• Excursión 1524. 26 Octubre de 2023. Jueves.
Los Cazadores. Camino Llano Cho Blas
Municipios: Fasnia
ENP: Parque Natural Corona Forestal
De 10.40 a 19.30h. De 1120 a 1600 a 1520 a 1900 a 60m.
Distancia: 21,2k. Duración: 8h 50m.
Larga excursión en busca de eras por la parte alta del municipio de Fasnia recorriendo viejas zonas agrícolas prácticamente abandonadas por este paisaje árido y agreste en los límites del pinar de la Corona Forestal en un día de brumas y nieblas a ras de suelo
No me encuentro en plena forma física para atreverme con el recorrido extremo por un canal entre el barranco de Los Nateros y el barranco Seco en Santiago del Teide. Así que me voy a concentrar en algo menos demandante psicológicamente y voy a ir a localizar eras en la zona de Los Cazadores en Fasnia. En Los Cazadores (1120m) hay un pequeño edificio y una zona recreativa con árboles y bancos y de ahí sale un pequeño circuito señalizado que lleva por varias eras y con carteles con información. Para acceder hay que ir hasta Fasnia, subir hasta La Zarza, echarse a la izquierda por la carretera y después subir por donde está señalizado. Es una carretera en buen estado. Por esta zona he hecho dos excursiones, una corta (la 386) y otra mediana (la 966) en la que localicé muchas eras. La ladera sube suavemente hacia el pinar del Parque Natural de la Corona Forestal que en Fasnia es muy estrecho. Aunque decir que sube suavemente no quiere decir que sea llana, en absoluto. En la excursión 386 me moví entre los 1110 y los 1250m (hacia el este), en la 966 entre los 1110 y los 1550m (hacia el oeste). Las eras que quiero localizar hoy están en una zona bastante alta, entre los 1500 y los 1700m.
Es la parte de la isla de Tenerife donde hay mayor número de eras, algunas muy bien conservadas. Aquí se cultivó el grano en grandes extensiones. Las eras no suelen ser de gran tamaño, nada que ver con las enormes eras de Guía, Vilaflor o Adeje.
La documentación para esta excursión la había preparado hacía varias semanas, pero cuando la busco no la encuentro, las imprimo de nuevo. En esta documentación tengo identificadas, en un mapa muy detallado (Mapa Topográfico Integrado), unas treinta eras. Identificadas con un número y su altitud con respecto al nivel del mar.
Después de tantas espectaculares excursiones de jueves mis expectativas para hoy son modestas. Lo que me atrae de la excursión de hoy es caminar por sitios poco frecuentados y disponer de mucho tiempo. Algo muy básico.
Tomo la 111 en Santa Cruz (9.30h) y me bajo en la parada de la carretera que va al Puertito (hacia abajo) o a Güímar (hacia arriba). Subo unos dos o tres cientos metros por la carretera hacia Güímar y en la gasolinera Puzol ¡qué importante es saber el nombre! llamo un taxi. Como si fuese un abracadabra la operadora enseguida me entiende y me manda un taxi. Mientras compro el periódico y espero, ya bastante cansado y algo tenso, al sol. El taxi viene pronto. Tengo suerte con el conductor, conoce la zona a donde quiero ir y hace una ruta bastante eficaz, él le llama la Cueva de los Cazadores. No hablamos mucho. Lo suficiente. No parece muy impresionado cuando le digo que en Los Cazadores es donde más eras hay en toda la isla. Son las once menos veinte (29€) cuando me deja en la zona recreativa. Aquí están operarios del Cabildo, en realidad una contrata -Tragsa. Están terminando de desayunar, cada uno a su aire con sus teléfonos móviles. Parece gente educada, aunque a mí no me da ni para saludarles, estoy un poco contrariado y asocial hoy. Enseguida me pongo en marcha con mis dos mochilas, bien cargado. Estos principios son matadores. Bajo por la pista (asfaltada) por donde me ha traído el taxi y en unos 20 metros o así me echo a la izquierda por una pista de tierra. Alrededor hay fincas sin cultivar. Tras medio km paso una pista de cemento acanalado (a la derecha), después descubro una fuente (tiene cartel indicador): Fuente el Río, un agujero a la izquierda de la pista con algo de agua. Me gusta que no esté totalmente seca, aunque no tiene demasiado agua. La pista que voy recorriendo va en ligero sube y baja y tras otros 300 metros desde la fuente llego al borde de un barranco profundo (El Palmero), llego en perpendicular a una pista (1150m). Hacia abajo (hacia la derecha) la pista se llama Tenezo/Tenazo y es de cemento acanalado, hacia arriba (a la izquierda) es el camino del Llano de Cho Blas. Me gusta ver el canal que recorre el barranco. Es el canal Aguas del Sur y lo seguí por ahí en la excursión 1238. Me emociono, por primera vez hoy, cuando recuerdo lo emocionante que fue ir a su lado.
