• Excursión 1035. 12 Diciembre de 2019. Jueves.
Barranco de Juan López.
Municipio: Buenavista del Norte.
EPN: Parque Rural de Teno
De 10 a 18h. De 725 a 0 a 735m.
Distancia: 10,6km. Duración: 8h.
Me ha costado mucho tener la ilusión y las ganas necesarias para emprender esta excursión. En mi intento anterior el 4-4 (que casualidad que hoy es el 12-12) de este año me hice una herida profunda en la palma de la mano y tuve que interrumpirla (excursión 929). Creo que fue por el suelo húmedo y la falta de agarre de mis zapatos. Lo bueno es que no ha llovido recientemente en esta zona y no tengo que llevar los pantalones de agua. Sí llevo el chaquetón y el paraguas, en diciembre nunca se sabe. Además de las indicaciones de MPC y los mapas de Grafcan he conseguido un mapa más detallado en el sitio del Gobierno de Canarias (Visor 4.3) en el que he inscrito la ruta que he obtenido en OSM. Vamos, que estoy preparado en todos los sentidos. También para aprovechar mejor la luz en esta época del año voy a ir en mi coche hasta Buenavista y allí tomar la guagua que va a Masca. Necesito todo el tiempo posible.
Salgo de casa (8.30h) y con poco tráfico hago toda la ruta por el norte. Sólo por calcular bien los tiempos voy mirando algunos tiempos parciales: 20’ a La Orotava, 30’ a San Juan, 40’ a Garachico, voy concentrado y teniendo en cuenta que cualquier percance me va a impedir llegar a tiempo a Buenavista. Todo va bien y llego con un poco de margen (9.25h), tengo suerte y puedo dejar el coche justo al lado de la estación. La guagua sale puntual (9.30h). Todo bastante justo, pero es lo que me gusta a mí. Con unos pocos locales y ningún senderista el conductor hace el recorrido ligero y me bajo en la pista de entrada al barranco de Juan López (725m). En la bajada por la pista de tierra bate un viento muy fuerte, espero que sea cosa de las alturas, y que en el barranco encajonado no haga este viento. El tiempo en Teno es tan extremado. En las esquinas sobre todo, el viento levanta polvo y me tengo que poner la bufanda. Llego al sendero por encima de la casa en ruinas de Juan López y ahora el tiempo se ha pacificado, ha cesado el viento. Paso el cauce con agua sobre palés viejos entre el denso cañaveral. El sendero que tan claro estaba en abril ahora está borrado por la yerba verde nueva, menos mal que ya lo conozco. Voy llaneando o en ligera subida pasando los cauces de algunos barranquillos hasta llegar a las dos pequeñas montañas en línea. Antes de llegar a la primera me desvío a la izquierda para subir por la tierra resbaladiza y húmeda, la otra vez seguí recto (por el sendero que parecía más lógico) y no llegué a nada, bueno, sí, tuve que trepar hasta lo alto de la primera montaña, pero ahora al desviarme ya enfilo la parte alta de la montaña (Los Espejuelos, 626m) y subo casi hasta lo alto (en esta ladera fue donde me caí). Veo hitos y un pequeño goro. La vegetación de tuneras y plantas crasas no es tan densa. Bajo un poco y llego a la degollada Guarche, un espacio llano entre las dos montañas.
El sendero, claro, sigue ahora por la ladera derecha de la segunda montaña (El Picón, 619m). Y enseguida alcanzo un muro de piedra con un vano para una puerta, de la que no queda nada, aquí encerraban a las cabras. Me sirve la indicación de MPC “ahora sobre una tosca, casi sin restos de vereda, trate de descubrir la pronunciada bajada”, y es que realmente no se ve ningún sendero. Bajo por la tosca a la que se agarran bien mis zapatos. Por fin empieza la bajada, estoy por los 600m y tengo que llegar a 0m, qué emoción. Voy por la ladera izquierda del barranco que ya se ha hecho muy profundo, las paredes de enfrente son muy verticales con diques recorriéndolas y no se ve el fondo del barranco. Mi siguiente referencia está por mi lado, es un pico negro muy alto (Pico de la Pasada Bermeja, 614m), y tengo que pasar por la base de la pared que remata el pico negro. Tras la tosca, que no dura mucho, el sendero va claro, con vegetación rala y dispersa. Voy describiendo una gran curva en bajada, hay una parte llana hacia el final donde corren varios senderos paralelos, tomo uno de ellos y llego a una esquina (425m), es la base de la pared rematada por el pico negro. Mi siguiente referencia (MPC) son unas cuevas negras. Pero al ser la siguiente ladera menos empinada y a pesar de los hitos pierdo hasta dos veces el sendero, menos mal que las cuevas negras son grandes y se ven muy bien desde lejos. En cada ocasión que pierdo el sendero regreso hasta el último hito para continuar. Quiero tener las cosas claras. Paso otro recinto para cabras, un muro medio caído por el que bajo hacia las cuevas. Cuanto más me acerco a las grandes cuevas más claro es el sendero, aquí tengo que ir ya muy pegado a la pared. Las cuevas (250m) (Biscaino/Vezcaino) son someras y a continuación hay dos franjas paralelas de colores vivos, y después ya veo el cauce del barranco (en realidad es otro barranco que confluye con el de Juan López, el barranco del Retamar).
