• Excursión 904. 5 Febrero de 2019. Martes.
Camino Playa Moreno. Costa por San Felipe. Riquer. Roque El Perro.
Municipio: Icod de los Vinos.
De 15.06 a 18.20h. De 200 a 0 a 200m.
(a) Camino Playa Moreno. Distancia: 2,2km.
(b) Costa por San Felipe. Distancia: 5,2km.
Distancia: 7,4km. Duración: 3h 14m
Parte a. Camino Playa Moreno.
Tardo unos cuarenta minutos, desde mi casa, en llegar a la calle Camino Playa Moreno, en Icod. La entrada a esa calle está pasado el km 53 a la derecha. La entrada está unos 300 metros después de una entrada a Icod que cruza por encima de la autopista, y enfrente de una gasolinera (Cepsa). Bajo por ella. Tras unos 200 metros llego a una bifurcación donde hay una casa de planta triangular, tomo a la derecha, bajo un poco, tuerzo a la derecha (obligado) y poco después dejo el coche aparcado al lado de una casa de madera. Por aquí estuve ya en otra ocasión (excursión 698a) y resulta que dejo el coche en el mismo sitio que la otra vez. El día está muy luminoso a pesar de la calima intensa que continúa otro día más.
Vengo con el objetivo de bajar a una playa (Playa Moreno). Me dijeron que se puede bajar, yo no lo tengo nada claro. Bajo por la pista que sale hacia abajo, un camino empedrado con una finca de plataneras a la izquierda, pero termina en un portón y no puedo seguir. De vuelta al lado del coche me acuerdo que en aquella excursión (la 698a) vi que había una pista más o menos paralela a la derecha de esta. Ok. Sigo por la calle Playa Moreno alejándome del coche y encuentro la bajada, a la izquierda, que rodea un campo plantado con lechugas muy pequeñas. Llego a un llanito, un fantástico mirador, el mismo donde comí en la 698a. Por aquí no se puede bajar. Subo y encuentro a la izquierda un sendero no muy claro que va por encima de placas de lavas, lisas y algunas cordadas, y todo ello bajo una vegetación muy densa de vinagreras, y tabaibas donde hay unos cardoncillos muy grandes, nunca los había visto tan hermosos. También hay orobales. (Por esta zona, después lo vi en el mapa, hay una cueva, un lugar arqueológico, pero yo no lo vi). El sendero está muy poco claro y me lleva hacia el borde del acantilado. Va por regueros de escorias volcánicas y hay tramos claros. Llego al borde del acantilado, sobre la playa, y el sendero va por debajo del muro de una finca. Es el sendero es un estrecho espacio entre el abismo y el muro. Lo sigo muy despacio. La caída a la izquierda es tan vertical y me asusta tanto que para verla me tengo que echar en el suelo y tumbado asomar la cabeza. Sigo un poco. En la siguiente vez que me detengo a observar con detenimiento la costa veo la playa, la playa Moreno. Pero la pared es escarpada y muy vertical. Con los prismáticos recorro la pared en busca de alguna indicación de sendero, pero lo que descubro, no me da tranquilidad, hacia la mitad de la pared hay una cruz de madera blanca (una cruz de Santiago). Vamos que si el sendero pasa por la cruz tiene que ser de lo más arriesgado. Y además para seguir ahora tengo que ir por un sitio muy estrecho en subida culminado con un resalte y no veo la continuación Vamos que lo dejo. Otra vez.
Regreso y me maravilla el frescor y la densidad de la cubierta vegetal, es un campo salvaje con unos cardoncillos verde claro con muchísimos tronquitos. Después recorro varias pistas hacia abajo, pero todas terminan en puertas y varias con el cartel de video vigilancia. Imposible, regreso al coche. Una conversación con una mujer en la bifurcación de la casa triangular (calle Aulaga) que siempre ha vivido en la zona me lleva todavía a menos: “gente ha muerto bajando, no hay playa, no hay camino, es muy peligroso”.