Ahora es cuando tomo conciencia del tiempo que hace hoy: ligeramente nublado y con una brisa muy suave. Me viene muy bien para enfrentarme con la subida que tengo por delante. A ritmo constante, ni rápido, ni lento, empiezo a subir. Al principio el firme es liso y me agarro bien, aunque no tarda mucho en ser algo irregular, con tierra suelta y piedrecitas, de los que se suben mucho mejor que se bajan. Todavía no he conectado con el sitio. Ahora sólo estoy concentrado en subir. No presto atención a los carteles con información sobre las eras. Por aquí no hay pinos ni cubierta ninguna, aunque el sol hoy no es un problema. No dejo de asombrarme de lo poco que me cuesta subir, a ritmo voy muy bien. La pista tiene algunas desviaciones, tanto a la izquierda como a la derecha, y es clara de seguir. Aparcados veo algunos cuatro por cuatro, son de cazadores, el jueves es día de caza, pero ya están por el monte, los coches están vacíos, con sus grandes jaulas metálicas detrás. Cuando llevo unos veinte minutos subiendo me cruzo con uno. Me gustan los sonidos que hace para guiar a sus perros, sólo le saludo moviendo el brazo, no quiero que al pronunciar una palabra se desconcentre. Los sonidos son trozos de palabras, guturales, y silbos y gritos largos, a su alrededor, nerviosos, se mueven los lebreles delgados, algunos de pelo largo, conmigo no se entretienen. Más arriba veo a dos que sí hablan entre ellos mientras con voces más claras dirigen a los perros.
En los 1500m aprox. en una zona más llana por donde un canal se acerca, por la izquierda a la pista, localizo una era a la derecha de la pista. Está cerca de la pista, a unos 20 metros. Me animo un poco al verla, me emociono, sí. Es pequeña, unos ocho metros de diámetro (la puedo medir fácilmente, ahora que estoy escribiendo esta crónica, en el visor Grafcan del Gobierno de Canarias). Está bastante cubierta de plantas, entre ellas destacan los cerrillos finos (una gramínea de unos 40-50 cm de alto, de varas separadas, y pequeños granos en las puntas), le da un aire muy ligero y dinámico, el suelo es de placas anchas y grandes, tiene el muro intacto. Ver la era me empieza a despertar al paisaje, parece que empiezo a sintonizar. Parece que este es el verdadero principio de la excursión. Me anima. Esta era ya la había visto en la excursión 966, y ahora me dirijo hacia la primera, de verdad, nueva para mí. Está a la misma altitud que esta y más allá de lo que, en el mapa, parece un pequeño barranquillo. Campo a través y moviéndome sin cambiar de altitud, no en línea recta, voy atravesando un terreno de vegetación rala y baja hasta que en menos de cinco minutos (unos 200 metros) llego al borde de un barranco (Santo Domingo) mucho más grande de lo que esperaba y lo mejor es lo que hay en la ladera opuesta, son muros de piedra pequeña muy estéticos, altos y regulares formando dos o tres terrazas o caminos con muchas cuevas alineadas en una de las terrazas. En este material de piroclastos, fácil de trabajar y de cierta estabilidad, las cuevas han sido, a través de los siglos, una solución fácil para el almacenamiento e incluso la vivienda. Ahora sí que he despertado del todo. Con cierta dificultad logro encontrar un senderillo que va bajando por la ladera del barranco (unos quince o veinte metros de profundidad), a veces, destrepando y alcanzo el cauce con mucha vegetación, sobre todo escobones bien crecidos, aunque también hay pequeños pinos y almendreros, además de vegetación de porte bajo: tabaibas, verodes, pencas, matorriscos, mosqueras. La bajada ha sido emocionante y no lo es menos la subida, parece existir un sendero, pero frecuentemente interrumpido por escobones secos, que con este ambiente, más bien seco, aguantan decenios antes de deshacerse y escobones altos. Trepo algún muro caído de jable suelto y llego a la terraza, a donde una cueva grande y amplia con un dintel que aprovecha una roca más dura parece darme la bienvenida. Me echo a la derecha para empezar a ir bajando de terraza en terraza por sitios complicados pero posibles luchando con los escobones resecos. Esta bajada está limitada a la izquierda por una pared algo más alta y cuando llego abajo y le puedo dar la vuelta aparezco en una loma ancha de pendiente suave. La atravieso y llego al borde del gran barranco de El Palmero (El Cuchillo). La vista es estupenda hacia arriba. Es bastante vertical por donde confluye otro barranco (Hoyo el Horno), es magnífico. El día está gris, le quita profundidad, así y todo, me impresiona. En la ladera de enfrente veo más terrazas de jable sobre muros en el propio borde y más cuevas. El acceso parece que es por el cauce. Un poco más arriba en la loma debe estar la era que busco, pero antes bajo un poco más hasta un saliente (1496m) con un hito (un cilindro con bandas blancas y azules). Este es un fantástico mirador hacia arriba y hacia abajo del barranco del Palmero. Ya estoy totalmente entonado.
