• Excursión 842. 20 Septiembre de 2018. Jueves.
El Portillo. Galería Barranco Vergara. La Guancha
Municipio: La Guancha. Los Realejos.
ENP: Parque Nacional del Teide. Parque Natural Corona Forestal.
De 10.35 a 19.05h. De 2045 a 2132 a 485m.
Distancia: 23,8km. Duración: 8h 30m.
Gran travesía por el norte de la isla. Desde el Portillo recorro varios senderos del parque nacional entre cañadas y densos retamares. En el extremo de la pared de La Fortaleza desciendo por el enorme pinar que se extiende por varios municipios. Visita a la galería Barranco de Vergara, una de las más caudalosas de la isla. Larga bajada por el pinar, zonas agrícolas y zonas rurales hasta el pueblo de La Guancha
En menos tiempo del esperado (20’) llego a La Orotava y dejo el coche en el aparcamiento. Otras veces lo he dejado por fuera, pero el estrés extra de buscar sitio e inquietarme, durante la excursión, por mi coche hacen que merezca la pena pagar (unos 12 euros); esto es empezar bien la excursión. En La Orotava está nublado. Me compro el periódico en el estanco de la estación, el empleado es muy profesional, cuando le pido una hoja de papel, se desvive por conseguírmela, e incluso deja desatendido el puesto porque se va a una habitación interior y tengo la sensación de que es así con todo el mundo, yo, tengo que ser una cara conocida, pero nunca me he significado para él. Esto también es empezar bien la excursión. No tengo que esperar mucho a la 948 que viene muy llena de turistas, me voy al fondo y la verdad es que no me entero del viaje, voy absorto leyendo el periódico. En el Portillo (10.34h, 2038m) está despejado, y con sensación de fresco, pero cuando consulto mi reloj marca 28º. Tengo la sensación siempre de que va a hacer frío aquí en el Portillo.
Subo un poco por la carretera y me meto hacia la oficina de turismo del Teide que es por dónde empieza el sendero número 1, el que voy a seguir un buen rato. En algún momento al planear esta excursión parecía que esta parte iba a ser muy trillada y conocida, con pocos alicientes, pero al recorrerla me doy cuenta de que la conozco poco, porque las sucesivas cañadas que voy recorriendo y las ligeras subidas y bajadas no me resultan familiares, apenas puedo anticipar casi nada. Además, el día está totalmente despejado y la visión del Teide, inmenso, es algo que me gusta todo el rato. En un panel, del que no me acordaba, debe ser reciente, vienen explicadas las diferentes partes que constituyen el gran cono y al leerlas puedo apreciarlas mejor, e imaginar cómo se fueron sucediendo. Los colores son tan vívidos, los marrones claros, los verdes, los pardos, los negruzcos. Y siempre me parece tan nuevo, tan recién hecho. Así que mi expectativa no podía ser más errónea. Las retamas dominan la vegetación baja, y los rosalitos tienen un aspecto frágil y mortecino con sus flores secas, muy secas y disolviéndose, así como la yerba pajonera, muy pálida. El aspecto de las retamas es muy uniforme con ramas finas alargadas, y su aire de fortaleza separada del terreno, en cambio los rosalitos y la yerba pajonera se confunden con el terreno, con su color. Y en las piedras volcánicas se ven desde el beis hasta el marrón oscuro, con ese punto agreste con tantas aristas y filos. En las pequeñas cañadas la arena clara hace cómodo el caminar, como en general lo es en todo este sendero, que es muy regular y llano. No hace viento, la temperatura es de las que no se notan.
Tras una hora (11.31h, 2070m) tuerzo a la izquierda por el sendero 22 (PR TF41). En el recorrido del sendero 1 el Teide queda a la izquierda y sólo en algunos tramos te diriges hacia él, pero el sendero 22 va hacia el Teide. Con una suave subida y un firme no tan regular, el camino se hace algo incómodo, sobre todo al atravesar dos grandes cañadas (vaguadas), a las que hay bajar y después remontar. La vegetación es más densa, hay más retamas. Y la sensación de ir acercándome al Teide es estupenda, y aunque no lo puedo ir mirando todo el rato, el firme complicado me hace fijarme más en el suelo que en el cielo, cuando, de vez en cuando, le echo un vistazo, la ilusión óptica de que crece es fantástica. Voy hacia la ladera y el Teide cada vez está más alto sobre mí, el Teide flanqueado por la Montaña Blanca, a la izquierda y tan blanca, y el Pico Cabras, a la derecha, tan afilado. El sendero número 1 lo podía más o menos conocer, pero este sendero 22 es la primera vez que lo recorro y realmente me está sorprendiendo. También es nueva la perspectiva que tengo de la gran muralla que es la Fortaleza, en perpendicular a mí. Al ir elevándome la veo de una manera más distintiva, más definida, y distingo bien sus columnas marrones que son de lo que está hecho todo su frente. Este es un camino muy entretenido, se suponía que iba a ser de subida constante pero casi todo el ascenso se concentra en su tramo final.
