• Excursión 1533. 27 Noviembre de 2023. Lunes. (Anaga 253ª)
Paraje Los Cercadillos
Municipios: La Laguna
ENP: Parque Rural de Anaga
De 14.25 a 18.30h. De 60 a 370 a 140 a 370 a 60m.
Distancia: 8,9k. Duración: 4h 5m.
Desde La Punta subo por un camino estrecho (Los Cercadillos) y algo oculto hacia el barranco de Flandes. Empato con una pista serpenteante y exploro varios viejos senderos sin salida. Después sigo hacia el barranco de Flandes por una vieja terrazas pero un baifo se me pega y al llegar al barranco de Flandes tengo que regresar hasta dejarlo en un corral en la pista de Homicián. Un cabrero me habla de otro sendero que en el camino de vuelta exploro y logro hacer
Otro lunes más en La Punta y van… Creo que me voy a venir a vivir aquí. Hoy, para aprovechar las horas de luz tomo un taxi en La Estación en Tacoronte que me deja en 25 minutos en el principio de la excursión. Hoy pretendo recorrer los dos tramos (paralelos) del sendero del Andén Colorado. Ambos por la ladera izquierda del barranco de Flandes a una altitud entre 300 y 400 metros sobre el nivel del mar.
Para darle otro aliciente a la excursión hoy voy a subir hasta el sendero por un viejo camino, no por Homicián, como en la anterior. He estado estudiando la zona y he localizado un camino que empieza al lado de un paso de cebra en La Punta, entre los números 118 y 120 de la calle principal de La Punta (carretera General Punta Hidalgo TF-13).
Cuando me bajo del taxi (25€) me fijo que hay un bar al lado (Rochy). Me encanta encontrar el camino enseguida y más todavía el cartel (que parece hecho a mano y es en colores) con su nombre: Pasaje Paraje los Cercadillos. Es un pasillo estrecho al lado de un muro. Es un camino de tierra que va subiendo con cierta inclinación al lado de muros de fincas, más por la derecha que por la izquierda. Me gusta tanto sumergirme en un camino nada más empezar. En un camino que parece remoto nada más empezar. Tras unos 200 metros y donde pensaba torcer a la izquierda (95m) veo que es terreno privado, con su buena puerta y donde expresamente se prohíbe el paso. No importa. Veo que el camino sube recto y sigo por él hacia arriba. Lo cual es bastante mejor. Ya más arriba me echaré a la izquierda, hacia la pista serpenteante. Un perro me ladra perseverante cuando paso al lado de su finca. Un perro temible. Sigo subiendo por este precioso camino orillado de tarajales (los plantaban para dar sombra). Cómo me gusta este comienzo. A mi izquierda hay terrenos baldíos organizados en terrazas. En los 145m aprox. (punto C) me echo a la izquierda hacia un talud, un talud que me parece muy artificial. Enseguida paso por su borde, es una antigua balsa (Charcas del Manchón). Me cuesta trabajo pensar que alguna vez tuvo agua. En su borde exterior una silla metálica con una gran piedra como asiento. Es un mirador perfecto sobre La Punta. A la vuelta me sentaré en ella un rato. Pronto empato con la pista serpenteante y sigo subiendo por ella. Es una pista antigua que a tramos es solo un sendero con vistas hacia Homicián y el magnífico roque de Los Hermanos que desde esta perspectiva se ven bien separados sus dos conos puntiagudos. Y también hacia el otro gran roque, el de los Cardos, imponente.
En los 280m aprox. llego, en oblicuo, a una pista de tierra por la que me echo a la izquierda, a la derecha sólo va a una finca. Hoy quiero probar otra manera de acceder al sendero del Andén Colorado y en vez de subir a la derecha en unos pocos metros sigo adelante, recorro una curva de la pista y unos metros después de que empiece una recta subo a la derecha por otra pista de tierra, de la que enseguida me salgo por la derecha por un sendero. Por delante y hacia arriba tengo una hoya amplia cubierta de vegetación. Y más arriba los muros de viejas terrazas ¡cuán arriba cultivaban! Hoy en día casi todo abandonado. El sendero me lleva llaneando hasta una caseta aislada de planta cuadrada. Paso por delante y el sendero tuerce a la izquierda y empieza a subir, pero tras unos pocos metros me topo con vegetación densísima por todos lados. Según el mapa de OSM había un sendero, ahora se ha cerrado. Vuelvo a la pista de tierra, me echo a la izquierda, y al final de la curva giro a la izquierda (punto A) por un sendero muy claro que sube hacia la pared de un risquito abrupto con un depósito semicircular más profundo de lo que parece con bidones de varios colores en el fondo seco. Cuando llego a lo alto, al principio (punto B) de una gran terraza muy llana decido explorar por donde confluía el sendero cerrado con este.
