• Excursión 1144. 21 Septiembre de 2020. Lunes. (Anaga 186ª).
Barranco Tahodio. Canal Catalanes.
Municipio: Santa Cruz de Tenerife.
ENP: Parque Rural de Anaga
De 14.41 a 19.38h. De 14 a 380 a 14m.
Distancia: 12,4km. Duración: 4h 57m
Recorrido muy aventurero por un largo tramo del canal de los Catalanes. Subida por el barranco de Tahodio por la carretera y el salvaje barranco de Valle Luis por un viejo sendero hasta un túnel por el que cruzo de nuevo al barranco de Tahodio, cruzo un valle y por encima de la presa camino hasta un canal (Catalanes) del que recorro todo su tramo por el barranco de Tahodio hasta una loma por la que desciendo hasta la urbanización Anaga
Caluroso y despejado, como me gusta, en Santa Cruz y toda la costa. Salgo de Santa Cruz en la 910 y pronto (14.44h) me estoy bajando por la urbanización Anaga, cerca de la desembocadura del barranco Tahodio. Por el instituto voy a contra corriente de la riada de estudiantes de secundaria que están saliendo cargados de libros, delgados ellos, y delgadas ellas. En grupos, en parejas. Algunos con más suerte se están subiendo en coches. Qué alivio siento de no ser uno de ellos, ya agobiados nada más empezar el curso. Cuanto rebaso a los últimos me siento solo y encerrado por la estrecha carretera entre la valla y el barranco. La subida hasta Valle Luis la hago a ritmo lento, es larga, la conozco bien: el puente de hierro con la tubería, el club de tenis donde no suena ningún raquetazo, el caserío (Cueva Prieta) donde una mujer joven está barriendo, ¿tan pronto?
La cosa mejora notablemente llegar a la entrada al barranco de Valle Luis (170m) y por donde me meto al sendero que empieza frente a un grupo de casas (caserío Valle Luis). Prefiero esta zona más salvaje a la subida por el barranco de Tahodio. Me sorprende ver a un hombre que va cargado de tablones, me adelanta y se mete hacia el cauce ¿vivirá en una cueva? Si no lo parece por sus ropas desparejadas y su aire asilvestrado. Este viejo sendero, apenas utilizado hoy en día, ni siquiera por los senderistas, que prefieren seguir por el barranco de Tahodio, conserva tramos empedrados, ocultos por el rabo de gato, que crece borrando casi la trazada del camino. Cruzo varias veces el cauce rodeado de paredes altas por los dos lados, y cuando se abre el paisaje un poco por la izquierda (degollada ancha) y tras una larga subida recta localizo un canal ancho, roto y seco (400m) y sigo a su lado hacia la izquierda. Pronto llego al túnel (16.07h). Vengo preparado, me pongo el casco. Pintado en la entrada dice que es obligatorio el uso de linternas. Me noto cierta inquietud al penetrar. Siempre me la dan cierta inquietud los túneles, sobre todo los túneles que, como este, no se ve su final desde la entrada. El suelo es muy irregular, el techo más, tengo que ir bajando y subiendo la cabeza para que la luz de mi casco me ilumine el suelo y el techo, además voy encorvado para mayor seguridad, no me gusta golpearme en el techo, ni siquiera llevando el casco. El recorrido tiene varias curvas, la forma interior también me inquieta, preferiría un túnel de forma regular. Sólo me relajo al ver la luz del final y cuando salgo al sol fuerte me siento un campeón (16.13h). Tiene unos 200 metros de longitud y solo he tardado seis minutos, pero ha sido muy intenso. Este era uno de los dos objetivos de la excursión de hoy, el otro es recorrer el canal de Los Catalanes en el tramo por el barranco de Tahodio.
Sigo por dentro del canal, ancho y de paredes altas, con piedras grandes y pequeñas desperdigas en su interior. Después me salgo y voy por encima y después me dirijo campo a través hacia una palmera solitaria por un sendero por momentos confuso y difícil de describir, sin llegar nunca a la palmera el camino me va llevando entre terrazas con vegetación rastrera de cardos hacia la presa de Tahodio. El recorrido desde la salida del túnel es por un valle ancho y amplio, uno de los más grandes de la zona que todavía sigue usándose, no para la agricultura, pero sí para un rebaño de cabras y algunas vacas, como atestiguan sus tremendos excrementos. Paso el embalse por lo alto de la pared de contención, es un camino ancho. El nivel del agua es muy bajo, ni patos hay. Pasado el embalse sigo bajando por un sendero arenoso con vistas a la imponente pared inclinada de contención hasta el Pozo Valle y después por una pista hasta que me salgo de ella por la derecha (16.30h) justo antes de pasar el cauce de dos barranquillos seguidos (sin nombre y Los Pasillos). Ya voy por el canal. Bueno, no por encima, por su izquierda, por un senderillo estrecho suficiente para caminar sin agobios. Este es mi segundo objetivo del día, no las tengo todas conmigo, no sé si será posible, lo intenté desde el otro extremo y sólo pude recorrer una pequeña parte (excursión 971).
