• Excursión 1296. 29 Junio de 2021. Jueves. (Anaga 209ª).
Almáciga. Cruz del Draguillo. Chamorga. El Pijaral. El Bailadero
Municipio: Santa Cruz de Tenerife
ENP: Parque Rural de Anaga
De 11.17 a 19.45h.
De 30 a 0 a 670 a 420 a 570 a 470 a 600 a 570 a 620 a 570 a 700 a 660 a 880 a 660m.
Distancia: 19km. Duración: 8h 32m.
Larga excursión muy variada. Comienzo en la playa de Almáciga. Subida por sendero de montaña por el bosque de laurisilva hasta un collado. Descenso hasta el caserío de Chamorga donde busco viejos senderos, algunos no los encuentro, otros sí. Después subida hasta un caserío sobre un túnel (La Cumbrilla) y larga vuelta por la carretera dorsal atajando por diversos senderos hasta el mirador del Bailadero
El miércoles estaba tan cansado por las excursiones del lunes y del martes que me parecía que me iba a poner enfermo. He estado descansando, pero con los ánimos por los suelos, sin iniciativa, muy tirado. Me he acostado temprano y cuando me he despertado, sin despertador, a las ocho menos cuarto, inmediatamente me he levantado como un autómata. Ya solo con eso he sabido que podía hacer excursión hoy. Con mucha calma he desayunado, mi mujer ha aparecido cuando me estaba tomando las tostadas. Después me he ido preparando minuciosamente porque hoy tengo que ir con ropa de agua, voy a ir a Anaga donde ha estado lloviendo las últimas semanas. De hecho, ha estado lloviendo en el Norte durante todo junio y julio. Un verano inusualmente húmedo. En tantas excursiones mirando desde el sur hacia Anaga la he visto cubierta de nubes, con las nubes agolpadas para rebasar la vertiente en cascada. Además, voy a ir a una de las zonas más húmedas de Anaga: por el barranco de Chamorga y después por la dorsal hacia el Bailadero. Es curioso pero tantos jueves me pasa que tengo que ir dos o tres veces al baño durante los preparativos del viaje, parece que mi cuerpo necesita desembarazarse de todo lo superfluo para afrontar las largas excursiones de los jueves.
En Santa Cruz, en el intercambiador tomo la 910 a San Andrés (10.05h). En San Andrés (10.27h) y en menos de diez minutos tranquilamente subo hasta el puente (10.34h) para tomar la guagua que sale puntual (10.40h). El conductor es de los meticulosos y lleva la guagua con mucho cuidado, sobre todo en las curvas, la serie infinita de curvas tanto en la subida hasta el túnel del Bailadero como en la bajada a Taganana. Hay tantos sitios en los que el conductor tiene que hacer giros larguísimos de volante para salvar las curvas cerradas, si se despistase lo más mínimo sería un desastre absoluto. Los conductores de Titsa son unos grandes profesionales, y mucho más que en los aviones, la seguridad y la vida de los pasajeros depende de ellos directamente. El trayecto a Taganana es de lo más contrastado: soleado y agradable hasta el túnel, nublado y fresco tras el túnel. He hecho bien en venir cargado de ropa para agua. Soy el único viajero en la guagua cuando me bajo en Almáciga (11.15h) justo antes de la subida. Nublado, poco ambiente en la playa, dos o tres grupos de jóvenes en la arena negra. Muy pocos coches. El tiempo definitivamente no es de playa. Cuando echo a caminar todo cargado me siento bastante cansado, solo empezar ya estoy cansado. Vamos a ver. Ya se me irá pasando. Para mí, en realidad, este nublado de hoy, es bueno. Así sólo tengo que esforzarme en caminar y subir, pero no en el calorazo. Me gusta tanto la playa de Almáciga, es grande, ancha y con unas vistas, en el extremo, tan fotogénicas de los riscos de Taborno y de la propia Almáciga, encaramada en un montículo que parece estar desmoronándose hace siglos. Unos jóvenes se afanan en la playa jugando al fútbol. Una pareja, de unos treinta años, muy morenos él y ella, instalada en una rulot disfruta leyendo y mirando el mar. Pero eso no es lo mío. Sigo en suave ascenso y me sorprende la cantidad de agua que trae el barranco de Benijos, una cascada. En Benijos (11.37h) me trae recuerdos muy intensos la esquina desde la que se ve la playa. Los restaurantes están todavía cerrados, los aparcamientos, vacíos. Pasado los restaurantes el camino a Chamorga (el más directo) está bien