Tras una media hora de camino por el sendero 22, tuerzo a la derecha por el sendero 33 (12.07h, 2145m) y empiezo a bajar en dirección al extremo de La Fortaleza, es lo que tiene este paisaje, sus elementos más importantes se ven a gran distancia. Este sendero parece mucho menos transitado que los otros (el 22 sube hacia Montaña Blanca), es mucho más irregular el firme, con más sube y baja, la vegetación es muchísimo más densa, con más retamas y más grandes. Atravieso una cañada grande de arena blanca y hay que dar un gran rodeo, hacia la izquierda, para evitar un gran cráter (Montaña Negra), que es un punto de referencia en este sendero. Además de retamas, también hay mucho rosalito y yerba pajonera. Sigue sin hacer viento y la temperatura va subiendo, pero ahora, en bajada, lo llevo bien. Ya la visión del Teide no es lo que domina el paisaje sino la de la Fortaleza y la Montaña Negra, que, de entrada, veo tan lejana, pero a la que sé que me tengo que acercar y superar, aunque todavía no sé por dónde. Se me hace largo, sobre todo cerca del final cuando tengo que atravesar varias lenguas de lava, que son muy complicadas de negociar y, también, muy interesantes, es un paisaje tan lleno, las plantas se acumulan en los espacios bajos entre las lenguas, y las crestas son de roca áspera y marrón oscuro. Ni idea de por dónde va el sendero, de lejos no lo veo, es una sorpresa continua. Pensaba en hacer el tramo hasta La Fortaleza en media hora, pero tardo más del doble en llegar al extremo de La Fortaleza (13.20h, 2020m). Me paro a comer en esta esquina y aquí los lagartos deben estar muy acostumbrados a la comida de los excursionistas, me resultan agresivos en cómo se me acercan, se me suben por los zapatos y se arremolinan en espera de comida. Cuando ya estoy terminando les empiezo a echar pequeños trozos de miga de pan, y veo cómo se lanzan a lo loco, y no siempre se los lleva el más grande, los trocitos de bizcocho no son tan fáciles de distinguir, pero terminan con todos. Es una esquina estupenda para comer con la vista del Teide enmarcada por unos bonitos carteles nuevos metálicos. Casi parece que estoy en una expedición del National Geographic. Una pareja viene y se pone cerca a mirar hacia el norte, hacia el pinar de Icod, pero más allá de un hola, ni nos hablamos, ni nos despedimos. Es una antipatía instantánea y mutua.
Lleno de Teide y descansado sigo mi camino (14.04h). Después de haber hecho parte del sendero 22 y el 33 ahora mi objetivo es ir a la galería de Vergara, de la que me hablaron en Redondo (excursión 251), también un hombre que me llevó de Tejina a Icod (excursión 773), y de la que estuve muy cerca, sin saberlo, en otra ocasión (excursión 770). Al principio la pista está llena de piedras y tengo que ir muy concentrado, más abajo entre la pinocha y que se hace más ancha y regular la cosa se hace más sencilla. Estoy ya dentro de un pinar, con pinos jóvenes, de repoblación y con algo de sombra. Cuesta abajo con más o menos inclinación y se me hace corto el camino hasta la torre de incendios de San Juan de la Rambla. Investigo durante un rato la posibilidad de subirme a la torre. Han puesto una verja metálica soldada a la barandilla, pero la soldadura no me ofrece garantías de que vaya a resistir, y es que hay que encaramarse a ella y subir por la verja. No quiero herirme aquí, tan lejos de todo. Sigo por la pista (El Bujero/Vergara) hacia la izquierda, y paso un sendero, que baja a la derecha, y que ya hice en otra excursión (la 770), alguien le ha quitado las piedras señalizadoras (hitos), hoy prefiero ir por otro sendero que hay más allá, a unos setecientos metros (10 minutos) de la torre de incendios. Cuando llego al sendero (1650m, a la derecha) bajo por él, no es que esté muy claro pero lo suficiente, va entre escobones de unos dos metros de alto que invaden el camino a la altura de mi cabeza, y tiene tramos pedregosos, otros, además, con pinocha, y va más a la sombra que al sol. En algunos momentos algo confuso, pero lo sigo instintivamente encontrándolo incluso en los giros para evitar algún barranquillo, y es que en estos momentos voy en trance, en varios sentidos: por lograr seguir el sendero, por no perderme, por no tener que volver, por la alegría de lograrlo, por el entorno tan inhumano, y cuando llego a una pista y miro el reloj sólo han pasado quince minutos (15.15h, 1500m).
