• Excursión 719. 9 Noviembre de 2017. Jueves.
Barranco Hondo por el puente de la autopista.
Municipio: Santa Úrsula.
De 16.05 a 18h. De 250 a 225 a 250m.
Distancia: 1,7km. Duración: 2h.
Corta e intensa excursión en busca de un lentisco que no logro ver de cerca. Después desciendo al cauce del barranco Hondo por debajo de la autopista donde hay viñedos y fincas de frutales. Logro esforzadamente salir por otra ladera al puente y al otro lado tengo el espectáculo de ver como un rebaño de cabras que vive bajo el puente de la autopista es manejado y alimentado
Después de comerme el solomillo con un paquete de arroz precocinado me pongo a ver una película (La Soledad Del Corredor De Fondo) pero me canso a la mitad, demasiado blanco y negro, demasiado triste. Como todavía tengo ganas de hacer más cosas hoy se me ocurre hacer una excursión corta. Una segunda excursión en este día. Y así sobre la marcha y con el objetivo de encontrar el único ejemplar de lentisco salvaje en Tenerife salgo para Santa Úrsula en mi coche. Tengo una foto del libro de Ashmole y Ashmole y una localización. Me parece que puede estar al lado de una caseta de electricidad que se ve al pasar por el puente de Santa Úrsula en la autopista del Norte. Sí llevo la cámara. Nada más salir de la autopista por Santa Úrsula y pasado el puente, dejo el coche al principio de la bajada por la calle Camino del Mar, muy cerca de grúas Juanele. Me cuesta encontrar un sitio libre, todo está ocupado, debe ser por el bar-restaurante que hay al principio de la calle. Lo que parecen ser almácigos al lado de la autopista resultan ser falsos pimenteros del Brasil, las hojas se parecen mucho, aunque las del pimentero segregan un característico olor a pimienta, cuando se las frota o se las rompe. Son árboles muy decorativos, tan redondeados.
Antes de cruzar la autopista por el puente me acerco a ver una antigua ermita (San Clemente) que está en este lado y bajando por una pista particular. Aquí está, no parece que esté en uso, no tiene ningún signo por fuera. Lo que sí me gusta es el escudo de piedra de una casa antigua abandonada que hay muy cerca. Con escaleras de piedra. Al lado hay otro edificio antiguo, pero es terreno privado, unos jardineros están trabajando y no me atrevo a preguntarles si puedo pasar a verlos. Estoy frío todavía. Por otro lado, las nubes están por aquí y todo se ha entristecido mucho, así que no merece la pena ni una fotografía. Otro día. Cruzo el puente y unos 50 metros después de una rotonda con un bonito cartel de Santa Úrsula me meto a la izquierda por la entrada a un restaurante (Bodegón El Primero) y al final del callejón encuentro muy pronto la estación eléctrica. Me encaramo a ella. Me alongo y creo entrever el lentisco, pero está demasiado lejos. Me tendría que bajar por una escalera por la pared de la caseta y recorrer el risco hasta el árbol, no vengo preparado. Desisto. El solar que está por encima del árbol está cerrado y tampoco puedo acceder desde allí. Sigo subiendo por la calle que tiene unos árboles con raíces serpenteando por sus troncos que parecen estar estrangulándolos. No sé qué clase de árboles son. Esta parte es un poco fea y agresiva, hay una ferretería y un solar donde una grúa trabaja haciendo mucho ruido.
Llego a la carretera que baja hacia el profundo barranco (Hondo), el nombre perfecto para este barranco. Describe unas curvas muy cerradas para ir bajando. La pared del barranco está llena de plantas, de árboles. Es muy alta. Desde abajo creo que la imagen del árbol y la caseta eléctrica coincide con la del libro (en casa al volver lo confirmo) pero es imposible de estar 100% seguro, además el día nublado apaga los relieves y ni siquiera consigo una buena foto. Necesito un teleobjetivo y un día claro. El lentisco es de la familia del almácigo, una pistacia, pero con hojas compuestas pares, el almácigo las tiene impares. Qué esforzada la vida del botánico. Ya que estoy aquí y al ver un sendero que sale de un lado de la carretera decido bajar hasta el cauce que está ocupado por grandes extensiones de viñedos. Primero algunos escalones y después un sendero que baja hasta la carretera de nuevo. La cruzo y al lado de una tienda grande de muebles y por una pista con cadena accedo al cauce. Terreno llano de terrazas y una gran pared de basalto de forma semicircular. Al fondo los pilares del puente de la autopista. El puente está construido en una parte estrecha del barranco. Pero así y todo es una obra faraónica. Por la pista sigo hacia abajo y paso al lado de un almendro, que me da una punzada de tristeza cuando observo en el suelo montañitas grises, son las almendras caídas y abandonadas, el árbol no tiene quien le recoja las almendras.