señalizado, no tomo por el que va a El Draguillo. Nada más empezar dejo bajar a una pareja de caminantes (ella y él) sonrientes. Sé que va a ser una larga subida por un sendero con apenas repechos y buenas vistas al mar, que está algo revuelto y hacia los roques. El cansancio se me va pasando a medida que voy subiendo, no miro el altímetro, a ritmo diésel voy progresando. Una familia (dos niños y dos adultos) baja, la madre en último lugar, con bastones. El camino es de esos que parece que lo más alto está cerca, pero cuando llegas y pasas esa esquina sigue el camino sigue subiendo, y así una y otra vez. Me acuerdo bien cuando la veo, de la gran terraza con incienso enano (excursión 667), entonces hacía mucho sol y el viento lo batía. El incienso enano es simplemente incienso, y es enano porque no le da para crecer más por estar expuesto a un viento constante muy fuerte. El sendero sólo más arriba tiene algunos tramos largos llanos, pero todavía sigue otro rato subiendo. Y tras una esquina (470m) y cuando veo el primer laurel me doy cuenta de que ya es otro clima, abundan los brezos, guaydiles y laureles que, aunque no muy altos tienen buen aspecto. Me voy acercando al bosque de laurisilva.
Cuando inicio el ascenso hacia la Cruz del Draguillo me cruzo con dos hombres que suben, uno va asfixiado. Y ya me doy cuenta de que hoy no es mi mejor día cuando me percato de que me molesta cruzarme con gente. Normalmente no tengo una respuesta tan visceral contra los senderistas, por muy ocasionales que parezcan. Me da la impresión de que la ruta circular: Benijos a El Draguillo y vuelta es muy popular. Sigo subiendo por un tramo maravilloso de bosque húmedo de laurisilva, el suelo está muy húmedo y cubierto totalmente de hojas: las hay negras, las hay marrones, las hay beis y las hay verdes, recién caídas. Alrededor del camino en zigzag los laureles son grandes y antiguos, con muchas hijuelas. Y abundan los helechos. El olor es el maravilloso olor a humedad de Anaga, ese olor que me da tranquilidad, que me hace sentir seguro, como en casa. Cada vez me siento mejor, con ritmo más constante en ascenso continuo. Subir por dentro de este bosque mojado, aromático con tantos rincones únicos es lo mejor. Las rocas cada vez más cubiertas de musgo. (Ahora mientras escribo esto y miro con detalle el mapa de OSM me entero de que este sendero se llama “Camino del Hediondo”, y que es el PR 6.) Y llego al punto más alto (12.55h, 670m), a la degollada, la degollada de la Cruz del Draguillo, un cruce de caminos.
Empiezo a bajar por el sendero de enfrente, el más directo hacia Chamorga. En este valle los laureles son más grandes y ramificados, hay más humedad, el suelo es más resbaladizo. El sendero es más ancho. Me cruzo con dos hombres de unos 50 años, en manga corta y pantalones cortos, como tiene que ser, no como yo que voy forrado y preparado para el diluvio universal. Ahora el sendero me gusta más todavía, sigo en el bosque y en bajada, que es más relajado. Sin embargo, cuando me estoy alegrando al oír correr el agua en un barranco (Chamorga) y voy a cruzar el cauce resbalo al apoyarme en una roca verdosa y caigo al cauce, al agua, sobre la marcha reboto, pero no me apoyo bien, y vuelvo a caer dentro del agua. Me doy una buena nalgada, pero eso es lo de menos, lo peor es que los pantalones se me han mojado hasta arriba y las mangas de la camisa, también. Tengo camisa para cambiarme, pero no pantalones, eso creo al menos (no es cierto), así que frustrado y enfadado decido no hacerle caso, seguir así, y esperar a que no llueva y que como no hace frío y con mi actividad física se me vaya secando. Me cuesta un rato aceptarlo, y debe ser que no lo logro del todo, porque cuando coincido con una pareja de senderistas que bajan relajados comentando cosas que ven, no los puedo aguantar y los tengo que adelantar para no sentir tanta envidia de su buen aspecto. Ellos han tenido también que pasar por donde yo y no les ha pasado nada. Más abajo me cruzo con tres senderistas jóvenes, uno tras otro, saludan correctos. Realmente no estoy acostumbrado a ver “tanta” gente en mis excursiones. Hoy no es mi día social.
