• Excursión 884. 13 Diciembre de 2018. Jueves.
Camino Las Vistas. Montaña Aljora. Pico del Valle. Mirador La Crucita.
Municipio: Güímar.
ENP: Parque Natural Corona Forestal. Parque Nacional del Teide
De 10.24 a 15.45h. De 1020 a 2200 a 1930m.
Distancia: 12km. Duración: 5h 21m.
Subida desde la zona de viñedos de Las Dehesas hasta el Pico del Valle (Cho Marcial). Recorrido por pinar hasta la mitad de la altitud, después por crestas hasta el pico y remate por terreno algo confuso de retamas hasta la carretera dorsal del Teide
He estado retrasando, posponiendo, esta excursión hace tanto tiempo que casi me parecía inalcanzable, pero hoy, todo está de cara. Mi forma física es muy buena y el tiempo despejado, sin viento y sin calor me van a permitir abordar esta fuerte ascensión (más de mil metros). Llevo conmigo una descripción de FF de la subida desde la caseta hasta el pico y después hasta la carretera del Teide.
Tardo unos tres cuartos de hora en ir a Güímar (9.11 a 9.53h). Dejo el coche cerca de la estación de guaguas. Tomo un taxi de la parada que hay enfrente. Según vamos subiendo por el precioso camino de Las Vistas, entre viñedos y escorias volcánicas, me doy cuenta de que el taxista es el mismo que me llevó a Agache, recuerdo que me dijo que sólo iba al monte en cuatro por cuatro y acompañado de otro y que tienen los tobillos delicados. Me deja al final del camino de Las Vistas, donde termina el asfalto (8.4€), cerca de una bifurcación hacia una finca aislada con tajinastes. Aquí el tiempo está despejado, y sin viento (10.23h, 1020m).
Empiezo a caminar, bastante despacio, por un tramo de pista de gran pendiente. Estoy empezando y no me quiero quemar muy pronto. (Esta parte, así como un considerable tramo de la ascensión (hasta la montaña Aljora) ya la conozco de otras excursiones). Los pinos dan un poco de sombra y hace, incluso, un poco de fresco cuando no me da el sol directamente. Paso la desviación (1100m), a la izquierda, a Las Dehesas y yo sigo recto hacia arriba por el pinar. Al avistar la caseta (Casa Forestal de Chengue), a la izquierda, (10.37h, 1160m) me desvío de la pista hacia ella, este terreno está despejado, no hay muchos pinos, y puedo empezar a ver a lo que me voy a enfrentar. Desde aquí veo el pico del Valle/Cho Marcial y otro pico (Alto de Abajo) ligeramente menos alto y a la derecha. Paso al lado de la caseta y antes de un pequeño santuario me desvío y no me cuesta mucho encontrar el principio del sendero, tras unos escobones. La verdad es que este principio no es nada obvio, es bastante complicado, no sólo el comienzo está oculto, sino que después el sendero en sí está muy cubierto de pinocha. Recorro cinco largos tramos por un sendero estrecho que va por la ladera, el último tramo bastante largo y cuando llego a una zona más llana tuerzo a la derecha (hitos, 10.48h, 1220m). Hace un año y medio que hice mi primer intento y me acuerdo perfectamente de todo esto (excursión 612). Ese intento fue tan intenso que se me quedaron grabados todos los pasos complicados de la ruta. Poco después de torcer a la derecha (en los hitos) me doy cuenta de que he confluido con un sendero viene de abajo, así que puede haber otro acceso por la pista que va a Las Dehesas, lo dejo para otro día explorar esa posibilidad (unos dos años después -excursión 1233- comprobaré que hay, efectivamente, un acceso más fácil desde la pista que va a Las Dehesas).