Sigo cauce abajo con la vaga esperanza de cruzar el puente y ver el salto grande que debe haber después, no lo consigo, el cauce está demasiado lleno de cañaverales y otras plantas. El suelo lleno de piedras ocultas entre la vegetación tampoco ayuda. En lo alto y bajo el puente me parece oír el balido de cabras, no me lo puedo creer, deben ser palomas zureando. Regreso. A un lado y a otro del cauce pequeño hay fincas de viñedos, algunas valladas. Es un mundo particular, están unos 30 o 40 metros por debajo de las casas de los bordes y el puente. Cuando estoy regresando por la pista al lado del cauce me fijo en unos muros de piedra que están a la derecha y bastante cerca del puente. Me acerco a los muros pasando al lado de una huerta con surcos bien trazados pero sin plantar todavía y encuentro una rampa que después me lleva a otra llena de plantas pero transitable, y así voy subiendo entre los muros de piedra hasta llegar a otro viñedo. El puente está muy cerca, pero hay un hueco, un vacío de un par de metros. Me tengo que meter por el viñedo. Salto un cable metálico que hace de valla. Ahora sí que estoy caliente. Voy recorriendo los viñedos y subiendo por las terrazas y subiendo hasta más arriba del nivel del puente, parece inalcanzable, tan cerca y tan lejos.
Afortunadamente después de unos cien metros por fin encuentro una puertita que salto y ya estoy en la calle, al lado de una casa con un hueco que tiene un cartel que dice “asadero”. Qué inquietud, qué alivio cuando consigo llegar a la calle. Bajo por la calle y me fijo en unas letras muy grandes en verde que forman las palabras Santa Ursula (sin tilde). Salgo a la calle, cruzo el puente sobre la autopista. Me echo a la derecha, hacia la calle Camino del Mar. Me dirijo al bar-restaurante, que está en la esquina, para comprobar si tiene una buena vista sobre el barranco. Tiene una terracita. Una mujer habla por el móvil ajena al mundo. Y entonces cuando estoy mirando la finca en la ladera de enfrente lo descubro, es un rebaño de cabras, no sé, cuarenta, cincuenta cabras, están encerradas en una pendiente bajo el puente. Por el otro extremo no hay salida, por debajo de ellas el abismo. Un pasillo pequeño muy inclinado es su única salida. Y en este momento un hombre se acerca al pasillo y abre un portillo y las cabras bajan hacia él, en la pared por debajo de donde está el hombre y el portillo finas cascadas de arena empiezan a desprenderse cuando las cabras pasan por el portillo. Desde donde yo las veo parece que se van a caer. El hombre está de lo más tranquilo. Debe ser un efecto óptico. Es el momento de la comida y va abriendo la puerta y dejando pasar a unas cuantas cabras cada vez. Las demás esperan pacientes su turno. Me impresiona cuando un perrillo se mete en la pendiente donde están las cabras y las arrincona, de lejos parece un banco de peces acosado por una foca. Cómo se mueven al unísono las cabras y cómo las maneja el perrillo. Entro al bar y compro una botella de agua para poder asomarme a las ventanas, pero no consigo nada mejor. Le pido permiso al camarero para bajar a una planta por debajo del bar, pero me dice que es privado, que ellos tampoco pueden pasar. Cuando me voy el encargado del bar parece preocupado por mi presencia, ¿qué callo estoy pisando?
Obsesionado todavía con las cabras accedo al puente de la autopista, tiene una pequeña acera entre el quitamiedos y una pasarela demasiado baja. Parece que aquí no tienen problemas con los suicidas. La acera está inclinada hacia afuera, hacia el abismo. Los coches pasan muy cerca, a toda velocidad, los vehículos grandes desplazan el aire con violencia. Es de lo más emocionante. Con precaución la recorro bien pegado al quitamiedos de la autopista. Cuando llego al centro me alongo sobre el abismo, escalofriante, allí siguen las cabras pacientes esperando. Miro hacia el bar, hacia la planta prohibida, a la que no me dejaron acceder y veo que está en ruinas, una pinta lamentable, y todavía por debajo de esa planta hay dos más, a cada cual peor. Vale. Casi me tiemblan las piernas cuando regreso y salgo del puente y todavía cuando me monto en el coche estoy sobre el abismo.
Me asombra cómo pueden coexistir mundos tan diferentes, tan cerca, resulta que debajo del puente hay otra vida, viñedos, campos por sembrar, un barranco enorme. Por debajo del puente un rebaño de cabras con sus cosas de cabras. Y por encima, el frenesí de la circulación a 120km por hora.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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Barranco Hondo por el punte de la autopista