Llego a Chamorga. Mi primer objetivo de hoy es una travesía hasta la Montaña del Barro por un sendero que empieza por aquí, por el pueblo. Mi anterior intento de llegar a la Montaña del Barro (excursión 1203) por la Cumbrilla no tuvo éxito, me quedé cerca, hoy lo quiero intentar desde aquí. Sé que no va a ser fácil, puede que esos senderos que vienen en OSM no estén ya. Bajo por el camino a Roque Bermejo, pero pronto me desvío a la derecha justo después de cruzar un puentecito y me meto por una casa rural. Abro su puertita, paso la casa, abro otra puertita y sigo adelante entre casas y cuando voy por un sendero alguien de lejos, de enfrente, me dice que eso es privado y que solo lleva a una casa. Le pregunto por el sendero y me dice que se coge por debajo de donde está él, y que en unas toscas rojas hay una entradita. Vale. Gracias. Vuelvo y ahora sí cruzo el puente para seguir hacia abajo por el camino de Roque Bermejo. Encuentro las toscas rojas y la entradita, pero tiene una pequeña puerta, que rodeo, pero abajo, tras el cauce solo hay huertas sin salida. Regreso al sendero y bajo otro poco y descubro otra entradita. También baja y cruza el cauce en la dirección que quiero, pero tras un campo en barbecho, el camino está cerrado, o no lo encuentro. Doy vueltas por otros senderos en la dirección contraria pero todos ellos me llevan a una caseta verde y a un terreno sin cultivar. Me paso más de una hora por aquí y mientras incluso me como el sándwich y el bizcocho, pero no logro dar con el sendero, hay muchos, pero sólo parecen senderos de cabras y van en la dirección contraria. Me cuesta aceptarlo, pero decido dejarlo. Ahora son más de las tres y media de la tarde y decido concentrarme en mi segundo objetivo del día: la travesía por senderos alrededor de la carretera dorsal hasta el Bailadero.
El día sigue igual de nublado. Lo bueno es que no me ha llovido. Miro el mapa de Alpina de Anaga y descubro un sendero que sube la ladera y que empieza poco después del cauce del barranco de Chamorga, muy cerca de la parada de guaguas. En la parada hay ya varios viajeros que esperan, uno habla muy alto y solo dice obviedades de política y sociedad, palique de borracho. Por un momento pienso en regresar en esa guagua que sale a las cuatro o así pero solo pensar en pasar una hora en una pequeña guagua oyendo a este individuo me dan ganas de suicidarme. Descarto la idea de volver ya en guagua. El sendero según el mapa de Alpina empieza por aquí pero no lo encuentro, y tampoco quiero acercarme a ellos para preguntarles, seguro que lo saben, pero no quiero tener ninguna relación con ellos. Subo por la carretera y tras una curva pasado un colegio encuentro a la derecha un camino ancho. Pienso que debe ser este el que viene en el mapa, que no lo han situado bien. El camino, de entrada, va bajo grandes laureles, pero está caído poco después, no importa, lo puedo seguir, y lo sigo. Va a dar a una finca vallada donde parece terminar, pero no, sigue arriba. Lo voy siguiendo y me va gustando, es bastante ancho y con sus curvas. Buen descubrimiento. Con tramos bajo el bosque y otros por claros y alcanzo la carretera. Sigo a la derecha por la carretera y en una curva cerrada donde el mapa de Alpina señala que acaba el sendero que no encontré antes lo veo, ahí está el sendero. Vale. Bien. Si no es por abajo, es por arriba, el caso es recorrerlo. A ver si llega hasta la parada.
