• Excursión 1039. 23 Diciembre de 2019. Lunes.
Jardín del Sol. Punta La Sabina. Tagoro.
Municipios: La Victoria. Tacoronte. El Sauzal. La Matanza. Santa Úrsula.
ENP: Paisaje Protegido Costa Acentejo
De 14.06 a 17.57h. De 344 a 318 a 453 a 274 a 320 a 205 a 280 a 230 a 315m.
Distancia: 13,6km. Duración: 3h 51m.
Recorrido largo por senderos, calles secundarias, viejos caminos, pistas auxiliares por varios municipios entre Tacoronte y Santa Úrsula con vistas a la costa hasta un mirador fantástico, la Punta de la Sabina, sobre acantilados y desembocaduras de barrancos
Decido hacer hoy la precuela de la excursión anterior (la 1038). En esa tenía el plan de ir desde la puerta de mi casa hasta Candelaria, la descarté por falta de horas de luz, estamos en pleno diciembre. Por cerca de mi casa todavía quedan, en el suelo y por todos lados, las marcas de la gran grúa que rescató un camión de gasoil que se cayó por la calle Camino Real. Fue un verdadero número: el traslado de las piezas de la grua, su montaje, el rescate, que pude ver con el cronista de Tacoronte (Enrique Acosta). La grúa sacó el camión entero, previamente habían extraído y subido el gasoil en unos contenedores plásticos.
Empiezo por el final de la calle Jardín del Sol y hacia el barranco de Martiño. Son muy agradables las vistas hacia el mar por debajo de unas viejas y abandonadas huertas. La primera cuesta a continuación es fuerte y la hago despacio, estoy en plena digestión, que esté nublado ayuda. Al lado de la calle corre el pequeño cauce del barranco Martiño (límite entre Tacoronte y El Sauzal). Salgo a la carretera (Calle Las Toscas) y sigo a la derecha y en unos 100 metros me meto a la izquierda y en subida por la calle El Nazareno. Las típicas casas de dos plantas tan usuales, cuidadas, pero nada interesantes. Termina la calle y sigo por medio de huertas hacia la derecha por un sendero que me lleva a cruzar otra calle que suelo transitar mucho, El Calvario. Enfrente ya puedo seguir bien por un sendero el canal (Del Norte), aunque enterrado y oculto al principio, que cruza un gran campo llano sin cultivar, algunos veranos he visto grandes cilindros enrollados de paja seca, como en los campos de la Toscana. Este es un sendero que solo usan los locales. Al llegar a un grupo de casas me bajo del canal (para evitar una puerta que hay un poco después) y sigo por una calle (Herrera). Cuando llego a un depósito subo entre viñedos y alcanzo de nuevo el canal. El joven que ya había visto antes me ha adelantado, le pregunto y me dice que se puede dar un saltito para salvar la puerta sobre el canal (posteriormente han abierto la puerta).
Sigo por el canal hasta que confluyo con una calle (Herrera) y tras unos cinco minutos cortos llego a la carretera de El Sauzal (TF-172) por una curva muy cerrada. Esta zona de El Sauzal se llama San Nicolás. Subo unos 200m por la carretera hasta donde hay un pino, por donde me salgo a la derecha, bajo por unos escalones que rodea un pequeño barranquillo (Los Lavaderos) y enseguida me meto a la izquierda por un pasillo que parece privado y que lleva a una casa. Trepo (por la izquierda de la casa) entre unas macetas y llego a otro canal cubierto que sigo hacia la derecha. Me gustan estos atajos y este atrevimiento de meterme por sitios que parecen vedados. El canal que está cubierto de losas, algunas algo rotas, me lleva a salvar, describiendo una gran curva, otro barranco pequeño (Las Mejias). Enfrente tengo un gran depósito de agua y yo sigo hacia la izquierda por la calle San Simón en ligera subida y cuando llego a una bifurcación sigo por la derecha por la calle Aceviño (urbanización La Baranda) y con vistas fantásticas de la ladera y la costa hacia El Puerto. Ahora empiezo a bajar y noto el ruido de la autopista que pasa por encima de la urbanización. De hecho, me parece que baja un cierto tufo del tráfico fuerte que pasa por encima, de los tubos de escape de los coches. Los chalets son modernos y tienen buenos jardines. En la parte más baja sigo por la derecha (calle Sabina), después de una curva a izquierda y otra a la derecha llego de nuevo al canal del Norte. Parece un lugar transitado, se nota que es un lugar de paseo.
