• Excursión 1228. 2 Marzo de 2021. Martes.
Lomo Román. Playa el Ancón. Los Rechazos. Santa Úrsula.
Municipios: La Orotava. Puerto de la Cruz
ENP: Paisaje Protegido Costa Acentejo
De 15.35 a 19.07h. De 285 a 170 a 230 a 0 a 220 a 40 a 110 a 90m.
Distancia: 10,6km. Duración: 3h 32m.
Quiero hoy recorrer la zona de fincas de plataneras por El Rincón, situada en la pequeña parte de La Orotava que da al mar. Y para eso no hay como un buen acercamiento desde la costa.
Tomo la 101 desde Tacoronte y me bajo en la siguiente parada después del Ayuntamiento de Santa Úrsula. Más claros que nubes en un día agradable de temperatura, sin viento.
Avanzo unos 200 metros en dirección a La Orotava por la carretera general y me desvío por una calle lateral (Camino Antiguo Calvario) donde un hombre que acaba de recoger a su hija del colegio y muy amable me aborda cuando me ve parado al principio de la calle con un mapa en la mano. Me indica cómo bajar a Lomo Román. Por la calle lateral sigo y giro por la segunda calle a la derecha. En esta parte hay adosados nuevos y también casas antiguas con carteles. Cruzo la autopista por un túnel estrecho con bombillas de luz débil y al otro lado parece otro mundo, grandes jardines en grandes chalets y las aceras ajardinadas y con muchas plantas. Es un cambio radical. Esta urbanización estuvo un tiempo aislada con garita con guardia y ha quedado ese sello de sitio aparte. Nada más pasar la autopista giro a la izquierda por la calle Sancho Panza y, cómo no, giro enseguida a la derecha por la calle Don Quijote. Lomo Román es una exclusiva urbanización distribuida en dos lomas, una más pequeña, que recorro ahora. Los chalets están tanto a un lado como a otro de la calle. Sigo bajando, manteniéndome a la derecha en las bifurcaciones, hasta el final de la urbanización. En el último chalet (Castello Atlántico) situado en el mejor lugar, en el borde del acantilado, una cuba de limpieza de pozos negros está haciendo lo suyo y varios operarios a voces se dan instrucciones, el olor fuerte y penetrante parece una capa de niebla que tapa el chalet y su hermoso jardín.
En la esquina de abajo sigo a la izquierda por un paseo peatonal (Miguel de Cervantes) con vistas al bravo acantilado y la costa salvaje de pequeñas caletas y entrantes donde las olas siempre dan fuerte. Poco a poco puedo ir olvidando el olor procurando respirar por la boca para que no me llegue a las fosas nasales las microscópicas partículas. Es un largo paseo con vistas estupendas todo el rato hacia el mar y el Puerto de la Cruz. Tras unos 500 metros llego a un saliente donde termina el paseo de una manera abrupta y me topo con unas barreras/vallados metálicos. Las paso rodeándolas por abajo, y trepando y destrepando. El paseo continúa un poco más, rodea por debajo otro chalet en situación privilegiada y llego al principio del camino de bajada a la playa del Ancón, que también está cerrado y de nuevo tengo que saltar una barrera para poder acceder. Es un sendero que llanea al principio entre la vegetación frondosa del acantilado, y está en más o menos buen estado. Tras unos 200 metros el sendero baja por una lengua de terreno muy vertical describiendo un intrincado zigzag y acercándose por la derecha hasta el borde de un barranco vertical vistoso (Barranquillo El Jurado). Tras descender unos 100 metros de desnivel, es realmente vertical y emocionante este sendero, se echa a la izquierda y va bajando por la ladera por donde frecuentemente se derrumba el acantilado y sepulta el sendero, es la zona más peligrosa.
Al llegar a una finca vallada con vistosos palos alineados en las terrazas donde hubo viñedos, ahora está abandonada, entro por un agujero en la valla y la recorro hacia la derecha entre la vegetación invasiva que todavía no impide el tránsito por las terrazas hasta la valla que la cierra por la derecha. Parece que hay un sendero que me ha llevado hasta aquí y parece que se podría bajar por fuera de la finca, pero no encuentro cómo (más adelante, en una futura excursión por esa zona veré una foto aérea del terreno que hay un acceso a la playa del Ancón por este lado). Regreso al boquete en la valla y después de llegar al final de la valla de la finca me meto a la derecha por un estrecho pasillo que va entre la valla y una buena caída y llego hasta una escalera de cemento por la que bajo justo al principio de la playa del Ancón, pero hoy la marea alta no me va a permitir recorrer la playa de cayados así que me doy la vuelta, regreso por el pasillo con baranda de vallas de plástico hasta el camino y sigo bajando.