Subo un poco por el centro de la loma por donde hay restos de viejos muros, algo bajos, de terrazas y localizo la era que andaba buscando (1510m, segunda era). Es preciosa, con el suelo de piedras redondeadas, entre las que salen los cerrillos, tan decorativos, también pequeños tajinastes azules, tabaibas y el muro en perfecto estado, aunque un lado está un poco hundido. De unos ocho metros de diámetro también. Ya tengo un plan de como seguir localizando las eras. Ahora subo por el centro de la loma por un viejo camino entre muritos. El cielo cada vez más cubierto y nubes vaporosas de niebla subiendo por las laderas. Parece que voy a tener una excursión de nieblas arrastrándose y oscureciéndome las vistas. Puedo, desde la arista de la loma, ver la ladera contraria del barranco de Santo Domingo, con muchos pinos y almendreros. Tras unos 300 metros de subida llego a un canal seco (1570m) y cubierto de grandes piedras irregulares. Tomo a la derecha y camino, haciendo equilibrios, por encima de las piedras que están bien sujetas y no se mueven. Paso el cauce de un barranco pequeño (Hoya del Horno) y sigo por el canal hasta el centro de la siguiente loma. Las brumas que suben por la ladera se van haciendo más densas. Desde el centro de la loma (1585m) empiezo a subir y en menos de un minuto localizo la siguiente era (1605m, la tercera). Es tan bonita y pequeña como las otras, parece que están hechas por el mismo constructor, de unos ocho metros de diámetro, con cerrillos y otras plantas creciendo entre las piedras del suelo, está desplomada por un lado y con el murito en su sitio. (Desde luego que lo que me gusta de estos sitios son los elementos que quedan de la interacción entre los hombres y la naturaleza. Y por aquí tengo muros de terrazas y eras. Los muros son abundantes, pero en su lucha continua contra la gravedad y la presión de la tierra que sujetan se van desmoronando con los años. Sin embargo, las eras al estar pegadas al suelo y tener un resalte mínimo con respecto al sitio donde están resisten mucho mejor el paso del tiempo. Y tienen una resonancia antrópica (humana) fuerte, aquí se reunían, aquí separaban el grano de la paja, lo empacaban, se podían relajar, los niños se divertían sobre los tablones que los animales giraban entorno al centro de la era. La era es la promesa de la vida.)