Me meto al sendero que empieza con escalones tallados en la tierra y después baja por un bosque húmedo muy antiguo por restos de terrazas con sus buenos muros y cerca del cauce de un barranquillo. Me encanta. Lo bajo con un entusiasmo rayano en el fanatismo. Y no me importa que baje y baje, con tal de que siga. Cerca de la carretera de abajo parece terminar, pero no, hay que torcer a la izquierda y llego a la carretera donde incluso desde dentro de la guagua oigo al individuo indignado. Ok. Perfecto. Efectivamente empezaba muy cerca de la parada de la guagua. Qué difíciles son algunas cosas que parecen tan fáciles. Regreso por donde he bajado y me fijo en el altímetro para ver cuánto desnivel tiene. La subida es con mucha pendiente, algo resbaladiza, pero clara, sin muchas posibilidades de confusión. El bosque antiguo, de árboles viejos de troncos renegridos. Parece transitado. Cuando de nuevo llego a la carretera compruebo que son 100 metros de desnivel. Una buena subida. Pero yo ni crujo ni mujo, voy perfecto. Sigo por la carretera hacia arriba y cuando ya empiezo a ver el túnel por donde la carretera cruza de un lado a otro y me preparo para tener que ir por esa tenebrosidad encuentro un sendero salvador que sale a la derecha (no viene en el mapa), un primer tramo que da a un campo sembrado es claro pero después va muy angosto y cerrado entre helechos y zarzas hacia arriba hasta empatar con otro sendero que viene del barranco de Chamorga (del camino por donde he bajado de la Cruz de Chamorga) y va hacia la Cumbrilla (excursión 667). Fantástico. Esto se va animando. Sigo por el sendero y después bajo por las escaleras hasta pasado la salida del túnel. Por aquí, según el mapa de OSM, por la carretera y a unos cien metros sale un sendero a la derecha que recorre un gran arco hasta cerca del km 7 de la carretera, sendero que ya recorrí en gran parte (excursión 335a). Pero no lo veo. Debe estar perdido. Hay bancales, terrazas, una tubería negra pero el sendero claro no lo veo. Vuelvo a la carretera, y sigo por ella. Unos 500 metros después en una curva de 180 grados descubro un sendero (a la derecha) que sube a unas huertas (valladas), me meto por ahí y creo encontrar el sendero, pero pasa por una zona rocosas inclinada y por el temor a estar muy lejos de por donde estuve en la excursión 335a lo dejo y vuelvo (ahora, al escribir esto, me doy cuenta de que estaba muy cerca de a dónde llegué en aquella excursión) (al revisar esta excursión para publicarla en la web puedo decir dos cosas, que me faltaba bastante para empatar con el sitio a donde llegue en la excursión 335a y que sólo tenía que haber bajado por la zona rocosa inclinada para encontrar la continuación del sendero –excursión 1540).
Bajo a la carretera y sigo por ella a la derecha. Paso la entrada al Lomo de Las Bodegas, más adelante paso la pista que lleva al cementerio y hacia dos PR, yo sigo por la carretera. Hay entradas, sobre todo hacia abajo, a la izquierda, pero creo que solo dan a huertas y casetas que no veo. El bosque es umbrío. Sigo por la carretera. Voy muy bien. Ya se me olvidado todo lo del cansancio. Cerca de donde la carretera en el mapa parece una m hay un sendero que va a un depósito de agua. No encuentro el sendero. Sigo por la carretera en ligera subida y oigo el sonido de agua cayendo sobre piedra, me acerco y en una curva cerrada (el segundo pico de la m) veo el agua caer (es el cauce del barranco de Ijuana), ha debido llovido recientemente, aunque sé también que este barranco lleva agua casi todo el año, pero es que estamos en julio. Sigo subiendo por la carretera y en el primer pico de la m veo el sendero que ya conozco que va al depósito (excursiones 335a y 1203), lo sigo y llego al depósito. Cerca del depósito hay un camino que sube a la izquierda y otro que sigue a la