Sigo subiendo con ligero desnivel por un sendero más claro hasta que llego a una zona llana amplia, un balcón-mirador, con pinos de grandes ramas paralelas al suelo (10.59h, 1250m) y vistas impresionantes hacia un barranco, y desde donde veo de nuevo el pico, aquí tuerzo a la izquierda y empiezo a encarar las primeras rampas de la montaña de La Eslora/Aljora. El sendero sube en zigzag, algo oculto por la pinocha, pero lo voy “viendo”, y después, por tramos más rectos en subida constante. No veo, tal como me ocurrió en el anterior intento, que el sendero sigue recto y sigo hacia la derecha hasta que no tiene salida, pero sí una vista buenísima de los riscos, de los picos (este pequeño desvío no está reflejado en el track de la excursión). Regreso por el sendero lleno de piñas hasta el cruce (11.11h, ¿1340m?) que no vi y sigo subiendo. Más tramos rectos y pendiente fuerte hasta que tengo que cambiar de ladera en la subida (11.24h, 1380m). La vez anterior había unos hitos señalizando el sitio por donde había que cambiar, ahora no están. En realidad, el cambio de ladera es solo un ligero desvío a la izquierda para salvar una muesca en el terreno. Ahora, aunque el sendero apenas se ve es fácil la continuación, hay que seguir por la cresta ancha de la loma, bastante recto, y a veces por el borde izquierdo, son largas pechadas a ratos por terreno despejado, a veces bajo el pinar hasta que corono la montaña de la Eslora/Aljora (11.40h, 1510m).
Lo que sigue ahora es terra incognita y la descripción de FF apenas me sirve porque dedica casi todo a explicar lo que se ve desde la subida más que la subida en sí y lo que dice de las partes expuestas no va a resultar cierto, porque no tienes porqué ir por el borde. A la conclusión que llego es que si no da detalles de la subida es porque debe ser autoevidente el recorrido. Confiado en mi instinto sigo adelante. El día está maravilloso y desde lo alto de la montaña de La Eslora hay vistas buenísimas no sólo de Las Dehesas, sino de todo el valle de Güímar, y delante tengo un barranco (Tamay) de escoria rojiza grande y pelado. Vale. Ahora estoy en el momento decisivo. Vamos allá. Desciendo un poco para pasar una degollada despejada y llego a una ladera cubierta de pinos. Por aquí no hay sendero ni nada que se le parezca, se trata de ascender, trepar por la pinocha. Lo hago en oblicuo para aliviar la pendiente. A veces, tengo que escalar y afianzar la posición para no deslizarme cuesta abajo por la pinocha.
Este bosquecillo de pinos no es muy grande y ya llego a una zona (1550m) de rocas y vegetación baja, por la que voy descubriendo que sí hay sendero, pero que en realidad no es mucho mejor que subir monte a través. Voy escalando y escalando. A veces lejos del sendero y voy pasando roques salientes. Cuando he superado varios de estos roques tengo una visión (mirando hacia abajo) mucho mejor y más clara del camino de subida, hay que ir recorriendo una cresta rocosa, que desde abajo no se ve, pero que desde arriba resulta muy evidente. Por otro lado, en la subida, si te vas mucho a la izquierda o a la derecha hay precipicios, así que no hay muchas alternativas. Y la otra cosa es que según voy subiendo solo veo los roques salientes, pero no el conjunto, no la ladera completa. Pero también esta cresta termina (12.33h, 1770m) y aquí me doy cuenta de que he estado usando casi tanto las manos como los pies en el ascenso, que ha sido de lo más abrupto. Me ha llevado casi una hora desde lo alto de la montaña de La Eslora. Ahora hay un ligero giro a la izquierda en una pequeña degollada, por un sendero más o menos claro. Y ya se trata “simplemente” de ir subiendo a cuatro patas por la ladera hasta el pico, el más bajo de los dos (Alto de Abajo, 13.09h, 1950m), donde hay goro, y una montañita de piedras. Me acerco al borde, es euforizante. La vista de la hoya de Pedro Gil y del volcán de Las Arenas es maravillosa, clarita, diáfana. Estoy en el puro borde. Hacia el valle de Güímar se ha cubierto, Anaga está despejado.