Parte b. Costa por San Felipe
Me monto en el coche (15.45h), subo hasta la carretera general (Avenida Príncipe de España, TF-362) por el núcleo urbano de Icod. A la vista de una gran iglesia blanca (Iglesia de San Andrés) me desvío a la derecha por una calle (Centinela), cuando llego al lado de la iglesia bajo por una calle (camino de las Charnecas). Bajo toda la calle, cruzo el puente sobre la TF-5, tuerzo a la derecha en una bifurcación y callejeo por un pequeño barrio (San Felipe) hasta que logro encontrar un lugar para dejar el coche en la calle Racimo (16h). Bien. Empieza la segunda parte. Inseguro, de entrada, llamo a la puerta de la casa al lado de la cual he dejado el coche para asegurarme de que no hay ningún problema. Una mujer se asoma a la ventana y me dice que está bien. Esto me da tranquilidad, no me tengo que preocupar de eso. Ahora voy a ir hacia la zona que ya visité hace no mucho (Excursión 886), es una zona de acantilados y terreno degradado por haber sido zona de tratamiento de áridos y desguace. Camino hasta la calle (Camino de Las Charnecas) por donde he cruzado el puente y empiezo a bajar por ella. Tiene vistas buenas hacia San Marcos y una gran hoya delante que hay delante. Tras unos dos minutos termina el pequeño barrio y llego a una gran finca (que se vende, lo anuncia un cartel). Salto la cadena y sigo bajando. Un muro a la izquierda limita la pista de suave pendiente. Al terminar la pista empieza un sendero y me fijo que, a la derecha, a unos cincuenta metros, hay un punto geodésico (Riquer), señalizado por un cilindro de cemento, tomo nota. Por aquí hay una bifurcación de senderos (punto A), elijo a la izquierda (este sendero ya lo recorrí en la excursión 886). Este sendero va bajando y pasa al lado de algunos depósitos en ruinas y se va acercando a la carretera de San Marcos (Paseo de las Américas, TF-414).
Nada más llegar a la carretera me sorprende descubrir, en el borde derecho, una vieja sabina que está en plena forma, más abajo hay otra, un poco más alejada de la carretera. ¿Cómo han podido sobrevivir al lado de la carretera? Sigo hacia la derecha y me desvío por una pista de tierra que pronto me lleva a una puerta, cerrada, pero sólo con un pasador. Me llama la atención el cartel de prohibido que tiene, es un cartel de prohibido… fumar, en varios idiomas, no de prohibido el paso, como es usual. Debe ser por todos los venenos que están sepultados bajo los movimientos de tierra para tapar la planta de áridos y los coches y camiones enterrados.
Avanzo por la pista amplia y no entro hacia una finca agrícola (a la izquierda) con perros ladrando, sino que sigo recto por la pista ancha. Así evito una primera lengua de terreno llana con huertas. Sigo por la pista y tuerzo a la izquierda en la primera bifurcación. Es una zona muy grande y me cuesta mucho trabajo dar con la bajada hacia un charco al lado del mar porque tengo que evitar casetas abandonadas, lenguas de cemento sobre la ladera, desniveles grandes. Me dirijo hacia una pared de material volcánico que tiene delante una hoya. La rodeo y encuentro un paso hacia la parte trasera de esa pared. La bajada es algo escabrosa y en la parte trasera de la pared hay un caos de grandes piedras que van bajando hacia una pequeña charca. Se me hace difícil y lento llegar a la charca. Llego y veo que es buena para bañarse. Otra pared más pequeña la separa del mar, y por una grieta en la pared entra el agua del mar, aunque no puedo meterme en la charca para ver si se ve el mar por la grieta. He bajado por grandes piedras rugosas y llenas de aristas cortantes haciendo equilibrios y ahora al llegar al lado del charco las piedras están resbaladizas y peligrosas, esto es un sin vivir. El espacio tiene mucha fuerza, se ven grandes cayados en el fondo de la charca que apenas se mueve, los cangrejos negros huyen de lado (estaría bien que existiese en nuestro idioma la expresión “huir como un cangrejo” que significase escapar sin perder de vista al enemigo). Me gustaría atravesar la charca para alcanzar una playita enfrente pero no veo la manera sin mojarme. Ok.
