• Excursión 1089. 1 Junio de 2020. Lunes. (Anaga 179ª).
Lomo Las Casillas. Gollada Los Jorneros.
Municipio: Santa Cruz de Tenerife.
ENP: Parque Rural de Anaga
De 15.08 a 17.51h. De 440 a 624 a 547 a 677 a 440m.
Distancia: 5,3km. Duración: 2h 43m.
Recorrido complicado de una arista montañosa por tres picos hasta un sendero plagado de garrapatas.
Hoy tengo dos claros objetivos, uno es recorrer una cresta de picos entre el Pico de Mohines situado por encima del Lomo de Las Casillas y la entrada a una finca (Los Lirios/Ascanio) y el otro es recorrer un sendero hasta la gollada de Los Jorneros.
Salgo de Santa Cruz en la 912 (14.45h) para ir al Lomo de Las Casillas. Pocos pasajeros en esta guagua que se toma por fuera de la estación, cerca de la parada del tranvía. El recorrido urbano es corto, interesante e intenso, cruza las ramblas por el parque García Sanabria y sube, después, por las curvas de la zona rica de Ifara y después de la parada del Barrio Nuevo por la larga recta con vistas al embalse vacío hasta la gollada del Lomo de Las Casillas. El día está nublado, aunque cálido y agradable, sin viento. Lleva poco llegar aquí (unos 20 minutos) y me bajo en la última parada.
Cruzo la carretera y me meto por este caserío que se arracima entorno a la arista de una loma por la calle Ventura García. Tras unos dos minutos sigo recto subiendo por tramos de escaleras, podría seguir por la calle que describe una gran curva después, pero yo prefiero las escaleras. Al final del barrio hay un taller abarrotado de coches, hoy menos que en otras ocasiones, pero así y todo tengo que negociar mi paso entre ellos para tomar el sendero, poco claro al principio. Subo por el sendero que se va haciendo más complicaso a medida que avanzo hasta llegar a la torre de electricidad. El recorrido hasta la torre es uno en el que hay que tener paciencia, surgen alternativas más largas cada poco. Cerca del pico destacan los bejeques en flor, con sus inflorescencias blancas, casi tan grandes como los tallos de las plantas. Rodeo la torre por la izquierda donde hay restos de vallados y de terrazas y me parece vislumbrar que termina una pista y llego a lo alto de la montaña (Pico Mohines, 612m). La vista, algo matizada por las nubes grises bajas, es espectacular hacia el barranco de Tahodio y… a todos los lados, es una vista de 360º, desde donde puedo ver también gran parte de Santa Cruz. Pero lo que a mí más me importa hoy son los picos de la cresta hacia la izquierda.
Son tres los picos y no están alineados (Pico Azul, El Camelo y Cueva Jurada). Para ir de un pico a otro hay que hay que bajar, primero, y subir, después. No tengo ni idea de si será posible o no, no sé a lo que me enfrento. Por la orografía del terreno parece que tendré que ir por la parte izquierda de la cresta, a la derecha, hacia Tahodio, las pendientes son más fuertes. La bajada hacia el primer “valle” (584m) es cómoda y clara, en la parte más baja descubro alambre de espino, poca cosa, pero ahí está para dar la lata si te descuidas. Voy subiendo hacia el primer pico entre pencas y plantas que, aunque menos agresivas me lo ponen complicado, pero ahí sigo y echándome hacia la izquierda, y logro llegar a lo alto del primer pico (Azul, 614m). Estupendo. La cumbre es llana y puedo atisbar la siguiente. Ahora la cresta vira hacia la derecha y la bajada no tiene tanto desnivel, como antes, hasta el segundo “valle”. Las rocas van cambiando de colores: grises, pardas, rojizas y también sus texturas. Además de pencas tengo que sortear piteras (las más peligrosas), inciensos, y malpicas. Los bejeques en flor no son ningún problema, como tampoco las vinagreras y las pelotillas. Los cerrajones ya no están en flor, tienen las varas grises por el suelo. Voy descubriendo un paso entre las plantas y las rocas, pero no me subo a lo alto del segundo pico (El Camelo, 624m; en el mapa de IGN este es el pico Azul). No me faltan las vistas fantásticas en ningún momento.
La distancia al siguiente pico es tan corta como la anterior y la bajada (y posterior subida) menos pronunciadas, pero el lío de avanzar es igual de complicado. Y con cada poco que avanzo me da más moral para creer que es posible. Cuando llego al tercer pico (Cueva Jurada, 599m) parece por lo que veo: una bajada continuada hacia la puerta de la finca Ascanio (Los Lirios) que lo puedo conseguir. Ahora tengo que destrepar usando manos y pies para ir descolgándome entre las rocas. Ahora sí que hay una bajada de mucha pendiente y me encanta, es muy entretenida y cuanto más logro bajarla más contento voy. Tras un descenso de unos 40 metros de desnivel viene una parte más llana y después rodeo por la izquierda la cresta final antes de llegar por una zona de peor aspecto, no tan virginal de vegetación como las otras crestas hasta que llego a la puerta de la finca (16.33h, Los Lirios).
