• Excursión 955. 10 Junio de 2019. Lunes.
Interián. Tierra del Trigo. Los Agujeros
Municipio: Los Silos.
ENP: Sitio de Interés Científico Interián. Parque Rural de Teno
De 14.54 a 18.56h. De 57 a 540 a 429 a 640 a 497m.
Distancia: 10,4km. Duración: 4h 2m.
Subida por carretera de muchas curvas por debajo de un gran risco y un palmeral y vistas hacia las fincas de plataneras. Después recorrido urbano hasta un sendero que va al lado de un canal con agua hasta un saliente mirador (Los Agujeros) con vistas fantásticas hacia la Isla Baja.
Noto un golpe de calor nada más bajarme de la guagua pasado Interián. Me gusta sentir este calor y me emociona un poco pensar que va a ser una excursión calurosa, me gustan así. Empiezo a caminar hacia Los Silos. En menos de dos minutos (150m metros) cruzo la carretera y subo por un pasillo entre plataneras. A ambos lados, en terrazas, las plantas todavía no han sacado las piñas. Veo varias marcas con una H y numeraciones en los muros que separan las terrazas. Debe haber una lógica en todo esto. Subo un poco intranquilo porque no sé si habrá salida. Y ya cerca veo que la puerta metálica está cerrada. Según me acerco ya me veo saltándola, afortunadamente la puerta no tiene echada la llave y puedo abrirla, me cuesta cerrarla y dejarla como estaba. Bien. Este primer atajo ya lo tenía previsto.
Sigo a la derecha por la calle (Camino Viejo La Caleta - Barranco Hondo) que tiene fincas, valladas o amuradas, de plataneras a ambos lados. Un segundo atajo que había planeado resulta estar cerrado y cuando veo a un hombre salir de ella y preguntarle, un poco contrariado me dice que no, que no se puede pasar y que por arriba también está cerrado. Vale. ¿Y qué te cuesta dejarme pasar? Sigo adelante, el hombre se mantiene detrás de mí a una cierta distancia, parece receloso y estar cerciorándose de mis intenciones. No miro hacia atrás para no alimentar sus sospechas. Sigo adelante. Me gusta mucho la vieja casona canaria restaurada que hay al final de esta calle. En el cruce de caminos (por ahí se puede salir a la carretera general) tomo a la izquierda para subir por una carretera asfaltada (Camino Real), es la que tiene tantísimas curvas de 180 grados y que lleva a Tierra del Trigo. Esta carretera va por dentro del Sitio de Interés Científico Interián. Enfrente tengo un gran depósito de agua. El tiempo sigue casi asfixiante y me llega también el calor de los campos secos a la derecha, y noto más el calor ahora que empiezo a subir esta carretera con mucha pendiente.
En la primera curva a izquierdas me salgo por la derecha por un camino que sube recto y pasa al lado de una finca, vallada más arriba. El camino viene en el mapa del Instituto Geográfico Nacional (IGN), pero no en el de OSM. Cuando paso la puerta de la casa y sigo, al lado de, la valla de la finca enseguida me encuentro con una hornacina con una imagen religiosa. Poco después el camino está completamente invadido de vegetación. Con paciencia logro llegar bajo una gran palmera canaria y sigo subiendo al lado de un depósito circular, voy siguiendo el trazado aproximado del mapa de IGN, e incluso me parece entrever algo de empedrado en el suelo. Sigo subiendo y muy pronto voy a dar a un doble canal (Canal Garachico - Los Silos). Lo sigo hacia la izquierda y llego a la carretera. Este es el canal por el que estuve transitando viendo la vegetación del bosque termófilo (excursión 663). Vuelvo a recorrer el canal hasta un poco más allá de por dónde accedí para ver si puedo seguir por el camino que viene en el mapa de IGN. Llego a unas tuberías que suben verticales por la loma, pero por más que busco no encuentro el sendero, debe estar totalmente cerrado por falta de uso. Lo que, sí veo, más arriba en la carretera, es a dos hombres alemanes que otean el horizonte con unos prismáticos, de ellos me llega una cierta sensación de estar admirados por este paisaje. Yo también los miro a ellos con mis prismáticos, pero no se dan cuenta de mi presencia ni siquiera cuando les hago señas.
