• Excursión 429. 5 Abril de 2016. Martes.
Icor. Barranco de Icor. Arico el Nuevo.
Municipio: Arico
De 16.45 a 19.15h. De 325 a 450 a 325m.
(a) Icor. Distancia: 3,8km.
(b) Arico el Nuevo. Distancia: 1,2km.
Distancia: 5,1km. Duración: 2h 30m.
Visita al hermoso y pequeño pueblo de Icor, declarado bien de interés cultural, con casas restauradas y otras en ruinas. Después recorrido por el cauce del barranco de Icor hasta un gran salto. Y, por último, corta visita a Arico el Nuevo, con muchas casonas antiguas de los siglos XVII y XVIII
Tarde soleada con rachas de nubes.
Con curiosidad por lo que había leído en el libro sobre arquitectura popular canaria de los Rincones del Atlántico llego al caserío de Icor. Es un grupo de diez o doce casas en una loma que se ven muy bien en conjunto. Se accede por la antigua carretera del sur después de haber subido (unos 6 km) por la TF-622 que sale en el km 35,5 de la autopista. Parece que en algún momento el pueblo fue abandonado. Recientemente las casas se han empezado a renovar manteniendo su estilo tradicional (Icor está declarado BIC -bien de interés cultural). Y aunque ahora las casas se han restaurado no noto que viva nadie aquí, sólo perros en patios me ladran cuando me huelen o me ven metiéndome por los patios curioseando. Me gustan mucho los balcones de madera y me puedo colar en una casa con patio en proceso de destrucción pero que todavía conserva los techos y todos sus enseres dentro (camas, colchones, aparadores, mesas, incluso interruptores de luz en las paredes). Es casi de película de miedo penetrar en estos espacios y poder sentir la presencia de sus antiguos moradores, aunque cuando traspaso el umbral de una habitación con una cama desvencijada y gran oscuridad me tengo que salir casi rebotado porque siento un polvo denso en la garganta que debe ser la cal de la pintura o los techos que se están desintegrando. Tiene varias habitaciones, todas abiertas y un balcón grande achaparrado de madera al que se llega por una escalera, también de madera y puedo ver la puerta de la calle desde dentro. Al salir me voy hacia el barranco (Icor) para ver un par de terrazas llanas que antiguamente estuvieron sembrados y que hoy sólo tienen yerbas amarillentas y alguna col que crece salvaje. El barranco es grande y veo una cueva cerrada con un muro de piedras y una puerta. Después merodeo por el pueblo y veo otras dos cuevas en un agujero grande excavado en la piedra. El agujero está totalmente invadido de vinagreras, pero las cuevas todavía conservan las puertas con sus candados cerrados y también está cerrada la puerta de acceso al agujero.
Recorro todo el caserío y me llama la atención el empedrado que hay delante de una casa, está hecho con cayados de playa y forman un dibujo como de un corazón. El pueblo es fascinante, tiene una presencia muy fuerte en medio de barrancos resecos donde apenas hay construcciones, lo cual se intensifica con el sol intenso, al mismo tiempo, también parece un pueblo petrificado en el tiempo. Cerca, en una pequeña finca agrícola, dos hombres trajinan lentamente con voces tranquilas, pero en el pueblo en sí sólo los perros están vivos. Uno es un perrillo blanco que está muy aburrido. Los otros dos son dos perros cazadores muy flacos en una jaula grande de malla metálica. Algunos muros hechos de esa piedra blanca blanda se han caído y se puede escalar y pasar por ellos hacia el barranco.
