• Excursión 630. 6 Abril de 2017. Jueves. (Anaga 89ª)
Casa Carlos. Lomo los Carreteros. Barranco Taravela. Sabinar de Afur.
Municipio: Santa Cruz de Tenerife
ENP: Parque Rural de Anaga
De 11.11 a 17.05h. De 915 a 190m.
Distancia: 8,0km. Duración: 5h 55m.
Recorrido de un sendero poco frecuentado (Lomo los Carreteros) por el bosque de laurisilva y con la ayuda del gps de otros senderistas conseguimos localizar la bajada vertiginosa al cauce de un barranco (Taravela) y después por otro sendero más sencillo travesía hasta Afur. Completado con una visita al sabinar de Afur, un bosque mixto de brezos y sabinas
Muchos senderistas en la guagua a Afur de las 10.35h. Soleado. Soy el único en bajar en casa Carlos (11.11h, 915m). Un grupo de senderista se prepara para bajar a Taborno. Muy ruidosos, hablan muy alto, cada vez soy más sensible a las voces en el campo. Empiezo la bajada por el mismo sendero que ellos pero pronto (unos 200 metros desde Casa Carlos) me desvío a la derecha por el Lomo de los Carreteros. Es mi segundo intento por este sendero (excursión 557). La otra vez con las plantas mojadas y amenaza de lluvia. Hoy todo seco, el tiempo fantástico. El camino un poco cerrado al principio. Todavía y durante un rato seguiré oyendo al grupo ruidoso hasta que se separen más nuestros caminos. Me encanta esta bajada. Por la cresta de una loma va bajando siempre con mucha pendiente pero nunca peligrosa. Hay tramos algo resbaladizos. Con la vegetación exuberante apenas hay lugares con vistas diáfanas de las otras lomas. Mucho poleo de monte, es lo que más me llama la atención en la bajada. En la casa en ruinas encuentro a dos excursionistas alemanes (una pareja de jóvenes, él y ella) que charlan contentos. Me dejan pasar, algo ceremoniosos, cuando ven que voy más rápido. Como veo su buen rollo les pregunto a dónde van. Resulta que van al mismo sitio que yo y están usando el mismo libro (W), pero lo mejor es que me dicen que llevan gps. Me he estado documentando mucho para este tramo después de mi fracaso en la anterior intentona. Tengo las indicaciones de MPC, el mapa de Grafcan, e incluso un mapa detallado de openstreetmap.org, pero el gps es imbatible. Les pido ir con ellos. Me aceptan. Me quedo detrás. En el punto difícil, que no supe encontrar en el otro intento, enseguida él avisa de que hemos bajado demasiado, volvemos a subir y entonces yo encuentro el lugar por donde tenemos que desviarnos (a la izquierda según subimos). El sendero es muy revirado y tiene un mirador despejado con muy buenas vistas del barranco de Taravela, del que sigue –Guarnada- y más allá. Un poco más abajo nos volvemos a pasar de largo hacia la izquierda y damos a un bosquecillo muy cerrado de brezos. Regresamos y vuelvo a encontrar el sitio correcto. Es complicada la bajada, tiene mucha inclinación y la vegetación muy densa tapa el camino, pero yo voy disfrutando muchísimo, me encanta este trayecto, tan salvaje, tan complejo. Por fin llegamos abajo, al punto de encuentro de dos barrancos, el de Sabugo por la derecha y el de Taravela por la izquierda.
