• Excursión 1517. 2 Octubre de 2023. Lunes. (Anaga 245ª)
Cuadras de Don Benito. Solís. Barranco de Flandes. La Punta
Municipios: La Laguna
ENP: Parque Rural de Anaga
De 14.40 a 18.50h. De 860 a 30 a 50m.
Distancia: 7,7k. Duración: 4h 10m.
Aventurero descenso desde las Cuadras de Don Benito (km 3 de la carretera al Batán) hasta La Punta del Hidalgo por terrenos muy variados: pistas por el bosque de laurisilva, viejos caminos abandonados, llanuras ocupadas de jaras, crestas aparatosas y el paso del cauce de un barranco por un acueducto
El lunes pasado subí desde La Punta (La Hoya) por una loma arriscada hasta un precioso roque (La Pedrera, 340m). Hoy quiero completar la travesía de esa loma. Hoy, sin embargo, el tiempo está muy caluroso, viene otra ola de calor extremo. Así que decido bajarla en vez de subirla. El desnivel es considerable: unos 800 metros. El hecho de bajarla me obliga a empezar por un lugar algo alejado de la loma: Las Cuadras de Don Benito, un llano donde no queda nada de las cuadras, un llano situado al principio de la bajada al Batán. Ya tenía pensado ir en coche hasta el principio de la excursión, así que me encanta llamar (al taxi de Tacoronte) para que me recojan justo a las dos de la tarde. El taxista que me lleva tiene una buena conversación y hablamos cada uno la mitad del tiempo, con silencios generosos en medio. Me siento cómodo con él. Me lleva por Tejina, Tegueste, Pedro Álvarez hasta las Cuadras de Don Benito (32€, 14.40h). Me desea un buen día y yo a él.
Aquí a la sombra están tres excursionistas terminando de comer, una pareja de unos 60 años y una mujer, más joven, ¿su hija? Las mujeres me saludan más vivamente que el hombre. Paso una barrera y de las dos pistas que salen tomo por la pista de la derecha. Hace mucho que no venía por aquí (enero, febrero de 2017) pero apenas lo dudo. La pista es ancha, aunque algo invadida de arbustos y va en ligera bajada a la sombra. El bosque huele maravillosamente, predominan los laureles, con fayas, brezos y afollaos. El suelo algo irregular y pedregoso, nada preocupante. Este principio me gusta. Es una manera muy relajada de comenzar. El bosque me acoge, me protege con su sombra. Hoy llevo más agua que el lunes pasado, tres medios litros. Los olores del bosque van cambiando, se van haciendo más profundos, más terrosos, siempre deliciosos. Tras unos diez minutos de bajada constante y suave tuerzo a la derecha por un sendero erosionado (780m) y atajo, en menos de un minuto, hasta la misma pista por la que he bajado, a un espacio amplio llano (El Juntadero) con buenas vistas, a la derecha, hacia Chinamada, que se distingue como tiras blancas bajo una pequeña elevación.
Sigo por la pista en la misma dirección que traía. La pista ahora llanea, o, a veces, sube un poco con progresivamente más tramos al sol. Paso dos senderos a la derecha (bajan hacia La Punta y Bejia), también, más adelante, una pista a la izquierda (hacia La Orilla y Tegueste) y por último un camino, a la izquierda (hacia Bajamar). Paso otros caminos, secundarios, y algunas fincas valladas con casas (Solís). Yo sigo siempre por la pista más ancha. Después de un km aprox. y tras el camino a Bajamar, en una bifurcación elijo a la derecha para bajar con más pendiente y enseguida paso por encima de un cable. Ahora la pista baja con una pendiente mayor y a la vista de una casa, tuerzo (690m) a la derecha por un sendero entre plantas agostadas bajas. Voy llaneando y rodeando una zona de cultivos (abandonada) cubierta de helechos. Tras describir un semicírculo doy a unas cuevas, cerradas, y una hermosa era (elevada sobre el terreno) situada en una esquina rocosa.
