• Excursión 1001. 19 Septiembre de 2019. Jueves.
Montaña Blanca. Pico del Teide. Pico Viejo.
Municipio: La Orotava
ENP: Parque Nacional del Teide
De 11 a 19.40h. De 2359 a 3554 a 2014 a 2150m
Distancia: 21km. Duración: 8h 40m.
Subida al pico del Teide desde Montaña Blanca y bajada hacia el Pico Viejo con final en los Roques de García
Siento una gran emoción cuando voy por la larga recta de la calle donde vivo en Tacoronte levanto la mirada y veo el pico del Teide claro y diáfano en un día radiante, y siento esa emoción porque hoy voy a subir arriba, al pico del Teide. Esta es una excursión que no tenía en la lista, pero me ha parecido muy apropiada para celebrar las mil excursiones, aunque por el día de la semana vaya a ser la mil una que también es un número interesante.
El día está estupendo y la previsión del tiempo para la cumbre es de poco viento. El día perfecto para subir a todo lo alto. Tomo la 348 desde La Orotava (9.46h) y durante la subida no me pongo a leer el periódico como otros días, sino que me voy preparando y “elevando” escuchando música de Haendel (el disco de Rene Fleming “Endless Pleasure”). Me sienta muy bien. Estoy muy concentrado y con mucha emoción anticipando la gran prueba. La guagua va rapidita: 22’ a Aguamansa, 24’ al Portillo, 15’ a Montaña Blanca. No son ni las once (10.48h, 2350m) cuando me bajo en Montaña Blanca. Me preparo y enseguida empiezo con buen ritmo, este primer tramo por una pista ancha tiene poca pendiente y puedo ir moderadamente deprisa. Pronto abro el paraguas para ahorrar de exposición al sol. Brisa muy suave. Voy entre la base de Montaña Blanca, uniforme, lisa, de arena beis, de laderas suaves, y la retorcida y barroca (a la derecha) Montaña Rajada. Un coche de Tragsa está aparcado y una trabajadora observa con prismáticos hacia lo alto. Se ve algo de movimiento en la pista, me cruzo con algunos que bajan. Voy bien. Llego al Portillo (11.29h, 2530m, 7% de desnivel, 2,4km), un cruce de caminos. Ahora tengo por delante un largo tramo de pista serpenteante y con un poquito más de desnivel, pero todavía poca cosa, así que solo levemente aflojo el ritmo. Subo por las faldas de la Montaña Blanca, apenas hay vegetación, solo algunos pequeños codesos, debe ser que nada se agarra en estas laderas de arena. Más arriba paso al lado de las piedras como menhires que rodaron en alguna erupción lateral, lugares para buscar sombra. El día sigue perfecto, sin viento, sin calor, despejado. Me voy acostumbrando perfectamente a la altitud. Sigo cruzándome con excursionistas que bajan.
Llego (12h, 2730m, 9% de desnivel, 2,1km) a la altura de la cima de Montaña Blanca, a la bifurcación que lleva a su cima. Vale, ya llevo una hora. Ahora empieza la parte complicada, es un sendero zigzagueante sobre roca y piedras que sube ya con mucha pendiente, ya sé que tiene un desnivel promedio del 36% y 1,5km hasta el refugio de Altavista. Aflojo la marcha y empiezo muy despacio a subir por el sendero, y es que no sólo ha aumentado brutalmente el desnivel, sino que el suelo es muy irregular. Voy bien, concentrado. A medida que voy subiendo voy teniendo vistas muy buenas hacia la cima de la Montaña Blanca, y, por supuesto, también hacia el circo de las Cañadas y la montaña de Guajara (2730m) al otro lado, cuya altura me sirve de referencia. Pero no estoy para contemplaciones estéticas, estoy en medio de una prueba brutal que no sé si voy a superar. Me sigo cruzando con senderistas que bajan. A algunos supero en mi subida. Una de las veces que miro hacia abajo me llama la atención un grupo numeroso de excursionistas que van todos vestidos de igual manera, polo negro y pantalones cortos negros rematados con una gorra negra. La verdad es que no quiero que me adelanten y me vuelvan loco con sus conversaciones, así que mantengo el ritmo. Parecen jóvenes. Adelanto a una pareja de senderistas que van silenciosos. Llego a la estancia de los Ingleses (12.25h, 2960m), un pequeño llano donde una vez un grupo de ingleses, creo que en el siglo XIX, hicieron un campamento. Nada lo identifica, sólo que es un pequeño llano en la subida. Aquí me quedo un momento para contemplar el paisaje y me alcanza el grupo vestido de negro, resultan ser marineros de una fragata argentina (Libertad) que ha fondeado en el puerto de Santa Cruz. Hablo con uno que me pregunta qué cuanto falta para llegar arriba. Me pregunta mi nombre, se llama como yo. Nos damos la mano. Ellos se sientan a descansar.