Es la pista Galería Fuente Pedro. Sigo por ella a la izquierda y pronto confluyo con una pista más ancha (15.24h, 1460m, Pista Galería Vergara/El Agujero). Voy cada vez más emocionado, ya siento que estoy muy cerca de la galería. El día está alegre. En una bifurcación sigo a la derecha y tras una curva ya llego a la galería (15.28h, 1460m). Es un espacio amplio rodeado por paredes verticales. Me acerco a la bocamina, bien señalizada (Galería Barranco de Vergara 1) de la que salen unos railes y veo algunas tapas metálicas en el suelo. Sigo y giro un poco y veo algunas casetas de muy buen aspecto y a los pies de una escalera grande de piedra empieza una polifonía de ladridos y se me acercan dos perros. Me quedo quieto parado. En lo alto aparece un hombre que tranquiliza a los perros y me dice que hay que hablarles a los perros. Suben y se retiran. El hombre en lo alto me recibe sonriente y me da la mano y se presenta (Pepe ¿Agüimes?). Está comiendo pollo con otro hombre en una mesa grande y tienen vino y papas fritas. Me ofrecen comer y beber, yo rehuso. Acabo de comer y de alcohol, nada. Me da agua en un vaso. Es un hombre muy agradable, de unos sesenta años, viene por las mañanas a mantener las instalaciones, hoy ha estado de cacería con su amigo por la pista del Agujero. Enseguida le pido que me enseñe el agua y él muy rápido se viene conmigo. Cerca de la bocamina abre una tapa metálica, cerrada con llave, y entonces veo dos tuberías muy anchas que descargan sendos chorros que confluyen en una gran corriente de agua y me da el dato: 1800 pipas a la hora (unos 90.000 litros de agua a la hora, unos 1500 litros por segundo, sólo por explicármelo mejor calculo lo que contiene un cubo de un metro de lado: contiene 1000 litros, es decir cada segundo sale un cubo y medio de un metro de lado). Estoy maravillado, de ver este milagro, de este torrente de agua que sale de la montaña. Me anima a hacerle una foto, cosa que no pensaba hacer. Me dice que son los Acevedo los dueños mayoritarios de esta galería y que pueden estar ganando de 10 a 15.000 euros al día. Me acerca a la entrada y me señala un plástico que hay colgado del techo, ahora está hacia afuera y me dice que eso es mala señal, indica que salen gases tóxicos y mucha humedad, que cuando está así no conviene entrar, ni con careta, que en otras ocasiones está hacia adentro y que se puede entrar cuando no hay corriente o está hacia adentro. El agua trae flúor diluido, se lo tienen que quitar para poder emplearlo en la agricultura o para beber. Me habla de los grupos numerosos de gente que viene a ver la galería y cuando le digo que soy de Tacoronte, me dice que antes solía venir una pareja de Mesa del Mar. Es un verdadero anfitrión. Y todavía cuando me estoy marchando me dice cómo llegar a otra galería y el camino para bajar hacia el aula de la naturaleza de La Arena. Muchas gracias, Pepe. Las casetas están recién pintadas y tiene también viñedos, y naranjos. Un lugar de ensueño en la montaña. En invierno me dice que hace mucho frío y que puede llegar la nieve.
Sigo mi camino bajando por una pista y a unos 200 metros me desvío a la izquierda y me subo a un canal de cemento muy sólido. El canal va rodeando las lomas por dentro del pinar. Las indicaciones de Pepe han sido muy precisas. Me gusta ir por medio de este pinar, por esta autopista que lo recorre con seguridad. Unos cinco minutos largos (500 metros) y llego a una galería abandonada precedida de un incongruente puente metálico sobre una pista. Es la galería de Las Nieves, que tiene un edificio grande donde veo dentro las marcas en donde se apoyaba un gran motor. La entrada a la galería está tapiada y no tiene ningún cartel informativo. De detrás de la casa surge un sendero que va hacia Pico Cabras (es el camino más directo según Pepe). Pero ese sendero no es para hacerlo hoy. Tras deambular un rato por aquí, empiezo a bajar (16.24h) por una pista. La pista es muy revirada y debe estar muy poco transitada, está muy cubierta de piñas secas y pinocha. No encuentro ningún atajo, ni siquera en las curvas pronunciadas, va bajando grandes desniveles, y tengo una sensación creciente de agobio, todavía me queda muchísimo para llegar a La Guancha y además quiero usar un recorrido que me ha explicado Pepe para ir desde La Arena a La Guancha. Y aunque sé que me falta mucho tampoco me quiero agobiar ni darme prisa. Un poco antes de llegar a la ZR de La Arena (aula de la naturaleza) localizo el pino “El Ventilador” (1270m), tiene ramas como aspas y no es muy grande. El pino está indicado en el mapa de Grafcan. Y casi inmediatamente llego al aula de la naturaleza que hoy está desierta (17.25h).
