barranco de Zapata. El día está fuerte de calor. Este valle es de lo más inhóspito. Me reconforta cuando paso bajo la pequeña higuera que sobrevive aquí no sé sabe poco.
En los 120m (aprox.) encuentro el desvío (del sendero que va a Antequera). Me desvío por la derecha, hacia la playa de Zapata. El sendero apenas está señalizado, sólo veo algunos pocos hitos aquí y allá (también marcas blancas). Según voy bajando me doy cuenta de que no hay un sendero único, hay varias posibilidades para ir descendiendo. A veces por el cauce, a veces por fuera, es bastante laborioso. No hay mucho desnivel hasta la playa, pero es complicado. Descubro algún resto de muros de terrazas. Increíble. Ninguna cabra por aquí. Y llego a la playa de Zapata (13.02h). Maravilloso. Es brutal el contraste entre la sequedad del cauce y las rocas con la suavidad de la arena negra, muy negra, de la playa y el agua del mar con una ligera brisa fresca. La playa no es muy grande, es recoleta. Las olas baten suavemente, el mar está calmado. Me descalzo para sentir la tersura de la arena. Lo necesito. Decido comer aquí. Tranquilamente sentado en un cayado me tomo el bocadillo y el bizcocho. La playa de Antequera está a la vista y parece muy cercana, destaca el saliente de la península de Antequera.
Renuente inicio el regreso (13.38h) y cuando estoy empezando a subir a un pequeño promontorio los veo, son los cuatro jóvenes que me miran en silencio desde arriba ¿pero no iban a ir a Antequera, pienso? Algo pasa, no es normal su actitud. Subo hasta ellos. Me preguntan si esto es Antequera. Se han perdido. Están desmoralizados. Dentro del barranco no hay señal de GPS. Están preocupados por perder el barquito que han contratado para que los lleve a Santa Cruz desde Antequera. Les tranquilizo, les digo que les indicaré cómo ir a Antequera cuando lleguemos a la bifurcación. Les conduzco de vuelta por lo intricado del barranco que ellos acaban de bajar ¿cómo? No me atrevo a pregutarles, no les quiero agobiar. Cada poco me preguntan si falta mucho para llegar… a la bifurcación. Tienen que descansar cuando alcanzamos la bifurcación, están agotados. Les digo que voy a llevarlos a Antequera. Pero enseguida empiezan los problemas, el sendero a Antequera apenas se ve y tengo que convencer al joven de que sé lo que hago, que, aunque solo lo he hecho una vez tengo experiencia. Hablan entre ellos un rato, deciden ir conmigo a Antequera. Durante la parte de la que me acuerdo bien, hasta las cuevas rojizas, la cosa va bien, pero en algún momento pierdo el sendero (no subo en un cierto sitio, sino que sigo a la misma altitud) y al poco me veo por un sendero muy estrecho e inclinado. Yo no me pongo nervioso. Pero ellos sí y mucho. En ese momento una de las chicas ve una señal blanca hacia arriba. Como un rayo tiro para arriba y encuentro el sendero, está en la señal blanca. Ok. Bajo. Les tengo que convencer de que el sendero sí va por ahí, entre su falta de experiencia en senderismo (es la primera vez que hacen una excursión) y que no me conocen apenas confían en mí. Lo entiendo. Me siguen.
Cuando el sendero se vuelve a complicar, no porque sea confuso sino por lo agreste, el mal estado del firme, y por que va muy cerca del acantilado, entonces se plantan. No siguen. No quieren seguir. Tratar de convencerles me parece contraproducente. Les digo que voy a avanzar un poco para asegurarme de que es el camino correcto. Entonces me cruzo con una senderista, una mujer que sí sabe lo que hace, lo puedo notar en su actitud y su equipamiento. Le cuento lo que pasa con los jóvenes. Me paro. De lejos veo cómo la mujer habla y habla y habla con los jóvenes. Yo espero pacientemente. Por fin se deciden. Viene una de ellas y me dice que sí que van a seguir conmigo. Bien. Aunque el camino en sí no es nada expuesto al caminarlo sí que acojona un poco al verlo cuando lo ves de lejos. Poco a poco y a parones me van siguiendo. Se empiezan a relajar sólo cuando ya vemos la playa de Antequera. La bajada es un poco tortuosa, pero por fin llegamos (15.23h). Una de ellas me lo agradece y se disculpa por su falta de confianza, después otra también me da las gracias por haberlos llevado, el chico también, pero otra no dice ni palabra, todavía sigue asustada. Les habían dicho que se llegaba en una hora. Insensatos. Me preguntan qué me pueden dar y les pido toda el agua que tienen. A ellos les recogerá una motora en una hora. Consigo un litro y medio de agua en una gran botella. Perfecto. Y adiós.
