• Excursión 965. 1 Julio de 2019. Lunes.
Cta Campitos. Parque Las Mesas. Barrio Nuevo
Municipio: Santa Cruz de Tenerife
De 15.12 a 18.36h. De 167 a 490 a 90m.
Distancia: 9,9km. Duración: 3h 24m.
Recorrido por canales por la ladera de la montaña de Las Mesas con vistas fantásticas hacia la ciudad, ascenso a la montaña y bajada por un viejo y destrozado camino hasta Barrio Nuevo
En Santa Cruz tomo la 902 por fuera del intercambiador (14.50h) y me estoy bajando al principio de la carretera de Los Campitos en las faldas de la montaña donde se arraciman las casas pequeñas del Barrio Nuevo (15.11h). La carretera ancha, ya con vistas hacia Santa Cruz, y elevándose sobre la ciudad me recibe con mucha luz y con mucho calor. Me siento un poco anonadado al poner los pies en tierra y sentir este calor fuerte y la luz cegadora. Unos operarios trabajan, indiferentes al calor, en el depósito de agua (de la Cueva Roja) y una mujer deja el coche en un hueco más arriba. En cuanto me preparo: sombrero, gomaespuma para una dureza en la planta del pie, botella, paraguas, me pongo en marcha, ya me voy abriendo camino en mi mente y ya veo senderillos por la ladera, pero no, estos no son todavía los que quiero recorrer. Por debajo veo las azoteas de los edificios altos de esta parte de la ciudad.
Paso la primera esquina de la carretera y ya estoy en el puro campo, al menos a mi altura y por encima, hacia la montaña. La carretera se pliega a un barranco (Aseite) cubierto de vegetación crasa y rala y por el que discurren varios canales, en distinto estado de ruina, y a diferentes alturas y todos paralelos a la carretera. Uno de ellos es el de los Catalanes, pero no acabo de descifrar cual. El cauce lo salvan sobre acueductos. En la parte baja del barranco veo una finca y algunos cercados. No me siento ridículo, cuando me adelantan los escasos coches que pasan por la carretera, por llevar mi paraguas abierto. Pasado el cauce del barranquillo del Aseite me salgo de la carretera cuando encuentro un acceso a un canal, ancho y cubierto de losas planas. Sigo por él (según OSM el de Los Catalenes va más abajo que este). El sendero va por encima o a su lado y la carretera poco a poco se va elevando (a la izquierda) sobre mí. Ahora ya me siento dentro del paisaje, entre las plantas, por este sendero que va recorriendo la ladera y con la ciudad a mis pies, cercana a vuelo de pájaro, pero lejísimo si tratase de ir recto hacia ella, y digo lejísimo por las pendientes salvajes y las caídas repentinas. A veces atisbo tramos de los otros canales que van en paralelo, por debajo. El sendero está claro y libre de pencas, vinagreras y tabaibas.
Cuando llego a una esquina de la montaña y veo la siguiente vertiente, el otro lado, destacan las torres caprichosas del Quisisana (la casa que mandó construir un ricachón, más tarde y hasta ahora usada como escuela) y, destaca también, la masa verde del parque García Sanabria entre los edificios que la rodean y en medio de la ciudad, que tan pocas manchas verdes tiene. Sí se oye el sonido de la ciudad, el del tráfico. Sigo al mismo nivel (es la ventaja de ir por un canal) y me voy acercando o se va acercando a mi un barrio residencial de chalets y casas aisladas (La Ninfa), es un barrio de pocas calles que suben plegándose a la inclinación de la montaña. En mi mapa el canal sobrepasa, sin problemas, este barrio, y después continúa hacia Ifara, pero en la realidad, in situ, las pencas enormes me impiden seguir avanzando. Bajo por una tubería de cemento y llego hasta otro canal (que según OSM es el de los Catalanes) pero tampoco este tiene sendero para seguirlo hacia Ifara (hacia la izquierda). No puedo acceder al barrio. No es que me importe, lo que yo quiero es seguir el canal, pero en un afán de explorador-cartógrafo, y sólo por el hecho de averiguarlo, empiezo a recorrer un sendero (hacia la derecha) que va al lado de una valla metálica por encima de las casas de más arriba de este barrio de La Ninfa. Paso un depósito de agua y veo los garajes y los jardines de las casas, tan cerca, pero inalcanzables. La valla en algunos tramos tiene alambre de espino y no tengo muy claro si estoy dentro o fuera de eso que protege ese alambre maléfico, ya muy oxidado y vencido. En una casa que parece ocupada-abandonada, una toalla y unas cholas por fuera de una ventana, veo que la puerta de acceso al jardín está sólo cerrada por unos cables, pero no me atrevo a pasar.