De la ZR tomo por una pista con barrera que baja muy recta (Pista de la Galería Barranco de Vergara/Lomo Colorado). Es muy ancha y lisa y al lado de ella va un canal de cemento, no muy ancho, que a veces va a la izquierda y otras a la derecha. Hasta que llego a una curva pronunciada a la izquierda. A la derecha hay una caseta (1180m) y un cartel que advierte de que el suelo se puede hundir, en tres idiomas. Y ahora siguiendo por la pista llego a un lugar fascinante, la curva a izquierdas tiene grandes pinos al empezar, después baja hacia una depresión donde hay un gran hueco bajo una pared alta de tierra roja. Me acerco al hueco, es la entrada a la galería Lomo Colorado (1165m), pero es muy amenazante esta entrada, la pared por encima tiene una inclinación notable e inversa, y al mirar a este gran dintel veo que es de tierra compactada, es decir, peligro constante de caída de piedras. Me alejo pasando lejos de la gran pared de tierra rojiza. Poco después saludo a dos cazadores que suben con sus escopetas bajo el brazo y varios perros. Al llegar al final de esta pista, cerrada con barrera, confluyo con una pista ancha (la BC 1/Hoya del Burrero). Y a partir de aquí como no coincide la siguiente desviación (la primera) con lo que tengo en el mapa ya sólo sigo mi instinto para continuar bajando y bajando y bajando, sólo apunto hacia donde tuerzo en cada bifurcación/desvío; en la primera: a la derecha, en la segunda: a la izquierda, en la tercera: a la derecha, en la cuarta: a la derecha y en la quinta cruzo una carretera (735m) y sigo por un sendero (unos dos kilómetros desde la barrera hasta el sendero). Se me hace más que largo todo este tránsito, en el que me empieza a doler la espalda, pinchazos a la derecha, por encima de la cadera, afortunadamente se me pasan cuando me paro a quitarme unas piedrecitas que se me ha metido en el zapato, un descansito de medio minuto me basta. Los problemas siguen, el altímetro se ha quedado parado en una altitud y cada vez que lo miro estoy a la misma altura sobre el nivel del mar. Con eso pierdo una referencia súper importante. Hay una gran recta en constante bajada (Pista Piedra Marqués), muy oscura por los pinos altos, que se me hace eterna. Sólo mejora mi ánimo cuando llego a una carretera (735m, la TF-344, este dato lo sé más tarde), me echo a la derecha y en unos pocos metros me meto a la izquierda por un sendero que baja con bastante desnivel. Ya he bajado dos veces desde lo alto hacia La Guancha y no me acuerdo de haber pasado por ninguna de estas pistas. Tampoco me dan ganas en este trayecto de pedir ayuda a una pareja que pasa en un coche utilitario, ella con cara de muy aburrida, y que vuelvo a ver en la carretera, dónde él, muy alegre, sí me saluda.
En la bajada por el sendero ya me vuelvo a entonar al sentir claramente que voy por buen camino. Es un sendero antiguo, irregular, y con mucha piedra. Después de unos diez minutos largos de bajada (750 metros) confluyo con un sendero (por el que bajé desde la ZR de El Lagar -excursión 713) y en 50 metros más llego a la Cruz del Brezo (18.51h, 600m). En la Cruz del Brezo tuerzo a la derecha, ya entre las primeras casas de un caserío (El Farrobo), donde veo un grupo de hombres hablando, a los que sí saludo y ya cuesta abajo llego a La Guancha y a la parada de guaguas (19.06h, 488m, parada 4506). Me siento como un superviviente, y los hombres que veo pasar me parecen tan aburridos, tan sin sentido, ¿cómo es que no están por el monte triscando? Un hombre mayor tarda más de cinco minutos en aparcar un cochecito y todavía al bajar lo mira, no acaba de estar satisfecho. La tarde está gris aquí. Me voy reponiendo de mis dolores y no tarda mucho la 354 (19.26h). Me bajo en el Realejo Alto (19.50h) al principio de la calle Antonio González y cuando me entero de los horarios de la guagua de conexión con La Orotava llamo a un taxi. Durante el trayecto el taxista abre mi ventanilla, que yo he cerrado previamente (soy un fanático anti corriente), y cuando le pregunto que por qué la ha cerrado no sabe qué decirme. La vuelvo a cerrar. Más tarde pienso que debe ser porque huelo a sudar rancio por la tremenda excursión de hoy. Me lleva como una exhalación al aparcamiento de La Orotava (12,10 euros) y es ya de noche cuando me subo a mi coche (12.7€, 20.20h).
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
El Portillo a ZR Barranco La Arena
Barranco La Arena a La Guancha