• Excursión 286. 23 Mayo de 2015. Sábado.
Lomo Román. Caleta El Negro.
Municipio: Santa Úrsula
ENP: Paisaje Protegido Costa Acentejo
De 18.35 a 20.15h. De 175 a 0 a 175m.
Distancia: 1km. Duración: 1h 40m.
Parecida a la excursión 96 pero llegando más abajo y visitando la planicie al lado del mar. Durante el recorrido se va a alternar el sol radiante con nubes grises en momentos cortos.
El día es incomparablemente mejor que en la excursión 96, aquel fue gris y fresco. Aparco al final de la urbanización Lomo Román (calle Avenida Venezuela) que tiene sitio para tres coches y uno está ocupado. Bajo bastante bien. Más allá, hacia el Puerto, está nublado, pero justamente aquí hace sol. Al poco de bajar me parece que existe un sendero a la derecha y lo exploro un poco pero no llego muy lejos, entre los abismos y la vegetación no hay muchas oportunidades de ir por donde uno quiera. Más abajo parece que hay otra desviación pero implica bajar por un sitio muy vertical y con plantas, así que lo dejo para otro día.
Sigo por el camino normal, que tiene baranda metálica pintada de color verde y de aspecto frágil en muchos tramos. También se ven grandes trozos de baranda tirados o arramblados contra la pared. Se pasa por unas cuevas que desprenden humedad. Ya después se baja bastante vertical, pero el camino es muy fácil de seguir aunque siempre complicado de recorrer, es decir, no hay muchas posibilidades de confundirse de por dónde ir pero todos los tramos o son rocosos, o verticales, o resbaladizos. Bajando dejo pasar a un pescador que sube. Ya abajo me sorprende ver una cueva, completamente limpia, de unos 16 metros cuadrados, con una silla de oficina tapizada en azul y una colchoneta, así como un tubo metálico que sirve de percha al fondo. Es fácil reconocer que una o varias personas lo mantienen así de limpio, y es que justo al lado hay dos cuevas más, un poco más angostas sí, pero llenas de botellas y latas vacías. La silla de oficina está también incomprensiblemente limpia. Fantástico. Me gusta.
Al lado del mar, hacia la derecha, hay una planicie con muchas charcas de tamaño variable, algunas con agua otras no. Algunas como bañeras. Otras más grandes. En algunos en el fondo hay una gran roca y sus formas interiores están completamente redondeadas, ¿por el efecto de la roca al ser movida por las aguas sobre el fondo? Algunas charcas están recubiertos de algas verdes y otros tienen restos de patas de cangrejos ya completamente blanqueados. Es muy bello, sobre todo en contraste con la amenaza que se percibe, por encima, de la pared vertical e inclinada hacia adentro que está literalmente cayéndose a trozos. Algunas de estas moles caídas son rocas de varias toneladas de peso y que muestran en sus caras expuestas un tono amarillo pálido, señal de que no hace mucho estaban en el acantilado. En la parte de debajo de la pared vertical hay más huecos. De uno sale un hombre al que saludo de lejos moviendo el brazo. Llego hasta el final de la terraza y en frente hay otro saliente, pero inalcanzable. Un entrante de agua me separa de él. En el extremo de esta entrada las olas dan con tanta fuerza que han escavado un hueco que se llena de agua cuando el mar bate y después se descarga desde arriba, como un pozo invertido. El mar suena muy fuerte y retumba en toda la roca. Y eso que el mar está tranquilo hoy. Así y todo las olas son grandes y por momentos me asusto y tengo que alejarme del borde. El saliente de enfrente es superado a intervalos regulares por columnas de espuma cuando baten las olas. En esa dirección no se ve ninguna posibilidad de ir caminando. Un lugar poderoso y ¡cómo tiene que ser cuando el mar esté fuerte! Los charcos que hay en la planicie parece que se rellenan cuando la marea sube y ahora algunos están todavía vaciándose.
El hombre que estaba en un hueco sale hacia afuera, me acerco a él para preguntarle una cosa, pero no me responde, o es muy miedoso o tiene un problema cognitivo. Me alejo inquieto. Y ya subo poco después. Todavía me da tiempo en la esquina de la planicie para ver restos de una construcción para bajar barcas al agua y una escalera de acero inoxidable para echarse al agua. Cuando estoy subiendo el hombre que estaba allí resulta ser un muchacho que no me dice nada cuando pasa y que sube deprisa echando miradas precavidas hacia mí según se aleja. Al llegar arriba hay otra pareja aparcada. Ella de pelo pelirrojo y fumando, él, con gafas oscuras, en un coche brillante y con llantas muy finas. No les digo nada, sólo cuando me voy un “hasta luego” que es respondido.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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Lomo Román a Caleta El Negro