No creo que pueda haber elegido un día mejor para venir aquí, todo está de cara, no hay ni viento, todo está en calma. Pero todavía me falta un buen esfuerzo para subir al otro pico, el más alto de los dos. Es un cresteo complicado por la ladera de la montaña, no quiero ir por el borde ni tampoco bajar demasiado, no sé si hay sendero, pero tengo que ir despacio campo a través, todo son obstáculos. Vegetación baja de retamas, malpicas, escobones pequeños, muchas rocas. Por un borde subo hasta el Pico del Valle/Cho Marcial (13.43h, 2020m). He tardado tres horas y cuarto en subir. Es un orgasmo estar aquí, sólo una ligera brisa en la cima, y debajo trescientos metros de caída vertical. Pero aquí en lo alto se ve hacia todos lados y el valle se va despejando.
Lo he logrado. He podido, me siento eufórico, pero no me puedo relajar, ahora voy a seguir subiendo hasta la carretera dorsal por un sendero muy perdedor. Así que para disfrutar del sitio me quedo aquí a comer, estoy como almohadillado, anestesiado, ha sido un palizote, poco a poco al ir comiendo me voy recuperando (13.44-14.14h). Abajo la gran hoya está casi toda cubierta de pinos y se distingue la pista que sube hacia la Crucita, también hay grandes laderas de color marrón/beis sin pinos, pura escoria y resbaladeras, y las laderas del otro lado sí están cubiertas de pinos. Esta gran hoya se produjo por un gran colapso del terreno. Colapso que se nota en la forma afilada de los riscos de este lado, los que están por debajo del pico donde estoy. El perfil de este pico tiene dos lados, el izquierdo, hacia la hoya, es vertical, el derecho, hacia Güímar, es inclinado. Desde aquí también distingo bien los observatorios de Izaña y todo el valle de Güímar, de donde se empiezan a despejar las nubes bajas que lo cubrían.
Algo repuesto sigo mi camino (14.17h). Pero ahora, desde luego, que me lo tengo que tomar con mucha calma porque ya sé lo enrevesado que es y lo despacio que debo ir. Bajo del pico por la derecha y voy bordeando una degollada hasta un pequeño pinar en un vallecito, y sí, voy siguiendo un sendero. He descendido unos cien metros desde el pico para llegar a la degollada y sólo cuando rebaso el pinar y encaro el sendero empiezo a subir de nuevo por el borde de los riscos, a unos metros del abismo. Es un camino muy perdedor con curvas reviradas y todo está cubierto de una masa densa de arbustos pequeños: retamas, malpicas. Existen muchos caminos alternativos pero que enseguida no llevan a nada y tengo que ir muy concentrado en ir encontrando el correcto para minimizar el esfuerzo. Me gusta mucho este paisaje denso de retamas, y me imagino el aroma cuando florecen. Pero al mismo tiempo el esfuerzo físico me resta capacidad de disfrute estético de lo que veo, así que de vez en cuando, me detengo y miro hacia atrás, al pico donde he estado y voy comparando mi altura con la del pico y también viendo la forma tan afilada del pico, al que realmente parece imposible que me haya podido subir, y menos, bajar. Una media hora después de seguir (14.56h, 2032m) ya he rebasado la altura del pico. Voy viendo hitos estratégicamente colocados que me dan moral y apoyo. Ahora soy tan bueno como los últimos hitos que voy pasando. El camino es tan perdedor que sin ellos iría muy inseguro y desmoralizado. Pero al ir pasándolos me da fuerzas. No es que vaya por medio de un bosque y me tenga que orientar, voy por zona de arbustos bajos, pero así y todo, la sensación de inmensidad es tan grande que tengo que tener el apoyo de alguna señal humana. Al llegar a divisar los primeros pinos sé que me estoy acercando a mi destino, pero ahora el retamar es mucho más denso y apretado, y los hitos están medio ocultos entre ellos, pero también los que han puesto los hitos (bienaventuradas buenas personas) se han adaptado al medio y cada vez son más alto y puntiagudos.