Regreso y vuelvo a subir por el caos de piedras. Pero no regreso al paso por donde bajé, sino que me voy hacia el borde de esta pared y descubro en el mar un gran roque, es el roque del Perro (25m) y tiene forma de perro acostado o, más bien, de esfinge. Es imponente, y sólo se puede ver desde aquí. Por debajo de mí hay riscos de aristas afiladas y el mar, aunque no es muy fuerte hoy, descubre a intervalos las patas delanteras plegadas del gran perro ¡Qué fácil es atribuir una forma animal o humana a los riscos! Recorro un poquito más este risco que no tiene mucho más que sea fácil. Regreso hacia el paso, pero por encima de la loma, por un sendero que descubro sobre la marcha, y entonces veo una cruz azul con la inscripción (en el cemento) “familia es no la pierdan”. Me emociona la concisión para recordar a otro pescador (o pescadora) muerto, para que mantengan en pie la cruz y la cuiden. Muy cerca hay otras tres cruces azules, es un azul celeste, el mismo en todas las cruces. Parece que también hay una tradición en las cruces funerarias. Vuelvo a recorrer la costa acercándome al mar, hacia la derecha está la ciclópea cueva de la Caldera, una inmensa oquedad en la que entran y salen pájaros y el mar bate fuerte sobre las rocas caídas en la entrada a la cueva. Y por aquí también un tramo de costa alargado que tiene otra cueva sostenida por columnas (Los Pilares) que sólo puedo ver desde más lejos. Entra el agua entre las columnas y sale en forma de nubes de spray que se disuelven lentamente. Es un espectáculo continuo que va variando ligeramente. Y eso que hoy el mar está relativamente tranquilo. Qué peligro. Me ha hipnotizado.
Regreso hacia la tierra y la explanada volcánica. Sólo por ir por un sitio nuevo, no regreso hacia la puerta, ni tampoco hacia la izquierda (excursión 886) sino que empiezo a subir por una pista, un resto de la extensa red de pistas de la instalación de áridos. Con tabaco moro por todos lados subo por la pista y de repente me doy cuenta de que estoy dentro de un recinto porque desde lo alto veo muros y un caminante que va por fuera. Pero no me importa, yo sigo hacia arriba, a lo lejos y a la derecha veo un camión abandonado al lado de una tolvera y un cubo grande de cemento. Cruzo otra pista y sigo subiendo por una que describe una gran curva a la derecha hasta una llanura completamente ocupada por inciensos, pero que no tiene continuación, hay un gran talud delante. En el extremo de la llanura descubro que sigue la pista a la izquierda y enseguida hay un sendero que bordea la ladera y sube. Este sendero parece el resto de una pista de bajada, prácticamente sepultado por desprendimientos rocosos y plantas. Pero ahora estoy poseído por una fuerza irracional que me lleva en volandas hacia arriba, regresar jamás, sólo quiero seguir subiendo. Qué fe hay que tener. Desde lo alto puedo ir viendo este paisaje lunar y más zonas abandonadas de la planta de áridos que forman una mezcla extraña con los riscos puntiagudos y el mar bravo de la costa, con sus roques y cuevas. Es un conjunto muy singular de erosión humana y erosión marina. Algunas plantas autóctonas (ajinajo, siempreviva e incienso) están reocupando todas las laderas erosionadas.
Tras vencer una última ladera muy inclinada llego a un llano de donde sale una pista, qué bueno, lo he logrado, pero no sigo por la pista, porque a la derecha descubro el punto geodésico. Atravieso una zona de rocas grandes cubiertas de líquenes grises, casi saltando sobre ellas y alcanzo el cilindro del punto geodésico (Riquer, 168m). Ya está. Ahora sigo por un sendero fácil hasta el muro de la finca que se vende (punto A) y subo por la pista. Hoy no está tan espectacular el día para poder ver el Teide entre los huecos de la pared (excursión 886). Cuando llego al coche, me pica la curiosidad saber a dónde iba la pista que evité para ir por el punto geodésico y sigo caminando por la calle y otra calle que una vez estuvo cerrada con un portón, pero no llego a nada.
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Tracks orientativo, no obtenidos durante la excursión, elaborados después de realizarla
Parte a: Camino Playa Moreno
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Parte b: Costa por San Felipe
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Camino Playa Moreno
Costa por San Felipe