Sigo mi camino. Antes de venir había pensado en hacer paradas de descanso, pero ahora prefiero ir muy despacio cuando me siento cansado antes que pararme. Voy como a cámara lenta y en uno o dos minutos me recupero y puedo seguir a más ritmo, el de esta parte de la subida. Paso un segundo llanito (Estancia de los Alemanes), y es que son tan raros aquí los llanos. Las vistas cuando puedo apreciarlas son cada vez mejores, pero yo estoy con mi cabeza en lo alto, no aprecio lo de abajo. Los peores ratos de esta subida los voy a pasar a partir de la segunda Estancia y es que la pendiente es constante y brutal y yo no me quiero parar. Aquí y allí veo regados otros senderistas exhaustos que se paran a descansar, yo sigo y sigo. Cuando ya siento que no puedo más simplemente voy muy despacio y así continuo. Y llego al refugio de Altavista (13.05h, 3260m) donde hay mucha gente sentada por fuera de una pequeña casa, es minúscula en relación con lo que yo había imaginado, lo que hago es dar una vuelta, saludar sonriente a alguna pareja y con la misma y poco después (unos cinco minutos) y después que me hayan vuelto a alcanzar los marineros continúo mi ascenso. Una de las marineras se sienta muy cansada y me pregunta cuánto falta. Le digo que suponía que ellos estarían en forma física y me dice que no, me da la impresión de que no tenían una idea clara de lo que es esta subida, de hecho, yo la he estado retrasando sine die. Apenas veo a senderistas a partir de aquí. Me falta 1km con un 26% de desnivel, algo ligeramente más llevadero que el tramo entre Montaña Blanca y Altavista. Paso zonas de placas rocosas y me adelanta un corredor que va tentándose los muslos, le cedo el paso, me da las gracias. Pero también paso zonas difíciles de roca muy rugosa.
Cuanto más me acerco a lo alto menos pendiente hay y entonces ya llego a lo alto (13.46h, 3540m), al pasillo que da a La Rambleta, a donde llega el teleférico. Estoy absolutamente feliz y satisfecho, lo he logrado, he subido a lo alto, y sólo tengo una ligera sensación de pinchazos en los dedos de la mano derecha, ya me pasó también en la subida al Pico Viejo, debe ser cosa de la altura. Aquí hay un gentío, un barullo enorme. Me dirijo a unos jóvenes que me preguntan inseguros si he subido caminando, yo, orgulloso, les digo que sí, y que por favor me pongan una medalla (imaginaria) en el pecho. El pequeño mirador (de la Fortaleza, hacia el norte no hay vistas, todo está nublado) que hay a la derecha está lleno de gente, esto es una feria, no me sorprende, ya lo esperaba. Pero el gentío me corta bastante el lote, voy por un camino sobre lava muy irregular cediendo el paso a la gente, gente que va insegura por estos sitios. Llego al teleférico. Lo paso y sigo hacia el otro lado. Mucha gente. Dos hombres con fuerte acento andaluz hablan muy alto, escandalosamente alto, me resultan agresivos, este lugar por donde se debería ir en silencio contemplativo. Consigo agua de una maquina al lado de los baños (una botella de medio litro cuesta tres euros). Pasado el teleférico veo las zonas de erupciones blancas tan características y llamativas cuando se las ve desde abajo, desde el Parador. Pasado el teleférico hay otro gran mirador (de la Rambleta) con vistas muy buenas a los roques de García y el gran llano de Ucanca, a su derecha. Me sorprende lo ancho de la cumbre, hay corrientes anchas, las horizontales pueden con las verticales aquí arriba. Huele a azufre, aunque no veo solfataras, ni humo saliendo de ningún sitio. Sigo hacia adelante, hacia el último mirador, pero antes de llegar me siento después de una curva y con el paraguas abierto y contemplando el circo de Las Cañadas y el mar, más allá, de la costa Sur de la isla, hago mi pausa para comer (14.27-14.58h). ¡Cómo me cuesta parar a comer! Por mí seguiría caminando todo el rato, me molesta parar pero entiendo que si no lo hago el algún momento tendré un bajonazo.