derecha, sigo este último. Y tal como me paso antes, en Chamorga, sigo el sendero desde arriba y encuentro su salida a la carretera, está un poco después del km 9 de la carretera. Comprobado me vuelvo a meter al sendero y lo hago ahora subiendo. Esto es un juego. En el cauce del barranco de Ijuana corre mucha agua y hay un gran charco en un remanso. Sigo por el sendero que sube por escalones tallados en la roca. Fantástico. Me gusta ir por él, en la excursión 1203 lo estuve buscando y no lo encontré. Es claro como un sol en el desierto, pero no lo vi entonces. Al empezar el sendero miro el altímetro (690m), tengo curiosidad por saber el desnivel. El camino va encajonado entre rocas con abundancia de escalones y en un entorno progresivamente más húmedo, más dentro del bosque. Tuvo que ser el viejo camino real de comunicación con Chamorga. Con pendiente constante y rodeado de brezos, afollaos, helechos voy subiendo a grandes pasos sobre los escalones. Con muchas curvas. Es todo un atajo con respecto a ir por la carretera a la que llego en una zona llana (790m). He ascendido unos cien metros. Estoy en una curva muy cerrada de la que sale una pista (cerrada con barrera) a la derecha. Este es el final del trayecto que intenté después del túnel y que recorrí en parte en la excursión 335a, este trayecto es pista en un gran trecho. Sigo por la carretera y unos metros después encuentro el sendero que sigue atajando por dentro del bosque, que de entrada va muy cerca de la carretera, algo expuesto y con ramas obstruyendo el paso, después se interna en el bosque. Hay una ligera neblina que difumina la vista a media distancia. Hay tanta humedad. La temperatura no es fría, unos 23º. En menos de cinco minutos cruzo la carretera para seguir por otro atajo, muy corto este. Enseguida llego a la entrada a otra pista con barrera (va al mirador de Cabezo de Tejo), y a su izquierda está la entrada a otro tramo del viejo sendero.
Me meto al viejo sendero, va a ser la primera vez que lo haga. Ya de entrada me sorprende la gran cantidad de helechos que hay en el camino y que me empiezan a mojar los pantalones con sus gotas, todo está mojado. Va ascendiendo y cada vez hay más agua en el suelo, hay charcos, donde distingo algunas pisadas. La neblina es algo más espesa sin llegar a ser evidente, es como un cierto ambiente que flota en el bosque, no logro captarlo con las fotos. Estoy entusiasmado por la belleza del sitio, con poca pendiente y tramos sendero-surco, continúo mojándome los pantalones, pero nada preocupante. Cuanto más arriba más humedad, más agua, más helechos. Llego a un camino ancho (890m) y tuerzo a la izquierda. El acceso, a la derecha, al pico Chinobre que encuentro un poco después está cerrado, están replantando. No me importa, hoy no hay vistas, todo está cubierto. Yo, simplemente sigo en estado de trance por poder estar aquí con este tiempo justo en este mes con buena temperatura, pero extraordinariamente húmedo, es lo mejor de lo mejor, en invierno, igualmente mojado, puede ser mucho más frío. Hoy no me tengo que preocupar por mojarme. El camino ancho, tiene mucho charquerío, tengo que ir por los bordes abriendo mucho las piernas, y es en bajada. Los árboles son más densos y altos. Con muchos tramos rectos va descendiendo lentamente, yo voy haciendo equilibrios para no caerme. Llego a la carretera otra vez por un espacio llano y con sitio para muchos coches. Hoy no hay ninguno. De aquí parten excursionistas al mirador de Cabezo de Tejo. Poco tráfico en la carretera, esta es la parte más extrema de Anaga y ya es tarde para el horario usual de los turistas. Por la carretera sigo unos cinco minutos y con un impulso algo compulsivo me meto por el sendero del Pijaral, que sale a la derecha, es un tramo de un km y cuarto por lo más húmedo del bosque húmedo de Anaga.