Me da una gran alegría ver el cauce gris, ahora me da la sensación de que la cosa ya va a ser más fácil, solo se trata de seguir por el cauce. Algunos hitos me guían por la ladera empinada y resbaladiza y alcanzo el cauce (190m). Pero lo que me encuentro no me gusta nada, son piedras gigantescas, redondeadas, unas sobre otras, un caos y, desde luego, que ningún sendero, tengo que ir trepando, bajando, rodeando, volviendo para atrás, porque no quiero saltar y además tengo que saber cómo regresar. Algunas piedras pequeñas (hitos) sobre las enormes me guían más o menos. Es un paso muy complicado. Mirando hacia abajo no parece haber salida de este encajonado barranco, diviso mirando hacia abajo un arco en la pared, espero que no tenga que pasar por dentro. Pero no, son simplemente curvas en el barranco que no me dejan ver. Cuando confluyo con el barranco de Juan López, con un gran salto a la derecha, las piedras ya no son tan grandes. Las paredes por la derecha son muy altas, con nervaduras, son casi verticales o invertidas hacia adentro. Por el cauce corre un poco de agua que se remansa en algunos grandes charcos (Charco del Indiano). Y ahora se trata de ir bajando y en la medida de lo posible evitar el cauce por atajos por los lados que están señalizados con hitos, y con los que se ahorra un poco. Pero la vegetación en estos atajos es muy recia, densa, y tengo que luchar para abrirme camino. Aquí abajo el tiempo está maravilloso, nada de viento, soleado, todo está fresco. Y cuanto más abajo voy más atajos tomo, cualquier cosa con tal de evitar el cauce rocambolesco. Y del mar nada, no se ve nada de nada. La verdad es que me está resultando todo muy nuevo, muy diferente a los otros barrancos que he recorrido de Teno (Masca y Barranco Seco). (Este barranco tiene una gran bajada y después por el cauce es mucho más suave, sin embargo, en los otros dos, la bajada es continua.) Tras una gran curva, casi un lazo, del barranco empiezo a oír el sonido de las olas. Voy cada vez más emocionado porque lo voy a lograr, no parece que vaya a haber ningún gran obstáculo, y así es.
De repente ya llego a la playa (13.30h). Es una playa en curva, una pequeña bahía, de cayados medianos y pequeños. Con una gran ladera verde por encima y riscos afilados, más allá. Bien, he llegado, el día está maravilloso, las olas muy débiles baten suavemente. He tardado tres horas y media en bajar. Y si hoy va a anochecer a las seis y poco, entonces tengo más de cuatro horas para volver. Me lo tomo con calma. Me siento en un cayado, en uno cómodo, y me tomo el sándwich y el bizcocho, despacio, saboreándolo, este es el momento que tengo para estar aquí mirando el mar. La Gomera, enfrente, no se acaba de ver muy bien. Pero no me puedo relajar del todo, me queda un mundo todavía, toda la subida. En la playa veo unas casetas, son muros de piedra en oblicuo a la playa, y sin techo, aquí guardaban las barcas los pescadores. Un cartel avisa del peligro de desprendimientos. Un barco pequeño pasa delante de la playa, se detiene un momento, miro con los prismáticos, pero no identifico a nadie en la cubierta. Se van. Yo también dejo la playa para enfrentarme al reto de la subida. En la entrada al barranco de nuevo me impresionan los paredones del otro lado que caen a extra plomo con muchos diques entreverados. Empiezo bien la subida aprovechando mejor los atajos que en la bajada, yo también he puesto hitos en las entradas a algunos. Voy despacio, concentrado, sin apurarme, a veces subo demasiado la ladera y enseguida se desprenden piedras y tierra, todo está muy suelto y en pendiente.
