• Excursión 28. 27 Mayo de 2013. Lunes.
El Portezuelo.
Municipio: Tegueste.
De 16.45 a 18.15h. De 630 a 580 a 630m.
Distancia: 3,7km. Duración: 1h 30m
Recorrido por las laderas del Púlpito cerca del Portezuelo y un sendero local: camino del Portezuelo SL TG02 hasta una colina con vistas hacia un gran valle (El Cuervo) y el cono del volcán del Infierno.
Sigo desplazándome día tras día hacia el Este, en pos del paisaje que voy descubriendo desde lo alto de las montañas. Por eso voy hoy al Portezuelo, para tratar de alcanzar las montañas que rodean la vega lagunera. Sin ningún plan de nuevo, a bulto, voy por la carretera general y después de la bajada al Socorro entro por El Portezuelo (camino del Portezuelo) y dejo el coche en el primer sitio que me viene a mano (camino de Los Álamos) y que está cerca de las montañas. Los Álamos es una pequeña calle urbana y la sigo hacia el monte hasta que llego a una pista con cadena. Resulta que el dueño está allí cerca. Es un herrero que de paso se ofrece para cualquier trabajo que necesite hacer con hierro. Puso la cadena porque los amorosos le dejaban el sitio hecho unos zorros.
Por la pista que va por un surco del terreno y rodeada de vegetación llego a una planicie en la ladera de la montaña del Púlpito. Una valla limita una antigua cantera. Me resulta misteriosa. (Dos años después me enteraré que es la entrada a un sistema de túneles construidos durante la segunda guerra mundial).
En este día soleado y agradable aprecio las vistas desde la pista hacia La Esperanza, aunque no puedo ver la pista del aeropuerto, la tapan las casas de El Portezuelo. También tengo vistas excelentes hacia la ladera del Nombre de Dios. Puedo ver con detalle los lugares por donde he estado en las excursiones anteriores: la casa aislada, la calle en pendiente, la montaña de Tabares. Me da una flojera muy agradable al darme cuenta que ya estoy al otro lado, que todo se puede visitar y recorrer. Hoy estoy en el sitio que ayer veía de lejos. Además, me da tranquilidad que no haya viento, el viento siempre me da urgencia, me fuerza a ir deprisa. Los líquenes amarillos que cubren las ramas de algunos arbustos me recuerdan la humedad y el frío que puede llegar a hacer. El valle del Portezuelo es un lugar de paso de vientos que suben del mar, también de nieblas que se aparcan en las pistas del aeropuerto. Vuelvo a la calle de Los Álamos y empiezo a bajar, a la derecha, por la calle Camino del Portezuelo. En el número 18 hay un bar: “Rincón de Marino”, anuncia en una pizarra: “Hay camarón fresco”, Hoy está cerrado, en la puerta un anuncio oferta clases de timple y guitarra. Después en una esquina un bonito muro de piedra con ágaves, y unas grandes matas de plantas decorativas lilas. Más abajo me llevo la sorpresa, muy agradable, de encontrar una pista a la derecha (Camino Las Rosetas) con un cartel señalizador del camino del Portezuelo (SL TG-02, 5,35 km al Socorro). Parece prometedor.
El camino Las Rosetas llanea por la ladera de la montaña del Púlpito, ladera que está cubierta de plantas y donde algunos eucaliptus se agarran a la pendiente. Hacia la izquierda las vistas son estupendas y abiertas hacia el Socorro y las montañas de Tabares y los Lázaro. Es un camino que lo tiene todo: vistas y naturaleza. (Tardaré un tiempo en enterarme de que en este camino hay una maravillosa colección de árboles canarios, me queda mucho para empezar a saber sus nombres e identificarlos, véase la excursión 996). Hay algunas casas aisladas. Llego al extremo de la pista. Y por fin veo de cerca la casa amarilla, la casa que he estado viendo durante días desde la ladera de enfrente, la última casa de la ladera y aislada, parecía un potala (templo budista tibetano) inalcanzable.
Me dirijo a un hombre delgado, resulta ser el dueño de la casa amarilla. Me dice que de aquí sale un camino que sube al Púlpito, que hay propietarios que no dejan pasar por sus terrenos, pero él sí, y me dice también que al otro lado está el valle del Cuervo. Me impresiona tanto el nombre del valle como que exista un valle ahí detrás. Por un sendero con escalones hechos con postes de madera subo la ladera. Llego a un llano saliente, una pequeña colina, con vistas a la mesa de Tejina. Pero delante está un cono volcánico, algo alargado, pero perfectamente reconocible, es la montaña del Infierno (me entero más tarde). En sus laderas hay terrazas, árboles y algunas huertas. Al fondo la mesa de Tejina. Y aquí lo dejo por hoy. Otro día más. Regreso por donde vine hasta la calle Los Álamos (por cierto, algo sobre el herrero amable, le encargué años más tarde que me desmontara una escalera de caracol de hierro, y nunca supe nada de él).
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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El Portezuelo a Camino Las Rosetas