Tras el bizcocho y la limpieza de dientes (totalmente necesario) sigo y paso el tercero de los miradores (del Pico Viejo) donde hay personas más jóvenes que parecen más en forma. Lo supero sin detenerme y empiezo a bajar hacia el Pico Viejo. La impresión que recibo del Pico Viejo en este primer avistamiento, y creo que, porque es tan ancho y grande su cráter, es de que está a la misma altura que donde estoy yo, es una ilusión fortísima y en realidad está 400 metros más abajo. Y nada más empezar ya me encuentro en un laberinto de escorias negras y un sendero muy artificial entre ellas, a veces las marcas del sendero (pequeñas placas metálicas) están en un punto elevado para indicar el sendero que va por debajo. Tengo que ir despacio y mirando muy bien el suelo. Hacia el mar veo claramente la Gomera, La Palma y El Hierro (más lejana), y las tres con una capa de nubes atoradas en su cara norte. Pero realmente lo que más me sorprende es la visión de una gran extensión verde que parece una selva desde el punto de vista de este erial, me cuesta un rato darme cuenta de que son los pinares de Guía de Isora, es casi mágico ese verde desde este desierto negro y retorcido. Me paro a veces para tratar de identificar lugares que conozco de Teno y logro distinguir el roque de La Fortaleza (en el borde del barranco de Masca) que pude ver de cerca el jueves anterior (excursión 998). Desde aquí arriba la zona de Teno parece tan pequeña. Y lo que domina en la bajada el paisaje es el inmenso cráter del Pico Viejo, y es en esta bajada desde donde mejor se puede ver, el borde afilado por la izquierda, el suave por la derecha, el cráter más pequeño en el extremo del grande, y los colores: marrones, oportos, beis, amarillos. La degollada antes del propio Pico Viejo también es muy interesante y de ahí han salido también otros conos más pequeños. Voy realmente en éxtasis paisajístico, todo me resulta muy nuevo, diferente; el paisaje en la subida, por el otro lado, me era más familiar. El propio sendero es muy demandante, me tengo que parar para poder apreciar los detalles de los sitios y los colores. El sendero va por una inmensa colada negruzca que llega hasta las inmediaciones del Pico Viejo a donde las coladas más viajeras han quedado como solidificadas en su último movimiento. No me llego al borde del cráter porque le quiero dar esquinazo a un senderista un poco plasta que se me ha pegado como una lapa. Cuando llego a la bifurcación (sendero 9 y sendero 23 del Teide) (16.24h, 3040m) por un momento dudo si seguir hacia el mirador de Chío (sendero 9) pero como sé que después me falta mucho para volver al Parador opto por el sendero 23 que baja más suavemente hacia los roques de García.