Para hacer más variado el recorrido, ahora, y mirando hacia abajo, empiezo a echarme a la derecha, hacia el cauce del barranco Hoya del Horno, no tiene una ladera suave y por donde va una tubería metálica destrepo entre tajinastes azules, tabaibas, escobones y pencas hasta el cauce, lo cruzo y subo a la siguiente loma, sin bajar demasiado de altitud. Atravieso la loma, paso el cauce de un barranquillo y bajo por la siguiente loma por donde hay muchos muros, muy largos y encuentro otra era más (la cuarta, 1565m), parecida a las otras por su tamaño, estado de conservación y belleza. Esta me ha costado más encontrarla, las brumas cada vez son más densas y apenas tengo vistas lejanas del entorno. Bajo por la loma y me encanta ver una magnífica higuera con higos que muestran su interior rojo picoteado y exhalan un aroma intenso. Es una higuera grande, copuda y que ha creado su propio reservorio de humedad en su base, las ramas llegan hasta el suelo que está cubierto de hojas secas. La higuera es un árbol más resistente que los almendreros que necesitan más agua y sólo crecen en o cerca de los cauces de los barranquillos. Desciendo hasta el canal y sigo por él hacia la derecha. Es una zona llana con grandes terrazas. Pegado al canal bajo primero y después por su derecha cuando se eleva sobre un acueducto que paso por su vano. Sigo por la izquierda del canal y enseguida salgo a la pista de tierra (1525m, Pista Llano de Cho Blas).
Aquí, ligeramente elevado y a la derecha, hay un viñedo en producción, con las vidas en líneas y toda la finca rodeada de un alambre fino. Rodeo la finca por la pista que tuerce hacia la derecha y empieza a subir. En un minuto me echo a la derecha, campo a través, hacia el viñedo y encuentro, a unos 40 metros de la pista, otra era (la quinta). Con cerrillos creciendo entre las piedras redondeadas que animan el cielo triste y la bruma con su ligero movimiento. Regreso a la pista y empiezo a subir por ella hacia otras eras que hay más arriba. Esta pista tiene una pendiente más fuerte (30%) que el tramo entre el camino Tenazo y el llano con las vides (20%). Los vehículos pesados que frecuentan la zona han alisado el suelo, pero no eliminado las piedrecitas y la tierra, que son un peligro para bajar, ya veremos después como lo encaro, aunque todavía no tengo ningún plan concreto de por dónde voy a seguir. Subiendo a ritmo no suponen ningún problema. El cielo protector me defiende del calor, la temperatura ha bajado a 23º. Este tramo me cuesta un poco más. En los 1600m y a unos 30 metros a derecha de la pista localizo otra era (la sexta, 1605m) gracias a su gran muro de piedra en forma de corona por su parte de arriba. Una higuera algo seca y unos escobones le dan un aire gótico y extraño cuando le hago una foto hacia el barranco. Después se me pasa la oportunidad y la bruma casi la oculta. Esta era tiene un diámetro parecido, y tiene un firme más artístico, con tiras de piedras formando radios que convergen en su centro. Regreso a la pista y sigo subiendo. Me da la sensación de que cada vez la pendiente es más fuerte, la inclinación no es constante, son como una sucesión de rampas con repechos breves. Y… llego al final de la pista (1725m) que termina en un espacio circular. Subiendo por esta loma o la de al lado, no sé cómo, desde luego que no por una pista, se puede alcanzar otra pista de montaña (en los 1900m). Esa pista de montaña viene de arriba, de la pista general de Arico y es la única pista que no he podido completar de todas las que salen de la pista general de Arico. Lo intenté desde arriba (excursión 1088) pero no me atreví a bajar campo a través. Esto lo tengo presente, aunque no lo tengo como un objetivo para hoy, hoy sólo estoy centrado en el asunto eras.
Me echo a la izquierda en busca de la era y enseguida encuentro hitos, varios hitos, uno va hacia la izquierda llaneando, otro hacia arriba, por donde parece que hay un viejo camino ancho y muy oculto. Sigo el de la izquierda, va llaneando entre terrazas, pasa un barranquillo, más hitos me van llevando y al ver un hito grande entonces empiezo a subir por la ladera, veo un murito (podría ser la era), pero no es un refugio circular, como de un metro y medio de diámetro (encima llevaría un tejado hecho de ramas y hojas). Y unos metros más arriba y delatada por su murito alto localizo otra era (la séptima, 1735m). Está caída por un lado, el suelo es de gruesas piedras, el muro alto, cubierta de plantas, apenas se ve el suelo. Me emociona encontrarla, con la bruma cubriéndolo casi todo se me ha hecho complicado. Bajo hasta el hito grande y sólo por curiosidad sigo hacia la derecha, de momento no vuelvo al final de la pista. A un tramo claro de sendero le sigue una curva que me lleva al cauce de un barranquillo (Pizarro) donde hay un hito azul y blanco de monte público. Paso el cauce. Al otro lado dejo de ver hitos. Si siguiese campo a través a esta misma altitud en unos 600 metros llegaría a otra pista (por cerca de su final), estoy tentado, pero hoy no es el día, ya sin bruma sería bastante difícil, hoy con las nieblas que me impiden vistas lejanas sería muy estresante. Lo dejo. Antes de regresar al cauce bajo un poco y encuentro otra era (la octava, 1700m), esta no la tenía señalizada en los mapas, está en estado muy ruinoso, el muro apenas existe, pero la reconozco, el suelo de grandes piedras y muy cubierta tanto en la superficie de la era como alrededor de escobones recrecidos. Regreso por el mismo sitio hasta el final de la pista.