Me echo a la izquierda entre inciensos y enseguida encuentro un rastro claro de sendero que sube un poco o llanea y que me lleva hasta unas huertas valladas (360m) con rejillas primitivas. Puede que tras las huertas el camino continuase hacia Homicián, pero ahora está interrumpido por las huertas. Por arriba de mi hay unos riscos de lo más impresionantes y verticales de rocas blancas. Regreso hasta el punto B. Y empiezo a recorrer la terraza por un camino muy claro, con marcas de pezuñas de cabras. En unos metros me llaman la atención dos cabras, una muy joven, un baifo, la otra tiene unas marcas amarillas en las orejas. Balan cuando paso.
Tras los dos rodeos que he hecho ahora empiezo a caminar bastante deprisa para compensar y poder hacer el circuito de los senderos por el barranco de Flandes. Entonces me doy cuenta de que el baifo viene detrás de mí, y no deja de balar, ahora tranquilo, ahora más demandante. Yo no aflojo el paso y el baifo siempre detrás a una cierta distancia, pero demasiado cerca para ser una cabra, son tan huidizas. Los balidos lastimeros del baifillo me empiezan a hacer efecto. Cuando, tras unos 500 metros, llego a la punta donde empieza la ladera del barranco de Flandes el baifo sigue a mi lado y cómo bala, es impresionante la variedad de balidos. Es un animal precioso, de patas muy rectas que parecen terminar en punta y muy cubiertas de una lana oscura y apelotonada. Lo que más me gusta es el penacho tieso en todo lo alto de la cabeza, casi parece que va a la moda. Y no se separa de mí. Desisto de seguir. Tengo que volver a ver si la otra cabra, la que supongo su madre, sigue por ahí y se queda con ella. En cuanto me doy la vuelta y regreso el animal me sigue y me sigue pegado a pesar de que voy como el viento. Por el principio del camino no hay ni rastro de su supuesta madre. Y entonces me acuerdo de que hay un corral con cabras en el camino del Homicián. Para allá que voy. Paso el punto B, paso el punto A, tuerzo a la derecha y al llegar al camino de Homicián el baifo se mete, por un pasillo de tierra negra y batida con abundantes cagadas al interior del corral. Del interior me llega un auténtico diálogo entre una cabra adulta y el baifillo. Misión cumplida.
Afuera bajo un poco y me dirijo a un hombre que en el interior de un recinto con viñas está trajinando. Le abordo. Sí, me dice, la cabra es del corral. Que fue criada con biberones y que por eso me ha seguido. Que hubiese vuelto sola. Yo le digo lo lejos que me ha seguido. Me da las gracias. Le hablo de la cantidad de senderos que hay por la zona. Y me habla de uno que empieza en un bar (Rochy). Le digo que es por donde he empezado. Me dice que continúa subiendo muy recto y que después de pasar por debajo del Risco Blanco se echa a la derecha y va a dar a la punta (la punta donde empieza el barranco de Flandes). Que está algo complicado, con muchas plantas y que era el camino original para subir al Andén Colorado. Le digo que pensaba ir a la degollada de Agudo y me desaconseja que lo haga, no queda mucha luz ya. Vale. Nos despedimos.
Desisto de mi plan de hoy. Lo haré otro día y aprovecharé para ver si encuentro ese sendero, parece muy prometedor. Regreso por la pista de tierra hasta el punto A, sigo adelante y empiezo a bajar por el camino serpenteante, que más abajo tiene tramos claros de pista. A la altura de la balsa me echo a la izquierda por el camino que va por su borde (por donde pase antes), a la vuelta me gusta más la silla solitaria. Cuando llego al punto C me doy cuenta de que puede que no tenga luz para ir a la degollada de Agudo, pero sí para intentar recorrer el sendero del que me ha hablado el cabrero. Sin dudarlo empiezo a subir por el camino que va bastante recto durante un buen rato. Paso al lado de las dos casas solitarias que parecen antiguos pajales (excursión 1527). El camino/sendero sube al lado de viejos muros muy anchos, muchos caídos, y entre terrazas antiguas. A veces por encima de los gruesos muros. Más arriba se empieza a complicar, pero no demasiado. La vegetación ha vuelto a ocupar lo que le pertenece, son los guaydiles, los espineros negros, los bejeques. Llego a unas oquedades y sigo subiendo por su derecha.