El canal es muy ancho y cómodo para caminar. Atraviesa una zona de ladera con vegetación y algunos senderos llevan a un par de casas aisladas ¿con okupas? El canal me va llevando muy por encima de las casas de El Sauzal. Ahora apenas oigo el ruido del tráfico. Me salgo por la izquierda por un sendero que sube, la valla de una finca impide avanzar sobre el canal. El sendero también va hacia abajo (lo dejo para otro día). Hacia arriba está bastante erosionado por el agua, ha llovido mucho recientemente. Voy a dar a la trasera de un restaurante cerrado hace mucho, por aquí hay una pasarela que cruza la autopista, no la cruzo, sigo por una calle paralela a la autopista y vuelvo a ver el canal en el cauce de un barranco (Cordobés/La Negra). Sigo por la calle (Camino San José) que en un cierto momento casi toca la autopista para volver a alejarse al lado de unas viejas casas y pasa después al lado de otra casa antigua en cuyo jardín hay una gran araucaria y un acebuche centenario. La calle va muy pegada a la autopista pero apenas la siento. Salgo a otra carretera local (Las Breñas) y sigo a la izquierda y enseguida paso el barranco de Cabrera (el límite entre El Sauzal y La Matanza). Remonto al lado de una central eléctrica (ahora la calle se llama Acentejo). Subo un poco y pronto me salgo por la derecha por una calle que baja con chalets a la izquierda. La calle hace una curva a la izquierda y después sigo recto hasta abandonar esta zona de chalets y adosados. La calle termina y sigo por un sendero antiguo, donde veo, en un pequeño mirador, un gran cartel que informa de que era un camino de comunicación desde el tiempo de los guanches. Qué buen descubrimiento y además ahora sale el sol y e inmediatamente mejora la vista sobre las laderas verdes que bajan hacia el mar.
Enseguida salgo a una carretera (Tf-174) que va totalmente paralela a la autopista y que es un lugar que la gente usa para caminar. Y tengo suerte porque 100m después empieza otro tramo del viejo sendero del Norte, su entrada está señalizada. Va bajando ligeramente sobre una ladera de vegetación verde, frondosa y baja, donde las tabaibas se mezclan con los bejeques y las vinagreras, ladera que va en descenso hacia los acantilados que dan sobre el risco El Perro y El Caletón, que no veo en absoluto desde aquí. En unos cinco minutos llego a las primeras fincas y chalets y poco después a una calle que baja. Sigo hacia abajo pero cuando empieza la bajada hacia el Caletón tuerzo a la izquierda (calle Acentejo) para seguir entre chalets. Todo forrado de asfalto el suelo paso por delante de la verja por dónde una vez subí desde Rojas (excursión 261), verja que yo pasé arrastrándome por el suelo, ahora le han puesto una extensión por debajo para evitarlo. En una bifurcación sigo por la izquierda en ligera subida y paso el barrio de Guía. Hay una pequeña melé de coches que no se ponen de acuerdo en qué orden moverse. Vuelvo a la carretera paralela a la autopista y procurando no ir por el asfalto sino por la tierra sigo avanzando hacia el Oeste, hacia Santa Úrsula.
Cuando la carretera hace una curva enfrente de un restaurante (el que tiene una hermosa sabina) me llama la atención una pista de tierra que sale a la derecha, me meto y veo muchos restos de bolsas de plástico, pañuelos y latas. Salto la cadena, muy baja, y me adentro en la finca. Por aquí según el mapa hay una fuente, la fuente de la Sabina. Muy cerca también a la izquierda hay un barranco en forma de embudo (La Fajana). Las veces que estuve al otro lado del barranco excursiones 92, y 799c) y por dentro (excursión 665) me fijé en las grandes terrazas soportadas por muros de piedra que caían hacia el mar, las terrazas por las que estoy bajando. Ahora sin ninguna idea clara de lo que me espera lo único que intento es acercarme lo más que pueda al acantilado. La pista va en oblicuo hacia el mar y tras una bifurcación, en la que elijo a la izquierda, va más recta y con más pendiente. A los lados las terrazas se suceden, algunos muros se quedaron a medio construir. Hay cierto peligro porque el sendero se pega mucho a los lados, a desniveles. El sendero es fino pero inequívoco. Al llegar a una parte con más desnivel con montañitas de tierra tuerzo a la izquierda para dirigirme hacia una caseta medio en ruinas. Esto me pone contento, existe un sendero, hay un sendero, eso está claro. Entre zonas de mucho rabo de gato y grandes vinagreras paso la caseta, la rodeo por debajo, y sigo y llego a otra pequeña caseta y al puro borde, no es el borde del acantilado sino el borde más extremo hacia afuera del barranco de La Fajana. La vista es apoteósica.