Ahora podría ir hacia la derecha, a una casa (Cha Dominga) con era, pero la niebla y que tendría que pasar dos barrancos me disuaden. En su lugar trato de localizar otra que está al otro lado del pequeño cauce de un barranquillo. Me echo a la derecha, por aquí veo otro hito de monte público, y subo por una loma ancha y poco afilada por donde voy encontrando hitos, pero no uno, sino varios, separados por tramos rectos de viejos senderos reconocibles, podrían subir hacia la pista de montaña, pero de momento sigue sin ser mi objetivo. Deambulo por la loma, pero no acabo de encontrar la era (ni siquiera ahora que escribo la crónica la puedo distinguir en la orto foto de alta resolución del visor Grafcan del Gobierno de Canarias). Me muevo circularmente por la loma y cuando estoy bajando hacia el final de la pista de repente encuentro hitos, hitos muy cercanos entre sí, muy bien hechos, muy bien posicionados, muy bonitos y agradables de seguir, los sigo hacia abajo y en unos cien metros llego hasta cerca del final de la pista. Estos hitos, a diferencia, de los que he visto por la loma ancha están muy bien distanciados, y de repente se me ocurre que a lo mejor son los que llevan al final de la pista de montaña (la de la excursión 1088). Son las cuatro y cuarto de la tarde, quizás un poco tarde para más aventuras, pero me resulta irresistible, son unos hitos tan bonitos, hay tanto amor en los que los han colocado, que enseguida me decido y empiezo a subir. Por otro lado, por aquí arriba no hay bruma, el sol luce radiante, hace hasta calor. Me puedo ubicar bien de lejos. Atraviesan una zona llana y complicada pero fácil de seguir con ellos y me van llevando hacia arriba. Estoy emocionado. A veces están muy distanciados, me detengo y sólo sigo cuando localizo el siguiente. A veces va por una canal. A veces no. Cerca de la línea del pinar, que está un poco más arriba, atravieso una zona en pendiente suave cubierta de plantas pequeñas en la dirección de un hito alto. Al llegar a este yo pongo dos piedras planas señalando al hito anterior que casi está oculto por un grupito de pinos. Un poco más arriba (1790m) ya llego a los pinos, pequeños por donde empiezo a encontrar un viejísimo sendero surco serpenteante. Maravilloso. Es maravilloso. Lo sigo. En un par de sitios hago tiras en el suelo arrastrando mi zapato, señalándome un cambio de dirección. Y así entre hitos y el surco que sube zigzagueante voy subiendo y subiendo. En una cierta altitud, no sé cuál, donde hay un hito alto y grande ya no veo más hitos hacia arriba. La pendiente es suave, más hacia la derecha que a la izquierda. Algo nervioso, siento que ya debo estar cerca de la pista de montaña, subo un poco, regreso al gran hito, subo otra vez, regreso, y así hasta que me decido a seguir instintivamente, me dejo llevar, sin pensarlo mucho. Subo por la ladera y entonces por encima me parece ver algo que podría ser el talud de una pista (el talud del lado más lejano de la pista) y más nervioso y apurado y atolondrado logro llegar a la pista de montaña (1920m). Es fantástico. Absolutamente fantástico. No me extraña que en la excursión 1088 no me atreviese. Incluso ahora habiéndolo hecho sé claramente cómo regresar. Por un momento se me ocurre la posibilidad de seguir hacia arriba hasta la pista general de Arico y aunque largo no pasaría ningún estrés. Lo descarto. Vuelvo a bajar más o menos por donde he subido, pero, efectivamente, me pierdo, y deambulo de un lado a otro hasta que veo el hito grande, el último. Salvado. A partir de ahí, ya bajo tranquilo por el acogedor sendero serpenteante hasta el final del pinar y después por los hitos hasta el final de la pista (17h).
