• Excursión 1529. 13 Noviembre de 2023. Lunes. (Anaga 250ª)
Andén Colorado. Degollada Agudo. La Punta
Municipios: La Laguna
ENP: Parque Rural de Anaga.
De 15.15 a 18.45h. De 30 a 510 a 50m.
Distancia: 7,2k. Duración: 3h 30m.
Desde La Punta pasando por el barrio de La Hoya subo por senderos medio perdidos hasta una zona llana. Después sigo por otro recorrido más difícil y subo por un sendero muy vertical hasta una vieja zona de cultivo. De ahí sigo subiendo y descubro un sendero que no conocía que recorro hacia la derecha hasta una degollada y desciendo por otro barranco a La Punta
Otra semana más voy a ir al barranco de Flandes. Esta semana con el objetivo ambicioso de subir al pico Aguacada.
En La Estación de Tacoronte con la intención de tomar un taxi para llegar pronto a La Punta cuando me dispongo a subir a uno, veo que la 057 acaba de llegar y está tomando pasajeros. Sin dudarlo me monto. Prefiero la guagua, yendo más elevado el paisaje se ve mejor, es un lugar más espacioso. Tengo suerte en Tejina, en la parada de la 105 y la 050 espero unos pocos minutos al lado de tres mujeres extranjeras que van a dar un paseo por La Punta y llega la 050. Tardo marginalmente un poco más que yendo en taxi. Bien. El día está estupendo, si acaso un poco caluroso, parece que viene otra racha de calima y tiempo caluroso, otra más en pleno noviembre.
Subo por la calle Sebastián Ramos (La Hoya). Y repito el mismo itinerario que en la excursión 1527: tras la curva con la puerta – hoy abierta- subo por el sendero a la izquierda con su precioso tramo entre muritos hasta la bifurcación (170m). Tomo a la derecha por otro tramo entre muritos y cuando termina me cuesta un rato encontrar la continuación. Este itinerario es difícil y hay que hacerlo muchas veces para poder automatizarlo. Hay que medio trepar por una placa rocosa y arriba y cuando parece que ya no hay continuación rodear una pitera por la izquierda. Después, el sendero más claro, se echa a la derecha y va subiendo, algo caprichoso, entre piteras, jazmines, guaydiles, vinagreras, espineros hasta una terraza (200m) amplia y despejada de plantas. De nuevo aquí me trabo con la continuación. Me echo a la derecha, bien, pero tras llanear un buen tramo por sitios que no me suenan nada me doy cuenta de que no voy bien, me doy cuenta cuando me veo yendo por las terrazas. Regreso a la esquina. Y, ahora, me doy cuenta, tengo que subir hasta la esquina del risco (225m), echarme a la derecha y seguir por la base de la pared alargada del risco (5 a 8 metros de alta y 60 o 70 metros de larga). No sé si pensar que hoy no tengo un buen día o que esto es realmente complicado. Lo hice la semana pasada y ya no me acuerdo. Vale. Ahora sí voy bien.
El sendero va más o menos cerca de la pared del risco, aunque a veces baja un poco, no demasiado, y voy encontrando el pasillo entre las plantas, sólo en una ocasión paso al lado del pequeño muro de una vieja terraza. Después vuelvo a la base de la pared por donde tiene forma semicircular hacia adentro y el suelo con ramas secas largas, la rodeo, es muy corta, y sigo pegado a una capa de material terroso beis de unos 6 o 7 metros de larga y llego al dique gris (225m) por donde empieza la subida. El día está muy despejado, caluroso, pero yo subo como un cohete por la pared. Es una subida extraordinaria, del 100% de pendiente. Hoy sí reconozco varios sitios donde hay piedras formando escaleras, están muy integradas y apenas se distinguen. Con más seguridad hoy, porque sé que existe sendero de subida, lo hago más deprisa. Apenas me paro. Apenas dudo. Estoy ansioso por volverlo a subir. Me empiezo a acalorar. Después de ir bastante rato cerca de una canal ancha el camino se desvía hacia la izquierda y pasa entre dos cuevas y por aquí ya reconozco muchos más lugares donde hay pequeños agujeros en la tosca rojiza para facilitar la subida. Me echo a la izquierda para explorar un saliente a la izquierda, un saliente con viejos muros y varios derrumbes de piedras y una vista magnífica sobre el barranco y la costa. Regreso y sigo subiendo por la tosca y hoy sí reconozco el sendero del Andén Colorado en cuanto llego (325m). El sendero sigue ahora más estrecho a la izquierda de una montaña (Roque de las Aguilillas), paso otro derrumbe y llego a una zona (350m) amplia y llana donde el sendero cruza el cauce de un barranquillo (Hoya el Tanquillo) donde hay un bosquete con almendreros incluso y algunas zarzas colgantes.