Sigo un poco más y en la esquina de la montaña con más vistas diáfanas y sin posibilidad de seguir más regreso por el mismo pasillo. Pero cuando llego al depósito de agua, cubierto, de cemento que está por debajo descubro una escalera metálica para bajar al depósito. Bajo y llego hasta el borde del depósito y justo por debajo de mí alcanzó el final de una calle (Juan P Alonso Rodríguez) y la entrada al último chalet. Una puerta separa el lateral del depósito de la calle. Bajo hasta la puerta, pero está cerrada. No importa, no pretendía bajar, pero me doy cuenta de que si quisiese bajar a la calle lo podría hacer, fácilmente, deslizándome por la pared inclinada del depósito. Misterio resuelto. Ahora puedo continuar. Aunque la continuación es regresar por donde he venido hasta la carretera de Los Campitos. Atravieso el pasillo con valla, después escalo-trepo la tubería de cemento y de nuevo en el canal tiro para la izquierda. Me doy cuenta de que alguien tiene que mantener este sendero expedito, debe ser el mismo que ha puesto la escalera sobre el depósito.
Ahora de vuelta voy un poco más relajado y al llegar a la misma esquina de la montaña descubro un sendero, un camino, en realidad, que baja zigzagueando hacia el Quisisana. Es un camino ancho con muritos de piedra en algunos tramos y bien visible, aunque invadido por vinagreras y muy deteriorado. Llego al canal de los Catalanes y todavía puedo bajar un poco más. Me emociono en este camino, y es porque tengo la sensación de que fue un camino importante de comunicación para acceder a la montaña, pero que con la ampliación de la ciudad en algún momento lo cegaron, lo demolieron en su parte inferior y sin acceso desde abajo se murió. Pero tal como está todavía será practicable durante mucho tiempo. Regreso al sendero del canal superior y sigo hasta la carretera. En la carretera y no sé porque, debe ser el asfaltazo siento un calor tremendo. Ahora sí que subo por esta carretera que describe un lazo antes de llegar a un bonito mirador (Los Campitos). Más vistas estupendas de la ciudad hasta el mar en este mirador grande y espacioso. Por encima hay una carretera que sigue subiendo, pero todo tipo de carteles disuaden de ir por ahí ¿qué habrá tan valioso para que esté hasta video vigilado? Por la carretera pasan muy pocos coches, mejor.
Sigo caminando hacia Los Campitos por la carretera. Desde ells voy teniendo vistas más amplias de lo que he recorrido por debajo y de la ladera, cerrada de vegetación, con algún que otro eucaliptus. Lo siguiente que me llama la atención es un gran hueco en la pared rojiza donde hay un depósito de agua (Las Mesas). Hace tanto calor que ni el paraguas me guarece y tengo que ir por el lateral, aprovechando la poca sombra que da. Veo muy bien la rejilla de las calles del otro barrio de ricos: Ifara. Tras otra esquina, un terrero de lucha enorme, y una curva llego a Los Campitos, otro barrio encaramado en una ladera. En la primera callejuela (Caserío Guayte Bajo) que puedo meterme y después de subir un poco me encuentro con dos puertas y sin continuación. Regreso a la carretera y sigo por ella y antes del instituto me meto por una calle no muy ancha que hay a la izquierda (Lomo del Guayte). Hace más calor todavía y la cuesta ya es seria. Me meto por la segunda calle a la derecha (Antonio Ramos González).
El barrio son cinco calles estrechas y paralelas con casas de una y dos plantas a ambos lados y prácticamente sin comunicación entre ellas, el desnivel es brutal y los pocos solares que hay están limitados por arriba por una gran pared. Cuando casi parece que tengo que ir hasta el final de esta calle, para ascender por la ladera, descubro un callejón con escaleras que atraviesa varias calles. En una de las callejuelas estrechas de repente tengo la sensación de no saber dónde estoy, quiero decir: de sentirme en un lugar totalmente extraño y exótico, y también que me gustaría vivir en un lugar tan tranquilo y con tan buenas vistas como este. En la tercera calle (Rafaela González Rojas) que atravieso tiro para la derecha y después para la izquierda para seguir ascendiendo por una calle con pocos edificios (Hibisco) hasta un grupo de casas algo aisladas de las que acabo de atravesar. En mi mapa esto figura como Lugar La Zapatera y el Lomo del Serenillo. Son casas reformadas o nuevas, no muy grandes, pero tampoco pequeñas.