Subir al lado o por encima de la tubería me parece muy temerario. Vuelvo por el canal a la carretera y sigo subiendo por ella. Son muy abundantes los palos de sangre, y los granadillos, y en algunos puntos veo grandes y hermosos almácigos. En la punta de la tercera o cuarta curva a izquierdas me salgo por la derecha y encuentro un sendero más bien malo pero posible que llega a la tubería y subo un poco y logro ver un depósito cuadrado que hay en la base de un gran salto vertical (es el cauce vertical del Barranco la Parra). Había visto el depósito en el mapa, pero no me había imaginado lo difícil que es verlo en la realidad, ahí encajonado. Me siento especial de poder descubrirlo, se debe rellenar con el agua que escurre por el salto. Esto es un terreno muy abrupto y rocoso. No intento seguir por aquí, no me quiero arriesgar tanto, pero se podría intentar (otro día). Vuelvo a la carretera y sigo subiendo con buenísimas vistas, desde las esquinas de la carretera, desde las curvas, de Los Silos y sus fincas de plataneras, Buenavista y la balsa de Taco y la costa. A la izquierda, según subo, me impresiona el paredón de roca rojiza (Los Hoyos) y me encanta el palmeral de palmeras canarias, tan elegantes contra el fondo del risco. Me da la impresión de subir por un antiguo desplome geológico. Es un paisaje de superlativos. La ventaja de subir por esta carretera es que el enorme desnivel lo voy venciendo poco a poco. En una de las curvas a izquierda donde hay un gran almácigo descubro unas tangas en las ramas de un granadillo, parecen los restos de un buen rato en esta esquina privada.
Paso un grupito de casas al final de las curvas y sigo subiendo al lado de otro barrio de casas aisladas (Las Arenas). Ahora el día se ha cubierto y el barranco (a la derecha) todo lleno de plantas se ha convertido en una masa oscura verdosa, es el barranco de La Parra/Las Guardias. Me echo a la derecha por la primera calle (La Parra) que puedo (440m), una pareja con niño pasa hablando de cosas familiares, y eso me hace conectarme con el mundo cotidiano, yo, que voy de tremenda exploración llego a un sitio que para ellos es lo más familiar y habitual. Pero en la primera bifurcación ya me olvido de lo cotidiano. Tengo que estar bien afilado para tomar las decisiones correctas en las estresantes bifurcaciones, en el mapa de OSM está clarito, pero en la realidad siempre me cuesta. Sigo por la izquierda subiendo entre casas humildes. Al llegar a un cruce en el que tendría que seguir a la derecha, me tengo que parar porque un cartel indica que es privado. Un coche utilitario que sube me impacta por el aspecto salvaje y nórdico de la conductora que va acompañada de un hombre muy moreno que me mira seriamente y no dice nada, un niño callado va detrás. Hay que ser muy decidido para subir por estas pendientes. Logro vencer mis reservas y me meto por el camino privado (Las Güitas, no tiene ni cadena ni nada). Llaneo y pronto llego a campo abierto y sigo en ligera subida en curvas a la izquierda hasta que me topo con un hombre con una desbrozadora que está muy agobiado. Con temor me dirijo a él y me dice que todo está cerrado por aquí, que la pista que cruzaba el barranco (El Til) está completamente sepultada de zarzas y plantas. Él lo está desbrozando. Le pregunto por un camino para ir hacia La Juncia y me habla de un canal y de un camino, todo un poco confuso. El barranco está forrado de plantas y no se adivina, tampoco enfrente ninguna pista.
Vale, doy marcha atrás y vuelvo al cruce. Sigo subiendo (Camino el Tomadero/Villanueva) con casas pequeñas pegadas al borde de la calle hasta una pista de tierra. Al preguntarle a dos hombres, que hablan de terrenos, me indican que la plaza de la Tierra del Trigo está justamente encima, a unos metros. Vale. Gracias. La plaza circular y de tierra debe ser el espacio más llano de todo el lugar. El bar La Ermita debe cerrar los lunes, en otras ocasiones estaba abierto. Logro localizar las dos grandes eras que están en la trasera del hotel rural Finca La Hacienda, una un poco más grande y en muy buen estado, con suelo de piedra y murito. Cómo me gustan las eras. Son construcciones de lo más simple, pero son de las mejores cosas que se conservan de los tiempos pasados y tienen mucha carga emocional para mí. Vuelvo a la plaza y sigo por la acera donde está el bar, rodeo la manzana (calle Lomo Morín y calle Los Ríjos), sigo a la derecha en una bifurcación y dos o tres casas más allá me meto por un sendero que sale a la derecha. Maravilloso, es maravilloso, después de tantas calles me encanta encontrar un sendero. Es estrecho y parece muy transitado, rodea el barranco, cruza el cauce, mínimo aquí, y sigue subiendo por el otro lado. Al llegar a un cruce investigo hacia la derecha, hacia abajo, a ver si logro encontrar otra era que hay por aquí pero no lo consigo. Hay fincas en uso y mucho bosque.