Por aquí, sin sombra, se me hace muy evidente el calor, lo noto, incluso me llega a parecer algo amenazante. Pronto me olvido cuando empiezo a encontrarme con las primeras dificultades. (De la anterior vez que estuve por aquí -excursión 586, enero del 2017- recuerdo que, con muchas dificultades, tuve que subir a la cresta rocosa de una loma llana, continué hasta la punta y admiré la vista hacia Bajamar y La Punta. Cito de esa excursión: “Llego al final (Pico las Crucitas, …). He llegado a un pico (17.30h, 670m), debajo veo otra loma que la continua pero casi cien metros por debajo. La de abajo es una loma rojiza pelada donde veo cabras sueltas”.)
El recorrido que estoy replicando, es uno que hicieron unos usuarios de Wikiloc: Isabel_lolo51 (“la-pedrera-el-arco-las-crucitas-solis-la-goleta”). Lo tengo inscrito en un mapa muy bueno (Mapa Topográfico Integrado de Grafcan). El recorrido va por la izquierda de la cresta de la loma llana. Cuando, tras la era, rodeo la esquina puedo ir unos pocos metros por un viejo camino, pero enseguida está muy tupido. Me echo a la izquierda y bajo a una terraza amplia, pero está cubierta de una mezcla terrible de helechos y zarzas que a los veinte o treinta metros se hace impasable/imposible. Regreso al viejo camino y entre mosqueras, laureles, brezos y afollaos puedo ir avanzando hasta que se cierra del todo. Entonces me echo a la izquierda y, entre zarzas viejas y secas, pero igualmente pinchonas, subo a la cresta de la loma llana. Es más, o menos lo que tuve que hacer en la excursión 586. Hago marcas en el suelo arenoso para saber por dónde volver. No tengo nada claro que pueda hacer el recorrido. Una vez en la cresta sí puedo avanzar y paso algunos carteles de coto de caza. Las vistas son estupendas hacia lomas peladas y cubiertas de brezos por la derecha, y también hacia otra loma a la izquierda (Isogue) que está cubierta de más plantas. O por lo alto de las rocas blanquecinas o por la izquierda voy avanzando. Pero tengo muy presente que si sigo hasta el pico final (Las Crucitas) por ahí no voy a poder bajar, es muy vertical. Afortunadamente logro localizar (a la izquierda y por debajo), lo localizo por su color claro que contrasta con la vegetación verde donde predomina la lengua de pájaro (mosquera común). El camino está a la izquierda y como a unos veinte metros de desnivel.
Campo a través entre las mosqueras desciendo. Bajo, me parece, por senderos de cabras, por tierra suelta. Cuando llego al camino (650m) me da una gran alegría. Debe ser el camino bueno, aunque se ha perdido en un buen tramo, el que he tenido que hacer por encima de la cresta, el que estaba tupido de zarzas. El camino va por una zona llana y enseguida llego a una zona más amplia y también llana, un gran balcón natural. Por la derecha y unos veinte metros más arriba tengo la loma rocosa que continúa hacia el mar, baja un poco y después se eleva para terminar en una punta (Pico las Crucitas, 685m) con paredes arriscadas y verticales. Y es a la parte inferior de esa pared, a esa esquina a donde tengo que ir y donde confluye el recorrido que debo seguir. Desde aquí, sin embargo, no se ve nada de nada de por donde ir hasta esa esquina.
En el balcón natural me echo a la derecha por su borde, pronto no puedo seguir, está todo cubierto de plantas. Regreso al balcón natural, lo rodeo todo. Encuentro una grieta, muy vertical, que podría ser por donde hay que seguir. Abajo veo tramos de camino entre las mosqueras, podría ser por ahí. Bajo por la grieta, tiene unos cinco o seis metros de altura, y llego a otra zona llana con laureles y una vegetación muy densa. Sigo por el borde exterior hacia la derecha. Voy encontrando tramos de sendero más claros. La cosa va bien. Pero también llega un momento en que todo se vuelve a cerrar. Entonces, de una manera muy intuitiva, subo hacia un gran muro viejo de piedra, con un hermoso brezo delante, y encuentro la continuación. El camino muy invadido, casi irreconocible asciende un poco y me lleva a una esquina rocosa desnuda. La rodeo. Bajo un poco. Sigo por el borde exterior de otra zona de menor inclinación. Por el puro borde. Algo expuesto. Las mosqueras me van dejando pasar. Y entonces, por un andén natural, y en ascenso llego a la base (620m) del pico de Las Crucitas. Maravilloso. Fantástico.