Cuando llego al salto del barranco de Juan López y me meto en el barranco del Retamar empieza a llover débilmente, lo cual me inquieta, no es buena cosa estar en el cauce de un barranco si llueve. Y, además, ahora me enfrento con el caos de las grandes piedras redondeadas. Resulta mucho menos fácil subir entre ellas que bajar, me empiezo a poner nervioso porque además ahora, mirando hacia arriba veo varias posibilidades para subir, y no me queda claro cuál es, son entrantes muy pendientes, y uno es por donde bajé pero ahora no lo distingo. La lluvia fina sigue y empieza a mojar las piedras, el esfuerzo que tengo que hacer, de dar grandes zancadas para subirme por las piedras me empieza a acartonar las piernas, no veo los hitos, tengo que ir probando posibles subidas, en una de estas resbalo y me doy un golpe muy fuerte en la canilla izquierda. Cuando me veo la pierna tengo una buena herida sangrante y varios rasguños más superficiales hasta la rodilla. Me tengo que parar a curármela, me la lavo bien con agua, la seco y le pongo cristalmina y después con tiritas la tapo todo lo que puedo. Me tengo que repetir mentalmente que tengo tiempo, que todo va bien, que es solo una herida superficial. Con un poco más de cabeza logro superar la zona dantesca de las piedras y encontrar la subida hacia las dos franjas de colores y las cuevas negras, pero que no se ven desde abajo. Pero mientras estoy por las cuevas de Biscaino me empiezan a dar calambres en los muslos, que logro aplacar con estiramientos. Y ahora no veo ni un solo hito. Vale. Sigo instintivamente. El tiempo mejora y deja de llover, incluso vuelve a salir el sol. Pero en el tramo que me perdí antes me vuelvo a perder ahora de nuevo, y cuando me vengo a dar cuenta estoy por una arista demasiado arriba de la ladera, voy muy por la derecha del sendero que debe ir por el borde izquierdo de la ladera, vale, empiezo a bajar como buenamente puedo, en realidad, voy destrepando y dejándome caer por la pared de aristas y cardones hasta que logro dar con el sendero y volver a ver los hitos. Paso la esquina bajo el pico negro y ahora la cosa es mucho más fácil, aunque también mi juicio va menguando.
Esta parte de la subida es muy clara y cuando voy por la tosca muy cerca del cercado de piedra sin puerta empieza a llover, no muy fuerte, sí, pero con mucho viento. Me pongo el chaquetón con la capucha. Del paraguas mejor pasar porque el viento le va a dar la vuelta enseguida. Paso por la ladera de la segunda montaña (El Picón) y llego a la degollada. El viento bate más fuerte y las gotas de lluvia, como balines, me azotan la cara. No puedo ir deprisa, no me quiero resbalar y caer, tengo que mantener la calma. En lo alto de la primera montaña (Los Espejuelos) el viento casi me derriba, pero la logro pasar y encontrar el sendero que llanea. La lluvia amaina un poco pero el agua acumulada en las plantas me empieza a mojar los pantalones, que se me van mojando poco a poco desde abajo hacia arriba. Lo más complicado ya lo he pasado pero este sendero borrado por la yerba verde no es un paseo por el pasillo de mi casa, y de hecho casi a la vista de la casa de Juan López me topo con una maraña tremenda que puedo evitar por un sendero que la rodea por encima y ya llego al cañaveral al lado de la casa y empiezo a subir por el sendero. Las plantas me mojan ya los pantalones hasta más arriba de las rodillas, y los mapas que tengo en los bolsillos están completamente mojados, en cuanto a la herida de la pierna no la siento, es como si no me hubiese caído.
Vuelve a llover y ahora más resguardado abro el paraguas, que el viento en una racha le rompe dos varillas pero que, aunque contrahecho, me tapa. La subida por la pista de tierra es fuerte, es muy inclinada, pero yo ya estoy curado de espanto. Llego a la carretera y llamo al taxi de Buenavista, pero ninguno está disponible. Tengo que seguir carretera abajo y ahora llueve más. Desesperado empiezo a hacer dedo, y tengo una suerte maravillosa porque el segundo coche se para y me recoge. Ahora sí que estoy salvado. El cambio es brutal y me siento completamente agradecido, es un alemán que viene de Masca y va hacia el Puerto, el teléfono con GPS en el salpicadero le va guiando. Me cuesta hablar, me cuesta pensar, no me entero de por donde vamos. Poco a poco me voy reponiendo y cuando llegamos a Buenavista entramos a un bar y yo le recomiendo cosas para ver en la isla y también le doy mi teléfono por si quiere que le enseñe algo. Se llama el equivalente a Andrews en alemán.
(Un mes y medio después de esta excursión se me ha quedado un buen bulto en la espinilla, pero la herida en sí se curó en menos de una semana)
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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Barranco de Juan López