La zona que hemos bajado es el final de la cresta del lomo de los Carreteros, es un pico entre dos barrancos, se llama El Roquete, en una de sus caras es muy vertical y espectacular, un desnivel de unos 120 metros desde el punto difícil de localizar ¡qué bien hice en no intentar cruzarlo a las bravas en mi primer intento! Todavía abajo nos cuesta trabajo encontrar el sendero que va por la izquierda del barranco de Taravela. También este tramo es difícil, es un resalte estrecho (un andén) en la pared, hay que prestar mucha atención para no caer en las zarzas y la vegetación densa a la derecha. Se me hace largo. Ellos van detrás a unos diez metros, ella habla muy alegre y le cuenta cosas que no entiendo. Siento una gran liberación cuando por fin accedemos a un sendero más ancho (13.03h, 370m). Lo reconozco, por aquí pasé en otra excursión (la 464) explorando el barranco de Guarnada. En esa excursión venía desde Afur, es decir, en dirección contraria, y el sendero ancho terminaba en un llanito con helechos antes de cruzar el barranco hacia la otra ladera. Durante meses he estado pensando que atravesando ese llanito hubiese encontrado el sendero por dónde acabamos de venir, pero estaba equivocado, porque el sendero se desviaba unos cien metros antes del llanito por la derecha, prácticamente invisible, por el sitio por dónde hemos accedido al sendero ancho. Ahora ya me acuerdo perfectamente de este recorrido y me tranquilizo del todo, es un camino cómodo y llano.
La mañana está alegre y luminosa y el camino se hace muy agradable. Ella parece un pajarito cantando, como no entiendo lo que hablan, sólo me llega su alegría y sus risas, él habla menos, es más grave. Empatamos con el sendero que baja de El Frontón y al llegar a la montaña colorada (Lomo Centeno) les sugiero que nos desviemos hasta lo alto para las vistas. Es sólo un pequeño desvío y enseguida estamos en lo alto de la montaña casi pelada, muy roja, y que es un punto de referencia en el paisaje de la zona. Comemos aquí (13.30h), yo un poco separado de ellos, soy consciente de que no quiero invadir su espacio. A rebanadas parten pan y salchichón. Un lugar espectacular para comer. Desde aquí se ve la salida al mar por la playa de Tamadite. Les pregunto sus nombres: Daniela y Volk y nos damos la mano en una presentación un poco formal y un poco tardía. En la bajada desde Las Viñas ellos van de la mano delante. Al llegar a los puentes en Afur nos despedimos, ellos vuelven a casa Carlos donde han dejado el coche. Yo, al sabinar de Afur.
He visto en el libro de los Ashmole (Philip and Myrtle, “Natural History of Tenerife”, 2016) cómo llegar al sabinar. He copiado a mano en un papel pequeño el par de párrafos donde describe el camino. Primero accedo a Afur y después subo por la carretera hasta la primera curva cerrada donde hay un grupo de casas. Aquí tomo una escalera evidente, a la izquierda, y sigo subiendo entre casas y algunos corrales para cabras. Gente vive por aquí y se oyen sus voces y los ladridos de los perros que ya me han olido. Hay un camino ancho de cemento que sube hasta otro grupo de casas y lo sigo, pero me paso de largo. Una mujer desde una casa muy arriba me manda para abajo. Abajo llego a una casa donde cuatro o cinco perros dentro del patio de una casa se ponen a ladrar al unísono. Sale de la casa una joven que muy tranquila va poco a poco metiendo a los perros en la casa. Cuando ya puedo hablar con ella con paciencia y despacio me dice cómo ir, resulta que iba bien, sólo tenía que desviarme por un sendero de tierra a la izquierda mucho antes de donde la mujer que me habló de lejos. Le agradezco muchísimo la información. Con la paciencia que se lo ha tomado parece que está acostumbrada a este tipo de incordio (personas como yo) y quizás en otras ocasiones sea más complicado porque ni siquiera hablen en español (en las excursiones 944 y 972 hay descripciones de como acceder desde la carretera al sabinar).