Cuando más subo más se complica. Pero siempre voy encontrando una solución. El sendero se va echando hacia la derecha, y va sobre todo por roquedales. Cuando llego a la base de un gran risco, el Risco Blanco, me imagino que el sendero se echa a la derecha y sigue subiendo con muy poca inclinación. De repente oigo “pues sí que se la da bien, le venía observando cómo subía y como iba encontrándolo”. Es el cabrero que está recogiendo sus cabras dispersas por la ladera. Me dan una gran alegría sus palabras. Lo siento como un reconocimiento. Me indica cómo seguir. Ahora es más sencillo, el sendero va subiendo poco a poco por la ladera hacia la punta (donde empieza el barranco de Flandes). Todavía de lejos el cabrero me corrige cuando me voy demasiado arriba. Sigo subiendo por terrenos muy erosionados y algo expuestos y me cuesta un poco encontrar una conexión sencilla con el sendero de arriba cuando llego a la punta.
Una vez en la punta estoy más que contento. Aunque son las seis menos diez decido explorar el sendero que va por encima (unos 20 o 30 metros más alto) y en paralelo al que he llegado. Trepo por las rocas a la izquierda y por la esquina de material rocoso y tosca rojiza preciosa alcanzo el sendero (360m). Lo sigo a la izquierda, va por una capa diferenciada de almagre, en unos metros hay una conexión al sendero de abajo (va a dar a un viejo depósito de agua). No la uso. Sigo por el sendero. Es claro, eso sí, con abundantes rocas por desprendimientos. A veces hay dos senderos en paralelo y muy cercanos. Tras recorrer unos 200 metros llego a una esquina, la doblo y continúo por el mismo sendero. Estoy entusiasmado. Hoy el mar está tranquilo. Aunque yo estoy tan fijado en lo del sendero que apenas me fijo en el mar. Tras otros 200 metros, no tan claros, todo el rato y a la vista de un pequeño laurel en la ladera por debajo el sendero empieza a bajar y confluye con el sendero de abajo. Lo del laurel es una referencia muy buena, sobre todo para alcanzar el sendero de arriba desde el de abajo.
Vuelvo otra vez al punto A. Tomo a la izquierda y empiezo a bajar por el sendero serpenteante que después se convierte en pista. Ya son las seis y cuarto y hay muy poca luz. Así y todo me desvío por la izquierda a la altura de la balsa (Charcas del Manchón) por el sendero que rodea la balsa y me siento un rato en la silla y puedo ver cómo los últimos rayos de sol dejan de iluminar las casas de La Punta. Un momento fantástico. Sigo a la izquierda hasta el sendero del Paraje de los Cercadillos y bajo por él.
Cuando llego a la altura de la finca con el cartel de “privado” le doy las gracias a un hombre por sujetar un gran bardino cuando paso a su lado. Es amistoso y aprovecho para preguntarle por la finca privada. Me dice que un alemán la puso como parte de una ruta y el dueño del terreno se hartó de ver gente pasar y que puso el cartel de prohibido pasar. Es de la zona y hablamos de sitios por los alrededores. Me cuenta de una cueva guanche en la ladera del roque de La Pedrera en el barranco de Flandes, una cueva con cazoletas y canales rituales; de extranjeros que se han matado en el canal del barranco del Tomadero al girarse con mochilas en pasos estrechos y caer al vacío; de bajar con palo por la arista por debajo del roque de La Pedrera; de un hombre (Mingo, hijo de un cabrero) que sabe mucho de senderos y caminos por la zona, aunque no me quedo claramente con el sitio por donde para por las tardes (¿Humanes?). Después de un rato de charla suelta al perro que enseguida me empieza a oler. Sin cambiar el tono me dice el hombre: “no le toque, no se mueva bruscamente). El perro me huele un poco más y enseguida me deja en paz. Nos despedimos ya de noche y todavía y de lejos me dice que tengo que hablar con Mingo que hay sitios muy peligrosos por esos barrancos. Me gusta que me cuide.
Abajo en la carretera, después de otra fantástica excursión, me quedo a esperar la 050. Esta ha sido la novena excursión por la zona. Me queda pendiente la que quería hacer hoy. Y tengo que encontrar a ese Mingo.
He estado mirando en Wikiloc excursiones por encima de Bajamar y he encontrado a un curioso senderista (Cristóbal Méndez) que ha subido sólo tres rutas en Wikiloc, una en Gran Canaria y dos por aquí, que no he visto a nadie hacer. Todavía me queda material.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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