(La ladera que he atravesado es de una densidad de vegetación tremenda, con desniveles y grandes laureles, que en combinación con los brezos y las mosqueras forman un bosque imposible, la he atravesado por el único sitio posible, casi todo el rato por su borde exterior, me acuerdo de otra excursión, la 1295 -camino las Trojitas- en Candelaria, donde me ocurrió algo parecido).
Ahora hay un cambio radical, apenas hay plantas, y me enfrento con otro reto distinto, una cresta rocosa, una especie de escalera tortuosa de escalones gigantes por donde tengo que bajar con muchísimo cuidado. Según bajo me da la sensación de que voy muy temeroso, lo pienso bien, y llego a la conclusión de que es como tengo que ir: temeroso y precavido. Un mal paso aquí me llevaría directo al desastre. Bajo con la incertidumbre de si será posible, pero lo voy bajando y lo voy haciendo. Cuando he bajado casi todo y justo antes de una degollada llego a una placa rocosa plana y alta que, en perpendicular, me cierra el paso. La trepo (dos metros) y al otro lado la placa baja vertical, no puedo por aquí. Intento rodearla por la derecha, sin bajar mucho, podría, pero es demasiado arriesgado. Me echo a la izquierda siguiendo por la hendidura, bajo algunos metros, pero me topo con una caída de unos dos o tres metros, imposible. Vuelvo a subir. Una piedra se mueve cuando me apoyo en ella, se vence, me doy contra otra piedra y me hago una herida en un dedo, que al rato sangra aparatosamente, y esto es lo menos que se da aquí en heridas, no quiero mi imaginar lo que me haría con una caída. Me limpio la herida. Se para. Ahora bajo hacia la derecha pegado a la placa vertical. Tras una bajada por arena negra suelta llego a… otro salto de unos dos metros. Parece que me están tomando el pelo. Me siento. Bebo agua. Descanso un poco. Y entonces lo veo, tengo que trepar un poco hacia la derecha y después puedo ir bajando hasta que llego a un sitio por donde ya puedo subir hasta la degollada sin mayores problemas. Segunda gran prueba superada.
En la degollada (Gollada Las Crucitas, 575m) ya siento que he hecho lo más importante. Llevo dos horas de excursión, he debido tardar una hora y veinte minutos en el paso entre las mosqueras y el descenso por el risco escalonado. Estoy un pelín cansado. Y eso que he estado bajando. Hoy hace mucho calor. Ahora la travesía es muy fácil. El terreno es de tosca, de tosca rojiza, con un sendero bien marcado por lo alto de los picos de una loma alargada. Bien marcado por las pezuñas de las cabras que veo más abajo y que me empiezan a huir cuando avanzo. Entre que deben ver pocas personas, su natural huidizo y que he abierto mi paraguas (amarillo) no me extrañan que se asusten.
Esta loma de tosca tiene varios picos, alguno con hermosos bloques de tosca, y con ligeros altibajos. Es muy fácil. Tras unos cinco minutos y por otra arista sigo bajando hasta otro pico (El Revolcadero, 520m) que rodeo por la derecha. Después la arista se echa a la derecha con un poco más de pendiente. Más abajo hay una pared vertical que tengo que rodear por la izquierda. La cosa va bien. Rodeo por la derecha (400m) otro pico (420m). Tras rodearlo llego cerca de una degollada afilada (tiene un cartel de coto de caza en el puro filo). Sin subir a la degollada (Hoya de las Vacas) y por un “sendero” precioso sobre lascas grises voy bajando ligeramente, hay un tramo realmente expuesto, que hago a cámara lenta. Es un sitio de una belleza arrebatadora, además de muy emocionante. Supero el paso expuesto (375m), subo un poco y paso una pequeña hoya con hermosos cardones. Después de rodear esta zona salgo a la derecha de un pico piramidal muy enhiesto y es por aquí por donde tengo que bajar. A la izquierda y hacia arriba adivino donde está el arco de piedra, aunque no lo veo. Me ha llevado una hora desde la degollada de Las Crucitas llegar al principio (375m) de la bajada hacia el cauce del barranco de Flandes.