Según me he ido acercando al cauce he ido observando la ladera por dónde tengo la intención de subir al pico de Aguacada. Y me he dado cuenta que la ladera está ocupada por viejos muros de terrazas, con muchas partes caídas formando rampas arenosas. Los muros llegan bastante arriba. Así que me decido inmediatamente a subir entre las terrazas. Y resulta más fácil de lo que pensaba. Voy encontrando una manera sencilla de ir subiendo entre ellas aprovechando los derrumbes de los muros. Más arriba hay una gran densidad de plantas y voy tramando cómo acercarme al pico de Aguacada, situado al final de una fila de picos muy afilados, auténticos cuchillos. Y entonces, cuando supero las últimas terrazas descubro un sendero, casi un camino (400m), ancho, claro, que resalta de la vegetación circundante. Es todo un descubrimiento. Excitado, lo recorro hacia la izquierda, tiene marcas de las pezuñas de las cabras, ha llovido últimamente, por todo el camino hay pequeñas tiras alargadas, ninguna huella humana. Pensando que tiene que converger con el sendero de abajo, el del Andén Colorado, lo sigo un rato, pero como no veo que converja ni baje, regreso hasta el sito por donde accedí y sigo hacia la derecha.
Es todo un acontecimiento para mí descubrir este camino tan bueno y tan claro. Lo sigo ansioso. Cruza el cauce del barranquillo de la Hoya del Tanquillo y sigue hacia adelante. Es estrecho y sin plantas, toda su superficie marcada de las pequeñas tiras alargadas. El sendero va rodeando un gran saliente (Roque de las Aguilillas). Algo expuesto en varios tramos, y maravilloso todo el rato, sin vegetación, claro, expedito. Por debajo (unos 50 o 60 metros de altitud menos) voy viendo el otro sendero que va en paralelo a este que apenas cambia de altitud. Todo el rato en muy buen estado. A pesar de eso mi expectativa es que acabe bruscamente, pero no, sigue y sigue. A pesar de todo lo que he recorrido por la isla todavía descubro nuevos senderos, pero para esto no estaba preparado, me supera, es un inmenso regalo. Tras unos 500 o 600 metros (cinco minutos largos), en los que paso por encima de un risco sobresaliente y desde arriba puedo ver como el sendero de abajo lo rodea y por donde el sendero sube un poco, llego a otra esquina (425m) remarcada del risco y detrás descubro una gran oquedad (Cueva las Botijas). Es alta y muy ancha y lo más llamativo no es la oquedad convexa que es impresionante, sino la enorme cantidad de piedras que hay por todo el suelo, que ahora es ancho, muy ancho. Todo tipo de piedras, grandes y pequeñas, beis y rojas, marrones, picudas, redondeadas, cualquiera de ellas suficiente para matarme si me cae encima. Pero yo estoy abducido por este sendero fantástico y sigo recorriéndolo.