Me parece milagroso que lo vaya consiguiendo y siento una inmensa alegría cuando alcanzo la pista (15.31h, 2190m), la pista que ya conozco de la otra vez que hice este sendero (el tramo hasta el pico desde arriba) (excursión 757). La llegada a la pista está marcada con dos columnas de piedras que forman una puerta virtual a la pista (o al sendero si vienes desde arriba). Me ha llevado una hora y cuarto llegar aquí desde el Pico del Valle. De repente, se termina toda la tensión de esta tremenda excursión, lo que sigue es trabajo de oficina. Sigo por la pista hacia la derecha, todavía en ligera subida. En unos cinco minutos llego a una bifurcación, dudo si ir hacia la derecha (montaña La Negrita y mirador de la Crucita) o seguir a la izquierda, más directo hacia la carretera de la dorsal (TF-24). Pero al recordar el tirón que me dio en el muslo la anterior vez, al subir hacia La Negrita, decido ser conservador y seguir hacia la carretera, ahora las visas son hacia el Teide y llego poco después al borde de la carretera, tras pasar una barrera (15.49h, 2220m). Mi situación ahora es la de un paria, porque al tratar de llamar al taxi, me encuentro con que no hay cobertura y al empezar a hacer dedo a los pocos coches que pasan no se para nadie, y eso que pongo mi mejor cara. Uf, es una situación chunga, yo que esperaba un comité de bienvenida por la hazaña lograda, me siento un apestado, no para nadie.
Tras quince minutos me sobrepongo y empiezo a caminar hacia el mirador, al menos me animo moviéndome. Al pasar una loma veo un grupo de personas que se disponen a despegar hacia La Orotava, son parapentistas. Están evaluando el viento y no se deciden a despegar. No me identifico nada con ellos, las nubes tapan el valle y me resulta suicida sobrevolar las nubes para meterte dentro de ellas y pasar un buen susto hasta que vuelvas a ver la tierra. Sólo la primera excitación y los gritos de emoción de los que van despegando me gustan, y me identifico con su emoción. Y ahora lo intento de nuevo con el teléfono (16.15h) y resulta que sí, que hay cobertura, y logro hablar con Silvestre (el taxista de La Esperanza) y dice que sí, que me viene a buscar, que tardará menos de una hora en venir a buscarme. Yo, por si acaso, decido caminar hacia La Esperanza, si no viene al menos sé por dónde puedo bajar hacia La Orotava.
Se me hace ligera la caminata hasta La Crucita (16.54h, 1985m). Me paro un rato para mirar los picos donde he estado subido, se distinguen tan bien, y toda la serie de picos del risco en forma de sierra por donde he cresteado. Imposible pensar que he estado allí, es irracional, sólo porque recuerdo bien que lo acabo de hacer puedo reconciliar ambos pensamientos. Espero un rato, me cambio de camisa y sigo hacia adelante en cuanto noto que me estoy enfriando. Evaluando mis posibilidades, cada vez pasa más tiempo y Silvestre no viene, y pensando que no me queda mucho de luz, a unos tres kilómetros de la Crucita y casi una hora y media después de llamarle aparece (17.32h). Gracias. Gracias. Qué bueno. Me da su mano robusta cuando le digo que hay que tener fe. Le puedo contar lo que he hecho, y él apenas dice mucho, sólo de vez en cuando “y usted solo”. Me va reconfortando y animando ir en el taxi con él, y poder hablar y tranquilizarme después de esta tensión de la caminata por la carretera. Gracias. Me lleva hasta Güímar, bajando por la carretera de Los Loros, y me deja justo al lado de mi coche (18.22h, 32,8€). Ahora, un poco sonado, y con las piernas como cartones, me llego hasta la cercana gasolinera y me compro el periódico. A la vuelta me detengo un momento para admirar un belén que está por fuera de una casa. Hay ambiente navideño.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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Las Dehesas a Pico Cho Marcial a TF-24