De Icor me voy por la carretera y hacia la derecha al cercano barranco de Icor. En la carretera apenas pasan vehículos, algunos ciclistas, también motoristas, coches de vez en cuando y una guagua verde de Titsa. Bajo hasta el fondo arenoso del barranco y decidí explorarlo hacia arriba. El fondo es llano y de arena con mucha vegetación, sobre todo balos. A medida que voy subiendo las paredes basálticas son más altas y tienen tramos con piroclastos erosionados que forman pequeñas cuevas en las alturas. La pared está compuesta de estratos de coladas basálticas formando capas y algunos conjuntos basálticos verticales cerca del borde superior. Por la forma de la arena en el cauce, formando corrientes, ha tenido que pasar mucha agua recientemente. En el cauce hay piedras de dimensiones extraordinarias, del tamaño de furgonetas ¿De dónde vendrán estas inmensas moles, macizas de muchas toneladas de peso? El barranco tiene un recorrido sinuoso con amplias curvas y paredes más verticales y desnudas dónde golpea la, muy intermitente, corriente del agua. Más arriba oigo un zumbido, es un pozo de extracción de agua (Pozo Asañaa/Azañada, de 380 metros de profundidad) en el fondo del barranco. Tuberías de agua suben por los dos lados del barranco con el agua que salen del fondo, unos manómetros señalan la presión del agua. Sigo subiendo después de ver un ejemplar de tajinaste azul muy decorativo. No tengo una idea clara de cuando parar simplemente sigo subiendo por el fondo arenoso que sólo tiene pequeños saltos muy de vez en cuando que salvo sin problemas. Uno un poco más grande justo antes del pozo me ha recordado a uno en el del barranco de Erques (el que no pude salvar en la excursión 346). El barranco sigue igual de amplio hasta que llego (410m) a un salto muy alto, imposible de subir. El salto está en un estrechamiento del barranco y la caída forma un semi círculo de piedra pulida entre paredes muy estrechas. Regreso por el cauce.
Cuando llego al pozo, me salgo del barranco por la derecha por una pista de tierra muy empinada con señales de marcas de coches (me imagino los que bajan a mantener el pozo) que va por una zona de piedra blanca muy pequeña y apelmazada (piroclastos) que ha sido excavada para hacer la pista. En la subida en un apartadero hay buenas vistas de la parte de arriba del barranco. También en la pista de subida hay una cueva de grandes dimensiones excavada con precisión matemática (un cubo perfecto) en la pared de piroclastos, está completamente vacía. Ya fuera del barranco doy a una carretera asfaltada que baja muy derechita hacia Icor. Los cerrillos blancos forman un borde perfecto en el extremo del asfalto. El tiempo ha sido de claros y nubes y ahora bajando unos rayos de sol iluminan Icor. Más allá y cerca del mar largas filas de molinos de viento giran desacompasadamente sus inmensas aspas. La carretera de bajada, recta como un cuchillo, señala al pueblo que parece más pequeño y perdido entre los barrancos y el color parduzco de las lomas de los alrededores.
Me monto en el coche y me voy hasta Arico el Nuevo que me han dicho que es el que tiene más casas antiguas de los tres Aricos (El Nuevo, El Viejo y La Villa).
La carretera muy serpenteante apenas tiene construcciones en los márgenes y pasa por muchos barrancos con puentes muy estrechos dónde hay carteles que indican la preferencia (del que viene o del que va). Después de 7 km y medio llego a Arico el Nuevo después de pasar por Arico el Viejo. Aparco a la entrada en la calle principal y nada más bajarme del coche percibo lo especial de este pueblo con sus mansiones del siglo XVII que me recuerdan por momentos a las casas de La Laguna, no tan grandes. El pueblo está asentado en una loma y la calle con ligera bajada la va siguiendo hasta una plaza donde al llegar escucho cánticos religiosos. En una pequeña iglesia en una placita con grandes árboles están celebrando una misa de difuntos (mucha gente que no cabe en la iglesia mira hacia adentro, todos están muy callados). Es un ambiente severo y sólo un niño que va con su padre (me imagino) habla alto. Sigo una calle de la que sale un sendero que va a la Villa de Arico un pequeño tramo, regreso y sigo bajando por la calle principal hasta encontrarme con un campo de futbol al lado de una casona aislada, casa sin apenas decoraciones en la fachada y de dos plantas. En este pequeño recorrido por Arico no he podido disfrutar de la belleza de las casas, se ha nublado y se han apagado los colores vivos de las casas. He recorrido el pueblo escuchando la música de la película “La Vida de Pi” de Mychael Danna que tiene sobre todo música étnica de la India y que le ha dado un toque exótico a Arico y me he podido imaginar el pasado de ricos terratenientes con contacto con América de los dueños de las mansiones.
Regreso en coche por la TF-625 que baja desde Arico el Viejo hasta cerca del Porís de Abona.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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Icor y Barranco de Icor