Fantástico. Lo he conseguido. Me ha llevado como una hora y cuarto la travesía por las crestas y ha sido de lo más emocionante. Mentalmente empato con las otras excursiones en que he recorrido las otras crestas sobre Los Campitos (1028 y 1043). Avanzo un poco y llego a un cruce de pistas. Tomo por la pista de la derecha que va en ligera subida entre la cresta (a la derecha) y el cauce de un pequeño barranco (Valle Hilario). Me adelanta un furgón y guíandolo, delante, va un hombre con cara de preocupado con un mono blanco fino, como de papel. A los 200 metros encuentro el sendero a la izquierda (en subida). Es un sendero entre hinojos bastante secos y altos que ocupan toda una ladera con gran densidad, lo podríamos llamar un hinojal. Y en cuanto me he metido unos metros ya veo una garrapata que se me ha subido y va por la pernera, la quito, dándole una tobita, un golpecito. Todavía pasa un poco hasta que vuelvo a ver otra, también por la pantorrilla, la veo perfectamente y eso que hoy llevo unos pantalones negros. Empiezo a ir más deprisa.
El camino no es complicado, aunque no del todo claro y a veces tiene ramales. Lo siguiente es… tres garrapatas subiendoseme. Las quito. Sigo. No sé porque, quizás por mi manía de contarlo todo, el caso es que me pongo a contarlas cuando ya pasan de diez. Tampoco sé porqué (qué insensato soy) no decido dar la vuelta, quizás que piense que lo peor ya ha pasado. Pero que va. En cualquier yo sigo hacia arriba entre los hinojos secos por los que me voy rozando continuamente y ahí, agazapadas, están ellas y se me suben y se me suben. Cada poco me paro a mirar y siempre tengo, a veces por los muslos y me produce una sensación extraña ver cómo se paran y se pegan a mi pantalón cuando acerco la mano para quitarlas. Parece que saben lo que viene y quieren presentar un perfil bajo. No sé cómo (he debido olvidar las partes más angustiosas) consigo llegar al final del sendero (unos 500 metros, 17.16h) con mucha curva en el último tramo.
La cuenta va por 66 cuanto llego a la gollada (Los Jorneros). Más que nervioso, casi histérico, me quito los pantalones y el chaleco y los reviso con cuidado, hay varias pegadas en lo pliegues más inverosímiles. Lo dejo todo sobre una mesa de madera. Algunas que quito se me vuelven a subir. Me reviso también la camisa y la camiseta, ahí no tengo. Me vuelvo a poner la ropa “limpia”. No puedo disfrutar ni entretenerme en la vista hacia el valle desde aquí. Qué prueba. Acorto mis planes, pensaba volver por el camino de Las Lecheras, pero ahora me echo a la izquierda y bajo por una pista hacia la finca Los Lirios. Todavía dos veces más al rozar unos hinojos se me suben dos más, esta vez por las manos y las mangas. Las veo enseguida y las arrojo. El resto de la bajada por este lugar tan bonito con dragos en los bordes y pinos y acebuches lo hago por el centro de la pista.
Al llegar al cruce antes de la finca Ascanio sigo por la pista a la derecha. Y bajo preguntándome cómo es que el hombre del mono blanco, que es seguro que lo llevaba por las garrapatas, para verlas bien según se le subían, no me dijo nada de ellas. Por eso llevaba cara de preocupado. Iba a la guerra. Poco a poco me voy tranquilizando con las vistas por esta bajada cerca del cauce de un barranco, donde paso una finca vallada con tremendos bardinos, algunos enormes. Todavía recuerdo claro como el cristal mi “contacto” con uno de ellos en la la excursión 653. Lo cito “…Llego a una instalación agrícola. Un hombre fornido está trabajando. Me acerco a él en son de paz. Le pregunto si hay salida a Los Campitos por aquí. Un gran bardino, de aspecto temible, está jugueteando, me ve y se acerca a mí. El hombre casi susurrando me dice “acarícielo, acarícielo”. Me dejo ir y le paso la mano por la cabeza al perrote, que me mira bondadoso, le digo “perrito, perrito”. Tema resuelto y sigo con la mano entera… “
De vuelta al Lomo de Las Casillas (17.50h) solo tengo que esperar cinco minutos para que venga la 912 y me lleve de vuelta al intercambiador.
En casa por la noche estando sentado en el sofá viendo la televisión noto algo en el cuello, me toco, cojo algo, ¡es una garrapata! Rápida y discretamente (no quiero alertar/emparanoiar a mi mujer) me levanto, busco un mechero, salgo al patio y la quemo, y no me quedo satisfecho hasta que es solo una viruta negra. A veces, gente que no vive en la isla, cuando les hablo de mis excursiones por el campo me preguntan si hay animales salvajes. Y yo les digo que los único a los que temo son… a las garrapatas.
---------
Pulsar en el siguiente enlace para descargar el track de la excursión
Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
drive.google.com/file/d/1wwwqUNn8CJOly1pJTo_THavoc-J7BEWL/view?usp=share_link
Lomo Las Casillas a Pico Azul a Gollada Los Jorneros