• Excursión 1178. 26 Noviembre de 2020. Jueves.
Los Abrigos. Las Galletas.
Municipios: Granadilla. San Miguel. Arona
ENP: Monumento Natural de la Montaña Amarilla
De 11.32 a 15h. De 15 a 0 a 15m.
Distancia: 12,2km. Duración: 4h 28m
Recorrido costero al lado de edificios turísticos y un gran campo de golf pasando por una zona intacta de costa antes del monumento natural de la Montaña Amarilla, lo mejor de la ruta que termina antes de tiempo por el viento feroz tras El Fraile
Mi objetivo hoy es seguir recorriendo la costa Sur. En la anterior llegué a Los Abrigos y después me desvié hacia arriba por el interior hasta volver a bajar hacia la costa hasta Las Galletas, pero lejos del mar. Y va a ser todo un contraste con respecto a la excursión anterior (en Taganana), en el otro extremo de la isla.
De camino a Santa Cruz en Decathlon me compro un buen chaquetón impermeable con chaqueta interior y unos pantalones impermeables, los que me regaló una amiga ya no me protegen. Salgo de Santa Cruz (10.40h, la 110) en un día con claros y nubes, y sigue revuelto por la borrasca. Llueve bastante en varios tramos del trayecto hasta San Isidro (11.18h). En la parada, al lado de la estación, tomo un taxi que me lleva relativamente rápido a Los Abrigos (11.32h, 12€, Calle Vista Mar). Los Abrigos es otra de las ciudades que han surgido en la costa para acoger a los trabajadores de la industria turística, el principal sustento de la economía isleña. Otra de las ciudades estándares, con pocos rasgos característicos y edificios no muy altos.
Bajo por la calle La Sirena hasta el mar. Me gusta la primera vista amplia hacia el mar, algo encrespado por el viento. Tomo a la derecha por la avenida marítima que todavía conserva pequeñas casas marineras muy cerca del agua. Avanzo hasta una esquina donde hay una calle peatonal (La Marina) con vistas a una amplia bahía con dos playas. No tan animado como antes de la pandemia, pero con bastante vida a esta hora de la mañana en la que los turistas empiezan a pensar en comer. Sigo por el paseo cerca de una playita con barcas y tras los últimos edificios atravieso una zona de costa arenosa sobre la Playa Grande, y después de atravesar el cauce casi invisible de un barranco (Orchilla) paso otra playa (San Blas), más extensa bajo el límite de una urbanización (Golf del Sur). Después sigue una larga sucesión de edificios turísticos de pocas alturas con los habituales restaurantes sobre una costa más agreste (Punta de la Carrera) aunque no muy alta donde el oleaje no es suave. Pocas personas veo paseando por la costa. Unos veinte minutos desde la playa San Blas llego al campo de golf Amarilla Golf, que prácticamente alcanza hasta el borde del mar. Me gustan muchos las grandes extensiones onduladas cubiertas de una yerba preciosa, de hoja pequeña. Veo a lo lejos algunos jugadores, con sus bolsas grandes y sus atuendos elegantes. Entre el mar tranquilo y el verde intenso del césped me siento revivificado, me dan ganas de saltar al campo y rebozarme en el césped y dejarme llevar. En la costa están los pequeños barcos deportivos en un club marítimo (Puerto Deportivo Marina S Miguel).
Después de otro grupo de edificios bajos y otro green llego a una zona de costa salvaje con la vista ya hacia la Montaña Amarilla (un Monumento Natural). Es un cambio brutal. Del confort y las comodidades que suscitan el entorno protegido y artificial para que los turistas se sientan seguros y a salvo paso a un entorno semi desértico por un sendero polvoriento de vegetación rala baja y pobre. Por encima, hacia el interior puedo ver algunos pequeños volcanes desperdigados en una zona sin construir que no tiene ningún estatus de espacio protegido natural. El viento comienza a ser fuerte y se levantan nubes de polvo, como pequeños tornados de arena fina que el viento arrastra y que me envuelven. Tengo que cerrar los ojos y siento el polvo en mi boca y en mi garganta. Tan pronto como vienen se van estas pequeñas bolas de tierra que recorren la costa y se van hacia el interior. En unos quince minutos llego a la Montaña Amarilla. Un volcán con abertura por la zona por donde llego. Aunque no es muy alto (unos 70 metros) decido no subirlo, hace demasiado viento. Lo rodeo por el lado que da al mar. Es impresionante la playa fósil, de un beis apagado y de formas tan redondeadas, que conserva la forma de las viejas dunas. Esta playa fósil como otras que hay por la zona (en El Médano, por ejemplo) estuvieron cubiertas durante miles y miles de años por erupciones, pero al estar cerca del mar la erosión causada por el agua y el viento las han ido aflorando. Esta es una de las más hermosas, con un extraño dinamismo, la recorro. Me tumbo un rato acomodado como en un sofá a mi medida. Sigo recorriendo la ladera agreste de la montaña Amarilla que hace totalmente honor a su nombre, con capas paralelas rotas y que reflejan una gran violencia. La recorro por la costa por encima de otra vieja playa fósil. Lo más espectacular de esta excursión es el pasaje por debajo de la montaña Amarilla.
Después sigo por la costa rodeando edificio tras edificio de apartamentos turísticos (Costa del Silencio). Me tengo que alejar de la costa por la calle Té y la calle Diana y después puedo volver en una zona que no me gusta nada y llego a Las Galletas (está todo junto -Costa del Silencio y Las Galletas, es una denominación muy artificial). Me deprime ver la urbanización abandonada de Ten-Bel (Tenerife y Bélgica), está muy vandalizada, una urbanización modelo en su tiempo que ahora está en un estado penoso, aunque ha sido vallada. Me alojé aquí una vez en los años 90. Bajo de nuevo hasta el mar por la calle Avenida Salazar, sigo por la costa, salgo de la ciudad al lado de la bahía (Marina del Sur) con barcos y una playa bonita y llego a un barrio de cuadrícula muy regular y edificios de alturas uniformes (El Fraile). Es un barrio grande pero totalmente rodeado de sitios desérticos y limitado por una carretera, desde luego que otro barrio, muy humilde, de trabajadores. Aquí el viento me derrota completamente. Es tan fuerte y desagradable que me hace imposible enfrentarme al gran espacio desértico hacia la punta de la Rasca. Si aquí hace viento en el trayecto hasta La Rasca puede ser como ser azotado por miles de pequeños látigos. Lo dejo aquí. Me quedo en una parada grande de guaguas, y comparto la espera con los marroquíes y los africanos que deben trabajar en los hoteles, destaca una mujer joven alta de aspecto magrebí de una elegancia arrebatadora. La guagua que también bambolea algo el viento me lleva de vuelta a San Isidro donde tomo la 110 de vuelta a Santa Cruz. La verdad es que la excursión ha terminado mucho antes de lo esperado. Por aquí tengo que seguir.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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Los Abrigos a Las Galletas