Del jardín de una casa salen las voces de unos niños jugando. Y un poco más arriba localizo, echándome a la izquierda por un callejón, una era, la era que andaba buscando, está rodeada de un murito y tiene el firme de tierra, está situada perfectamente en una loma espaciosa, una cadena impide el paso a vehículos, he visto tantas eras usadas de aparcamiento que me parece estupendo. Alrededor de la era la yerba seca y amarillenta me evoca el color del trigo seco. Sigo subiendo, ya tras las últimas casas, por un camino que va hacia lo alto de la montaña de Las Mesas. Sin embargo, al llegar a las proximidades de una casa de aspecto deteriorado unos perros temibles, atados a cadenas, se revuelven y se lanzan hacia mí ladrando como posesos, parece guiarlos/azuzarlos un perrillo chico. Nadie sale de la casa a pesar de que veo coches por fuera. Prudentemente opto por la retirada, creo que nadie va a llegar a tiempo de salvarme si alguna de esas fieras rompe sus cadenas. Enseguida me recompongo al darme cuenta de que lo alto de la montaña la tengo a la vista y a tiro. Esta ladera, ocupada antaño por terrazas cyos muros se están desmoronando, tiene una vegetación muy baja y es fácil de subir campo a través con el punto de referencia de las grandes antenas en lo alto de la montaña.
Bastante emocionado por ver que lo puedo conseguir, subir a la montaña, llego a un muro de piedra que rodea un parque recreativo fantasmal, con mesas pero desierto, con aparatos pero sin usar, con calles pero que nadie recorre. Ahora mi mapa no me sirve de mucho porque en la realidad hay muchos más caminos. Instintivamente sigo hacia la izquierda y ya en lo alto de la montaña me echo hacia la izquierda por un camino asfaltado, de donde y de repente surge un corredor que me mira con extrañeza, no dice palabra y desaparece tan deprisa como apareció. Todavía no tengo claro por dónde voy a continuar, si bajar directo hacia el Barrio Nuevo (excursión 839) o seguir un rato más rodeando la montaña y bajar hacia El Toscal (excursión 871). En el enredo siguiente de caminos me decanto, por simplificar, por la bajada directa a Barrio Nuevo. No es fácil encontrar el sendero, hay que recorrer escaleras largas que van bajando entre terrazas amuradas antes del cascarón de cemento del restaurante y bar abandonado. Todo este parque (recreativo) de Las Mesas está tan perdido. Me da la impresión de que las autoridades ciudadanas lo han abandonado por el (caro) mantenimiento y las malas comunicaciones con la ciudad. Aunque el sitio en sí es fantástico.
Poco a poco voy bajando y echándome a la izquierda hasta dar con el sendero, poco claro, que va descendiendo entre arbustos bajos y suelo erosionado. Lo único claro es… la ciudad por debajo, y sé que tengo que ir lo más recto posible aunque con pequeños desvíos temporales y llegar hasta un gran saliente rocoso (Roque La Bala). Pero algo falla en esta ocasión cuando me veo en el extremo del saliente rocoso y sin posibilidad de seguir bajando. Me salva ver a la derecha el trazado serpenteante del sendero, hacia abajo, salgo del saliente rocoso y encuentro el sendero que va llaneando hasta el principio casi del sendero empedrado. El sendero empedrado en algunos tramos que me gusta más esta segunda vez que lo recorro. Es otro viejo camino antiguo abandonado, tan cerca de la ciudad. Algunas esquinas están cubiertas de plantas o destruidas y se salvan con atajos donde han puesto palés de madera (gente buena). Llego a lo alto de la Cueva Roja y desciendo hasta la carretera sobre el Barrio Nuevo. Rodeo por la derecha y me meto al Barrio Nuevo por la calle Camino Las Lecheras, una calle estrecha peatonal que atraviesa el barrio de lado a lado. Me gusta mucho este barrio de calles estrechisimas (con carritos de supermercado a libre disposición) y lleno de escaleras. Al llegar al otro extremo del barrio desciendo hasta la carretera de Los Campitos y por ahí sigo bajando y bajando hasta llegar al puente Zurita a la parada del tranvía.
Aquí de pie en el tranvía empiezo a sentir lo que ya he sentido otras veces cuando en una excursión ha salido todo maravillosamente: todo el mundo me parece interesante, con todo el mundo me iría a tomar una caña, me dan ganas de abrazarlos.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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Carretera Los Campitos a Parque Las Mesas a Barrio Nuevo