• Excursión 169. 16 Junio de 2014. Lunes
Parador a la degollada de Ucanca. Miradores de Chipeque y Chimague
Municipio: La Orotava. Santa Úrsula
ENP: Parque Nacional del Teide
De 15 a 17.30h. De 2130 a 2410 a 2130m.
Distancia: 4,6km. Duración: 2h 30m.
Breve parada en los miradores de Chipeque y Chimague. Subida a la degollada de Ucanca desde el parador nacional de turismo.
Me dejó tan impresionado el aroma de las flores en las Cañadas del Teide (excursión 165) que voy a regresar para darme otra vuelta y hacer fotos de los tajinastes. En el camino al Teide me desvío en el km 26 a los miradores de Chipeque y Chimague (1900m). El mirador de Chimague está en la primera curva. Este mirador da hacia la dorsal de subida, hacia La Esperanza. Es una vista de un verde arrebatado, de los pinares que cubren todas las lomas que se pueden ver. Encontrar un mirador con una visión amplia de todo el monte es algo realmente especial porque durante el trayecto por la carretera sólo se ven árboles, apenas hay vistas despejadas y menos hacia el propio monte en su conjunto. Me monto en el coche y avanzo un poco más por la carretera que tiene el firme destrozado en varios tramos, debe ser el tiempo extremo que hay aquí. Tras un km llego hasta el mirador de Chipeque, está cuidado, limpio y con papeleras, tiene empedrado y está decorado con plantas. Tengo suerte porque el valle está completamente despejado (todavía no se ha formado el mar de nubes), veo todo el valle, las laderas de pinares, la carretera que serpentea y el Teide bien arriba. Me interesan especialmente las montañas de Santa Úrsula, las que estoy empezando a visitar, distingo claramente las tres: Micheque, Las Ovejas y Los Asientos. Esta misma semana he estado en Las Ovejas. También distingo la puntiaguda montaña del Topo, creo que hay una pista que baja hacía ella y que sale del km 27. Todo está despejado y nítido. Decido tomarme aquí los dos sándwiches que me agencié mientras contemplo este panorama. Está un poco ventoso; vale, vale, ya sé que la perfección no existe.
Sin una idea clara de lo que voy a hacer me monto en el coche y sigo hacia el Parador. Una vez en el Parador, sin pensarlo mucho, tomo el sendero que va hacia la montaña de Guajara. Al arribar a la pista de Las Cañadas veo un sendero que la cruza y que sube por la ladera. A la derecha hay un pequeño cono volcánico muy regular que ya me llamó la atención en la anterior excursión. El sendero con poca inclinación al principio empieza a serpentear cuando ataca la ladera más empinada. Hay muchos hitos (montañitas de piedras) sobre piedras grandes. Son superfluos con este tiempo radiante y claro, con niebla o ventisca han de ser imprescindibles, por eso debe haber tantos, para no perderse.
A medida que subo me empieza a impactar el contraste entre el gran llano de Ucanca y las paredes del circo, rematadas con crestas. Hay una sensación de profundidad tremenda, y las paredes lejanas tienen un ligero tono azulado. Por los alrededores, los codesos, con sus flores amarillas, le añaden una nota de color además de las floración arrebata de flores blancas de las retamas; también me gustan las yerbas pajoneras secas y picudas. La fragancia de las flores lo envuelve todo en un aire de optimismo, de cosas recién hechas. El perfume no es tan intenso como el lunes anterior, quizás porque hay más viento y esparce el aroma maravilloso de las flores. Un pino solitario es la única sombra en toda la subida. De vez en cuando grupos de tajinastes aparecen cerca del sendero.
La subida es fuerte, la hago despacio bebiendo agua constantemente. El sendero serpentea hacia la montaña de Guajara hasta una larga pared recta (y en perpendicular al sendero por el que subo) que está a la sombra. Es un buen respiro descansar de sol, el calor le da un plus de agobio a la pendiente fuerte a esta altitud. Otras plantas pequeñas que no conozco se alinean en este pequeño corredor. El firme es muy pedregoso y me obliga a ir en un continuo sube y baja, como una escalera eterna con escalones hacia arriba y hacia abajo aleatoriamente distribuidos.
Poco después de la recta a la sombra llego al paso, a la degollada de Ucanca (2410m). Esperaba tener una vista diáfana del lado Sur de la isla, pero lo que encuentro es un valle (de Ucanca) que baja entre montañas. A la izquierda imponente se alza la montaña de Guajara, el risco de esta parte tiene el ominoso nombre de “Sol de los Muertos”, una galería en funcionamiento tiene ese mismo nombre. Hay varios caminos que parten de aquí, uno sube hacia la montaña por una ruta peligrosa, otra baja por el valle, y otro más todavía sigue por el borde del circo hacia el sombrero de Chasna. Descanso un rato absorbiendo la espectacular vista hacia el Teide que está enfrente, con las coladas marrones tan bien definidas, y los roques de García parecen tan pequeños cerca del parador. Aquí no hay calima. Me deja sin respiración.
Regreso bajando por el mismo camino Ahora tengo más calma y tiempo para ir fotografiando los grupos de retamas, las margaritas, los rosalitos salvajes, las chahorras y los tajinastes, siempre con el Teide al fondo. Mi cámara no termina de leer bien la luz y le tengo que cerrar el obturador varios puntos para que las fotos no salgan quemadas y sin detalles. El regreso lo hago con calma y disfrutando del impresionante paisaje volcánico irreal y que parece que se hizo ayer, con sus tonos ocres, marrones, beis; y las texturas retorcidas, agrestes, y suaves de la arena verde amarillenta, bajo un sol que lo hace todo radiante y fresco, todo de domingo por la mañana.
Cruzo la pista que recorre las cañadas y hago el último tramo llano hasta el parador. Aquí todo está lleno de retamas, codesos y rosalitos en flor. Me paso un buen rato componiendo panoramas inmensos. Me ha resultado una excursión maravillosa, aunque no tan intensa como la anterior en la zona.
Creo que volveré pronto.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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Parador a degollada Ucanca