• Excursión 1557. 19 Febrero de 2024. Lunes
Jardín del Sol. Playa la Garañona. El Sauzal
Municipio: Tacoronte. El Sauzal.
ENP: Paisaje Protegido Costa Acentejo
De 14.30 a 18.40h. De 340 a 0 a 340m.
Distancia: 6,9k. Duración: 4h 10m.
Ruta circular bajando por el acantilado de La Garañona por una vereda algo expuesta y muy vertical para recorrer después una plataforma marina y atravesar una hermosa y larga playa de arena negra y subir por un sendero muy peligroso hasta El Sauzal
Debajo de donde vivo está el fantástico acantilado de la Garañona, con una de las mejores y más inaccesibles playas de la isla. El acceso más usado es desde Mesa del Mar siguiendo por la costa, pero hay otros dos más, uno desde la urbanización donde vivo (Jardín del Sol, Tacoronte) y otra desde El Sauzal (excursión 1507). La de Tacoronte la he hecho muchas veces y la conozco bien, la otra, sólo una vez y en bajada. Hoy tengo un plan ambicioso, bajar por el sendero de Tacoronte y subir por el sendero de El Sauzal. He estado mirando el estado de las mareas y la bajamar será a las 16.30h, es decir, perfecto.
Salgo temprano de casa y ya estoy de excursión. Me llego hasta la calle La Jara y por ella y por un pasillo entre dos parcelas bajo unos escalones en muy buen estado hasta un rellano con barandilla, es el principio de la bajada del sendero de los 400 escalones. Pero yo, no voy por ese sendero, sino que en el rellano me desvío por la derecha y sigo por un estrecho andén (cornisa) bastante expuesto. Como en la excursión 1064 ya describí con bastante detalle la bajada hoy me voy a centrar en otros aspectos de la bajada, bajada que es muy demandante, complicada, hay muchas falsas bifurcaciones en donde si tomas la vía incorrecta enseguida llegas a caídas, abismos, o te puedes enredar por sitios que te dejan pasar pero que no llevan a nada. La bajada es muy vertical, con una pendiente entre el 80 y el 100% o más. Hay que girar por sitios nada obvios. La ruta del sendero va, en general, por la izquierda de una arista, y no llega la brisa, de manera que en días de temperatura alta como hoy la sensación de calor es agobiante. Me consuela en la bajada el pensamiento de que la subida me resultaría triplemente agobiante. Voy muy concentrado y algo tenso. Voy en tensión no sólo por lo difícil de la bajada sino porque la subida por El Sauzal es más desafiante todavía. Esa subida sólo la he hecho una vez y sabiendo el tipo de material del terreno por donde va sé que está más sujeta a la erosión y los cambios. La vegetación va cambiando a medida que bajo y en la parte inferior dominan los esculturales cardones. Otro aspecto que me impresiona, cuanto más abajo estoy, y de una manera más sutil, es el sonido ensordecedor del mar batiendo contra las rocas de la costa y ver la franja ancha de espuma que se forma por ese batir continuo. Parece que me dirijo hacia un monstruo enfurecido. Y digo que me afecta de una manera más sutil porque voy muy atento al camino e ir recordándolo para no perder el tiempo en desvíos inútiles. El tipo de material rocoso también cambia a lo largo de la bajada, siempre agreste, hay partes de roca irregular, arena suelta, andenes estrechos, tierras rojizas (almagres), y rocas macizas que parecen ser más pesadas que el hierro. Y por esas rocas macizas y formando escalones es el último tramo antes de llegar a una plataforma. El ultimísimo tramo es por una grieta entre rocas enormes. Una hora y unos minutos después de salir de casa llego a la plataforma (15.36h).
Me echo a la izquierda y empiezo la travesía de la plataforma que es una colección de texturas, rocas, y composiciones de lo más variado, por donde no hay ningún sendero ni se le espera. Lo que sí hay son tremendas aglomeraciones de rocas desprendidos del acantilado, acantilado por el que no se puede descender sino por donde lo he hecho, sólo hay un lugar para bajar. Es un sube y baja con el sonido, el estruendo del mar batiendo muy cerca… y el maravilloso olor a salitre, es revivificante. Este olor casi parece algo sólido, algo que se puede comer. Según voy mirando hacia adelante, a lo lejos, no me gusta ver que la parte más estrecha de la playa (unos 600 metros más allá) no está tan despejada como yo pensaba, no veo playa por allí. Tras unos veinte minutos alcanzo una primera playita, ancha y no muy larga. Es todo un cambio después de la tortuosa bajada y el tortuoso paso por la plataforma. La arena negra compactada se deja pisar como si nada, ni muy dura ni muy blanda, perfecta. Paso por debajo de un arco rocoso y ya llego a la playa de la Garañona, la larga y eterna playa. El mar todavía está bajando y la playa no es en pendiente sino bastante llana, casi parece que la parte más cercana al acantilado es algo más baja que la está inmediatamente después hacia el mar. Las olas baten flojas y se alejan desganadas hacia el mar, por capas finas y muy anchas. El olor a yodo, salitre, sal es más fuerte, aunque a mí, no me acaba de relajar, lo que tengo por delante es un mundo. Es un interludio paradisiaco entre dos infiernos. Voy despacio, sin prisa, la arena está intacta, con brillos y alguna pisada de gaviota. Quiero que dure mucho pero no dura. Cuanto llego a la plataforma de cemento (desde donde antiguamente se subía arena de la playa a El Sauzal) ya se acaba la arena. Según la tabla de mareas estoy en bajamar, pero la última vez que pasé por aquí había un trozo considerable de playa y ahora tengo que ir por los irregulares cayados. Vale. Lo importante es que pueda avanzar. Paso la esquina, el punto más estrecho de la playa por encima de los cayados y todavía otro tramo largo más hasta que llego a otra playa, más corta y estrecha.