Ahora tengo por delante una larguísima bajada hasta la autopista. De las que me gustan, especialmente, para rematar una buena excursión, como ha resultado esta, a pesar del mal comienzo y de la niebla. Desde el final de la pista empiezo a bajar y en los tramos más pendientes me salgo de la pista y voy por fuera para evitar resbalarme, hasta que decido bajar en ligera carrera esos tramos malos, muy deprisa, pero sin correr y me paro en los repechos. Me sale bien, sin forzar las rodillas y sin caerme. En el llano con los viñedos la pista tuerce a la izquierda y sigue bajando por una pista con menos pendiente. Al llegar al principio del camino Tenazo (1150) tuerzo a la derecha por la pista, y después de pasar la fuente tuerzo a la izquierda por una pista de cemento acanalado. Sería más recto bajar por la pista Tenazo, pero como ya la he hecho una vez prefiero ir por un sitio nuevo. La pista Tenazo tiene fantásticas vistas sobre el barranco El Palmero, pero hoy con las nieblas y las brumas no se vería nada. La pista por la que bajo va pasando algunas fincas valladas, y viejos terrenos abandonados de cultivo. Ahora voy en estado de gracia y todo me cae bien, sobre todo en bajada. En las proximidades de La Zarza (750m) me echo a la derecha (a la izquierda no tiene salida) en una bifurcación. Y por un tramo muy llano y asfaltado llego a las primeras casas de este pueblo. Lo atravieso por la calle El Calvario y tras cruzar una carretera (TF-532) sigo por otra calle (La Vista). En esta lo que más me llama la atención es una casa en ruinas (630m), está a unos 200 metros de la carretera TF-53230m) en una curva. Las ventanas conservan la rejilla donde iban los cristales, miro adentro, es una gran habitación, en la pared izquierda hay dos grandes pizarras, los restos de dos grandes pizarras, es el antiguo colegio. Cuando me separo un poco y veo su aspecto la reconozco de otros lugares, una muy parecida vi en Arico, cerca de la carretera general del Sur y también en ruinas. No es que sea un cementerio indio donde vagan todavía las almas atormentadas, pero aquí se huele la ilusión y el tedio de los escolares, todos mezclados, hace cuarenta o cincuenta años, cuando la población del lugar se dedicaba mayoritariamente a la agricultura. Tras las últimas casas de La Zarza la carretera asfaltada sigue con vistas a lomas deshabitadas. Es muy entretenido. Al llegar a la carretera general del Sur (400m) como veo en la calle al otro lado un cartel de calle sin salida no continúo bajando. Me echo a la izquierda y sigo a la izquierda. Atravieso el hermoso barranco de La Gambuesa y en menos de cinco minutos tuerzo a la derecha por una calle (Vertedero) por donde he estado viendo que suben y bajan coches. Cuando la calle cruza el cauce del barranco de La Gambuesa me doy cuenta de que podía haber seguido por la calle sin salida. Es sin salida para preservar del tráfico una vieja iglesia de la que sólo queda el cascarón. Poco después tuerzo a la izquierda por una calle rural (Camino de la Iglesia Vieja). En unos cinco minutos tomo a la izquierda (Camino del Bardo Viejo), no a la derecha, aunque ambas dan al mismo sitio: un poco antes de cruzar la autopista. Todavía hay luz cuando cruzo la autopista por un puente y llego a la parada de Titsa (Las Chasneras), una parada en donde no suele bajar nadie ni subirse nadie. La 111, la única que para aquí y pasa cada media hora. Tengo que esperar algo entre 0 y 30 minutos, resulta ser 17, casi la media.
La parada está algo elevada sobre la autopista y su ruido resulta más soportable. Cuando veo que una guagua pone el intermitente y se acerca me da una alegría inmensa. Es algo que sólo se puede sentir cuando te sientes abandonado de todo y vienen a salvarte. La conductora es correcta y me monto en la tercera fila. Enseguida me pongo a escuchar música y disfrutar de que me han venido a rescatar mientras se hace de noche y ya cuando pasamos por Los Moriscos lucen las luces en los chalets estrechos sobre el acantilado, de los que sólo veo los tejados.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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Eras entorno a los 1500 metros de altitud en el camino Llano Cho Blas
Parte intermedia de la excursión