En ligera subida al principio para rodear una montaña (El Pijaral/Roque Negro) ya me voy encontrando mucho helecho mojado que me va transfiriendo las gotas al pantalón. Uso mi chaquetón como un capote torero para protegerme del agua. Algún claro me da un respiro y el sendero va describiendo un gran arco. La cosa empieza a cambiar cuando el sendero después de subir a su punto más alto empieza a bajar. A la dificultad del sendero con rocas mojadas se une la creciente presencia de helechos invadiendo completamente el camino. Me doy cuenta de que me tenía que haber puesto mis pantalones de agua antes, en el tramo anterior, pero ya están tan mojados que no merece la pena. Sigo bajando e internándome en el bosque húmedo, con menos luz, más neblina. Llego al cauce con agua de un barranquillo (El Arenal). Lo paso. Ya no sé ve en absoluto el camino, todo está cubierto de helechos, grandes helechos. Lo conozco bien, lo recorrí en febrero (excursión 1219), pero es una barbaridad como han crecido las plantas. Cuando llego a un segundo cauce de barranquillo me doy cuenta de que el sendero no sigue al otro lado y la bajada por el cauce es considerable. Me cuesta un buen rato de luchada con los helechos y una vara de zarza que me deja buenos rasguños en un dedo darme cuenta de que tengo que bajar. Bajo unos metros y “encuentro” el sendero. Bien. A medida que me adentro entre los helechos, cada vez más altos, me empiezan a mojar también los brazos. Ya los pantalones los tengo muy mojados, casi hasta la cintura. No me da tiempo a pensar, no lo quiero hacer, no quiero pensar lo que supondría perder el sendero aquí. Tirando de recuerdos e instintivamente voy reconociendo los sitios, alguna subida recta, algunos ciertos árboles, y me va dando seguridad, seguridad de que voy por el camino correcto. Voy completamente mojado, no hace frío, al menos, y ya estoy pensando que al menos después, si logro salir, tendré los pantalones secos de agua para ponerme. Pero el recorrido es larguísimo, muy variado, y cuando pienso que ya estoy llegando a una mesetita todavía tengo que hacer otro largo ascenso. Los troncos de los árboles tienen una capa gruesa de líquenes, el musgo de las piedras está mojado, completamente empapado. En un tramo en subida los helechos me tapan por completo, los voy separando con mi cuerpo y por fin llego a la mesetita. Bien. Aunque todavía tengo una bajada que hacer con viento creciente batiéndome por la derecha por una arista estrecha, algo expuesta a la derecha. También esta zona, más seca, está cerrada por las plantas, hasta el poleo ha cerrado el camino. Impresionante. Me viene a la mente un comentario que me hicieron hace unos meses, de que este camino estaba cerrado, es más que cierto. Logro llegar, casi cayéndome, a la carretera. Salvado. Increíble.
Detrás de una gran piedra tengo que ordenar mi mente para saber cómo cambiarme la ropa, qué va primero y qué después y mientras pienso que diferente hubiera sido atravesar esto con el chaquetón y los pantalones de agua puestos. Metódicamente me voy quitando la ropa y poniéndome la ropa seca, me cambio hasta la ropa interior. Después pongo la ropa mojada en una bolsa de plástico. Los calcetines también están completamente mojados, por suerte tengo uno seco y el otro pie lo envuelvo en servilletas de papel. Qué tour de forcé. Sequito echo a caminar por la carretera. El albergue de Anaga está cerrado. Por momentos bate un viento muy fuerte algo frío, pero son sólo ráfagas. Tengo que seguir caminando para mantenerme caliente y que no tenga que esperar mucho a la guagua (sale a las 19.30 de Chamorga) cuando llegue al Bailadero. En el Bailadero (19.45h) me acurruco en las escaleras de un mirador, por encima sopla un aire muy fuerte. De mi pensamiento acerca de si hubiera atravesado El Pijaral bien protegido ahora llego a la conclusión de que el hecho de que haya logrado superarlo tal como iba y que ahora esté entero y a salvo la hace la mejor opción posible. El resultado justifica los medios. La guagua no tarda mucho en llegar (19.52h). Me acoge vacía, ningún pasajero, mejor así. El alivio es instantáneo y total. No me importa que tenga encendida la radio y que comente noticias de actualidad.
---------
Pulsar en el siguiente enlace para descargar el track de la excursión
Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
drive.google.com/file/d/1tUtEFdMb7uXQs_3FbcwgK7IlJ0hgMv5p/view?usp=sharing
Primera parte
Segunda parte