Enseguida paso la gran vieja casa en un saliente y sigo por la pista de tierra. El día está encapotado y gris. El mar produce mucho estruendo, el mar ha sido una presencia muy fuerte en toda la bajada, con sus sonidos amplificados por la ladera, el moverse de los cayados en la playa con el oleaje, el golpeo casi continúo del mar sobre la playa en marea alta. Tras haber pasado la casa aislada sigo por una pista de tierra sobre la playa de Los Patos y me encuentro con un hombre muy moreno que acaba de subir de la playa de Los Patos. Existe una bajada por aquí, pero yo nunca me acabo de decidir a hacerla. Un poco renuente al principio a hablar el hombre por fin arranca y me habla con un ligero acento italiano de lo mucho que él viene a la playa (con una camiseta sin mangas amarilla su piel parece casi negra y tiene ese aspecto de piel satinada y plegada de un fanático de sol, de años y años tostándose). Enfatiza tanto los peligros de este sendero de bajada que casi parece que es el guardián de la playa y que no desea compartir sus secretos de los trucos para bajar, todo me parece una gran exageración, pero le doy cuerda y le dejo explayarse. Nos despedimos sin ninguna empatía.
Sigo por el paseo sobre la playa hasta que desemboco en un pasillo entre muros de fincas de plataneras y salgo a una calle asfaltada (Camino del Ancón). Aquí mismo empieza un sendero que sube a la urbanización Paraíso y su famosa cafetería, pero yo hoy tengo otros planes y sigo por la calle unos cinco minutos y me desvío por la izquierda por una calle que sube. Es una calle que me produce una cierta sensación claustrofóbica, porque, aunque hay vistas hacia arriba a la ladera por la calle todo son muros y puertas cerradas de fincas y algunas casas en los bordes, y se ven grandes extensiones de explotaciones agrícolas pero todas inaccesibles. La calle va en constante y fuerte por momentos subida y tras unos quince minutos avisto un canal, va por dentro de una finca y resulta inaccesible y es el mismo canal que he recorrido en otras ocasiones y al que se puede acceder desde el sendero de subida a la urbanización Paraíso. Cómo me gustaría ir por encima pero el tamaño de las vallas es totalmente disuasorio. Sigo un poco más por la calle y giro a la derecha por la carretera El Rincón (Tf-176). Una calle ancha que baja estupenda entre fincas desocupadas por la derecha y chalets a la izquierda. Por aquí hay palmeras canarias airosas al lado de casetas viejas. Unos cinco minutos después de pasar una curva me salgo por la izquierda por una calle lateral. Pronto la calle gira a la derecha y bajo al lado de plataneras (por la izquierda) sin barreras ni vallas, accesibles. Tengo la información de que existen eras cerca del cauce de un barranco que está por la izquierda y cuando veo un sendero a la izquierda me meto por él y enseguida me sale un hombre muy serio al que logro apaciguar y confundir, también, con lo de la era, se le cruzan un poco los cables pero se le pasa la vena agresiva y se despide tranquilo cuando me voy.
A mí me encanta meterme entre las plataneras con ese olor un poco dulzón y algo repulsivo de los insecticidas que les echan. De nuevo en la pista sigo bajando y en una bifurcación donde hay casas tomo a la derecha (a la izquierda hubiese sido mejor) y por unos momentos me siento bastante desubicado, sobre todo al llegar a una carretera más ancha e importante donde hay vistas diáfanas hacia la costa. Aquí tuerzo a la izquierda y sigo por esta carretera que tiene guarda caudales (grandes bloques de cemento espaciados), que me parecen de carretera antigua. Bajo otro poco y vuelvo a preguntar en otra casa (Finca Romera) por la era, pero no saben nada de nada de eras por aquí. Lo dejo. Sigo bajando por una pista ancha hasta que confluyo con el sendero que va hacia el Puerto.
Giro a la izquierda por el sendero y bajo hasta el cauce del barranco ancho (Arena/Llarena/Provincia) que tiene grandes terrazas con muros muy altos al otro lado, muros de aspecto muy sólido y atractivos. Paso la zona rocosa de piedras desgastadas del cauce y subo por escaleras entre los grandes muros de viejas fincas abandonadas. Remonto. Y paso más fincas de plataneras y otras partes llanas con hierba corta y alcanzo y cruzo por un túnel la carretera del Puerto de la Cruz (Tf-31). Al otro lado sigo por un paseo hacia la izquierda, hacia arriba. Es un paseo que va paralelo a la carretera y por donde pasa un gran rebaño de cabras y detrás un cabrero con ese despliegue de voces y palabras con los que dirige a los animales y cuando le pregunto amistoso por el perro me dice muy preocupado que se le ha perdido. Me conmueve su preocupación, no es ninguna broma. Pasan rápido y yo sigo por este paseo bonito con mucha yerba que me encanta recorrer, tiene algunas partes algo confusas pero posibles de transitar y así sigo hasta empezar a rodear el muro del Jardín Botánico y después sigo por una calle ancha del Puerto de la Cruz (doctor Celestino González), una calle que parece un repertorio de rotondas donde no veo a casi nadie, sigue la pandemia. Camino hasta una calle que baja al Puerto (Marqués de Villanueva) y ahí me quedo para tomar una guagua que me sube hasta La Orotava y de ahí en la 101 de vuelta a Tacoronte.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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