• Excursión 159. 21 Mayo de 2014. Miércoles.
Camino Las Crucitas - Pista El Rayo
Municipio: Santa Úrsula.
De 18 a 19.45h. De 610 a 1000 a 610m.
Distancia: 4,4km. Duración: 1h 45m.
Recorrido por dos lomas entre las medianías de Santa Úrsula y la parte alta del bosque hasta la pista del Rayo
El gran referente para mí de los montes de esta zona es la pista del Rayo. Un ex concejal de Santa Úrsula me habló, hace poco, con misterio de una subida hacia el bosque: “la subida por La Barranquera llega muy arriba, hasta la pista del Rayo”. Él nunca había subido, pero lo decía casi como si fuese un mito, como una leyenda pasada de padres a hijos. Lo que yo pienso es que los desniveles en estos montes son tan grandes que constituyen barreras invisibles. Así las cosas y sin ninguna certeza de lograrlo, me propongo hoy explorar por encima del Farrobillo y a ver hasta dónde puedo llegar. Voy a empezar por el lugar más alto al que llegué cuando estuve por aquí en otra excursión (la 149): el camino Las Crucitas.
La subida en coche hasta Las Crucitas (por el camino Farrobillo y la calle Las Tosqueras) es relativamente fácil. En una zona de viñedos, dejo el coche bien arrimado a un lado, la pista no es muy ancha. Empiezo a caminar en los 610m. El tiempo ha estado bueno todo el día, sol radiante. Cuando llego, sin embargo, está nublado. Llaneo un poco con muy buenas vistas de Santa Úrsula, evito una primera subida que tiene un aspecto muy agreste, y subo por una pista (camino de Los Garabatos) que va por el borde de un barranco (Barranquera Honda). Pronto empieza a haber muchos árboles altos, sobre todo castaños y el monte es muy frondoso, ya sólo tengo vistas al interior del barranco. El cielo cada vez más oscuro. El monte está fresco y respiro la humedad. El firme es algo pedregoso pero bueno. Unos diez minutos más tarde la pista se mete al barranco y lo cruza. Con una buena subida llego a otra loma (Lomo La Cabezada, La Rosa). Es un terreno despejado donde hay alguna finca sin actividad aparente (700m). Una pista cruza el lomo y baja, pero yo subo por otra (Camino Las Rosas) que se mete de nuevo en el bosque. Siento un poco más de fresco. La pista con que me enfrento es de cemento con estrías. Pero es inverosímil, más que caminar estoy escalando. Lo acepto, me acomodo al desnivel subiendo lentamente, y a ritmo constante no me cuesta ningún trabajo, subo sin esfuerzo, pensando en mis cosas. Es curioso que, estando rodeado de este bosque cerrado, denso, tan intenso, me dé por pensar en otras cosas, debe ser que así me concentro mejor en sobrevivir a este desnivel. En muchos momentos es como si estuviese recorriendo el pasillo de mi casa, es decir, en automático. El tiempo se va haciendo más fresco. Empiezo a preocuparme por la posibilidad de que empiece a llover.
Al encontrar una pista a la derecha (830m, vereda El Villano) veo la manera de librarme de esta pendiente cruel y llaneo por ella y por una curva me meto al barranco, somero aquí y llego a la loma por donde empecé. Paso al lado del final de la pista agreste (camino El Brezal) y sigo recto hasta confluir con una pista, el camino Matasnos. Este nombre me suena temible. No sé si pensar en la crueldad de los campesinos o en que realmente la pendiente es terrible. O los burros morían subiendo o es tan fuerte que mataría hasta un burro, animal famoso por su resistencia. Es una pista de tierra, muy pendiente y tiene un surco central ancho y profundo en varios tramos. Me doy cuenta de que hay una tubería enorme (1 metro de diámetro) enterrada en el centro del camino. Además, es muy umbría y los arbustos y los árboles pasan por encima, incluso cuelgan zarzas que tratan de quitarme el sombrero al pasar. No puedo seguir un ritmo constante, el terreno es muy irregular, ahora sólo voy muy concentrado en no caerme. Sigo subiendo y subiendo y subiendo hasta que de improviso llego a la pista del Rayo (990m), siento una inmensa alegría, ¡muy bien, lo he conseguido! Empieza a chispear. Estoy en un cruce de caminos y veo muchos carteles, de madera, con indicaciones de pistas, caminos y lugares cercanos y lejanos. Aquí está todo muy oscuro, muy húmedo, parece que me empiezo a mojar por la lluvia, pero no me acabo de dar cuenta, todavía estoy en una “nube” por haber logrado llegar tan arriba, a ese lugar mítico del que me habló el ex concejal. Me da la impresión de que incluso subiendo en un todo terreno debe ser una experiencia muy fuerte.
Avanzo a la izquierda por la pista hasta encontrar el final del camino Las Rosas (muy cercano). La pista es muy inclinada. Empieza a llover, flojo primero. Menos mal que llevo un chubasquero que tiene capucha. Meto la voluminosa cámara por dentro del chubasquero, me subo bien la cremallera, me coloco ajustadamente la capucha y… me pongo a escuchar música.
Empiezo la inverosímil bajada. En unos pocos metros elijo a la izquierda en una bifurcación. Voy totalmente concentrado en el ritmo y en dónde piso, no quiero resbalar. Voy disfrutando de cada nota de música en medio de la lluvia que va aumentando en intensidad. Veo una casa de madera y cemento a un lado de la pista, pero sin alero ni nada para resguardarme. El chubasquero (Qechua) es bueno, no me calo nada. Pero tengo que ir despacio porque no me puedo permitir el lujo de resbalar en medio de esta cuesta y de esta lluvia que ya corre pista abajo como un río. Chapoteo un poco. La música que estoy escuchando es maravillosa, una buena compilación de folk rock confeccionada por Luis DB (El tiempo de las canciones, Islas de Robinson, Podcast de RNE). Cuando llego a La Rosa (725m) me alivia comprobar que me falta menos de la mitad, me meto al barranco y vuelvo a salir por el camino de Los Garabatos. Cada vez llueve más. Aunque ahora puedo ir un poco más deprisa, hay menos pendiente. Me arrimo a los árboles para que no me caiga tanta agua.
Cuando llego al coche me cuesta encontrar la llave y torpemente, en medio de un buen chaparrón, me meto casi por la ventana. Salvado. Aquí estoy. Evalúo mi estado y me doy cuenta que tengo el pantalón totalmente mojado, el agua resbalando por el chubasquero me ha enchumbado los pantalones. Dentro del coche tengo de todo, me pongo una camiseta seca, un suéter grueso y unos pantalones de algodón, secos también. Ahora sí que me siento como un millón. Entero, sin heridas, sin caídas, con la música estupenda todavía sonando en mis oídos. Repuesto empiezo la bajada en coche, con prevención porque no sé cómo va a responder el coche con tanta agua en estas cuestas, si va a salir volando en una curva. Mis aprensiones son inútiles, el coche se agarra perfectamente.
Después de una excursión como esta, como no engancharse a las excursiones.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
https://drive.google.com/file/d/1X6Zq7Q8wNwETWgAp_ZuFP7knOsCweRfc/view?usp=share_link
Camino Las Crucitas a la pista El Rayo