Sigo por la playa hacia el final. Me he decidido a hacer el circuito subiendo por el barranco de Antequera y después bajando por el de Igueste. Me siento invencible. Estoy tan alegre, tan sobrado que empiezo bastante deprisa mi subida por el barranco. Bajo el ritmo cuando empieza a complicarse la cosa en los sucesivos cruces del cauce del barranco con algunas partes confusas, me sorprende lo poco claro que es este sendero, y es que los caminos PR señalizados son tan fáciles (este no lo es) que cualquier otro hay que tomárselo con calma. Además, hace mucho calor en cuanto deja de correr el viento y los balidos lastimeros de las baifos llamando a sus madres me enervan. Tras la degollada (500m) y cuando ya tengo vistas del grandioso valle de Igueste (las nubes del Norte se agolpan al otro lado y se disuelven al pasar a esta vertiente) me confundo y bajo por una loma que tiene camino pero que no es el correcto. Menos mal que me doy cuenta pronto y es que el sendero oficial (PR 5) está señalizado y es muy sencillo de seguir, aunque pedregoso y revirado como el demonio. Sólo hago un pequeño descanso en un llanito (Descansadero del Brezal, 310m) para continuar bajando por un camino muy demandante para mi atención y mis pies. Las vistas son fantásticas, durante toda la bajada, a esta gran cuenca fluvial donde confluyen muchos pequeños barranquillos. Unas dos horas después de dejar a los jóvenes en la playa llego a la carretera de Igueste (17.37h). Ya me puedo relajar, ya no tengo que ir mirando el suelo. A Igueste llego (18.08h) y compro agua en una ventita (está subiendo a la izquierda, un poco, después de llegar a la curva cerrada). El ventero amable y de ligera voz gangosa me sirve rápido. Bajo una red gran cantidad de bollos y rosquetes. Me gusta mucho el ambiente de la venta, pero no escuchar sus conversaciones. Dos hombres beben cerveza, otro, vino, yo, agua, agua, agua.
Me alejo para sentarme un rato, beber tranquilo y poder cambiarme la ropa empapada. Me lo tomo con calma, me toca esperar un rato largo a la 946 (19.10h). Solo otro pasajero y yo estamos en la guagua al salir. En la costa puedo ver muchos grandes cruceros anclados. Me da sensación de vacaciones el verlos. Me pongo a escuchar música con auriculares. Me siento de lo más relajado y tranquilo recorriendo las curvas interminables de esta carretera elevándome sobre el mar… hasta que en la parada de la playa de Las Gaviotas se montan unos 50 jóvenes. Sus cuerpos no se han deformado todavía, son esbeltos, delgados, pero así y todo rellenan todos los asientos y el pasillo también. Vienen alegres y estupendos después de estar en la playa, algunos con arena negra pegada. Es una invasión de ultra cuerpos. Tengo una suerte increíble porque pronto me toca una canción fantástica: “Open up your door” de Richard Hawley del disco “True Love's Gutter”, de 2009, una canción que comienza suave con un estribillo expansivo que dice “open up your door” y que me va fantástico para liberarme de esta masa humana y seguir volando; y no sentir a los pasajeros que están de pie y se van chocando conmigo en los tumbos de la guagua. Y escucho la canción en bucle una y otra vez hasta que llegamos a Santa Cruz y me bajo de la guagua.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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De Igueste a la playa de Zapata a Antequera