Por este sendero subí al Pico Viejo (excursión 798) y ahora me gusta hacerlo cuesta abajo, así puedo ir apreciando más las llanuras de Ucanca, de Chafari y las picos del circo de Las Cañadas. Al empezar me parece que estoy muy cerca de los roques de García, pero es otra ilusión como se demostrará cuando tarde dos horas en llegar. La primera parte de la bajada es cómoda sobre arena algo suelta. Después la cosa se complica cuando tengo que atravesar en oblicuo innumerables vallecitos longitudinales formados por las coladas que han ido cayendo por las laderas del Teide. Veo mucha retama densa y algunas grandes piedras del tamaño de monovolúmenes puestos de pie. El paso de las coladas es siempre complicado. Y no siempre bajo a veces tengo que remontar. Se me hace largo, más que nada por la falsa ilusión de cercanía de los roques de García (tardé tres horas en subir). Antes de llegar a los roques hay una zona de placas de lava pahoe-hoe, son esas placas con lavas cordadas de lava muy espesa y con muchos túneles por debajo. Caminar sobre ellas es cómodo, son muy rugosas. Tienen formas interesantes y esculturales. Llego al final del sendero 23 (18.12h) y empiezo a rodear los roques hacia la derecha (sendero 3 del Teide). En los roques hoy, en comparación con la excursión 569, la primera vez que los rodeé, no hay nadie, aquello fue un 15 de Diciembre, que es la temporada alta turística, no es que me importe mucho, los roques son demasiado imponentes, dramáticos, barrocos, estridentes, caprichosos, diferentes entre sí para que me importase. Hoy los puedo ver con más calma, sin prisas, he encargado que un taxi de La Orotava me recoja a las ocho en el Parador así que puedo ir todo lo despacio que quiera. De los roques destaca el de La Abejera que tiene la pared formada por una retícula de agujeros como los de una colmena salvaje. Todos ellos son restos de montañas más alta en proceso muy avanzado de erosión y de destrucción, con una historia geológica muy complicada, larga y enrevesada, el famoso roque que apareció en un billete está formado por no menos de diez elementos diferentes, yo en este paseo no lo veo, queda al otro lado. El sol, ya bajo, los ilumina con una luz cálida y anaranjada que resalta su color siena. Una mancha verde entre dos roques y a bastante altura del suelo es un moralito, árbol que solo había logrado ver creciendo salvaje en una ladera en Teno (excursión 864). Es todo un espectáculo, también con capas de lava pahoehoe, este recorrido. En la bifurcación delante del roque de la Catedral, que sobresale solitario en la llanura, algo alejado de los roques, elijo torcer a la derecha para ir por un sendero por el llano de Ucanca (sendero 26 del Teide). Me resulta mesmerizante el puntiagudo roque de La Catedral, que sube recto y formado paredes cuarteadas formado hexágonos, aquí practican escaladores a veces. No puedo dejar de ir mirándola y viendo cómo va cambiando con el punto de vista y cómo el sol le saca más relieve a sus paredes. Y ahora ya estoy en la gran llanura de Ucanca, que después de un día de verticalidad y montañas es un contraste total. La llanura se extiende muy lejos hacia la derecha con una cubierta no muy densa de retamas, y rosalitos. Ahora parece que no me muevo, que estoy siempre en el mismo punto. No está claro el sendero, es demasiado ancho y poco señalizado. Alcanzo el final del sendero 26 cuando llego a la carretera (19.10h, 2030m). Todavía con tiempo voy por la carretera con algunos coches que ni me pitan ni me molestan. Cuando ya he subido bastante por la carretera y estoy en la última curva antes de los roques veo como los últimos rayos de sol al dar sobre los tajinastes secos al contraluz los hacen destacar contra el fondo beis de la llanura. Un final redondo. Ya no quedan apenas coches en el aparcamiento en los roques y muy pocos delante de la ermita y el Parador. Y llego al final de la excursión cuando toco la puerta del Parador (19.40h, 2140m). Entro para comprar agua en el Parador y me llevo un periódico de regalo. Al salir y mientras estoy haciendo los estiramientos aparece mi taxi (19.45h). Es un taxista muy agradable, con ligero acento italiano, que dice que aquí se vive mucho mejor que en Italia. Para mí es muy reconfortante poder contarle mis hazañas de la excursión. Charlando con él se me hace muy corto el trayecto de vuelta hasta la parada de La Orotava, donde la estación de las guaguas (20.50h, 50€). Es dinero pero valioso cada céntimo por la comodidad y el relajamiento de no tener que volver a las 16h, que es cuando sale la última guagua del Parador hacia La Orotava.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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Montaña Blanca al Teide
Pico Viejo al Parador