Repito, la vista es apoteósica. Por debajo tengo el barranco en forma de abanico o de embudo, ancho arriba y estrecho abajo, en su parte superior todavía se nota la forma de las terrazas de cultivo ahora cubiertas de tabaibas. Hacia el mar y al contraluz fuerte destacan los acantilados y las salidas de varios barrancos (La Reyerta, Hondo, La Mina) y la espuma de las olas del mar agitado sube por las paredes perfilando las aristas de las desembocaduras de los barrancos. En la punta sobresale el roque del Cagado, enhiesto y puntiaguado. Ahora sigo hacia abajo por un camino al lado de un muro con los bejeques en su apogeo con sus flores amarillas formando grandes conos, con una generosidad vegetal exagerada. Los bejeques salen de los bordes y parecen formar una pasarela. Las abejas revolotean aturdidas alrededor. Los matorriscos (la lavanda canaria) también está en flor. Voy rapidito por este pasillo estrecho, no quiero mirar la caída por la izquierda. Paso de largo un saliente que sigue a mi izquierda y yo sigo un poco más hacia otras terrazas más abajo. Me resulta impresionante este derroche excesivo de muros de piedra construidos aquí sobre pequeños salientes. Y bajo dos más hasta que ya veo que sólo hay risco para abajo. Hacia la derecha tengo a la vista las casuchas derruidas cerca del nivel del mar en la parte baja del Jagre. En un saliente identifico la casa aislada que se quedó a medio hacer. Estoy impresionado y es que la diferencia de ver o no ver el acantilado y este mar fuerte y abierto es demasiado grande. (Y sólo consigues verlo después de bajar bastante por la finca de las terrazas grandes.)
Bajo lo más que puedo y con mucho cuidado vuelvo a subir, pero descubro un senderillo que sube al saliente que pasé un poco antes de estas últimas terrazas. Enseguida estoy arriba, en el saliente. Aquí hay una mesa baja de piedra con otra para sentarse. Casi parece un lugar de tono religioso de los guanches que vendrían aquí a predecir el futuro viendo el estado del oleaje, de cómo rompía la mar sobre el roque en forma de ballena que hay a la salida del barranco Hondo, y de la forma de la espuma entorno al roque del Cagado. Encuentro un pequeño vallado algo incongruente que protege la misma vegetación que hay por fuera y bajando unos metros estoy en la punta, con una vista todavía más amplia de los acantilados. Vale, ya voy por la excursión mil y pico pero que todavía pueda seguir descubriendo lugares como este no me deja de asombrar. He bajado unos 75 metros de desnivel desde la carretera para alcanzar esta punta (Punta de la Sabina). En el regreso me paro cerca de la pequeña caseta y oigo un naciente de agua en la pared que cae en la espesura de la pared ¿será la fuente de la Sabina? Regreso por donde he venido hasta la carretera. Sigo a la derecha y paso el cauce del barranco de la Fajana (que marca el límite entre La Matanza y La Victoria) y sigo hacia Santa Úrsula. Voy por la derecha de la barrera procurando pisar tierra, me cruzo con caminantes sueltos, o en parejas, algunos van corriendo. El contraluz fuerte hace que brillen los cerrillos blancos que crecen, silvestres, en los laterales. (Los cerrillos blancos son en realidad entre rosados y ocres, pequeños, un poco más de medio metro y con inflorescencias agrupadas. En Tacoronte en la subida del Gato (callo El Calvario) se dan también y brillan especialmente en invierno. Años tras año.) A mi izquierda ruge la autopista, a la derecha planicies sin carácter. Tras un km largo termina esta carretera de servicio y cruzo la autopista por un túnel. Un motorista, un terrorista acústico, prueba estando parado su moto con un estruendo espantoso. Subo por la pendiente fuerte (Calle de la Costa), paso la conexión con una carretera que sube con muchas curvas hacia Santa Úrsula, pero yo sigo recto (calle Los Bajos). Encuentro, a la derecha, un pasillo entre casas y lo exploro (este desvío no está reflejado en el track de la excursión). Primero me lleva a un huertito con almendros, pero sin continuación. Después bajo por otro pasillo entre casas y llego a otro huerto cuidado y arado pero el muro alto de la carretera, que sube dando vueltas, está cubierto de plantas y es impenetrable e insalvable. Regreso a la calle Los Bajos y subo hasta la carretera general. Me echo a la derecha. Paso el puente del Rey que cruza el barranco de Tagoro/Infierno (límite entre La Victoria y Santa Úrsula). Llamo por teléfono a Titsa para saber con precisión cuándo llegará la 101 y como me da tiempo me pongo a hacer una última exploración. Me meto, tras pasar la curva excavada en la tosca, a la derecha por una calle (Lomo Puente Hierro) que va por una la lengua de terreno entre dos barrancos. Tantas veces la he visto al pasar en guagua. Es un terreno estrecho entre dos barrancos (el de Tagoro/Hondo/Infierno y el Hondo del Infierno/El Loro). Tras unas casas sigue una pista con mucha piedra en bajada hacia unos huertos. Tiene vistas, a la derecha, al cauce del barranco Hondo donde veo cultivos en el fondo. Es una vuelta rápida que no me permite llegar hasta el final de la pista, y que no tiene salida. Regreso rápido a la parada en la carretera (17.54h, parada 4021) y la guagua aparece inmediatamente (17.55h). Cómo me gusta apurar.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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Jardin del Sol a Punta La Sabina a Tagoro