Continúo bajando por la arista de una loma y empiezo echándome a la izquierda de un pico en la arista. Algunos tramos del sendero se reconocen, otras veces tengo que ir campo a través. A partir de un cierto sitio (300m) ya sigo bajando por la arista de la loma, por roquedales, y entre plantas dispersas. Es laborioso. Es lento. Al haberlo hecho la semana pasada lo tengo muy fresco. Cuando llego al sendero (190m) que reconozco bien por la tubería de plástico que va por el sendero y dos tuberías metálicas me fijo en un hermoso almendrero en plena forma. Me echo a la izquierda y sigo bajando por un viejo camino entre una vegetación de inciensos, guaydiles, muchos espineros negros, cornicales, algún matorrisco, tabaibas, alguna penca. Y son los inciensos los que le dan el aroma inconfundible, me gusta siempre. La antigua vegetación de estas laderas se ha recuperado totalmente. El camino no es fácil. Está medio oculto. Va sobre roca, piedra suelta, con un viejo canal a la izquierda. Así voy descendiendo y me paro a contemplar las paredes de tierra y piedra verticales del propio cauce del barranco. En algunas paredes me parece identificar capas horizontales, de las sucesivas riadas que han ido construyendo esas paredes. Con piedras enormes embutidas en las paredes. En el cauce crecen las cañas, altas y ocupándolo todo. ¿se podrá ir por el cauce?
Paso el depósito-cueva. Hoy me fijo que crecen geranios dentro y las columnas me parecen más gruesas. Después viene la zona de terrazas en oblicuo con respecto al cauce. Cada poco me detengo a ver el cauce y sus paredes verticales, también los eucaliptus secos, algunos caídos, lo farrobos frescos. Al llegar a los dos grandes depósitos paso por la derecha del primero. Y… cruzo el acueducto. Hoy tengo la sangre fría de contar los pasos que tengo que dar para pasarlo: 51. Al otro lado tomo a la izquierda y sigo un pequeño tramo por sendero de roca y tierra con juncias paragüitas. Y ya enseguida llego al pasillo entre casas y la calle que me lleva a La Hoya donde siguen las obras y el semáforo. Vuelvo a comprar agua en la misma venta y sigo a la derecha hasta la segunda parada. La 050 tarda unos diez minutos en aparecer. En Tejina me toca esperar más rato. La 051 por fin aparece.
En el trayecto en guagua pienso en las alternativas para volver a mi casa: seguir caminando desde El Pole (un restaurante) o tomar un taxi al llegar a la Estación (centro de Tacoronte). Pero un poco antes de pasar delante del supermercado Alteza me bajo de la guagua. Subo un poco y tuerzo a la derecha por la calle San Jerónimo. Se está acabando el día. Ya el sol se ha ido. Han arreglado el derrumbe delante de la ermita de San Jerónimo. Lo han dejado muy bien. Con luces en el suelo. Durante un buen rato me voy repitiendo que he hecho mal, que tenía que haber bajado en taxi hasta casa. Pero cuando empiezo a oler la humedad de la noche, y el fresco de los anocheceres en otoño de Tacoronte, me empieza a gustar mucho. El tramo que hago más deprisa es el tramo por la carretera de Mesa del Mar hasta que logro entrar al barranco de Guayonge. Casi en penumbra y gracias a que está bien marcado (tierra más clara) logro pasar el cauce y después por el camino con los sauces alcanzo la escalera de troncos y subo y enseguida llego a mi casa al final de la calle Jardín del Sol. Fantástico aperitivo. Veinte minutos de caminata vigorosa.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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