No voy a describir el recorrido en detalle sino a grandes trazos, es demasiado repetitivo. El canal al tener que ir siempre a la misma altitud debe ir rodeando el contorno de los pliegues de la ladera del barranco de Tahodio. Con el mismo plan, innumerables veces repetido: salir hacia la esquina externa del pliegue de la ladera e inmediatamente entrar hasta el cauce del siguiente barranquillo y así una y otra vez (unas veinticinco o treinta veces). Más de la mitad del recorrido del canal, la primera parte, está en uso, quiero decir, el canal lleva agua. Y en esta parte hay cables de acero en las partes expuestas a la altura de la cintura para sujetarse, yo no los uso y el senderillo al lado del canal está en buen estado, sin apenas plantas. El tramo, largo, desde que empiezo a ver claramente el pequeño caserío de Valle Luis hasta que lo dejo de ver se me hace eterno, en cada esquina externa tengo la sensación de estar en la misma posición, sin avanzar, siempre hay otro barranquillo más que pasar. Y justo enfrente de Valle Luis está la parte más peligrosa, más expuesta, hay un tramo donde tengo que meterme en una oquedad de la pared, cuando la he visto desde la ladera de enfrente antes de alcanzarla me ha parecido imposible. Las dificultades van creciendo y me resulta de lo más emocionante, no puedo dejar de olvidar que si no puedo completarlo tengo que regresar por donde he venido, cosa que siempre me da cien patadas. Tampoco me dejo de acordar del montón de veces que he pasado por la pista del barranco y he echado vistazos hacia el canal por donde estoy ahora y cuando seguía el trazado del canal, con la vista e incluso con los prismáticos, había muchas partes de su recorrido que no veía. El recorrido hasta el punto donde termina de llevar agua es peligroso, pero con precaución y despacio lo hago bien. Además, yendo despacio se saborea más.
Al llegar a la parte del canal que ya no se usa la cosa empeora notablemente. Incluso hay una zona de vegetación salvaje que cubre el canal y que hay rodear por encima. Pero el hecho de que exista este rodeo es un buen augurio. Sin el tránsito de senderistas o locos, como yo, estaría cerrado por las plantas. Sin pretensiones voy avanzando con muchas más dificultades, hay zonas de vegetación tupida que tengo que atravesar usando mi cuerpo de ariete. Las losas, las placas, que cubren el canal están rotas en grandes extensiones, los cornicales se me enredan en los pies, las tuneras, las tabaibas, los verodes interrumpen el trazado del canal. A veces tengo que bajarme del canal y seguir por la ladera hasta volverlo a tomar, otras veces subo por la ladera rocosa para evitar las zonas más frondosas. Cuando ya me parece que estoy llegando al final se repite la misma escena varias veces: llego a una esquina pensando que el siguiente es el último vallecito que rodear y cuando lo rebaso y alcanzo la siguiente esquina resulta que hay otro valle más que contornear. El esfuerzo acumulado de la luchada con los cornicales, las plantas más peligrosas por sus rejos largos y enredadores, y el ir esquivando las púas de las pencas me va consumiendo, es un desgaste continuo. Cuando miro abajo me resulta de otro mundo el ambiente plácido del ir y venir de las guaguas que usan el gran espacio pasado el instituto para aparcar y descansar los conductores. Y yo de los nervios sin alcanzar el final. Por debajo, unos 20 o 30 metros, va otro canal, más ancho y con mejor sendero al lado. Me gusta cuando reconozco, me acuerdo, de algunas partes que recorrí en la excursión 971, señal de que ya no me falta mucho.
Y llego al final (18.50h), a la Cortadura Chica. Ha sido fantástico, una estupenda aventura, tan emocionante. Supero la cortadura y sigo por terreno rocoso hacia la parte alta de la urbanización Anaga por un viejo camino que va entre algunos eucaliptus y un canal seco. El contraste entre este viejo camino totalmente roto y abandonado y el aspecto nuevo, fresco y lujoso de los chalets de abajo es muy fuerte. Y yo voy saboreando haberlo logrado, haber hecho el recorrido del canal. La parte final es por la vera de la valla de un chalet, el que está más en lo alto. Ya en la calle bajo y por la segunda calle tuerzo a la izquierda hasta que encuentro un tramo de escaleras que baja a la derecha entre edificios. En la siguiente calle vuelvo me echo a la izquierda para seguir bajando al lado de los grandes y modernos edificios que ocupan esta zona antes de llegar a la avenida marítima, donde me rodea el usual anonimato de la ciudad y soy uno más en la guagua al intercambiador. De aventurero intrépido paso a zaparrastroso y cansado senderista desubicado en la urbana ciudad. No me acabo de acostumbrar a este cambio brusco.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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Valle Crispin a Canal Catalanes por el barranco de Tahodio