Paso la última playa y de nuevo sigo por cayados, una travesía de lo más demandante, no todos los cayados son estables, y cada uno está a un nivel diferente, y tengo que ir haciendo equilibrios y muy atento y a un ritmo constante. Avanzo hasta una lengua de tierra muy cubierta de plantas rastreras y por ella empiezo a subir (16.30h). (Han pasado unas dos horas desde que salí de casa, he tardado, más o menos una hora en la travesía de la plataforma y la playa.) Aunque me acuerdo que por donde bajé (excursión 1507) era un poco más allá me empeño en subir por esta lengua de terreno. Veo muy bien desde aquí hasta donde tengo que llegar, el sitio por donde sé que va el sendero, un cañaveral denso, y por donde sigue después, un andén de color rojizo. Y con muchas dificultades por una ladera inestable de tierra suelta y piedras embutidas y de una gran pendiente voy ascendiendo. Voy trepando y apoyándome en las piedras que asoman. Cuando una que acabo de pisar rueda ladera abajo me doy cuenta de que no voy bien. Bajo, sin dañarme, por la ladera hasta los cayados y avanzo un poco por ellos. Intento una segunda vez subir cuando me parece que el terreno no es tan arenoso ni tan pendiente pero tampoco me lleva muy arriba. Tengo que descender otra vez. La cosa se está tornando un poco tensa, pienso en que a lo mejor tengo que volver, son las cinco de la tarde y sólo tengo dos horas de luz y ya el esfuerzo me va pesando. Sigo adelante otro tramo y por fin encuentro un lugar, complicado también, y trepando por rocas y con una determinación increíble y logro llegar al… sendero (17.11h). En cuanto lo reconozco ya me puedo relajar, relajar de haberlo encontrado, pero todavía me queda la parte más difícil de toda la excursión. El sendero es sobre arena suelta, bien claro y va por dentro de unos cañaverales. Cañaverales que tengo que atravesar agachado y con los ojos cerrados, no quiero que se me metan sus picos en los ojos. Después viene el paso de un tramo de ladera que parece una cascada de arena. Y después veo una cruz, una cruz que debe recordar a alguna persona accidentada. La cosa va en serio. El andén es estrecho y va en subida constante. Me imagino que el abismo está ahí mismo, pero yo en ningún momento me entretengo en mirar hacia afuera, estoy centrado en subir. Cuerdas ancladas en la pared sirve de pasamanos y me dan seguridad, aunque no las uso porque el sendero es ancho. Y así con cuerdas o sin ellas puedo seguir subiendo hasta un sitio donde se termina el andén, aquí sólo tengo una pared de piroclastos sueltos con una cuerda roja, una cuerda anclada unos tres o cuatro metros más arriba. Cojo la cuerda con fuerza y hago rappel apoyando los pies en la pared y subo por la pared hasta un rellano. He subido sin pensarlo mucho, con determinación. Sigue otro trozo de andén (cornisa) no muy ancha y llego a otro lugar donde vuelve a terminarse el andén, no hay andén… ni cuerda para subir. La cuerda debería estar aquí. Con más determinación todavía que antes trepo por la pared unos dos metros o así y vuelvo a llegar a otro tramo claro de andén. Y ya poco después estoy llegando a la parte más impresionante. Aquí el andén es estrecho, está reforzado con unos tablones, hay huecos entre los tablones, y ahora sí que me agarro a la cuerda y bien pegado a la pared paso el último tramo de la subida increíble (El Paso, 15.22h, 125m). Sólo han sido once minutos desde los cañaverales, pero que once minutos.
Al lado de la cuerda hay un cartelito diciendo cuando pusieron las cuerdas (julio de 2023) y una plaquita con una cruz (me imagino que otro accidente). Doy la vuelta a la esquina y aquí parece darme la bienvenida una gran cueva, alargada y con inclinación hacia abajo, que parece no tener fondo. Me meto por ella, la atravieso y salgo por otra boca de la cueva. Es una cueva fascinante, muy sugerente, hecha en piroclastos, de formas interiores redondeadas. Aquí me trabo un poco con la continuación. Por la izquierda de la cueva hay una masa de plantas imposible de atravesar, pegado a la pared hay un túnel estrecho por el que me tendría que arrastrar para seguir subiendo. No me suena nada de esto. Me alejo de la cueva un poco y al darme la vuelta veo la continuación del camino, está inmediatamente a la izquierda de la segunda boca de la cueva. El último truco de este camino. El resto de la subida hasta las primeras casas de El Sauzal es laborioso, sobre terrenos arenosos primeros, después pegado a la valla de una finca de aguacateros, plataneras y viñedos con un eventual desvío de la valla, pero pan comido en comparación con el acceso al sendero desde la playa y a los once emocionantes minutos.
Por un estrecho pasillo entre dos parcelas (18.10h) llego a una calle de El Sauzal (Los Lavaderos) algo exhausto, pero triunfante. A cámara lenta sigo subiendo hasta la calle principal donde en una venta compro agua y sigo despacio y de vuelta hasta mi casa. Una de las excursiones más emocionantes que recuerdo. Una excursión circular, de mi casa a mi casa pasando por la playa, nada, un paseíto de cuatro horas.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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Jardín del Sol a Playa Garañona a El Sauzal