Regreso al sitio por dónde salí del sendero y ahora subo por una pista ancha desde la que se ven las casas de Tierra del Trigo. Y poco después llego al canal (Enlace), debe ser del que me habló el hombre agobiado. Está cubierto y es muy ruidoso, se oye de lejos. A mí me gustaría seguir hacia unas casas antiguas (Tierras Viejas), pero no hallo ese sendero. A cambio, y es uno muy bueno, subo un poco entre la vegetación y llego al canal, que viene con mucho caudal, y cada vez con menos losas por encima. El canal se ha debido de ir rellenando por el alto contenido en cal de las aguas y el agua se desborda en varios lugares. Me da una gran sensación de urgencia el rumor, el ruido del agua, que baja fuerte y sobre todo en las curvas donde se rebosa más. Pronto me empiezo a enfrentar con la parte complicada del sendero que va al lado del canal. Está ampantanado, y las ladrillos planos o losas que han puesto en el suelo tienen una mucosidad resbaladiza y no me sirve apoyarme en el canal que también tiene una sustancia viscosa verdosa, imposible encontrar un lugar estable, me tengo que salir por la derecha y chapotear por entre el barro y las plantas. Tramos como este hay varios, pero no tan malos como este, en el resto del sendero, en los lugares con fugas, hay piedras o trozos de losas estratégicamente colocados en el suelo mojado y barroso para ir dando pasos medidos y certeros, tengo que poner toda mi atención para no resbalar, pero el ruido del agua de una manera subliminal me impulsa a ir deprisa, deprisa. Bastante avanzado al lado del canal localizo un sendero que sube a la ladera, sendero señalizado, en realidad, por una losa que han puesto sobre el canal para poder cruzarlo. Entre pencas muy antiguas sigo este sendero serpenteante, y parece un campo de minas, con los pinchos de las pencas como minas que están a todas las alturas. Logro llegar a una casa antigua en ruinas. Tiene otra habitación más pequeña pegada y está totalmente rodeada, por delante, de plantas. Parece que existe un sendero para seguir subiendo hasta el camino que lleva al caserío de Tierras Viejas, pero me aburro tras un rato.
Regreso al canal y lo vuelvo a seguir. Y entonces llego a una cosa realmente llamativa, el canal termina y derrama las aguas sobre la ladera, y una cascada ancha y llena de canalitos se lanza hacia abajo entre la vegetación. Qué manera más ingenua de llevar el agua de un lado para otro, no había visto nada como esto. Nada de tuberías, el agua “pabajo” y ya está. Un gran frente blanco, ahora seco, de precipitaciones calcáreas, me indica que a veces el caudal puede ser mucho mayor, o quizás sea de cuando drenen el canal y lo limpien de toda esa cal. Una vez que me he zafado del ensalmo del canal y de su agua rumorosa (unos diez minutos de travesía) me fijo en una gran loma plana que tengo delante con un sendero que la recorre. No lo dudo ni un segundo, en ninguno de mis mapas viene este sendero. Bajo por el frente calcáreo y accedo a la loma. La superficie es rocosa y algo complicada, pero al ser terreno llano lo puedo ir haciendo sin mayores tropiezos. No corre mucho viento y se ha despejado hacia el mar. Voy con nervios porque ya anticipo la vista desde la punta. Y efectivamente, tras unos diez minutos, llego a una punta rocosa con una vista fantástica de la Isla Baja (la llanura de plataneras, la montaña (Aregume) en el centro de Los Silos, los edificios altos en la costa de Los Silos, la montaña de Taco con su balsa cuadrada y más allá veo Buenavista y los riscos por encima. Apoteósico.
Es un descubrimiento total para mí. Me siento en unas rocas y me quedo extasiado. Estoy sobre una vertical, como un pájaro. Los depósitos de agua brillan ligeramente rizados. Me encanta cuando localizo con los prismáticos el sendero que sube a Talavera. Es todo un lugar este sitio. Se llama Los Agujeros y debe ser por dos agujeros angostos, por los que se puede pasar agachado y que están azocados del viento en una especie de hornacina. Regreso por la llanura y vuelvo a negociar el complicado sendero del canal. Al final del sendero salgo a la pista y ahora sigo, no por la pista por donde vine, sino por otra que va más o menos pegada al canal, ahora cubierto y más arriba, a una pista en ligera subida. En una bifurcación sigo recto, a la derecha dice que es privado y hay una barrera en el suelo. La pista ancha va entre la vegetación frondosa y al llegar a una antigua zona recreativa, muy pequeña, con una mesa que sólo tiene sus patas, no el tablero, decido salir hacia la carretera por unas escaleras de piedra muy invadidas de zarzas. Y llego a una carretera (La Juncia). Carretera que conozco de otras excursiones por Cuevas Negras y La Juncia. Por ella ya bajo hacia Tierra del Trigo y cuando llego a la plaza llamo al taxi de Los Silos, el único que hay. Juan, el taxista, me recoge pronto y me baja a la carretera (5€, 18.58-19.14h), es una bajada endemoniada. Mientras espero a la 363 consigo que unas personas que están de merienda en una zona recreativa me den el último poquito de agua de un gran garrafón que, sin embargo, da para llenar por completo mi botellín. Gracias. Y mientras espero, veo cómo se abrazan y se despiden, cada familia para su lado. Llega la 363 (19.36h) y me lleva a Los Realejos (20.30h) donde he dejado el coche, en el sitio habitual.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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Interián - Tierra del Trigo - Los Agujeros