El día está fuerte y voy con mi paraguas desplegado, lo cual tiene que ser un espectáculo para los lugareños (14.40h, 270m). Encuentro el sendero de tierra. Paso el cauce de un barranquillo y después subo hasta una pequeña loma. Todo el terreno es de tierra, y muy resbaladiza. Voy con el papelito de las instrucciones en la mano. De entrada, al llegar a la loma me echo a la izquierda, mal. Lo leo bien y empiezo a subir por la loma resbaladiza hacia la derecha. Tengo que encontrar una tubería metálica de unos 15 cm de diámetro. Hace mucho calor. Encuentro la tubería, pero a su lado no va ningún sendero como se suponía. El sendero está más abajo. La vegetación lo invade todo, el sendero es muy poco claro. Llaneando atravieso un pequeño barranco y cuando intento seguir la tubería hacia arriba tengo que desistir a los 50 metros porque es muy peligroso. Bajo hasta el cauce y hacia abajo encuentro un sendero que rodea una pequeña loma. Aquí ya empiezo a ver muchas sabinas. Están dispersas, separadas. Algunas con troncos gruesos y retorcidos. Destacan individualmente. Arbustos achaparrados de verde oscuro que resaltan en toda esta loma y en las dos de enfrente por debajo del risco que separa estos barrancos del mar. De cerca me fijo en sus hojitas, son como escamas y están pegadas a las ramitas, cubriéndolas completamente. Por fin estoy viendo un sabinar, de esos lugares míticos de los que he estado oyendo hablar desde que llegue a Canarias hace 40 años. En algún momento llegué a pensar que la sabina era un árbol mítico que se había extinguido, excepto los poco ejemplares de la isla de El Hierro. Aquí puedo verlos a mis anchas. Se extienden a lo largo de tres barrancos. Deambulo por la loma arriba y abajo y después intento reencontrar el sendero. Lo consigo, pero es muy difícil. Necesito una excursión sólo para esto. Es posible, pero es muy lento seguirlo. Los mejores ejemplares están muy arriba cerca del borde superior del risco. No sé siquiera si se puede llegar a ellos o tengo que traer unos súper prismáticos para verlos. El día empeora, empieza a correr un viento fresco y desagradable y se nubla. Decido volver. Todo el rato he estado escuchando las esquilas de las cabras, un grupo de ellas ramonea bastante por encima de donde estoy. Veo a algunas, que se mantienen muy lejos de mí.
Vuelvo sobre mis pasos hasta la loma, después el camino de cemento y, al final, el grupo de casas. Unos cien metros antes de llegar a Afur me desvío por una pista de tierra que sale a la derecha en una curva. A algún lado tiene que llevar. Llego a unas casas en ruinas. Un lugar abandonado que está muy invadido de zarzas, pero un lugar muy sugerente (Caserío Ladera Charquito). Veo una casa excavada en la pared con pequeñas habitaciones, todas las puertas abiertas, apenas objetos, algún cable, un enchufe, un somier. Está excavada en la toba roja. Escalo a un nivel superior y encuentro un aljibe con agua goteando, también excavado en la roca. De nuevo abajo exploro otras pequeñas casetas alrededor de la casa. Tengo que ir muy despacio porque los rejos de las zarzas ocupan todo el espacio. Muy buenas vistas hacia el barranco y hacia Afur.
De vuelta veo dos casas más abajo, en la ladera, también en ruinas. Llego a Afur (17.05h). En la cantina José está el dueño y algunas personas bromeando. La cantina es un lugar fascinante. Es un museo de bebidas. Botellas de todas clases están ordenadas en estanterías que cubren varias paredes. De techos bajos, hay un pequeño comedor con mesas y sillas al lado, pero sin señas de haber sido usado en mucho tiempo. Le compro un botellín de agua. Le pido permiso para hacer fotos y me dice indiferente que haga cuantas quiera. En la pared recortes de periódico relatan la querencia de José por Franco. Chocolatinas y golosinas se mezclan con enseres más sólidos en el mostrador de cristal en un totum revolutum. Al ver el mostrador me viene a la cabeza que lo de la fecha de caducidad es una cosa absurda, un concepto superfluo, aquí está la chocolatina, si la quieres, cómprala y cómetela ¡joder!
Espero un rato por fuera sin participar en la conversación entre vecinos. La guagua ya ha llegado pero el conductor se queda en ella, parece que la limpia y la revisa. A la hora de salir nos acercamos otros dos y yo (17.30h). Huele a loción de afeitar o colonia de baño en la guagua. El conductor es joven y muy profesional. De pocas palabras.
La vuelta me la paso escuchando música. Una maravillosa excursión.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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