Tras la oquedad el camino está más invadido de vegetación, ya no es tan claro. Puede ser que la oquedad sea el final del circuito de las cabras y que con menos frecuencia siguen adelante. Sigo esperando que el camino termine en cualquier momento, pero no, sigue. Por un momento me zafo del embrujo del sendero y me paro a contemplar el barranco. Y resumir con la mirada los senderos y los sitios que he estado recorriendo en las últimas semanas: la casa de Los Lirios rodeada de cupresos con las terrazas por delante, la presa por detrás, casi tapada por los eucaliptus, el sendero por la otra ladera del barranco, el arco, el roque de la Pedrera, el risco de subida hacia Solís, una caseta abandonada y medio tapada por la vegetación cerca del cauce del barranco más arriba de la casa de Los Lirios, parte de las instalaciones de una vieja galería inactiva (Janidú). Es un barranco magnífico y que da para mucho. Me he sentado para contemplarlo bien. Y se me ocurre que podría intentar subir hasta Solís por la loma donde está la casa de Los Lirios. Sería todo un reto, la loma se estrecha en dos zonas formando salientes afilados y estrechos (a Diciembre de 2025 todavía no lo he intentado, pero me sigue rondando la cabeza).
Sigo por el sendero y ya parece que va a tener continuación y salida a la degollada Agudo. Y sé que en algún momento el sendero de abajo tiene que convergir con este, pero no logro dar con el punto exacto donde se juntan. Cuando me veo subiendo por una zona de tosca con agujeros en el suelo ya sé que he pasado el lugar donde los dos senderos se han unido. Otro día lo buscaré (en el mapa, por la noche en mi casa, logro ver el sitio, está a unos 150 metros del Risco de Lucas, en los 430m de altitud). A pesar de eso me gusta que el sendero tenga salida. Después el sendero empieza a ascender marcadamente por un recorrido ancho y claro y llego a la zona arenosa con formaciones caprichosas al lado de la degollada Agudo. Por curiosidad antes de pasar la degollada sigo adelante por un viejo camino que va todavía por el barranco de Flandes, pero tras unos 50 metros lo dejo y regreso y paso la degollada y empiezo a bajar hacia La Punta.
Está a punto de ponerse el sol, ya hay muy poca luz. Mientras bajo por el sendero me doy cuenta de que el que yo creía que era el sendero del Andén Colorado no lo es, el auténtico sendero del Andén Colorado es este, el que he hecho hoy. Y de hecho una gran parte de su recorrido va por una zona de almagre rojizo, un andén colorado: el Andén Colorado. Es maravillosa la geología, es maravilloso cómo esa capa de rotura de las coladas volcánicas (el almagre, restos de tierra y vegetación con óxidos de hierro) ha creado un escalón, un saliente, un andén, entre las capas de basalto por ser más blandas y erosionables que los basaltos. Y ese andén es suficientemente ancho para poder recorrer toda una gran zona de la ladera del barranco de Flandes.
El resto de la excursión es una retirada lenta saboreando el descubrimiento. Lo de la subida al pico de Aguacada lo dejo para otro día. Bajo por la ladera del viejo volcán del Morro, por un sendero sobre la zahorra y un bosquete de brezos. Después por senderos erosionados hasta una pequeña zona de viñedos y llego a la carretera asfaltada, tras una pequeña subida. Se va haciendo de noche mientras bajo y me empeño en no leer los agresivos carteles que alguna persona obsesiva ha pintado en el asfalto reclamando asfalto. Es de noche cuando llego a Homicián y más todavía cuando me siento en la parada de la carretera al lado de una iglesia (S Mateo) a esperar la 050. Me cambio a ropa seca que siempre llevo en la mochila para el final de las excursiones y cuando me trabo con la camiseta, un hombre que está sentado en la parada me ayuda a ponérmela, muchas gracias. La guagua viene pronto y en Tejina sólo tengo que esperar quince minutos por la 051. Se está haciendo toda una costumbre ir todos los lunes al barranco de Flandes y todavía me quedan por lo menos dos más.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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